1. Casa de la Hacienda Iscalá, año 2002.
2. El General González Valencia, con su familia, en la misma casa

Una visión de Iscalá

Por: RAFAEL EDUARDO ANGEL
De la Academia de Historia de Colombia
Rafael Eduardo Ángel, autor de "Una visión de Iscalá", es bachiller del Colegio San José de Pamplona, Doctor en Jurisprudencia de la Universidad del Rosario; Especialista en Técnica de Casación Civil; Metodología en el Instituto Caro y Cuervo dde Bogotá; Archivista de la Escuela de Documentalistas del Ministerio de Cultura de Madrid, España; Paleógrafo; Premio "Presidente Tarradellas" 1982 de investigación, otorgado por el Instituto Catalán de Cooperación Iberoamericana de Barcelona, España, con el trabajo "El Oidor Catalán Licenciado Don Juan Bastús y Falla. Investigador histórico de la Universidad Externado de Colombia; Presidente Numerario de la Academia de Historia del Norte de Santander; Miembro de la Academia Colombiana de Historia. Catedrático Universitario; autor de varias obras de investigación social, cultural, histórica y genealógica, entre ellas: "Historia de Cúcuta; La Casa del Duende", "La educación colombiana en el radicalismo"; "Los comuneros de Pamplona 1781"; "La Casa de las Cajas Reales de Pamplona 1797"; "La Ciudad de San Faustino dde los Ríos (1662-1810)".
Investigación publicada en "Imágenes", de La Opinión, el 27 de febrero de 2000 - Ilustraciones de www.chinacota.com

Consideran los antropólogos que "Los Chitareros", nombre dado a esos indígenas por los españoles, fueron una rama de la comunidad lingüística de "Los Muiscas", que estuvo asentada hacia las estribaciones del área nororiental de la cordillera de Los Andes fronteriza con Venezuela, actualmente perteneciente en gran parte al departamento Norte de Santander en la república de Colombia. Allí, en la zona del municipio de Chinácota, hay un variado territorio configurado por dos partes, una al norte correspondiente al valle de clima templado donde se encuentra la población de Chinácota, y otra al sur de clima frío donde se halla el hermoso paraje de Iscalá, que ascendiendo lleva al encantador "Páramo de Mejué". Aparte de los cortos trabajos del eudista francés J. Henrique Rochereaux (1) muy pocas son las investigaciones hechas sobre ese grupo lingüístico, menos específicamente sobre la porción que habitó el valle de la quebrada Iscalá.

Arqueológicamente sabemos por trabajos, de reconocimiento regional sistemático, realizados en 1991 que por esa comarca se localizaron todos los asentamientos prehispánicos existentes en el área alta del valle de Iscalá, cubriendo 40 kilómetros cuadrados del terreno correspondiente a las tres actuales veredas denominadas Iscalá Sur, Iscalá Centro e Iscalá Norte, y por ello se pudo constatar que durante un primer largo período, iniciado aproximadamente hacia el siglo VIII, después de Cristo, hubo relativamente pocos habitantes en dicho valle, y las viviendas estaban dispersas por el terreno de manera que cada casa estaba separada de las siguientes por unos 400 o 500 metros. En un segundo periodo que comienza hacia el siglo XI, después de Cristo, cambió la distribución de las casas y aparecen dos claras concentraciones de viviendas, así: una a 200 metros sobre el nivel del mar, y otra, más pequeña, a 1800 metros, ambas, llámense caseríos o aldeas dispersas, estaban localizadas sobre la margen occidental de la quebrada Iscalá. En este segundo período la población del valle se calcula que había aumentado al doble de la existente en el primer período. Se calcula igualmente, por la distribución de basureros, que poco antes de la conquista española del área (1549) vivían allí unas 1500 personas en esas dos comunidades arqueológicas, una de ellas, probablemente la más grande, localizada hacia el sur, un kilómetro al norte de la casa de la "Hacienda Iscalá, corresponde a la comunidad indígena llamada Iscalá durante la Colonia. (2)

Germán Colmenares, al referirse a los Chitareros del área de Pamplona, dice que "existieron grupos organizados en comunidades aldeanas autónomas, que no reconocían una instancia más alta que la del señor de cada comunidad" y pensamos que al respecto la de Iscalá tuvo esa misma característica. (3)

Lingüísticamente se tiene la palabra indígena chitarera Izca, escrita con zeta, toponímico y también nombre de cacique, cuyo significado no conocemos, encontrándola unas veces sola y otras integrada para formar palabras como Iscalá, Iscalama, Iscalema, Iscaligua, todos toponímicos. Se sabe que la partícula "ama" en lengua Chibcha significa "tierra", de donde puede deducirse que Iscalama es "tierra de Iscalá", pero ninguna de esas palabras chitareras sabemos realmente que quiere decir en castellano.

Concretándonos a la palabra Iscalá encontramos que con este nombre se distinguió un pueblo de indios Chitareros, precolombino, que al parecer los conquistadores españoles le dieron como primer encomendero, junto con otros pueblos denominados Lauchema, al capitán Juan del Rincón (4), uno de los peninsulares que llegaron con Pedro de Ursúa y Hortún de Velasco a la fundación de Pamplona en 1549. En la cabecera de aquel pueblo indígena quedaban los aposentos del encomendero, que eran nada menos que la casa donde vivía el personaje. Esa primera encomienda de Iscalá se calcula que tuvo 1500 indígenas (400 hombres cabeza de familia) incluyendo dos pequeñas comunidades.

En el proceso de sometimiento hispánico aparece que ese pueblo indígena llamado Iscalá fue asentado para 1583 en un lugar, es decir fue poblado por el visitador Melchor Vásquez Campuzano, y repoblado en 1586 por Alonso de Montalvo y el cura fray Miguel de Victoria, quien colaboró en ese lapso (1583-1586) en el llamado "poblamiento y descripción de Naturales" y fue doctrinero de todo el valle del río Pamplona, pues visitaba y doctrinaba comunidades indígenas en un territorio que iba desde el pueblo de Chopo (hoy llamado "Pamplonita") hasta el pueblo de los Zulias, este último situado en proximidades al actual sitio de "Peñas Blancas", dándose así por primera vez en esta parte de la América española la realización práctica en la Provincia de Pamplona de Indias del llamado "Proyecto Lascasiano", ideado por Fray Bartolomé de Las Casas, como mecanismo para logra la institución de la "doctrina" y restitución de la autoridad étnica tradicional, conforme a las Leyes de Indias y al modo hispánico del cabildo para gobernar a los indios (5), consistente en que se resolvió para hacerles a los naturales la "predicación y conversión, el juntar los pueblos de los indios en forma de pueblos españoles, por calles y barrios, por estar en esta tierra muy derramados y no se poder cómodamente doctrinar" (6) y de ese programa congregador llegar a organizar a los naturales en poblaciones para hacer la llamada "República de los indios", paralela a la llamada "República de los Blancos".

A partir de 1551 la necesidad de mano de obra indígena de los encomenderos para la explotación de las minas de oro y plata de Pamplona, tanto las de los Reales de Minas de tierra fría situados en la zona de Suratá y llamadas "Páramo Rico", "Vetas"; "Las Montuosas: Alta y Baja", como las de tierra caliente situadas en la zona baja de Girón en el denominado "Río del Oro" y en la meseta de "Bucaramanga", hicieron que la población aborigen paulatinamente redujera en forma notoria y por eso durante la época colonial la chitarera en general, y en particular la población chitarera del Valle de Iscalá, disminuyera muchísimo para venir a desaparecer casi totalmente para finales del siglo XVII. Es de saber en esto que "la ocupación europea del suelo americano produjo a todo lo largo y ancho de éste una catástrofe demográfica sin antecedentes en la historia humana". (7)

Al pueblo de Iscalá se le dotó en 1602 de "Tierras de Resguardo" por el corregidor de Tunja Antonio Beltrán de Guevara y se hizo la primera "Congregación de Naturales" en la cual se juntaron solo unos pueblos, no todos, pero en cambio si a todos se les dotó de tierras y se les dio a cada uno la orden perentoria de hacer Capilla Doctrinera. Luego en 1623 por orden del visitador Juan de Villabona y Zubiaurre, junto con otros pueblos comarcanos, fueron congregados Chinácota, del cual fue encomendero Juan Ramírez de Andrada y luego por Cédula Real de 1596 expedida en la ciudad imperial de Toledo el orgulloso Cristóbal de Araque y Ponce de León, Bochalema, Cacua, Calaluna, Chitacomar, Chopo, Lucamari, Orireybulema, Siscomali, Sitigüí, Utala y Zarza, etc. hasta Capacho de Venezuela perteneció a esa provincia chitarera, parte integrante de aquella congregación de pueblos, sometidos a la autoridad del cura doctrinero.

En esa porción de la que pudiera llamarse Provincia Etnica Chitarera se configuraron dos centros de congregación de indios, así: Chinácota a la cual se llevaron los naturales de tierra temple, y Chopo a la cual se llevaron los de tierra fría.

Por esta razón por ser tierra aparece Iscalá para 1623 como pueblo agregado a Chopo, del cual para ese año el encomendero de Iscalá era el capitán Nicolás de Palencia, el mozo, hijo del viejo conquistador del mismo nombre.

Todas las anteriores palabras indígenas no solo son toponímicos, es decir nombres de lugares, sino que también aparecen como apellidos, entre ellos Iscalá para 1758, pero desde mucho antes ya en el siglo XVI este Iscalá es el nombre de una quebrada, a la cual tributaban otras de nombres Luguerrenque, Asquar y Guerraqueche que, junto con la quebrada de Jara, hacen circunferencia en el sitio que los indios llamaron "Zurieta" en el llano donde queda Chinácota (8), en el cual está la población de este nombre . En opinión de Honorio Mora Sánchez, que aceptamos en parte, tenernos que la quebrada o riachuelo de Iscalá nace cerca del Alto del Mejué, en los límites con Toledo y Chinácota, hasta su desembocadura en el rio Pamplonita, cerca del corregimiento de Nueva Donjuana. Esta quebrada que pudiera llamarse la vértebra fluvial de Chinácota, recorre una extensión de 30 kilómetros y es alimentada por la confluencia de una veintena de quebradas o vertientes..." (9)

Pero Iscalá es también el nombre con el que se conoce una región paradisíaca de tierra fría, con vegetación que va del templado suave disminuyendo progresivamente hasta un temperamento de páramo, en cuyo centro, que fue el del pueblo indígena de ese nombre, se encuentran los aposentos del encomedero de Iscalá para los siglos XVI y XVII, época de la conquista y parte inicial de la Colonia, de construcción ciclópea tradicional, austera, hecha de muros apisonados, techos de madera, caña y teja, amplios corredores habitaciones espaciosas, puertas y ventanas de madera, pisos de ladrillo, patios de piedra, con portón de entrada semejante a los de las casas castellanas o manchegas en España. Esa casona ha sido cuatrisecularmente el centro principal de muchas cosas en Iscalá, porque sirvió de eje a las actividades agrícolas y ganaderas desde cuando comenzó a ser la casa de la hacienda triguera y de cría de ovinos que en un momento de esplendor consta que alcanzó a tener más de 5.000 ovejas para 1590.

"Allá está la casa de Iscalá, como un maravilloso ejemplo de ese legado, acostada en una loma mirando serenamente con una tranquilidad de siglos las reses que pastan en el valle".
Eduardo González, nieto del General Ramón González Valencia, entrevistado por un estudiante de la U.F.P.S.

Realmente esa casona forma parte del paisaje, es un producto humano trabajado por la necesidad de configurar la identidad entre el espíritu y la materia y en ese enfoque su tipología aparece descrita por el artista Eduardo González, nieto de Ramón González Valencia, en palabras salidas del sentimiento y de su visión estética como fotógrafo al decir "Allá está la casa de Iscalá, como un maravilloso ejemplo de ese legado, acostada en una loma mirando serenamente con una tranquilidad de siglos las reses que pastan en el valle, mientras a su espalda se corre perezoso un telón de montañas y de niebla. Está un poco arrugada, deformada por las cicatrices del tiempo, curtida por el sol y el viento que baja del páramo, pero aún le quedan arrestos para seguir dominando el entorno por unos cuatro siglos más. La casa conserva prácticamente intactos el carácter y la forma de aquella arquitectura doméstica, con su belleza modesta pero sensual y profunda. Nos acercamos y vemos mejor su volumetría perfectamente integrada a los accidentes del terreno; su portón grande para entrar "de a caballo"; sus senderos de laja que cruzan el patio para seguir derecho hasta la cocina en busca -los hombres- de un café caliente, cargado y cerrero; de una aguapanela -las bestias- al amparo de la caballeriza. Aquí dentro podemos leer su lenguaje arquitectónico simple y preciso, pero a la vez hermoso y provocativo. Sus tejados irregulares, sus corredores, con postes y capiteles de madera, sus barandas de madera y metal y su pequeño oratorio con techo "de una sola agua". En el centro el gran espacio abierto, el imprescindible patio en tomo al cual se desarrolla toda la casa. En torno a éste, un área de transición que conforma los corredores y después el bloque de las habitaciones, cerrado por todas partes, desde donde se pasa al campo por medio de las ventanas y que constituyen a su vez las fachadas exteriores. De cuando en cuando nos encontramos con algún rasgo constructivo o detalle irregular, pero a su vez, inexplicablemente armónico".

En esa casa de hacienda debieron suceder muchas cosas importantes de la comarca durante el período colonial y quizás para la época de la guerra contra España para obtener una independencia de esa Corona. En los últimos años del siglo XVIII aparece comprando la casa y la hacienda un personaje pamplonés llamado José María Valencia Lemus, nacido en 1780, fallecido el primero de febrero de 1861, quien desarrolló gran gestión en materia de negocios agrícolas y ganaderos hasta forjar crecidísima fortuna que permite catalogarlo como hombre riquísimo, rematador de diezmos de la provincia de Pamplona con adjudicación al efecto de los pueblos de Icota, Iscotaca, Labateca, Monaga, Chopo, Bochalema y Ocarena en $3.118.oo, así como los de Arboledas, Cucutilla, Silos, Los Resguardos, Loata, Tutepa, Caraba. Don Antonio y Cácota de Velasco, también aparece en muchos documentos de deber en archivos notariales así como en la compra de muchas y pequeñas propiedades agrícolas que las fue integrando hasta formar un extenso y rico conjunto que originó la famosa propiedad conocida como "hacienda Iscalá" en el municipio de Chinácota. Fue Valencia actor de muchos pleitos judiciales, deudor de la hermandad de San Pedro de Pamplona y del hospital San Juan de Dios de la misma ciudad, propietario de tierras en Chinácota y Chopo donde tuvo el dominio de la estancia denominada Tompa (10), cé lebre en la historia militar de Colombia por el triunfo que tuvo en ella el General Leonardo Canal, estancia que José María se la compró a Mariano Sogamoso en 1825.

La copiosa fortuna forjada a partir de José María Valencia Lemus es la que empieza a darle fama de rica a la familia Valencia, que antes de este personaje había llevado su señorío, en la ciudad de Pamplona y en los pueblos indígenas de Chopo, Chitagá y Cámara, con notoria pobreza durante todas las épocas del período colonial. Contrajo José María Valencia dos veces matrimonio: el primero en Pamplona el día primero de noviembre de 1809 con su parienta Gertrudis Bautista Lemus, hija de Mariano Bautista y María Eulalia Lemus, nieta de Juan Agustín Lemus y Bárbara Estefanía de Mora. El segundo el 15 de septiembre de 1834 también en Pamplona con Salomé Ramón. Del primero sabemos que hubo nueve hijos de los cuales la menor de todos fue Heliodora Valencia Bautista conocida familiarmente como la "famosa tía ricachona y malhumorada", hermana de Susana Valencia Bautista quien fue la esposa de Rafael González Rodríguez, padres estos de Ramón González Valencia, nacido en la estancia rural de sus padres en "Puente Real", municipio de Chitagá, un 24 de mayo de 1851, quien vino a ser el heredero universal de los múltiples bienes de su tía Heliodora, entre ellos la famosa "Hacienda Iscalá" (11) que fue el centro de sus actividades agrícolas, ganaderas y también militares y en ella hizo su fortaleza para manejar desde allí las huestes conservadoras que llevó a acciones dolorosamente acaecidas en una etapa de penosa violencia política partidista entre hijos de una misma Colombia inmortal. En esas inútiles guerras sucedidas desde 1861 a 1902, Ramón perdió la casi totalidad de su propiedades y solo pudo conservar parte de la "Hacienda Iscalá" con grandes esfuerzos ya que era ese el más preciado de sus bienes y en esa casona, con intervalos de guerras, política y viajes, vivió soltero desde 1880, y después de casarse en 1888. hasta sus últimos días en 1928, con su esposa Antonia Ferrero Atalaya y allí nacieron sus ocho hijos. Al morir Ramón la hacienda con la casa pasó por asignación conyugal a su esposa quien con grandes esfuerzos y talento la administró hasta entrar en senectud, luego de fallecer ella siguió la propiedad proindiviso entre los hijos varones de González Valencia, Carlos y Rafael González Ferrero, hasta el momento en que casi al morir este último resolvieron partirla. Refiere Eduardo González, hijo de Carlos, que "Una vez partida materialmente la finca, los hermanos echaron a la suerte las partes con dos balotas en un sombrero y la que incluía la vieja casona le tocó al menor, Carlos. Fue tal la impresión moral que recibió Rafael al conocer el resultado y tan trágica la manera como lo tomó, que Carlos no dudó en cambiar las balotas. Rafael había vivido y trabajado toda su vida en la Hacienda y la partición se realizaba en su lecho de muerte, circunstancias que influyeron mucho en el resultado de este suceso.

Una vez muerto Rafael en su parte de finca que comprendía la casona hubo una indivisión que duró muchos años hasta cuando, después de muchas y funestas administraciones de la hacienda, vino el heredero Manuel Antonio González Camargo a hacerse cargo de ella y mantuvo la casa con más interés que experiencia, la propiedad fue fraccionada, y final mente la enfermedad y la muerte de este último hizo que los demás optaran por venderla en 1995 y la compró Eduardo González quien, refíriéndose principalmente a la casona, dice lo hizo "con el único fin de promover su restauración y posterior uso en beneficio de la comunidad, conscíente de la importancia histórica y cultural del inmueble no solamente para el Departamento sino para todo el país y América.

Desde esa secular casona convertida en fortaleza para la guerra su dueño Ramón, "El hombre de Iscalá" (12), fue arriero, agricultor ganadero, chalán, militar, político, campesino patriarca, esposo, familiar, amigo, hombre de fe y de allí lo sacaron un día sus familiares y querientes para llevarlo casi contra su voluntad a Santa Fe de Bogotá a cargar sobre sus hombros con el peso inmenso de la responsabilidad para ser Presidente de la república de Colombia en una etapa pasada, también de difícil recuperación de la paz nacional. Allí en Iscalá pasó Ramón el resto de sus días después de haber sido el primer magistrado, para, a la sombra de los árboles añosos y la caricia fina y fría de la neblina, ser la muestra noble y altiva de una tierra, la figura legendaria de "Altogrande' "Peralonso", "Palonegro" y el "Sitio de Cúcuta".

Después de haber sido soldado. General, gobernador, ministro de guerra, cónsul, emba jador, vicepresidente y presidente de Colombia y después de haber firmado en Chinácota un tratado de paz para Colombia y haberse hecho durante su gobierno una sustancial reforma constitucional, vivió en Iscalá siendo un patriarca para todos pero según dicen en su familia siendo "un padre para sus sobrinos y un tío para sus hijos", hasta el momento en que el designio supremo lo llevó finalmente a Pamplona, muy enfermo y prácticamente ciego, para que en esa tierra de sus mayores, donde reposan realmente sus restos en el cementerio de la Ermita del Humilladero, allí, en la última batalla en la cual la derrota final que sufre el ser humano se convierte en triunfo para alcanzar la eternidad, rindiera la jomada en la fecha y momento postrero de sus días en esta vida material, un 3 de octubre de 1928.

Queda la casona de Iscalá todavía en pie como un recuerdo de amplísimo recorrido que abarca desde Los Chitareros de la Conquista, pasando por los encomenderos y visitadores de la Colonia, de una casta militar nortesantandereana que se impruso en Colombia, de un presidente de la etapa republicana y de los campesinos indígenas, mestizos o blancos, digno, oscuros y humildes de todos los tiempos que bajando desde el Alto de Mejué dan en sus ojos con la vista de esos aleros llenos de reminiscencias, tan sentidos para todos en la verdadera historia de nuestra comarca bravia.

El iniciador de esa casta militar política pamplonesa y conservadora de los llamados "Macabeos" fue Leonardo Canal González, y su primo hermano Ramón González Valencia fue el continuador perteneciendo a ella muchos familiares militares actuantes en las guerras civiles que embargaron a Colombia en el pasado siglo como Ezequiel, Pedro León, y Manuel Canal González, Miguel Jerónimo Canal García, Epaminondas Canal Mutis, Rafael Valencia Camargo, Manuel María Valdivieso Valencia y muchos más. A esa subdivisión de la congregación militar y familiar de la cual Ramón fue el cénit y eje se la conoció después como la "Tribu de Iscalá", tomando así el nombre del viejo vocablo chitarero cuyo significado está, como ya lo dije, perdido en la oscura transculturación hispanizante que acabó para siempre con la lengua nativa.
Iscalá, a 8 de julio de 1999.

FUENTES:

1 - Rochereaux J. Hennque, Ver Arqueología Pamplonesa, en el libro Pamplona Descripción Tradiciones y leyendas. Imprenta de la Diócesis Pamplona. 191, paginas 41 a 45, en Revista "Pamplona" No 1 1947, ver "Antología de textos Tegrías'. paginas 9 y ss, en Revista Pamplona No 5 Imprenta Centenario, 1949, ver "Geología de Pamplona" y 'Los Chitareros", paginas 15 a 20.
2 - Párrafo debido a comunicación personal con Víctor González Fernandez.
3 - Colmenares Germán, Historia Económica y Social de Colombia 1537-1719, Tercer Mundo, Bogotá, 1983, paginas 54 y ss
4 - Picón Parra Roberto, Fundadores, Primeros moradores y familias coloniales de Ménda (1558-1810) Tomo II Biblioteca de la Academia Nacional de Historia No 198 Caracas, 1988. pagina 211.
5 - Pabon Villamizar Silvano, Institución de la República de los Indios en la antigua provincia de Pamplona, de las doctrinas seculares a las parroquias seculares. Pamplona, 1994.
6 -Martínez Gamica Armando y otros. Las categorías Jurídicas en los procesos de poblamiento en la región santandereana, en anuario de Historia Regional y de las fronteras. Bucaramanga. No 1, 1995. paginas 152 y siguientes.
7 - Colmenares Germán, ob Cit , paginas 80 y ss.
8 - Archivo general de la nación, visitas de Boyacá Tomo IX, folios 465 y siguientes.
9 - Fuentes Pedro Mana. Monografía del municipio de Chinacota, Imprenta Departamental Cucuta 1945, página 10.
10 - Angel Rafael Eduardo, Los Canal, genealogía, ICIC. Cucuta, 1994.
11 - Angel Rafael Eduardo, Los Valencia, genealogía. ICIC. Cucuta. 1995.
12 - Cala Hednch Roso Alfredo, El hombre de Iscalá Ramón González Valencia, colección Editorial UIS. Bucaramanga, 1985.
13 - Rico Villamizar José J. América, Dolor medito, Antares. Santa Fe de Bogotá, 1992.
14 - Visita de Cristóbal Bueno en 1559 para levantar el censo de indios tributarios.
15 - Instrucción de Tomas López como oidor pregonada en Pamplona el 27 de diciembre de 1559, en primer libro de actas del cabildo de la ciudad de Pamplona 1552-1561, Academia de Historia de Colombia, Biblioteca de Historia Nacional. Volumen LXXXIII. Bogotá, 1949. paginas 305 a 309
16 - Visitas de Melchor
Vasquez Campuzano en 1583, de Alonso de Montalvo en 1583, de Antonio Beltran de Guevara en 1601 y del oidor Juan de Villabona y Zuiíaurre en 1622.

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