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Consideran
los antropólogos que "Los Chitareros", nombre dado
a esos indígenas por los españoles, fueron una rama de
la comunidad lingüística de "Los Muiscas", que
estuvo asentada hacia las estribaciones del área nororiental
de la cordillera de Los Andes fronteriza con Venezuela, actualmente
perteneciente en gran parte al departamento Norte de Santander en la
república de Colombia. Allí, en la zona del municipio
de Chinácota, hay un variado territorio configurado por dos partes,
una al norte correspondiente al valle de clima templado donde se encuentra
la población de Chinácota, y otra al sur de clima frío
donde se halla el hermoso paraje de Iscalá, que ascendiendo lleva
al encantador "Páramo de Mejué". Aparte de los
cortos trabajos del eudista francés J. Henrique Rochereaux (1)
muy pocas son las investigaciones hechas sobre ese grupo lingüístico,
menos específicamente sobre la porción que habitó
el valle de la quebrada Iscalá.
Arqueológicamente sabemos por trabajos, de reconocimiento regional
sistemático, realizados en 1991 que por esa comarca se localizaron
todos los asentamientos prehispánicos existentes en el área
alta del valle de Iscalá, cubriendo 40 kilómetros cuadrados
del terreno correspondiente a las tres actuales veredas denominadas
Iscalá Sur, Iscalá Centro e Iscalá Norte, y por
ello se pudo constatar que durante un primer largo período, iniciado
aproximadamente hacia el siglo VIII, después de Cristo, hubo
relativamente pocos habitantes en dicho valle, y las viviendas estaban
dispersas por el terreno de manera que cada casa estaba separada de
las siguientes por unos 400 o 500 metros. En un segundo periodo que
comienza hacia el siglo XI, después de Cristo, cambió
la distribución de las casas y aparecen dos claras concentraciones
de viviendas, así: una a 200 metros sobre el nivel del mar, y
otra, más pequeña, a 1800 metros, ambas, llámense
caseríos o aldeas dispersas, estaban localizadas sobre la margen
occidental de la quebrada Iscalá. En este segundo período
la población del valle se calcula que había aumentado
al doble de la existente en el primer período. Se calcula igualmente,
por la distribución de basureros, que poco antes de la conquista
española del área (1549) vivían allí unas
1500 personas en esas dos comunidades arqueológicas, una de ellas,
probablemente la más grande, localizada hacia el sur, un kilómetro
al norte de la casa de la "Hacienda Iscalá, corresponde
a la comunidad indígena llamada Iscalá durante la Colonia.
(2)
Germán Colmenares, al referirse a los Chitareros del área
de Pamplona, dice que "existieron grupos organizados en comunidades
aldeanas autónomas, que no reconocían una instancia más
alta que la del señor de cada comunidad" y pensamos que
al respecto la de Iscalá tuvo esa misma característica.
(3)
Lingüísticamente se tiene la palabra indígena chitarera
Izca, escrita con zeta, toponímico y también nombre de
cacique, cuyo significado no conocemos, encontrándola unas veces
sola y otras integrada para formar palabras como Iscalá, Iscalama,
Iscalema, Iscaligua, todos toponímicos. Se sabe que la partícula
"ama" en lengua Chibcha significa "tierra", de donde
puede deducirse que Iscalama es "tierra de Iscalá",
pero ninguna de esas palabras chitareras sabemos realmente que quiere
decir en castellano.
Concretándonos a la palabra Iscalá encontramos que con
este nombre se distinguió un pueblo de indios Chitareros, precolombino,
que al parecer los conquistadores españoles le dieron como primer
encomendero, junto con otros pueblos denominados Lauchema, al capitán
Juan del Rincón (4), uno de los peninsulares que llegaron
con Pedro de Ursúa y Hortún de Velasco a la fundación
de Pamplona en 1549. En la cabecera de aquel pueblo indígena
quedaban los aposentos del encomendero, que eran nada menos que la casa
donde vivía el personaje. Esa primera encomienda de Iscalá
se calcula que tuvo 1500 indígenas (400 hombres cabeza de familia)
incluyendo dos pequeñas comunidades.
En el proceso de sometimiento hispánico aparece que ese pueblo
indígena llamado Iscalá fue asentado para 1583 en un lugar,
es decir fue poblado por el visitador Melchor Vásquez Campuzano,
y repoblado en 1586 por Alonso de Montalvo y el cura fray Miguel de
Victoria, quien colaboró en ese lapso (1583-1586) en el llamado
"poblamiento y descripción de Naturales" y fue doctrinero
de todo el valle del río Pamplona, pues visitaba y doctrinaba
comunidades indígenas en un territorio que iba desde el pueblo
de Chopo (hoy llamado "Pamplonita") hasta el pueblo de los
Zulias, este último situado en proximidades al actual sitio de
"Peñas Blancas", dándose así por primera
vez en esta parte de la América española la realización
práctica en la Provincia de Pamplona de Indias del llamado "Proyecto
Lascasiano", ideado por Fray Bartolomé de Las Casas, como
mecanismo para logra la institución de la "doctrina"
y restitución de la autoridad étnica tradicional, conforme
a las Leyes de Indias y al modo hispánico del cabildo para gobernar
a los indios (5), consistente en que se resolvió para
hacerles a los naturales la "predicación y conversión,
el juntar los pueblos de los indios en forma de pueblos españoles,
por calles y barrios, por estar en esta tierra muy derramados y no se
poder cómodamente doctrinar" (6) y de ese programa
congregador llegar a organizar a los naturales en poblaciones para hacer
la llamada "República de los indios", paralela a la
llamada "República de los Blancos".
A partir de 1551 la necesidad de mano de obra indígena de los
encomenderos para la explotación de las minas de oro y plata
de Pamplona, tanto las de los Reales de Minas de tierra fría
situados en la zona de Suratá y llamadas "Páramo
Rico", "Vetas"; "Las Montuosas: Alta y Baja",
como las de tierra caliente situadas en la zona baja de Girón
en el denominado "Río del Oro" y en la meseta de "Bucaramanga",
hicieron que la población aborigen paulatinamente redujera en
forma notoria y por eso durante la época colonial la chitarera
en general, y en particular la población chitarera del Valle
de Iscalá, disminuyera muchísimo para venir a desaparecer
casi totalmente para finales del siglo XVII. Es de saber en esto que
"la ocupación europea del suelo americano produjo a todo
lo largo y ancho de éste una catástrofe demográfica
sin antecedentes en la historia humana". (7)
Al pueblo de Iscalá se le dotó en 1602 de "Tierras
de Resguardo" por el corregidor de Tunja Antonio Beltrán
de Guevara y se hizo la primera "Congregación de Naturales"
en la cual se juntaron solo unos pueblos, no todos, pero en cambio si
a todos se les dotó de tierras y se les dio a cada uno la orden
perentoria de hacer Capilla Doctrinera. Luego en 1623 por orden del
visitador Juan de Villabona y Zubiaurre, junto con otros pueblos comarcanos,
fueron congregados Chinácota, del cual fue encomendero Juan Ramírez
de Andrada y luego por Cédula Real de 1596 expedida en la ciudad
imperial de Toledo el orgulloso Cristóbal de Araque y Ponce de
León, Bochalema, Cacua, Calaluna, Chitacomar, Chopo, Lucamari,
Orireybulema, Siscomali, Sitigüí, Utala y Zarza, etc. hasta
Capacho de Venezuela perteneció a esa provincia chitarera, parte
integrante de aquella congregación de pueblos, sometidos a la
autoridad del cura doctrinero.
En esa porción de la que pudiera llamarse Provincia Etnica Chitarera
se configuraron dos centros de congregación de indios, así:
Chinácota a la cual se llevaron los naturales de tierra temple,
y Chopo a la cual se llevaron los de tierra fría.
Por esta razón por ser tierra aparece Iscalá para 1623
como pueblo agregado a Chopo, del cual para ese año el encomendero
de Iscalá era el capitán Nicolás de Palencia, el
mozo, hijo del viejo conquistador del mismo nombre.
Todas las anteriores palabras indígenas no solo son toponímicos,
es decir nombres de lugares, sino que también aparecen como apellidos,
entre ellos Iscalá para 1758, pero desde mucho antes ya en el
siglo XVI este Iscalá es el nombre de una quebrada, a la cual
tributaban otras de nombres Luguerrenque, Asquar y Guerraqueche que,
junto con la quebrada de Jara, hacen circunferencia en el sitio que
los indios llamaron "Zurieta" en el llano donde queda Chinácota
(8), en el cual está la población de este nombre
. En opinión de Honorio Mora Sánchez, que aceptamos en
parte, tenernos que la quebrada o riachuelo de Iscalá nace cerca
del Alto del Mejué, en los límites con Toledo y Chinácota,
hasta su desembocadura en el rio Pamplonita, cerca del corregimiento
de Nueva Donjuana. Esta quebrada que pudiera llamarse la vértebra
fluvial de Chinácota, recorre una extensión de 30 kilómetros
y es alimentada por la confluencia de una veintena de quebradas o vertientes..."
(9)
Pero Iscalá es también el nombre con el que se conoce
una región paradisíaca de tierra fría, con vegetación
que va del templado suave disminuyendo progresivamente hasta un temperamento
de páramo, en cuyo centro, que fue el del pueblo indígena
de ese nombre, se encuentran los aposentos del encomedero de Iscalá
para los siglos XVI y XVII, época de la conquista y parte inicial
de la Colonia, de construcción ciclópea tradicional, austera,
hecha de muros apisonados, techos de madera, caña y teja, amplios
corredores habitaciones espaciosas, puertas y ventanas de madera, pisos
de ladrillo, patios de piedra, con portón de entrada semejante
a los de las casas castellanas o manchegas en España. Esa casona
ha sido cuatrisecularmente el centro principal de muchas cosas en Iscalá,
porque sirvió de eje a las actividades agrícolas y ganaderas
desde cuando comenzó a ser la casa de la hacienda triguera y
de cría de ovinos que en un momento de esplendor consta que alcanzó
a tener más de 5.000 ovejas para 1590.
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Realmente
esa casona forma parte del paisaje, es un producto humano trabajado
por la necesidad de configurar la identidad entre el espíritu
y la materia y en ese enfoque su tipología aparece descrita por
el artista Eduardo González, nieto de Ramón González
Valencia, en palabras salidas del sentimiento y de su visión
estética como fotógrafo al decir "Allá
está la casa de Iscalá, como un maravilloso ejemplo de
ese legado, acostada en una loma mirando serenamente con una tranquilidad
de siglos las reses que pastan en el valle, mientras a su espalda se
corre perezoso un telón de montañas y de niebla. Está
un poco arrugada, deformada por las cicatrices del tiempo, curtida por
el sol y el viento que baja del páramo, pero aún le quedan
arrestos para seguir dominando el entorno por unos cuatro siglos más.
La casa conserva prácticamente intactos el carácter y
la forma de aquella arquitectura doméstica, con su belleza modesta
pero sensual y profunda. Nos acercamos y vemos mejor su volumetría
perfectamente integrada a los accidentes del terreno; su portón
grande para entrar "de a caballo"; sus senderos de laja que
cruzan el patio para seguir derecho hasta la cocina en busca -los hombres-
de un café caliente, cargado y cerrero; de una aguapanela -las
bestias- al amparo de la caballeriza. Aquí dentro podemos leer
su lenguaje arquitectónico simple y preciso, pero a la vez hermoso
y provocativo. Sus tejados irregulares, sus corredores, con postes y
capiteles de madera, sus barandas de madera y metal y su pequeño
oratorio con techo "de una sola agua". En el centro el gran
espacio abierto, el imprescindible patio en tomo al cual se desarrolla
toda la casa. En torno a éste, un área de transición
que conforma los corredores y después el bloque de las habitaciones,
cerrado por todas partes, desde donde se pasa al campo por medio de
las ventanas y que constituyen a su vez las fachadas exteriores. De
cuando en cuando nos encontramos con algún rasgo constructivo
o detalle irregular, pero a su vez, inexplicablemente armónico".
En esa casa de hacienda debieron suceder muchas cosas importantes de
la comarca durante el período colonial y quizás para la
época de la guerra contra España para obtener una independencia
de esa Corona. En los últimos años del siglo XVIII aparece
comprando la casa y la hacienda un personaje pamplonés llamado
José María Valencia Lemus, nacido en 1780, fallecido el
primero de febrero de 1861, quien desarrolló gran gestión
en materia de negocios agrícolas y ganaderos hasta forjar crecidísima
fortuna que permite catalogarlo como hombre riquísimo, rematador
de diezmos de la provincia de Pamplona con adjudicación al efecto
de los pueblos de Icota, Iscotaca, Labateca, Monaga, Chopo, Bochalema
y Ocarena en $3.118.oo, así como los de Arboledas, Cucutilla,
Silos, Los Resguardos, Loata, Tutepa, Caraba. Don Antonio y Cácota
de Velasco, también aparece en muchos documentos de deber en
archivos notariales así como en la compra de muchas y pequeñas
propiedades agrícolas que las fue integrando hasta formar un
extenso y rico conjunto que originó la famosa propiedad conocida
como "hacienda Iscalá" en el municipio de Chinácota.
Fue Valencia actor de muchos pleitos judiciales, deudor de la hermandad
de San Pedro de Pamplona y del hospital San Juan de Dios de la misma
ciudad, propietario de tierras en Chinácota y Chopo donde tuvo
el dominio de la estancia denominada Tompa (10), cé lebre
en la historia militar de Colombia por el triunfo que tuvo en ella el
General Leonardo Canal, estancia que José María se la
compró a Mariano Sogamoso en 1825.
La copiosa fortuna forjada a partir de José María Valencia
Lemus es la que empieza a darle fama de rica a la familia Valencia,
que antes de este personaje había llevado su señorío,
en la ciudad de Pamplona y en los pueblos indígenas de Chopo,
Chitagá y Cámara, con notoria pobreza durante todas las
épocas del período colonial. Contrajo José María
Valencia dos veces matrimonio: el primero en Pamplona el día
primero de noviembre de 1809 con su parienta Gertrudis Bautista Lemus,
hija de Mariano Bautista y María Eulalia Lemus, nieta de Juan
Agustín Lemus y Bárbara Estefanía de Mora. El segundo
el 15 de septiembre de 1834 también en Pamplona con Salomé
Ramón. Del primero sabemos que hubo nueve hijos de los cuales
la menor de todos fue Heliodora Valencia Bautista conocida familiarmente
como la "famosa tía ricachona y malhumorada", hermana
de Susana Valencia Bautista quien fue la esposa de Rafael González
Rodríguez, padres estos de Ramón González Valencia,
nacido en la estancia rural de sus padres en "Puente Real",
municipio de Chitagá, un 24 de mayo de 1851, quien vino a ser
el heredero universal de los múltiples bienes de su tía
Heliodora, entre ellos la famosa "Hacienda Iscalá"
(11) que fue el centro de sus actividades agrícolas, ganaderas
y también militares y en ella hizo su fortaleza para manejar
desde allí las huestes conservadoras que llevó a acciones
dolorosamente acaecidas en una etapa de penosa violencia política
partidista entre hijos de una misma Colombia inmortal. En esas inútiles
guerras sucedidas desde 1861 a 1902, Ramón perdió la casi
totalidad de su propiedades y solo pudo conservar parte de la "Hacienda
Iscalá" con grandes esfuerzos ya que era ese el más
preciado de sus bienes y en esa casona, con intervalos de guerras, política
y viajes, vivió soltero desde 1880, y después de casarse
en 1888. hasta sus últimos días en 1928, con su esposa
Antonia Ferrero Atalaya y allí nacieron sus ocho hijos. Al morir
Ramón la hacienda con la casa pasó por asignación
conyugal a su esposa quien con grandes esfuerzos y talento la administró
hasta entrar en senectud, luego de fallecer ella siguió la propiedad
proindiviso entre los hijos varones de González Valencia, Carlos
y Rafael González Ferrero, hasta el momento en que casi al morir
este último resolvieron partirla. Refiere Eduardo González,
hijo de Carlos, que "Una vez partida materialmente la finca, los
hermanos echaron a la suerte las partes con dos balotas en un sombrero
y la que incluía la vieja casona le tocó al menor, Carlos.
Fue tal la impresión moral que recibió Rafael al conocer
el resultado y tan trágica la manera como lo tomó, que
Carlos no dudó en cambiar las balotas. Rafael había vivido
y trabajado toda su vida en la Hacienda y la partición se realizaba
en su lecho de muerte, circunstancias que influyeron mucho en el resultado
de este suceso.
Una vez muerto Rafael en su parte de finca que comprendía la
casona hubo una indivisión que duró muchos años
hasta cuando, después de muchas y funestas administraciones de
la hacienda, vino el heredero Manuel Antonio González Camargo
a hacerse cargo de ella y mantuvo la casa con más interés
que experiencia, la propiedad fue fraccionada, y final mente la enfermedad
y la muerte de este último hizo que los demás optaran
por venderla en 1995 y la compró Eduardo González quien,
refíriéndose principalmente a la casona, dice lo hizo
"con el único fin de promover su restauración y posterior
uso en beneficio de la comunidad, conscíente de la importancia
histórica y cultural del inmueble no solamente para el Departamento
sino para todo el país y América.
Desde esa secular casona convertida en fortaleza para la guerra su dueño
Ramón, "El hombre de Iscalá" (12), fue
arriero, agricultor ganadero, chalán, militar, político,
campesino patriarca, esposo, familiar, amigo, hombre de fe y de allí
lo sacaron un día sus familiares y querientes para llevarlo casi
contra su voluntad a Santa Fe de Bogotá a cargar sobre sus hombros
con el peso inmenso de la responsabilidad para ser Presidente de la
república de Colombia en una etapa pasada, también de
difícil recuperación de la paz nacional. Allí en
Iscalá pasó Ramón el resto de sus días después
de haber sido el primer magistrado, para, a la sombra de los árboles
añosos y la caricia fina y fría de la neblina, ser la
muestra noble y altiva de una tierra, la figura legendaria de "Altogrande'
"Peralonso", "Palonegro" y el "Sitio de Cúcuta".
Después de haber sido soldado. General, gobernador, ministro
de guerra, cónsul, emba jador, vicepresidente y presidente de
Colombia y después de haber firmado en Chinácota un tratado
de paz para Colombia y haberse hecho durante su gobierno una sustancial
reforma constitucional, vivió en Iscalá siendo un patriarca
para todos pero según dicen en su familia siendo "un padre
para sus sobrinos y un tío para sus hijos", hasta el momento
en que el designio supremo lo llevó finalmente a Pamplona, muy
enfermo y prácticamente ciego, para que en esa tierra de sus
mayores, donde reposan realmente sus restos en el cementerio de la Ermita
del Humilladero, allí, en la última batalla en la cual
la derrota final que sufre el ser humano se convierte en triunfo para
alcanzar la eternidad, rindiera la jomada en la fecha y momento postrero
de sus días en esta vida material, un 3 de octubre de 1928.
Queda la casona de Iscalá todavía en pie como un recuerdo
de amplísimo recorrido que abarca desde Los Chitareros de la
Conquista, pasando por los encomenderos y visitadores de la Colonia,
de una casta militar nortesantandereana que se impruso en Colombia,
de un presidente de la etapa republicana y de los campesinos indígenas,
mestizos o blancos, digno, oscuros y humildes de todos los tiempos que
bajando desde el Alto de Mejué dan en sus ojos con la vista de
esos aleros llenos de reminiscencias, tan sentidos para todos en la
verdadera historia de nuestra comarca bravia.
El iniciador de esa casta militar política pamplonesa y conservadora
de los llamados "Macabeos" fue Leonardo Canal González,
y su primo hermano Ramón González Valencia fue el continuador
perteneciendo a ella muchos familiares militares actuantes en las guerras
civiles que embargaron a Colombia en el pasado siglo como Ezequiel,
Pedro León, y Manuel Canal González, Miguel Jerónimo
Canal García, Epaminondas Canal Mutis, Rafael Valencia Camargo,
Manuel María Valdivieso Valencia y muchos más. A esa subdivisión
de la congregación militar y familiar de la cual Ramón
fue el cénit y eje se la conoció después como la
"Tribu de Iscalá", tomando así el nombre del
viejo vocablo chitarero cuyo significado está, como ya lo dije,
perdido en la oscura transculturación hispanizante que acabó
para siempre con la lengua nativa.
Iscalá, a 8 de julio de 1999.
FUENTES:
1 - Rochereaux J. Hennque, Ver Arqueología Pamplonesa, en el
libro Pamplona Descripción Tradiciones y leyendas. Imprenta de
la Diócesis Pamplona. 191, paginas 41 a 45, en Revista "Pamplona"
No 1 1947, ver "Antología de textos Tegrías'. paginas
9 y ss, en Revista Pamplona No 5 Imprenta Centenario, 1949, ver "Geología
de Pamplona" y 'Los Chitareros", paginas 15 a 20.
2 - Párrafo debido a comunicación personal con Víctor
González Fernandez.
3 - Colmenares Germán, Historia Económica y Social de
Colombia 1537-1719, Tercer Mundo, Bogotá, 1983, paginas 54 y
ss
4 - Picón Parra Roberto, Fundadores, Primeros moradores y familias
coloniales de Ménda (1558-1810) Tomo II Biblioteca de la Academia
Nacional de Historia No 198 Caracas, 1988. pagina 211.
5 - Pabon Villamizar Silvano, Institución de la República
de los Indios en la antigua provincia de Pamplona, de las doctrinas
seculares a las parroquias seculares. Pamplona, 1994.
6 -Martínez Gamica Armando y otros. Las categorías Jurídicas
en los procesos de poblamiento en la región santandereana, en
anuario de Historia Regional y de las fronteras. Bucaramanga. No 1,
1995. paginas 152 y siguientes.
7 - Colmenares Germán, ob Cit , paginas 80 y ss.
8 - Archivo general de la nación, visitas de Boyacá Tomo
IX, folios 465 y siguientes.
9 - Fuentes Pedro Mana. Monografía del municipio de Chinacota,
Imprenta Departamental Cucuta 1945, página 10.
10 - Angel Rafael Eduardo, Los Canal, genealogía, ICIC. Cucuta,
1994.
11 - Angel Rafael Eduardo, Los Valencia, genealogía. ICIC. Cucuta.
1995.
12 - Cala Hednch Roso Alfredo, El hombre de Iscalá Ramón
González Valencia, colección Editorial UIS. Bucaramanga,
1985.
13 - Rico Villamizar José J. América, Dolor medito, Antares.
Santa Fe de Bogotá, 1992.
14 - Visita de Cristóbal Bueno en 1559 para levantar el censo
de indios tributarios.
15 - Instrucción de Tomas López como oidor pregonada en
Pamplona el 27 de diciembre de 1559, en primer libro de actas del cabildo
de la ciudad de Pamplona 1552-1561, Academia de Historia de Colombia,
Biblioteca de Historia Nacional. Volumen LXXXIII. Bogotá, 1949.
paginas 305 a 309
16 - Visitas de Melchor Vasquez
Campuzano en 1583, de Alonso de Montalvo en 1583, de Antonio Beltran
de Guevara en 1601 y del oidor Juan de Villabona y Zuiíaurre
en 1622.
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