Pasada
la elección presidencial el anterior 28 de Mayo y dado el resultado de
esta, Colombia presenta plena de confianza en el futuro inmediato, por la estabilidad
institucional que este hecho representa y porque la gran mayoría hemos
aprobado una gestión y un trabajo presidencial persistente, durante los
últimos cuatro años, que muestra claramente resultados específicos
en materia de seguridad democrática, mejoramiento del transporte por carretera
que ha fortalecido el comercio interno, el turismo y dinamizado el comercio internacional,
con gran incremento en las exportaciones. Las cifras de crecimiento de la Economía
Colombiana son consecuencia de una mayor inversión, confianza en el país
y un liderazgo en cabeza del Señor Presidente Uribe Vélez, que de
esta manera está dándole una gran dinámica al país,
sin parangón en nuestra historia reciente. Es indudable que el futuro no
es fácil y que debemos trabajar más, porque en la medida en que
mejore la economía, sus beneficios deben trasladarse al pueblo, a disminuir
el desempleo y a desarrollar las fortalezas de nuestro país para entrar
con éxito al TLC, y lo mas importante, que los Colombianos vivamos en una
mejor sociedad. Por
lo anterior, en los próximos cuatro años la economía Colombiana
debe estar respaldada por una Política de Seguridad Energética,
tema este del cual se habla de manera aislada y al que no le dimos en su oportunidad
la importancia debida, ni la relevancia que merece. Las consecuencias de esto
han sido una visión errónea e interpretación equivocada en
momentos de bonanza (década del 80) y peor aún, en momentos de crisis
exploratoria (década del 90). Colombia
es un país con grandes y reales posibilidades de ser un productor de energía
renovable y no renovable, y sus hidrocarburos, desde la década de los 80
hasta el presente, son los responsables de casi el 25 por ciento de los ingresos
por exportaciones de la Nación; a pesar de esto, no nos percatamos de que
al faltarnos, nos ocasionará una crisis económica de grandes proporciones.
Hoy continuamos trabajando en un escenario como si tuviéramos disposición
plena de estos recursos, negando la inminente dependencia de su importación
en el corto plazo y sin establecer una dinámica, que precisamente restablezca
nuestra condición de productores energéticos. El resultado es que
estamos a las puertas de sufrir un desabastecimiento de energía de fuentes
no renovables como son los hidrocarburos y de fuentes renovables como es la hidroelectricidad,
renglón este, que ocupa el 12 por ciento de nuestra canasta energética
total actual y que al parecer, también en el año 2011, presentará
una situación delicada, de carencia de garantía para el País.
Es por esto que vale la pena resaltar lo expuesto en la edición de este
diario del 16 de Mayo pasado, en la cual hubo sendos comentarios sobre el petróleo
y su problemática actual, elaborados por nuestro Ministro de Minas y Energía,
Doctor Luis Ernesto Mejía, y por el Doctor Luis Guillermo Vélez,
quienes muy objetivamente señalan, el primero, lo inconveniente que es
el cambio de reglas o de la política actual para los hidrocarburos, y el
segundo, sobre las consecuencias que traerá el agotamiento del petróleo. Debemos ser persistentes en llamar la atención sobre este tema que cada día impacta la economía mundial, pues no podemos perder de vista el escalamiento de los precios desde 1999, de 12 dólares por barril a los 70 dólares por barril de hoy. Los Colombianos no nos hemos percatado de lo grave que sería si llegásemos a importar energía para el consumo interno, pues nos hemos acostumbrado a su exportación, dado que ostentamos la doble condición de auto-suficientes y exportadores. Miramos solamente los buenos ingresos por este concepto, pero no miramos como nuestras reservas van agotándose a una tasa de unos 200 millones de barriles por año. No
hemos observado como ha sido el crecimiento o decrecimiento de las inversiones
en el sector energético en su renglón más importante, como
son los hidrocarburos, cuyo decrecimiento de las reservas probadas, es decir la
cantidad de barriles existente en el subsuelo que pueden ser producidas, es cada
día mas notable v su reposición no está al ritmo de crecimiento
de nuestra economía. Queremos
crecer a tasas mayores del 5 por ciento anual, esto es imperativo, pero no resolvemos
el problema de los cuellos de botella que presenta nuestra infraestructura de
vías, que cada vez nos hace menos competitivos frente a otros países.
Quienes estamos preocupados por el tema energético nos preguntamos, cómo
Colombia va a ser competitivo en un TLC, si al problema de la infraestructura
por ejemplo, le agregamos mayores costos por concepto de importación de
energía, a los productos que pensamos exportar. La
llamada de atención de nuestro Ministro debe ser tenida en cuenta y más
que pensar en cambiar reglas, lo que debemos es pensar en hacerle continuidad
al gran esfuerzo hecho por el Gobierno en los últimos 4 años. Se
requiere imprimir una mayor dinámica a las políticas con una gestión
más ágil desde el Estado e invitando con mayor contundencia al sector
privado, para que aproveche las buenas reglas actuales establecidas en los Contratos
de Hidrocarburos y las enormes posibilidades que ofrece Colombia a las Energías
Alternativas: sería muy inconveniente cometer el mismo error del pasado,
por el hecho de tener altos precios en los hidrocarburos en la actualidad. No hay duda que nuestro país requiere de una Política de Seguridad Energética y todos juiciosamente, debemos contribuir a su cumplimento, como única forma de evitar mayor incertidumbre. | ||||