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RAMÓN
GONZÁLEZ VALENCIA
Por: Antonio Ramírez Merchán Leída en la finca "La Primavera" el 8 de octubre de 1979. (Publicada en la Gaceta Histórica No. 100 1984-1985, Academia de Historia de Norte de Santander) |
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Sin presumir de historiógrafo, deseo trazar en breves rasgos la semblanza del señor General Ramón González Valencia, con motivo de conmemorarse el cincuentenario de su muerte, acaecida en la ciudad de Pamplona, el 3 de octubre de 1928. Por cuanto unas de las principales fuentes de la historia, son los documentos que transcritos de una generación a otra, dan plena fe y como el deber del investigador, es el de descubrir la verdad, me voy a permitir aclarar algunos aspectos relacionados con la fecha y lugar de nacimiento del egregio patricio nortesantandereano, y que se desprende de los siguientes testimonios: "En la parroquia de Chitagá a ocho de junio de mil ochocientos cincuenta y uno yo, el Cura propio puse óleo y crisma a José Rafael Ramón Eufracio de Jesús González que nació el veinticuatro de mayo del mismo año, legitimo del doctor Rafael González y Susana Valencia. Abuelos paternos: Francisco y Mariana Rodríguez. Maternos: José y María Gertrudis Bautista. Padrinos: Pedro León Canal y Gabina González. Doy fe. Nepomuceno Landazábal. Pbro". Libro 4 Bautizos - Folio 32 No. 119. Esta partida de nacimiento viene a confirmar, precisamente lo dicho por el mismo General en carta al señor Nemesio Parra, fechada el 20 de septiembre de 1911, en cuyos apartes principales relacionados con su nacimiento, dice: "Cuántas
veces después he pasado por Casa de Teja y no he podido menos
de revivir aquella estrofa de Gutiérrez González: "Ramón
González ante Ud. con el debido respeto expone: Muy
joven desempeñó el primer puesto público, como
maestro de escuela, de la aldea del antiguo Chopo, hoy Pamplonita. Luego
de este tiempo cuando la familia se traslado a Cundinamarca, y viviendo
en Villeta, estuvo trabajando en diversas actividades, tales como la
industria panelera en la región de Cundinamarca hasta Facatativa,
por entonces mercado de primer orden en este artículo. A
propósito de este proyecto sus enemigos lo atacaron en la prensa,
y el General le comentaba a un amigo: "He sabido también
con suma extrañeza que el señor Caro se opone al proyecto
sobre el camino de herradura a Tamalameque, y que lo hace especialmente
porque supone que yo soy el principal agraciado en esta empresa. Fuera
de que esta es nueva y de que en la que yo tenía parte ya caducó.
Es cierto que en la primitiva empresa y por puro patriotismo, en asocio
de siete amigos más, tengo invertida una fortuna". Del
General Ramón González Valencia puede decirse que sus
amigos y correligionarios le raparon de sus manos los instrumentos agrícolas
para obligarlo a empuñar la espada, que como extraordinario guerrero
esgrimió siempre victoriosa y lo invistieron con la toga de la
primera magistratura de la República. Asistió a la mayor
parte de nuestras contiendas civiles. Sus actuaciones militares, fuera
de las guerras del 76, 85, y 95, en realidad fueron las de la guerra
de los mil días. En el combate de Peralonso, en donde actuó
como comandante en jefe, siguió las peripecias de esa larga y
cruenta guerra hasta que vino la gran batalla de Palonegro, en donde
su actuación al frente de la tercera división fue definitiva,
según el parecer del General Próspero Pinzón. Con
heroicos soldados del Norte del país, y con el valor heredado
de sus antepasados, después de esta victoria la tercera división
se traslada para rescatar a Cúcuta, fuerte de la revolución,
y por allí el General González Valencia cumplió
con el deber de humanidad, impidiendo se cortara el agua a los sitiados.
Luego tuvo que marchar al centro del país, amenazado por el ejército
y bien organizado por el sin igual jefe General Rafael Uribe Uribe,
quien tuvo la concepción de marchar por las llanuras orientales,
y llegar al corazón de la nación, más allí
estaba el insomne jefe, y en el combate de San Miguel, triunfó
nuevamente. El
doctor Foción Soto, subdirector de la revolución de Santander,
le dirigía comunicación fechada en Gachalá el 27
de marzo de 1902, entre otras cosas le decía: "Pamplona
4 de noviembre de 1902. Urgentísimo. General Juan B. Tovar. Barranquilla.
El ministro de guerra, en telegrama de fecha 30 del pasado, te ordena
el inmediato juzgamiento de Uribe Uribe en consejo verbal de guerra,
y el cumplimiento inflexible de la respectiva sentencia. Demasiado sé
que tú, militar pundonoroso y hombre de honor, que has pactado
con aquel jefe revolucionario un tratado de paz, no echarás sobre
ti en ningún caso y por ningún motivo, la afrentosa responsabilidad
del cumplimiento de semejante orden que implica una monstruosa perfidia
de que, para honra de la patria colombiana, no hay ejemplo en nuestra
historia política. Hoy mismo dirijo al Excelentísimo señor
Vicepresidente de la República enérgica protesta en nombre
del ejército y pueblo de Santander. Por mi parte, haré
todo esfuerzo para evitar que sobre el partido conservador caiga tan
poderosa responsabilidad. Abrázote. Afectísimo amigo". "Por
la tranquilidad de la patria y por las altas conveniencias del partido,
me despojo hoy espontáneamente ante la nación, de la dignidad
con que ésta, sin merecimiento de mi parte, me invistió". En
las difíciles circunstancias en que se hallaba el país,
le correspondió dirigir el retorno del régimen constitucional,
devolviendo la tranquilidad a todos los hogares y su saludable actividad
a la vida ciudadana y, consiguientemente, dio amplias garantías
al adversario, constituyó un Ministerio con ciudadanos notables
de los partidos Conservador y Liberal pertenecientes a la llamada unión
republicana. Restableció el Ministerio del Tesoro, que centralizó
la ordenación de los gastos nacionales; determinó las
rentas nacionales y los gastos del servicio público que debía
hacer la nación; restableció la división territorial
que existía en 1905 de los Departamentos; creación del
Departamento Norte de Santander, con su capital en San José de
Cúcuta y señaló las condiciones para crear nuevos
Departamentos. Grande
esfuerzo costó a la corta administración de González
Valencia mantener los servicios públicos mediante economías
y sacrificios; la labor era ingrata por falta de medios, con un presupuesto
desequilibrado, mermadas notoriamente algunas rentas, comprometidas
otras y aumentados los gastos con exceso debido a la situación
militar creada con motivo de la guerra. Se vio obligado a licenciar
tropas y a reducir el personal del Cuartel General y de los Estados
Mayores, la medida se acometió con firmeza. Del ejército
regular se licenciaron diez mil hombres y se redujo en gran manera el
personal de empleados de las altas asignaciones; de éstas reducciones
que se hicieron arrojaban una economía, según el mensaje
del Presidente a la Asamblea por un total de $ 45.000 pesos oro mensuales.
Convocó una Asamblea Nacional Constituyente, las principales
reformas constitucionales fueron: "Tengo
el honor, decía el Presidente González Valencia a la Asamblea,
de haber contribuido a echar los cimientos de la reorganización
militar, la cual tiene por objeto el hacer del ejército una verdadera
institución nacional, orgullo del pueblo colombiano y égida
de libertades, derechos y deberes. Importante para esta labor ha sido
el concurso de la Misión Chilena". Su
administración brilló por su probidad y tolerancia, y
enrrumbó suavemente el carro de la República, por su desprendimiento
y amor a la paz. Su
último cargo como funcionario, fue el de Embajador Extraordinario
de Colombia ante el gobierno de Venezuela; en la administración
de Carlos E. Restrepo, regresando al país el 29 de julio de 1911,
fijando su residencia en Pamplona, sin abandonar su hacienda de Iscalá
que estaba tan ligada a sus afectos familiares, a sus campañas
de armas y a sus faenas de trabajo de la tierra. Concluida
y normalizada la vida civil de la República, el General Ramón
González Valencia quiso regresar a sus fincas de "La Selva"
y "Orope" en Bochalema, pero encontró que uno de sus
arrendatarios se apoderó de dicha hacienda tocándole entablar
un juicio para poderla recuperar, además la prensa de aquella
época y sus enemigos le atacaban en toda forma: "Se me hacen
cargos y acusaciones monstruosamente injustos que paso a contestar.
Treinta años hará aproximadamente que, en asocio de mí
finado tío, el doctor Antonio Valencia, compre a los señores
Gabriel Mendoza y Nicomedes Villamizar, los extensos y fértiles
terrenos de "Orope", incultos en su mayor parte hasta entonces,
y convertidos hoy merced a una labor no interrumpida, sino por nuestras
frecuentes y desastrosas guerras civiles, en una de las haciendas más
valiosas y florecientes de la provincia de Cúcuta. Allí
vivía en completa armonía conmigo hasta la época
de la guerra que acaba de pasar, durante la cual determinado jefe revolucionario,
cuyo nombre callo por respeto a su tumba por animosidad contra mí,
hizo creer a Méndez que si la revolución triunfaba, él
sería el dueño de mi propiedad
Ese es el crimen
que se me imputa, ese el escándalo de que se ha querido hacer
arma política contra mí; y no me ocuparía en contestar,
si no fuera porque se trata de mancillar mi honra, que, a Dios gracias,
he podido salvar y que debo traspasar ilesa a mis hijos. Aprovecho la
ocasión para decir algo de mi hermano Luis Eusebio: si yo le
hubiese procurado en alguna vez algún contrato productivo; si
le hubiese dado algún destino de gran sueldo de manejo en tiempo
de paz, quizá tendrían razón para criticármelo.
Pero confiarle un empleo militar como el muy honorífico de Inspector
General de la línea de batalla en Palonegro que le diera el General
Pinzón, el buen desempeño del cual le valió el
ascenso que tan eximio General le concediera... Hacerlo yo jefe de operaciones
en alguno de tantos combates como Altoviento y Valladolid en donde entró
de los primeros para comprometer así a los demás y tomar
como tomaron a fuego y sangre formidables trincheras, es bien digno
de censura, por cierto. Criticar cosas como éstas es cometer
la mayor de las injusticias. Así podría decir de todos
mis parientes, cuya sangre corrió en la Amarilla, Palonegro,
Sitio de Cúcuta y Panamá, y si mis hijos hubieran tenido
edad de acompañarme, hubieran sido mis ayudantes, como lo fueron,
con abnegación y valor, mis sobrinos, mis primos y demás
allegados de mi numerosa familia". Y en carta dirigida a su amigo
el General José Joaquín Villamizar le decía: "La
prensa comienza a maltratarme: era lo que me faltaba y ya sabe Dios
las demás pruebas que se me esperan por los sacrificios que he
hecho, hasta el extremo de ver amenazada mi familia de hambre porque
mi ruina es perfecta". De
los últimos actos de su gobierno, como gobernador de Santander,
construyó el Palacio de la Gobernación, conocido como
la "Cúpula Chata". Además
desarrolló otras actividades, todas en beneficio de la sociedad
en que actuara. El doctor e historiador Martín Carvajal, comenta:
"Hizo venir a su costa la comunidad de hermanitas de los Ancianos
desamparados, desde Valencia, en España hasta Pamplona, y tengo
precisamente en mi poder el detalle de esa gran obra que aún
está produciendo sus buenos efectos sociales, y que se ha extendido
por el país, merced a la intervención de tan generoso
bienhechor de la humanidad". Fue
también fundador de la Compañía Eléctrica
de Chinácota, en el año de 1911, como lo reza la Escritura
pública No. 340 agosto 28 y cuyo capital fue de $ 10.000 de diez
décimos figurando como socios los señores: José
Joaquín Camargo. General David Conde, General Espíritu
Santos Morales, José Canal, José Antonio Valero Romero
y Manuel Waldo Carrero. "Honorables miembros del Concejo Municipal.
Yo, Ramón González Valencia, mayor de edad, vecino de
este municipio, en mi carácter de Presidente de la Junta Directiva
de la Sociedad denominada "Compañía del Alumbrado
Eléctrico de Chinácota", que tiene su domicilio en
esta ciudad, represento respetuosamente: Por escritura No. 0.340 otorgada
ante el notario de este Circuito el 28 del pasado agosto, se fundó
dicha Compañía, entre otros fines para instalar, administrar
y explotar el alumbrado eléctrico de esta ciudad y establecer
y explotar otras empresas de interés público... de la
cual se me hizo el honor de elegirme Presidente. Entre las atribuciones
está
la de acometer el establecimiento en la ciudad de
agua potable suficiente para el abasto de la ciudad... Sin causar daño
a terceros, así como aumentar a su costo la corriente de agua
de la quebrada de Iscalá. El 7 de agosto de 1914 la ciudad de
Chinácota inauguraba su planta eléctrica. En
las elecciones que se realizaron el 18 de enero de 1914, fue elegido
Concejal de Chinácota y lo fue durante varios años. De
igual manera participó y salió elegido en las efectuadas
el 12 de junio de 1919. Larga
sería la historia detallada de su vida, que está íntimamente
ligada con la patria, durante tantos años tan fecundos en cambios
y en sucesos para Colombia. Desde muy temprana edad, empezó el
trabajo cotidiano, y cuando fue necesario luchar, peleó en primera
fila y como bueno, hasta alcanzar y obtener las charreteras de General.
Pertenecía a esa clase de hombres que ha visto Colombia, hábiles
en la Magistratura y en el campo de batalla. Valeroso hasta la temeridad,
afrontaba el peligro sin medirlo, y no hubo humana consideración
que lo hiciese vacilar cuando su conciencia lo gritaba ¡Adelante!
Su entusiasmo fue siempre intenso, siempre igual, y si el desaliento
paralizaba todos los corazones, el suyo sabía mantenerse ardoroso,
y a él se arrimaban los abatidos para calentarse al fuego de
su energía. La moderación de sus principios y de su carácter
lo mantuvo siempre alejado de los extremos partidistas, aún en
las épocas más calamitosas, en aquellas en que los rencores
políticos desconocen los más elementales principios de
humanidad y de justicia. El General González Valencia, se mantuvo
dentro de los límites de la equidad y de la moderación;
ajeno a todo sentimiento de rencor, jamás se dejó llevar
de las pasiones políticas; y siempre fue el primero en combatir
enérgicamente las medidas violentas o de persecución que
se proponían, pues fue su mayor anhelo propender porque la bandera
nacional cubriera por igual a todos los colombianos. No conoció
el cansancio ni la fatiga, y andaba a pié y montaba a caballo
con agilidad enteramente juvenil; pues entre tantas cualidades tuvo
la de una gran presencia, honor y orgullo de la raza, pues fue la réplica
de un emir árabe, con su apostura elegantísima, su fisonomía
de perfecto morisco, su barba nazarena, su mirada tranquila pero penetrante,
sus maneras dignísimas, su afabilidad sin igual. Encontrándose
enfermo en Pamplona le decía a un amigo: "Ya
no tengo sino dos misiones sobre la tierra: disponer debidamente les
negocios de familia y preparar mi alma para la muerte". Y Dios
lo condujo de la mano a esa preparación; ese hombre que vivió
días tan agitados y difíciles, soltó los remos
de su barca en una bonanza apacible. Larga y pecosa fue su enfermedad
la que soportó con resignación como verdadero cristiano,
y fue vencido en el último combate de la vida, ante ese enemigo
aterrador "La muerte"; en su lecho de enfermo recibía
las atenciones de su compañera esposa, hijos y demás familiares,
que lo consolaban ya que para mayor amargura había quedado ciego. Hace
cincuenta años que en la ciudad mitrada ye apagó apaciblemente
a la luz terrena la noble vida de Ramón González Valencia,
varón consular en quien se encarnaron de modo excelente las grandes
virtudes de la democracia cristiana. "En
la parroquia de Las Nieves a cuatro de octubre de mil novecientos veintiocho,
se dio sepultura eclesiástica al cadáver del General Ramón
González Valencia -Expresidente de Colombia, casado con la señora
Antonia Perrero, hijo legítimo de Rafael González R. y
Susana Valencia. Murió ayer a la edad de setenta y siete años-
nació en Chitagá el veinticuatro de mayo de mil ochocientos
cincuenta y uno. Fue Uremia la causa de su muerte. Recibió los
sacramentos de penitencia. Comunión y Extremaunción. Doy
fe, Justo Pastor Patino. Pbro.". Llega para el General la última hora de su vida. En SU lecho de muerte, el pecho que cubrió la banda presidencial estaba agitado por el estertor de la muerte; o la mano que empuñó la vencedora espada en muchos combates, asía el Crucifijo de los hijos del Salvador, y así se presentó a Dios aquel varón insigne que nunca cometió una injusticia. |