Seguridad energética
para Colombia

Por Segundo Antonio González C.
Presidente OMIMEX de Colombia Ltda

Publicado en La República, 2 y 3 de junio de 2006

Pasada la elección presidencial el anterior 28 de Mayo y dado el resultado de esta, Colombia presenta plena de confianza en el futuro inmediato, por la estabilidad institucional que este hecho representa y porque la gran mayoría hemos aprobado una gestión y un trabajo presidencial persistente, durante los últimos cuatro años, que muestra claramente resultados específicos en materia de seguridad democrática, mejoramiento del transporte por carretera que ha fortalecido el comercio interno, el turismo y dinamizado el comercio internacional, con gran incremento en las exportaciones. Las cifras de crecimiento de la Economía Colombiana son consecuencia de una mayor inversión, confianza en el país y un liderazgo en cabeza del Señor Presidente Uribe Vélez, que de esta manera está dándole una gran dinámica al país, sin parangón en nuestra historia reciente. Es indudable que el futuro no es fácil y que debemos trabajar más, porque en la medida en que mejore la economía, sus beneficios deben trasladarse al pueblo, a disminuir el desempleo y a desarrollar las fortalezas de nuestro país para entrar con éxito al TLC, y lo mas importante, que los Colombianos vivamos en una mejor sociedad.

La economía Colombiana debe mantener su solidez y esto se logra si la generación de empleo, de trabajo, está dentro de las políticas económicas. La generación de empleo de calidad, decente, con seguridad social, bien remunerado o que mejore los ingresos de nuestros empleados, impulsará el consumo, siendo este un importante motor para la generación de mayor inversión.

Por lo anterior, en los próximos cuatro años la economía Colombiana debe estar respaldada por una Política de Seguridad Energética, tema este del cual se habla de manera aislada y al que no le dimos en su oportunidad la importancia debida, ni la relevancia que merece. Las consecuencias de esto han sido una visión errónea e interpretación equivocada en momentos de bonanza (década del 80) y peor aún, en momentos de crisis exploratoria (década del 90).

Colombia es un país con grandes y reales posibilidades de ser un productor de energía renovable y no renovable, y sus hidrocarburos, desde la década de los 80 hasta el presente, son los responsables de casi el 25 por ciento de los ingresos por exportaciones de la Nación; a pesar de esto, no nos percatamos de que al faltarnos, nos ocasionará una crisis económica de grandes proporciones. Hoy continuamos trabajando en un escenario como si tuviéramos disposición plena de estos recursos, negando la inminente dependencia de su importación en el corto plazo y sin establecer una dinámica, que precisamente restablezca nuestra condición de productores energéticos. El resultado es que estamos a las puertas de sufrir un desabastecimiento de energía de fuentes no renovables como son los hidrocarburos y de fuentes renovables como es la hidroelectricidad, renglón este, que ocupa el 12 por ciento de nuestra canasta energética total actual y que al parecer, también en el año 2011, presentará una situación delicada, de carencia de garantía para el País. Es por esto que vale la pena resaltar lo expuesto en la edición de este diario del 16 de Mayo pasado, en la cual hubo sendos comentarios sobre el petróleo y su problemática actual, elaborados por nuestro Ministro de Minas y Energía, Doctor Luis Ernesto Mejía, y por el Doctor Luis Guillermo Vélez, quienes muy objetivamente señalan, el primero, lo inconveniente que es el cambio de reglas o de la política actual para los hidrocarburos, y el segundo, sobre las consecuencias que traerá el agotamiento del petróleo.

Debemos ser persistentes en llamar la atención sobre este tema que cada día impacta la economía mundial, pues no podemos perder de vista el escalamiento de los precios desde 1999, de 12 dólares por barril a los 70 dólares por barril de hoy. Los Colombianos no nos hemos percatado de lo grave que sería si llegásemos a importar energía para el consumo interno, pues nos hemos acostumbrado a su exportación, dado que ostentamos la doble condición de auto-suficientes y exportadores. Miramos solamente los buenos ingresos por este concepto, pero no miramos como nuestras reservas van agotándose a una tasa de unos 200 millones de barriles por año.

No hemos observado como ha sido el crecimiento o decrecimiento de las inversiones en el sector energético en su renglón más importante, como son los hidrocarburos, cuyo decrecimiento de las reservas probadas, es decir la cantidad de barriles existente en el subsuelo que pueden ser producidas, es cada día mas notable v su reposición no está al ritmo de crecimiento de nuestra economía.

Queremos crecer a tasas mayores del 5 por ciento anual, esto es imperativo, pero no resolvemos el problema de los cuellos de botella que presenta nuestra infraestructura de vías, que cada vez nos hace menos competitivos frente a otros países. Quienes estamos preocupados por el tema energético nos preguntamos, cómo Colombia va a ser competitivo en un TLC, si al problema de la infraestructura por ejemplo, le agregamos mayores costos por concepto de importación de energía, a los productos que pensamos exportar.

La llamada de atención de nuestro Ministro debe ser tenida en cuenta y más que pensar en cambiar reglas, lo que debemos es pensar en hacerle continuidad al gran esfuerzo hecho por el Gobierno en los últimos 4 años. Se requiere imprimir una mayor dinámica a las políticas con una gestión más ágil desde el Estado e invitando con mayor contundencia al sector privado, para que aproveche las buenas reglas actuales establecidas en los Contratos de Hidrocarburos y las enormes posibilidades que ofrece Colombia a las Energías Alternativas: sería muy inconveniente cometer el mismo error del pasado, por el hecho de tener altos precios en los hidrocarburos en la actualidad.

No hay duda que nuestro país requiere de una Política de Seguridad Energética y todos juiciosamente, debemos contribuir a su cumplimento, como única forma de evitar mayor incertidumbre.