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Carta autobiográfica del General Ramón González Valencia |
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Hacienda
de Iscalá, diciembre 10 de 1925 MÍ
querido Rafael: He leído en varias ocasiones la larga carta que me hizo hace ya muchos días, en la cual he encontrado varias exageraciones que trataremos a la vez, pues hoy lo que quiero es hacerle una reseña histórica de mi vida, porque quiero que la conozca usted. Con motivo de la guerra del año 60, fuimos a parar a Villeta con mi padrino Pedro León y toda la familia, pues con él se la llevan muy bien en todo sentido. Mi papá puso una tiendita en el pueblo de Villela como para medio ganarse la vida vida, pero les fue a uno y a otro malísimamente en sus negocios por la época especialmente mala que vino para todos. Yo aunque estaba muy joven, me preocupe grandemente y le dije a mi papá que quería trabajar materialmente de cualquiera manera, y logró el pobre que le fiaran nueve mulas y me puse a trabajar con ellas personalmente llevando miel a Facatativá con un muchacho que me acompañaba, cargando yo mismo las mulas y subiendo una cuesta tremenda en dos jornadas hasta dicho Facatativá, donde la vendía, con muy poca utilidad. Aquí pude hacer negocio a que me compraran semanalmente la miel que llevaba. En alguna ocasión se me rodó una mula y en sacar la carga y la bestia gasté mucho tiempo y no pude llegar oportunamente al mercado. El contratista se molestó horriblemente, me demandó y me condujeron a la cárcel; por fortuna en el camino me vieron algunos que conocían a mi familia y hablando con las autoridades consiguieron que no entrara a la cárcel. De regreso llevaba quina y cueros hasta Honda y puede suponerse usted lo que sufriría en aquellos caminos y y tierras tan ardientes, y de este modo pude ayudar en algo a los gastos de familia, lo cual me produjo una satisfacción que me ha durado toda la vida. No recuerdo cómo tuvieron tanto mi padrino como mi papá algún desahogo y ambos apenados de que yo fuera un peón que medio sabia leer, hicieron un esfuerzo no sé cómo, y me mandaron a Bogotá, interno al colegio del Rosario en donde alcancé a estar seis meses, haciendo supremos esfuerzos por los estudios porque anhelaba aprender algo. Mas desgraciadamente me apareció una disentería y tuve que salir del colegio y estarme en casas particulares de buenos amigos que me hacían la caridad, pero todo fue Inútil y me retiró definitivamente de los estudios. La situación seguía mala para todos y con dinero que nos prestó don Camilo Daza pudimos hacer el viaje a Pamplona. Y haciendo esfuerzos también, no sé cómo, me pusieron en el colegio Provincial y estudié con desespero año y medio, y por atrasos en los negocios de papá no me pudieron sostener y me fui a trabajar a la laguna de Fontibón o sea a la Capilla, que era de mi padrino y ahí aprendí a arar y a hacer vallados personalmente para secar la expresada laguna. Por lo que dejo dicho mi papa llegó un atraso espantoso porque "don Antonio" no le producía y el pobre remató el puente de Chitagá y con eso medio hacía los gastos. Mi mamá aturdida con la situación, puso una tiendita como pudo de granos para revender pan y otras cosas en la casa que era de mi tía Heleodora en la cabecera de la plaza en la cabecera de la plaza y yo el sábado en la tarde picaba una carga de leña y la llevaba el domingo en un burro que tenia la hacienda y pasaba por toda la diagonal de la plaza para ayudar a mi mamá en sus rudos trabajos. La pobre al verme llegar con la leña me abrazaba y lloraba como un niño. |
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Corredor
de la casa de la Hacienda. año 2001
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El
General con su familia en la casa de la Hacienda Iscalá
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Árbol
de la Hacienda
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Candado del portón
principal de la Hacienda Iscalá
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Cada vez me sorprende más que en esta historia que es la pura verdad hubiera podido yo llegar a la Presidencia de la República. Recuerdo que en todas las veces en que me hablaron me opuse abiertamente a aceptar un puesto que por ningún caso merecía, y les rogué una y muchas veces que prescindieran de mí y por nada convinieron. Habiendo entre los que me rogaban personas muy notables, que sería largo nombrar, resolví hacer el mayor de los sacrificios que he hecho en la vida y ayudado por Pepe mi hermano y otros grandes amigos, pude medio desempeñar el cargo en un año. Salí satisfecho, no por lo que pude hacer, sino porque varios periódicos si bien no me encomiaban en algunas cosas si hablaron de mi honradez a toda prueba, tanto los conservadores como los liberales. Con
motivo de la guerra Luis Eusebio tuvo que asilarse en Venezuela por
mucho tiempo y me dio el negocio que tenía con mi tío
Antonio para fundar la hacienda de "La Selva", en la cual
trabajé yo como peón tumbando montaña y haciendo
materialmente todo lo que era preciso. Después pasé a
Chane y trabajando del mismo modo, logré fundar aquella hacienda
plantando personalmente el café en la forma en que le he hablado,
de tres gajos, que me dio magníficos resultados; y para que sepa
usted cómo trabajaba materialmente, gozando en dicho trabajo,
le diré que contribuí mucho en la construcción
de la capilla de El Zulia, y que las vigas que hoy tiene dicha capilla
las ayudé a traer del monte, casi a media legua a hombro con
tres compañeros más. Como le he dicho aprendí a
arar en Fontibón y seguí haciéndolo con mucho gusto
en Iscalá para sembrar papa. Recuerdo perfectamente que en alguna
ocasión en que estaba yo arando a la orilla del camino para Labateca,
pasó de casualidad un fotógrafo que me conocía
y le llamó la atención que yo trabajara de ese modo y
sacó un retrato que Antonia lo conserva y que puede usted verlo
algún día. Quiero hablarle de mis actos de honradez porque es obligación mía trasmitir todo a mis hijos: en alguna ocasión le saqué a crédito una fuerte suma al padre de don Pedro Felipe Lara, la cual me dio en oro. Con motivo de la guerra y tantas barbaridades que han sucedido, el oro quedó reducido a papel moneda y muchos me decían que yo podía cancelar esa cuenta en dicho papel moneda, como lo estaban haciendo la mayor parte de los colombianos. Yo me rechacé a semejante cosa con un sacrificio enorme, enormísimo, dándole a don Nicasio la hacienda de "Orope" que tanta falta le ha hecho a La Selva, pero en cambio he quedado enteramente satisfecho y por esta razón quiero, que mis hijos conozcan estos detalles. Se
me olvidaba decirle que yo estuve trabajando en el Guayabal y en Iscalá
con mi tío Antonio Valencia, que era hombre muy entendido y sumamente
enérgico; a las cuatro de la mañana llamaba a la cocinera
y ponía en movimiento a todos los peones y fue allí donde
aprendí a madrugar con suma facilidad. Con
motivo de mis dolencias he dictado esta carta a ratos y por esta razón
hasta hoy se la puedo enviar. Muchas cosas o más dijera pero
no quiero fastidiarlo y termino enviando un abrazo para usted v Gertrudis
con caricias para las niñas, deseando que el año que viene
sea para todos allá de dicha y prosperidad. Su amante papá, Ramón González Valencia (Documento publicado en "Lecturas Dominicales de El Tiempo - 22 de enero de 1978, página 9, por don Leonardo Molina Lemus. Copia suministrada por el Dr. Mario Mejía Díaz) |
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GENERAL
RAMÓN GONZÁLEZ VALENCIA Nació en Chitagá,
Norte de Santander, el 24 de mayo de 1851. Sus primeros diez años
de vida los vivió en Chitagá y Pamplona. En 1861, la violencia
política obliga a su padre a trasladarse a Villeta, Cundinamarca.
A los 18 años ingresa al Colegio Mayor del Rosario, pero por
quebrantos de salud abandona sus estudios. Posteriormente ingresa al
Colegio Provincial de Pamplona, donde permanece durante 18 meses. Las
dificultades económicas lo obligan a abandonar sus estudios nuevamente. |
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No
olvides citar las fuentes cuando bajes información de www.chinacota.com
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