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HACIENDA
EL CANEY
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Por
Guido Pérez Arévalo
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Entusiasmados por las fotografías, tomadas por Edwin Romero en el año 2003, y, especialmente, por la lectura de viejos documentos, que recuerdan la existencia de una pujante empresa, el pasado fin de semana (10 de octubre de 2004), nos trasladamos a El Caney, para hacer el registro histórico de una de las haciendas más importantes de la región. Irma Stella Pérez, Silvia Fernanda Pérez, Catalina Pérez, Jesús María Carrillo, Alejandro Leal, José Andrés Castro Gómez, Edwin Romero, Milton Barón y Guido Pérez Arévalo, componían el grupo. Emprendimos el viaje, desde las instalaciones de la Universidad Francisco de Paula Santander, y llegamos a nuestro destino a las nueve de la mañana, después de cruzar la vereda de Cuellar, donde, según los cronistas de la colonia, murió Ambrosio Alfínger, hace 472 años. Quién sabe qué recuerdos llevaron a los primeros propietarios a bautizar este predio rural con el nombre de El Caney. Seguramente, procedían del Valle del Cauca, de Texas (Estados Unidos), Guárico (Venezuela), Camagüey o Santiago de Cuba, donde existen lugares con el mismo nombre. Caney, dice el diccionario, es un cobertizo con techo de palma o paja, sin paredes y sostenido por horcones; pero esta hacienda, con ciento cincuenta años de historia fue algo más que un cobertizo. Carlos Ferrero Ramírez, citado por Roso Alfredo Cala Hederich en su libro "El Hombre de Iscalá", en una conferencia en Bogotá (1984), recordó la existencia de la hacienda El Caney, donde vivió con su familia don Carlos Ferrero Leal desde 1869. Una de sus hijas fue Antonia Ferrero Atalaya, quién contrajo matrimonio en Pamplona con el General González Valencia el 10 de mayo de de 1888. Las tierras de El Caney integran hoy la vereda del mismo nombre. Son tierras planas, aptas para la gandería y el cultivo de plátano, yuca, caña de azúcar y hortalizas. Se llega a través de una carretera destapada, con poco mantenimiento, en un tiempo aproximado de 30 minutos. Dispone de escuela y de servicios básicos, dentro de las condiciones normales del sector rural. (Espere reseña histórica completa). |
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Instalaciones
de la Hacienda. Foto: Edwin Romero/2003
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Fuente.
Foto: Edwin Romero/2003
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Ruinas
de la fuente. Foto: G. P. A./10 de octubre/2004
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Trapiche.
Foto: Edwin Romero/2003
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Pailas
del trapiche. Foto: Edwin Romero/2003
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Ruinas
del trapiche. Foto: G. Pérez Arévalo/2004
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Los
excursionistas: Milton Barón, José Andrés Castro,
Alejandro Leal, Irma Stella Pérez, Guido Pérez Arévalo,
Jesús María Carrillo y Alejandro Leal.
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Alejandro Leal y Jesús María Carrillo, observan las ruinas del trapiche. Todavía se percibe el eco de peones de una pujante empresa. |
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Imágenes
de la casa de la Hacienda. Fotos: Guido Pérez Arévalo/10
de octubre de 2004.
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Los
corrales
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Piedra
para sal, mudo testimonio de la hacienda ganadera
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Inclinada,
sobre el muro de tapia pisada, esta enorme tinaja resiste todavía
los ataques del olvido.
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A
pocos metros de la casa de la Hacienda, este precioso árbol tiró
sus hojas al viento para mostrar sus galas.
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Imágenes de la laguna (o jagüey), ubicada en las inmediaciones de la Hacienda, cuyas aguas están cubiertas por nenúfares, con preciosas flores blancas y rosadas. Edwin Romero, sostenido por Jesús María Carrilo (Presidente del Concejo Municipal) y Alejandro Leal Acevedo (Primer Vicepresidente del Concejo), muestra todas las dimensiones de una planta. Expresamos
nuestra gratitud a Jesús María Carrillo (Chumaría),
quién puso a disposición de los excursionistas su vehículo
Nissan CUU 123. |