PADRE JUAN JOSÉ BRICEÑO S. J.
Por: Jorge Eduardo Acero López S.J.
(Tomado de "El Mensajero" No. 1274, septiembre de 1996)

Nació en Chinácota (N. de Santander), el 3 de marzo de 1923. Tenía 73 años al morir. Muy joven ingresó al Seminario Menor de Pamplona, cuando solo contaba 11 años Cuando cumplió los 15 años, viajó a Santa Rosa de Viterbo (Boyacá), en donde inició su noviciado en la Compañía de Jesús. Era el 15 de noviembre de 1938. Tres años antes su hermano, Manuel, lo había precedido en su ingreso al Noviciado. Curiosamente su hermano el padre Manuel también lo precedió tres años largos en su Pascua definitiva, pues murió en Madrid, España, también de un fulminante infarto, a fines de 1992, cuando asistía a un Congreso de Presidentes de las Academias de la Lengua.

En el colegio Noviciado del Sagrado Corazón, en el mismo Santa Rosa de Viterbo, cursó sus humanidades, pasando luego a las Facultades Eclesiásticas de la Javeriana en Bogotá a hacer el curso de ciencias y filosofía.

En los colegios de San Pedro Claver de Bucaramanga y de San Ignacio de Loyola de Medellín realizó la prueba de magisterio. De nuevo regresó a las Facultades Eclesiásticas de la Javeriana a realizar sus estudios teológicos, ordenándose de sacerdote el 3 de diciembre de 1955, en la iglesia de San Ignacio de Bogotá.

Terminada la teología, por corto tiempo fue al colegio de San Francisco Javier de Pasto, de donde pasó a la Ceja (Antioquia) a hacer su último noviciado o Tercera Probación. Culminada su carrera jesuítica, fue destinado al Colegio San Luis Gonzaga de Manizales, en donde fue profesor de filosofía, historia y literatura, durante dos años.

De Manizales fue trasladado al Colegio de San Bartolomé La Merced, en Bogotá, como profesor, durante 9 años de filosofía y lenguas, especialmente francés.

Al mismo tiempo que trabajaba en San Bartolomé La Merced, se matriculó en 1961 en el Conservatorio de Bogotá, en donde durante 4 años se especializó en historia de la música, pedagogía musical, armonía y contra punto.

En 1968 viajó a Roma, en donde en el Conservatorio de Santa Cecilia se dedicó a estudiar música religiosa, polifonía clásica, canto gregoriano y dirección coral y orquestal.

De Roma pasó a París, en donde en el Instituto Superior de Música durante dos años se especializó en música contemporánea y guitarra clásica, estudiando los músicos desde Debussy hasta los compositores modernos como Messiaen, etc.

Terminadas sus especializaciones en música en Europa, fue destinado por sus superiores a ayudarle al padre Ángel Valtierra, S.J, en Medellín, en donde a fines de 1970 había fundado en la Residencia de San Ignacioel Centro Cultural Ignacio de Loyola -CECIL-, una especie de réplica del centro Cultural Sari Fidele, que los jesuitas dirigen en Milán (Italia), de gran fama internacional.

EL PADRE BRICEÑO COMO ARTISTA

Dotado por Dios de una gran facilidad e ingenio, desde los ocho años comenzó a estudiar música y desde aquella temprana edad tocaba flautín, algo de violín, guitarra, bandola y tiple, y así mismo participaba en la Banda del Batallón Maza acantonado en Chinácota, su ciudad natal.

Como dijimos anteriormente, se especializó en el Conservatorio de Bogotá y pefeccionó sus conocimientos musicales en Roma y París.

Durante su carrera eclesiástica dirigió los coros de las Facultades Eclesiásticas de la Javeriana, lo mismo que los de los colegios donde trabajó por más de 10 años.

También durante sus estudios compuso muchas canciones en colaboración con el padre Rodolfo Eduardo de Roux, S. J., un inspirado poeta, miembro correspondiente de la Academia,Colombiana de la Lengua, y quien acaba de publicar su obra poética en tres tomos, titulada "Vida que pasa".

Para el padre Juan José Briceño la música era un arte que apreciaba mucho y por la que sentía una gran pasión, pero la cultivaba, siendo sacerdote, no como el arte por el arte sino como un medio de apostolado; de ahí que siempre prefiriera las canciones de mensaje.

Como él mismo confesaba, no se sabe a ciencia cierta cuántas canciones o composiciones produjo. Quizá unas 500, entre las cuales se contaban 50 misas populares.

Al lado de las canciones y de las mismas misas populares encontramos también que el padre Briceño cultivó el aspecto más sofisticado y más culto de la música, como es la polifonía y el contrapunto, para lo cual le sirvieron los estudios de especialización que había llevado a cabo en Bogotá, Roma y París. Por ese motivo realizó varias composiciones de concierto, que presentó sobre todo en Medellín y que transmitieron, con alguna frecuencia, algunas emisoras de esa ciudad.

Pero como dijimos antes, siempre prefería las canciones de mensaje. Precisamente la tesis que presentó en París versó sobre el canto como agente de promoción social.

EL CENTRO CULTURAL IGNACIO DE LOYOLA -CECIL-

La obra principal de la vida del padre Juan José Briceño, fue sin género de duda, el Centro Cultural Ignacio de Loyola

Aunque fue fundado por el padre Ángel Valtierra, S. J. a fines de 1970, quien le dio el impulso definitivo y lo hizo una realidad fue el padre Briceño, entre otras cosas, porque el fundador, por razones de salud, solo pudo estar al frente del Centro escasos tres años.

En 1973 el padre Briceño se encargó de la dirección de CECIL. El padre Valtierra impulsaba más los medios masivos de comunicación social; el padre Briceño se propuso utilizar más los medios grupales con la ayuda de casetes y sonovisos.

Para dar un mejor rendimiento el padre Briceño fijó cuatro áreas de producción: área de formación religiosa, de formación familiar, de formación social y área de música y canto.

En los 23 años que estuvo el padre Briceño al frente de la dirección de CECIL, realizó una gran labor en todos los campos, labor reconocida por todos los que conocieron la obra.

Haciendo una síntesis de las realizaciones en cada una de las áreas tenemos lo siguiente:

En el área de formación religiosa se han producido más de cincuenta programas en video para niños. Una de las realizaciones más exitosas fue haber sacado en video el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica para colegios de secundaria y para adultos. Así mismo se han montado muchos programas bíblicos, numerosos programas para los tiempos litúrgicos, como navidad, cuaresma, semana santa y pascua. También se preparó la catequesis de los sacramentos y una especial para la paz.

En el área de formación familiar, primero se produjeron 40 programas en video para escuelas de padres y luego se prepararon otros 24 programas para reforzar esta área de vital importancia.

En el área de formación social se han elaborado una serie de programas sobre derechos humanos y ciudadanos, y en base de numerosos poemas proféticos se han realizado videos de denuncia de candentes programas sociales y así mismo de anuncio de esperanza, que se han convertido en nuevos aportes para conseguir la paz y para mejorar las relaciones sociales. Últimamente se ha trabajado en programas de derechos del niño y de la mujer.

Finalmente, en el área de la música y el canto, se han compuesto muchas canciones tanto religiosas como de mensaje que están ilustradas con imágenes en video. También se han producido muchas misas populares con el fin de que todos los fieles participen en la liturgia. Así mismo, se han estado elaborando también las partituras de la salmodia que actualmente cantan especialmente los religiosos, pero el objetivo es que haya una participación más activa de los fieles, particularmente en el canto de Laudes y Vísperas.

Pasando del terreno de la producción en las 4 áreas de la calidad, hay que recordar que se ha progresado muchísimo, pudiendo ofrecer una calidad muy profesional en la producción tanto de audio como de video.

Respecto a los beneficiarios, primero se comenzó con la ciudad de Medellín y luego se pasó al departamento de Antioquia.

En Medellín existen más de 300 escuelas que se han beneficiado de los programas de formación religiosa y unas 240 asociaciones de padres de familia que utilizan los programas de escuelas de padres.

En el momento, en el departamento de Antioquia, hay unas 500 escuelas que utilizan los programas de CECIL y unos 500 mil niños de ambos sexos que se benefician de ellos.

Últimamente se había comenzado a trabajar en Bogotá y en los departamentos del Valle y Norte de Santander, en donde ya 50 escuelas reciben los beneficios de los programas.

El Padre Briceño se había fijado como meta el que mil escuelas a nivel nacional disfrutaran de la producción de CECIL.

ASPECTOS TÉCNICOS Y RECURSOS HUMANOS

CECIL, no solo ha progresado en la producción, que ha sido realmente notable, sino también en el renglón técnico y los recursos humanos.

En el aspecto técnico, se pasó de unas grabadoras domésticas a unos estudios profesionales de grabación, tanto en audio como en video.

En cuanto a los recursos humanos, se paso de una secretaria de medio tiempo a un equipo de 12 personas que trabajan de tiempo completo, que con los técnicos e ingenieros de mantenimiento alcanzan a 15 personas, que completan el personal que lleva adelante la obra de Cecil.

UN CÚMULO DE DIFICULTADES

En los 23 años que estuvo el padre Juan José Briceno al frente de la dirección de Cecil tuvo que vencer un cúmulo de dificultades especialmente económicas. Lo más admirable es que nunca se dejó vencer por ellas y siempre con optimismo siguió adelante. Es cierto que recibió ayuda de agencias internacionales de Europa y Estados Unidos para comprar los equipos y que empresas de Medellín le ayudaron para sacar adelante algunos programas, pero siempre lo persiguió el fantasma de la falta de capital de trabajo. Este es precisamente uno de los retos que esperan a su sucesor.

UNA PÉRDIDA IRREPARABLE

Con la muerte del padre Juan José Briceño, S.J., la Iglesia colombiana y la Compañía de Jesús pierden un gran músico, grande en el manejo de un variado número de instrumentos musicales que iba desde el complejo órgano hasta el sencillo tiple; grande en la interpretación de memoria de una váriadísima gama de composiciones artísticas, que según él alcanzaban a la cifra de 2.000, que iban desde una sinfonía de Beethoven hasta la popular canción de la "Molienda"; grande en la composición de canciones populares y religiosas de mensaje y de conciertos sofisticados a la altura de los grandes compositores, y grande en la utilización de los medios de comunicación, especialmente grupales, para ponerlos al servicio de la comunidad con el objeto de rescatar los valores perdidos.

CONDECORACIONES

Una de las pruebas de la gran estima y el gran aprecio que se sentía por la persona del padre Juan José Briceño Jáuregui, S.J., fueron las condecoraciones que recibió en su vida sobrepasan la cifra de 20 . A esta colección de distinciones él con su gracejo característico la llamaba su "Vanidoteca".

Hay que resaltar la condecoración que le dio el Congreso de la República de Colombia con motivo de la música; esta condecoración también la recibieron su hermano, el padre Manuel y el padre Rodolfo Eduardo de Roux, S. J., autor de muchas de las letras de sus composiciones.

También lo condecoraron el departamento del Norte de Santander y la Alcaldía de la ciudad de Cúcuta por el mismo motivo.

Antioquia, en donde pasó la mayoría do su vida artística, lo declaró hijo adoptivo del Departamento; varias instituciones antioqueñas lo condecoraron; allí se ganó por los menos 10 concursos entre los cuales hay que destacar el concurso nacional del pasillo y el Expofinca Caracol.

Pero la condecoración más significativa que recibió fue la de "La Orden del Arriero" por sus servicios prestados a la música en Antioquia. Esta condecoración, que recibió en un acto muy hermoso un mes antes de su muerte, es muy difícil que se la concedan a una persona que no sea antioqueña.

UN SUCESOR

Hay que pedir a San Ignacio de Loyola, patrono de la obra y a los Superiores de la Compañía de Jesús que provean cuanto antes al Centro Cultural Ignacio de Loyola -CECIL - de un sucesor que esté a la altura de las cualidades artísticas y organizativas del padre Juan José Briceño Jáuregui, S. J., para que, en primer lugar, coleccione su obra artística, mucha de la cual parece que esta inédita, y para que continúe con el mismo empuje la gran labor llevada a cabo en el área de formación religiosa, especialmente de los niños y de los jóvenes; de formación familiar tan importante, en estos momentos; de formación social tan urgente en la crisis que estarnos viviendo, y en el área de la música y el canto que han producido tan buenos resultados.

Su vida se extinguió súbitamente. Era la tarde del domingo 4 de agosto. Acababa de cenar en compañía del Superior de la Residencia de San Ignacio, P. José Piedrahita. Desde su cuarto alcanzó a llamar por teléfono al P. Piedrahita"Me siento muy mal", alcanzó a decirle. Solamente eso. Cuando lograron abrir el cuarto, pues estaba con llave, lo encontraron desfallecido y casi en las últimas.

En pocos minutos dejó de existir, hacia las siete de la noche. Un infarto fulminante lo llevó al abrazo del Padre.

En la mañana del lunes 5, viajamos a Medellín el P. Provincial, José Adolfo González, el P. Horacio Arango, Asistente de Socio-Pastoral y yo, para participar en sus exequias. Íbamos en compañía del último de sus hermanos, el Dr. Hugo Briceño y de sus hermanas Rosario, Martha y Mercedes y de algunos de sus sobrinos. Sor María Esperanza, religiosa, se quedó en Bogotá, consciente de su estado de salud. "No quiero que tengan otro infarto!", -nos dijo entre lágrimas, al despedimos en el Puente Aéreo.

Llegamos a Medellín con el tiempo justo de preparar la celebración del funeral. Junto a las gradas del presbiterio reposaban los restos mortales del P. Juan José en medio de una hermosa ofrenda floral, de tantos amigos, músicos, cantantes, colaboradores de CECIL y del CESDE, con quienes compartió en estos últimos años sus labores artísticas y apostólicas. Flores frescas de cariño: Azucenas, rosas, anturios, claveles, orquídeas, crisantemas, astromelias... pero sobre todo un ramito humilde de LOTOS, mustios por el calor y sedientos de agua... Lotos que sobre los despojos del "Músico" volvían a cantar:

Lotos veleros de seda abiertas las velas,
a la luz mañanera, con afán de volar...
Lotos, anclados veleros, aquí prisioneros;
mientras vuelan los cielos por el manantial!
También mis ojos encienden la gloria del cielo
y también, prisionero, no puedo volar, no puedo volar!

Ya liberado de anclajes y amarras, "Juancho" había podido abrir las velas a un viento más fuerte, para volar... Mientras los mustios lotos morían de sed sobre su féretro. Cuatro días antes, en la fiesta de Sari Ignacio, un coro dirigido por Juan pertenecientes a la Congregación Mariana, Coral «Santa María», llegaron conmovidos para entonar esa misa en sus exequias, dirigidos por Luis Eduardo González. Algunos de sus solistas y músicos también se presentaron en la Sacristía, con el deseo de interpretar sus composiciones, Beatriz Mora, Soprano; Maribel Escobar y Tula Martínez, Mezzo-sopranos. Ademas el Organista de la Catedral de Medellín. gran amigo del P. Briceño, el Profesor Esteban Bravo, nieto del ilustre músico y cantores, de los muchos que logró aglutinar el P. Briceño durante sus últimos años de trabajo artístico y musical en torno a CECIL, Centro Cultural Ignacio de Loyola. Con ellos hicimos un programa para la Celebración de las Exequias.

La Iglesia de San Ignacio se comenzó a llenar de personas desde muy temprano: antiguos alumnos del colegio de San Ignacio, religiosas de la Presentación, de la Madre Laura, Bethlemitas y de otras congregaciones que tuvieron en el P. Briceño al amigo y compositor de las canciones de sus Carismas y de sus Fundadoras, de sus himnos... empleados y colaboradores de Cecil, alumnos y profesores, del Cesde... Para las cuatro de la tarde no había un solo lugar en las bancas y muchos tuvieron que participar en las Exequias, estando de pie.

Mientras la coral Santa María entonaba el canto de entrada de la misa compuesta por el P. Briceño, casi cuarenta sacerdotes Jesuitas y unos cuantos del el clero secular, en procesión avanzaron por el centro de la Iglesia.

Presididos por Monseñor Darío Monsalve, Obispo Auxiliar de Medellín, quien se hizo presente con inmenso cariño por el P. Briceño, para a acompañar a la Compañía de Jesús en Colombia por esta lamentable partida. Presidía como Pastor la celebración litúrgica exequial, en nombre del Señor Arzobispo, Monseñor Héctor Rueda Hernández cuyo saludo de condolencia transmitió a la asamblea.

Antes de comenzar propiamente la Santa Misa, el P. José Piedrahita, Superior de la Residencia de San Ignacio, Párroco y testigo de su muerte, leyó con voz entrecortada una cronología de la vida del P. Juan José Briceño, de su formación musical y de sus principales actividades apostólicas, musicales artísticas. Enseguida se encendió el Cirio Pascual junto a sus despojos, se cubrieron con la casulla y la estola, signos de su ordenación presbiteral y asimismo fue colocado el libro de la Palabra de Dios.

La Soprano Beatriz Mora entonó muy sentidamente la hermosa composición «Mi vida es un camino» con letra de Rodolfo E. de Roux, S.J. y con música del P. Juan José. Letra y música se aunan en esta canción para transmitir un profundo mensaje ante la vida y la muerte. Al comenzar esta celebración, adquiría una nueva dimensión, frente a los restos mortales de su autor y le ofrecían un marco muy peculiar: Mi vida es un camino! Nadie podrá detener su incansable premura de andar! Mi vida es un Camino, que nada detendrá y al fin alcanzará. La cumbre audaz que se atreva a soltarme las alas, para volar, volar!

Mi vida es un camino! Llevo en mi alma la angustia de nunca poder regresar... No tengo aquí mi alero. Todo, aunque el alma se quiebre, tendrá que quedar siempre atrás..., Mi vida es un Camino, por el que todos van, de paso nada más, hacia la playa impaciente que ensaya sus velas.

FRENTE A LA MAR, LA MAR!

.... Ya el caminó había concluido... y luego de la espera impaciente, la eterna playa abría para Juan José el horizonte de una vida sin fin en el Resucitado.

Una homilía de Monseñor Darío Monsalve, llena de cariño y cercanía, enmarcada en el ideal de Ignacio de Loyola: alabar y servir. Una oración de los fieles rubricada por la sencilla melodía: «Concédele, Señor, el descanso eterno!», nos hizo remontar a las primeras composiciones del P. Briceño, en los albores de la renovación litúrgica. Con las famosas paraliturgias o vigilias de la Palabra y con las conocidas «Misas comunitarias», el P. Juan José, a partir del año 1957, mucho antes de la renovación litúrgica que emprendería el Concilio Vaticano II, abrió los caminos de la participación activa del Pueblo de Dios con el canto, en la Celebración litúrgica.

Durante el Ofertorio, las solistas de múltiples grabaciones del P. J. J. Briceño, entonaron acompañadas del organista Esteban Bravo «Más allá». Sus notas y las voces transparentes y conmovidas de sus intérpretes, evocaban ese luminoso panorama, que se abre al creyente, una vez traspasado el umbral de la muerte.

Las mismas intérpretes cantaron una vez más, durante la comunión, la canción a la «Niña María». Un cuarteto instrumental, conformado por flauta, clarinete, tiple y guitarra, interpretó durante la distribución de la Sagrada Comunión a los fíeles, una de las últimas composiciones instrumentales del P. Juan José: el pasillo «Manantial». Con esta composición participó en un festival de música colombiana el pasado mes de julio en Bello, Antioquia, organizado por Fabricato. Este pasillo, fruto de la madurez musical del compositor, llenaba el recinto de la Iglesia, con una música que pudo muy bien brotar de la inspiración de los grandes Maestros de esta tierra: Vieco, Luis A. Calvo Morales Pino... Un Pasillo, «Manantial», que sin palabras, nos condujo a las fuentes de vida y al hontanar donde brota el agua que calma para siempre nuestra sed. Juan José, que había cantado con Rodolfo de Roux desde los años de Santa Rosa a la "Fuentecita" de cristal, podía beber ahora a raudales de esa agua que brota del corazón del Resucitado.

Oh, mi linda fuentecita, de alegre cantar!
Tu voz embelesa el pinar, manojito de luz...
Oh mi linda fuentecita de cristal!

Terminada la Comunión el P. Provincial agradeció de corazón a Monseñor Darío Monsalve su presencia y compartió con todos y muy especialmente con sus hermanos y familiares, el sentimiento por la súbita desaparición del P, Juan José. Después de rociar con el agua bautismal y de incensar respetuosamente el féretro, el Sr. Obispo concluyó la celebración litúrgica con la oración final. Antes de trasladar el féretro quiso esperar amablemente, con los Sacerdotes concelebrantes y toda la asamblea, para escuchar dos breves alocuciones. El Dr. Hugo Briceño Jáuregui, hermano del P. Juan José, en nombre de sus hermanos y de toda su familia agradeció en medio del dolor profundo, el consuelo que recibían por tan sentida celebración.

Luego Tula Martínez una de las intérpretes de las Canciones del P. Juan José, sin ningún tipo de acompañamiento entonó la canción «¿Dónde estás amor?» de la producción más reciente del P. Briceño. Y para concluir, el Sr. Santiago Morales Tobón, uno de los Directivos del CESDE, institución educativa que funciona en los antiguos locales del Colegio de San Ignacio y con la cual estuvo muy vinculado afectiva y pastoralmente el P. Juan José, concluyó esta sentida celebración exequial con la lectura del siguiente texto de su autoría:

EN AGOSTO TOCO LA MUERTE

"Hoy no habrá molienda y la "Cesdecita" está llorando porque el gran arriero de almas se ha ido al cielo, para componerle un himno a la eternidad. La muerte tocó para Briceño, compositor, sacerdote y sobretodo amigo. En su ineluctable sabiduría se lo llevó en el otoño de su vida, en un agosto que en la mañana saluda al sol con rayos de alegría y en el crepúsculo llora la noche con lágrimas de plomizo cíelo. Sí, un otoño plácido, sereno, lleno de satisfacciones.

Como el que más, supo disfrutar la vida. Con su música hizo feliz a muchos, con su sacerdocio nos trajo a todos la paz. Sereno, calmado, de conversación agradable y voz cansina, supo ser el amigo oportuno de todos. La Iglesia pierde un pastor; la música una fuente inagotable de inspiración y la juventud un buen amigo.

CECIL Y CESDE, sus dos grandes amores, a quienes viera nacer hace ya veinticuatro años, llorarán la hora de su orfandad, para buscar en el sereno ejemplo de lo que fue su vida, el lenitivo para sus tristezas y el soporte de esperanza, al saber que tenemos un amigo en el cielo, que seguirá componiendo canciones desde la eternidad para solaz de los ángeles. Adiós al amigo, adiós al maestro! Cuando te den licencia, abre una. ventanita allá desde la inmortalidad (1) y deja caer, en cascadas de ilusiones, la alegría de tu recuerdo. Que las aves, cantoras de la naturaleza por antonomasia, sean las portadoras de tus melodías nuevas. Escribe pentagramas en el arco iris para poder saber que sigues componiendo. Convierte el viento en tu mejor intérprete, para que a raudales se nos cuele tu música por las rendijas del alma. Haz con las nubes infinitas y acompasadas, notas blancas para los bambucos y torbellinos que tanto te gustaban. No nos dolerá tanto tu muerte, corno tu permanente ausencia física. A los músicos no se les despide con lágrimas, se les despide con música y la tuya es el mejor homenajee que podemos hacerte a la hora de tu partida. Feliz viaje hacia la eternidad. Paz para tu tumba.

(1) Alusión posible a un verso del "Bunde Sanjuanero" del P. Briceño y de Rodolfo L. de Roux, que dice:

"Dijo el Cura hoy en la misa, que uno se amaña en el cielo.
Si allá voy, me hago un huequito, pa'poder mirar mi pueblo!"

(Anotación del P. G. Bernal)

NOTA FINAL

Por esas misteriosas coincidencias de nuestra vida que pasa y se entrecruza y nos desconcierta... mientras trasladábamos los restos mortales de Juan José al carro mortuorio, en el atrio de la Iglesia de San Ignacio de Medellín, entre la calle formada por los Sacerdotes a lo largo de la nave central, y entonando el DIOS ES AMOR, a esa misma hora comenzaba, en Bogotá, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Javeriana una Lección Inaugural solemne. Se trataba de la presentación y recital de la Obra Poética de Rodolfo E. de Roux, S. J. VIDA QUE PASA, con la intervención del P. Enrique Gaitán, S. J. En tres volúmenes, que se incluyen en un mismo cofre, se publican de nuevo: "Mi Primer Ofertorio", "Caminos de Sol y Niebla" y se lanza "Atardecer"...

Juan José y de Roux... Briceño y de Roux... El Músico y de Roux... son algunos de los nombres con que dentro de la Compañía conocimos una bina de sacerdotes artistas, creadores de música y de poesía. Desde Santa Rosa, Tota, San Claver, y desde múltiples recodos de un mismo camino musical y poético, nos entregaron las más bellas melodías y los más entrañables paisajes líricos que enmarcan la geografía del corazón de muchas generaciones de jesuitas colombianos: La molienda, La cogienda, Tota, Fuentecita, El Romero, Caminito, El Río, Serenata a la Virgen. La Cogienda, La tejedora y decenas de canciones más... Ellas seguirán cantando el paisaje, y al amor por esta tierra hermosa y atormentada.

Las Palabras entrecortadas de Rodolfo Eduardo al introducir esta Sesión Inaugural de la Facultad de Ciencias Sociales, resumen mejor que ningún otro comentario, la paradójica ausencia de Juan José Briceño, de "Juancho ", el "Músico", en el lanzamiento de la obra poética de su constante amigo y compañero de inspiración.

"... En fin, Juan José Briceño. La hermana muerte lo condujo ayer, en forma inesperada, a las playas de la Vida. Compartimos hartas veces la lucha por expresar en música y en poema, la belleza nativa de nuestro paisaje y de nuestras gentes. La Molienda, Bunde Sanjuanero, Viejita tejedora y tantas otras más.

Juan José cruzó ya la torrentera, por el caminito, rumbo al Hogar, y sabe en plenitud que Dios es Amor. A él mi gratitud, mi admiración, mi cariño de hermano".