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Todos hemos celebrado el regreso a la libertad de Doña Clara Rojas y Doña Consuelo González de Perdomo y mantenemos en alto nuestros esfuerzos y esperanzas, para la liberación de todos los demás secuestrados por los diferentes Grupos armados al margen de la Ley. Este
hecho positivo, sin embargo, no debe dejarnos olvidar las distintas dimensiones
que involucran la problemática, todas ellas de igual importancia. Por un
lado está la dimensión humana: el secuestro es un delito de lesa
humanidad y toda persona o grupo que lo cometa, debe ser perseguido y castigado
con las más severas sanciones. El secuestro es quizás el delito
más execrable que se comete a un ser humano y por eso debemos repudiar
a los grupos que lo practican y perseguirlos con todo el peso de la ley, hasta
liberar a todos los secuestrados. Esto mismo nos lleva otra dimensión del
problema, la política; ninguna acción justifica o valida el secuestro.
Los grupos armados al margen de la ley, practican el secuestro como parte de sus
acciones terroristas; son estos grupos los que los han secuestrado y a quienes
debemos combatir y exigir que los devuelvan, sin condiciones. El
hecho de que por la euforia, muy entendida, de la liberación de Doña
Clara y de Doña Consuelo, se levanten voces diciendo que cedamos al despeje,
que se les quite el estatus de terroristas a las FARC e inclusive que se culpabilice
al gobierno de la situación de los secuestrados, nos demuestra que falta
mucho trabajo de Estado, en diferentes zonas del país, como por ejemplo
en nuestras zonas de frontera. La mayor inversión social en estas zonas
y el trabajo integral y sostenido por su desarrollo, tendrá entre otras
consecuencias, la concientización de la población sobre cuales son
los verdaderos problemas y cuáles son los verdaderos caminos para resolverlos.
La inversión en las zonas de frontera y en nuestros llanos y Amazonía,
con vías de acceso, educación, inversión, calidad de vida
y generación de Empleo, es una herramienta clave en el proceso de consolidación
de la paz en Colombia. El final de los hechos ocurridos por la liberación, nos deja el balance muy positivo, de que Colombia tiene un gobierno serio y que sus diferentes poderes trabajan de forma independiente y coherente. Esta es una gran ventaja que nos permitirá continuar avanzando por donde debemos. No nos confundamos. Y no nos dejemos confundir con la retórica proselitista de revolución armada. La historia nos ha demostrado que estos son caminos equivocados y que solo responden al final, a los intereses económicos de sus líderes. La
democracia, con seguridad e inversión social donde más se requiere,
es la alternativa para continuar adelante. Es
muy importante recordar, a raíz de la declaración hecha por el Señor
Presidente de La República Bolivariana de Venezuela, de condicionar la
relación de su país con el nuestro al reconocimiento de beligerancia
a esta guerrilla, que las relaciones de la Comunidad Andina para lograr su integración
no pueden someterse a medios coercitivos, pues esta es una condición de
hecho, que como Latinoamericanos debemos preservar y mejorar. Esta posición
es opuesta a la consolidación de la Integración. Debemos preservar
los vínculos de integración y rechazar los vínculos de sometimiento
puesto que la integración entre las naciones está basada precisamente
en la soberanía de cada una de ellas. Todos
los Colombianos estamos agradecidos por las gestiones hechas por el Presidente
Chávez e igualmente reconocemos en nuestro gobierno los esfuerzos hechos
para que esta liberación se produjera, pero no puede ser utilizado este
gesto humanitario para que sea manipulado por intereses políticos por el
Gobierno de Venezuela y menos para interferir en nuestros asuntos internos. Lo
que debemos hacer es acelerar y avanzar claramente en la integración Colombo
Venezolana, sin barreras, sin condicionamientos y dentro del mutuo reconocimiento
como Naciones. Estos países se necesitan y el manejo serio de sus relaciones
es una condición para generar la confianza que las impulse y las consolide.
Su intercambio comercial de más de US$5 mil millones, no puede ser puesto
en riesgo y con un futuro cercano de intercambio energético y de servicios
en crecimiento permanente que será fortaleza de sus propias economías
y frente al mundo. Al
momento de escribir esta nota, se produce la noticia del secuestro de 6 turistas
en el Departamento del Chocó por un Grupo de las FARC. ¿En qué
estamos, será que podemos los Colombianos y la Comunidad Internacional
calificarla como un acto terrorista? ¿No es una violación a la libertad
de las personas cometerlo cuando estamos hablando de acuerdo humanitario, de humanizar
el conflicto, cuando disque se produjo una liberación como un acto unilateral
y humanitario? Este nuevo hecho no es una muestra de buena voluntad, corrobora
una vez más el cinismo de sus secuestradores. Los Colombianos debemos todos unirnos sin excepción, con decisión, todos en una sola voz, apoyar a nuestro Presidente Uribe y a las Instituciones para terminar lo antes posible con este flagelo, producir y asumir nuevos caminos, aún los mas audaces para resolver estos problemas pero dentro la institucionalidad y el respeto a nuestras Leyes y al Derecho Internacional Humanitario. No es justo seguir manteniendo sin ninguna razón a nuestros militares y policías y a ciudadanos, secuestrados en condiciones inhumanas por una guerrilla insensata y cruel que tanto daño ha producido a Colombia y al mundo. Segundo
Antonio González | ||