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| Una tarde de Octubre de 1987, hace 19 años, recibí una llamada telefónica de mi amigo, muy apreciado, el Doctor José Luis Villamizar Melo (Abogado de distinguido crédito profesional, hombre de letras, historiador y Miembro de la Academia de Historia de N. de S. de la cual ha sido Presidente varias veces: Entre los valores intelectuales del Departamento, él es uno de los notables). En dicha llamada me comunicó la ocurrencia de editar y publicar una colección de libros para satisfacer sus trajines literarios e históricos y para hacer recuerdo y reconocimiento de varios destacados intelectuales, unos perdidos en sus trabajos, otros marginados inexplicablemente, y muchos más olvidados en los planos culturales. Cada uno de estos volúmenes haría referencia a los personajes a los cuales aludimos. Al escoger para su contenido y redacción a algunos escritores, que a juicio del Doctor Villamizar Melo pudieran hacerlo, me favoreció su generosa amistad, que me permitió, con la debida tolerancia, figurar en la lista. Me sugirió escribir: "TEMAS SOBRE CHINÁCOTA" o "PERSONAJES DE CHINÁCOTA". Para mí, uno u otro, cualquiera de ellos, me pareció fácil y difícil. Difícil, porque datos monográficos sobre nuestra tierra han tenido, desde la aparición de ella como asentamiento o poblado hasta su oficialización como ciudad, una lista de equivocaciones en fechas y en clasificación o categoría geopolítica que aún en estos tiempos no permite fecha oficial para celebrar centenarios u otros cumpleaños. Y además, porque escoger desprevenidamente entre tantos personajes: patriarcas, letrados, poetas, artistas, militares, benefactores, profesionales, religiosos u otros más, la tarea es bien difícil. En el sólo campo de las letras y la literatura, además de Honorio Mora Sánchez, los nombres de: Antonio M. Bautista, Cesar Darío Gómez, José Antonio Pinillos Corredor, Manuel Briceño Jáuregui, Juan José Briceño Jáuregui, Eusebio Salcedo, Nicodemus Rangel, Alberto Rodríguez, Leandro Cuberos Niño, Andrés Alvarez Berbesí, Miguel Husman Jalel, Manuel Waldo Carrero Becerra, los hermanos Rondón Espinosa, Rafael Galvis Manosalva, Pedro Eduardo Díaz (primera Monografía de Chinácota), Fernando Velandia, Fernando Rodríguez, Demetrio Oliveros (posiblemente, en nuestro medio, la persona más documentada sobre la vida de Miguel de Cervantes Saavedra), Rafael Espinosa, Cesar Carreño, Ramón González Valencia, su hermano Dr. González Valencia, Juan Mendoza Vega, Ernesto Villamizar Daza, Antonio Villamizar Daza, Gustavo Colmenares Espinosa, Mario Vásquez Rodríguez y otros más que en el momento la memoria no me ayuda a recordar, no han aparecido en el sitio que merecen. Últimamente he tenido la oportunidad de leer dos escritos, que en verdad me han sorprendido gratamente, porque han sido, para mí, notables piezas en el espíritu de lo bello y lo elegante. Son ellos: la crónica de Don Jorge Muñoz Jaimes, "CHINÁCOTA 450 AÑOS AYER, HOY Y MAÑANA", publicada en la SEPARATA de LA OPINIÓN (septiembre 20 - 1986), y la excelente prosa - poética de Don Manuel Antonio González Camargo en su Discurso para la Coronación de la Reina de Belleza Ligia Torres Muñoz, en 1973. Como un reconocimiento a tales escritos, los incluiré como epílogo de estas cuartillas. Por las dificultades expresadas, acudí solamente a los dos personajes que ocupan mi escrito, porque ellos, solos, escarbaron en la arena y sin ayuda ajena encontraron el cenit. Cabe agregar que al horizonte literario de Chinácota le han llegado otras figuras, que sin ser nativas, se han vinculado afectivamente a esta ciudad. Es una de ellas el Abogado Guido Pérez Arévalo, cuyos escritos pueden leer mis paisanos con verdadera complacencia de instrucción. La mejor Monografía hasta ahora escrita sobre nuestra tierra, creo yo, es de su autoría. Sé que también el distinguido Abogado Carlos Sosa Camargo tiene bastante adelantada una extensa Monografía de Chinácota. De igual manera, Don Jorge Muñoz Jaimes escribe otro estudio al respecto. La empresa iniciada por el Doctor Villamizar Melo fracasó porque económicamente tenía gastos muy elevados. Sólo salieron dos libros: uno del Doctor José Luis y otro del chinacotero Jesuíta Manuel Briceño Jáuregui, Miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, de la Real Academia Española, de la Academia Colombiana de Historia, Rector de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Javeriana y muchos otros cargos más, como que su crédito intelectual salió de los linderos patrios. El Doctor Villamizar Melo tiene los originales de varios de los volúmenes que no fueron publicados; y en estos días he encontrado el duplicado que escribí para el que me había asignado y que de inmediato transcribo. Octubre 2005 PRIMERA PARTE Chinácota El Valle de los Chitareros El último día de la creación, cuando el Divino Arquitecto terminaba su obra, le ordenó a la gran Cordillera Oriental de los Andes que abriera sus brazos para depositar entre ellos un pedazo del paraíso terrenal; y fue entonces cuando el cielo apareció entre las dos serranías y bajo ese tinte azul-ceniza surgió el bellísimo Valle de los Chitareros, para que en él, como la mejor rosa de un jardín, naciera Chinácota. Ese día, con los tintes del ocaso, el arco iris que se tendía como un puente de amor y de paz entre lo infinito y lo eterno, saltó en añicos y con sus colores floreció el huerto, en naranjas, limones y morales, papayas, begonias y rosales. Fue, dicen los chinacoteros, "el octavo día de la Creación". Esta leyenda, engendrada en el cariño y admiración, se relata para explicar cómo apareció, sin ruegos ni recatos, el pedazo de tierra que siempre y tanto han admirado. *** Chinácota ha sido cuna de pastores y guerreros; de hombres de Estado, de científicos, poetas y letrados; de conductores espirituales y distinguidos políticos; de artesanos y profesionales muy brillantes, pero especialmente de hombres de bien, de patriarcas y de buenos ciudadanos. Es una de las tres poblaciones más antiguas de este pedazo de América, y con sus 1.253 metros sobre el nivel del mar dispone de un magnífico clima, que parece tener instalaciones eternas de aire acondicionado. Quince mil pobladores de sus áreas urbana y suburbana son labriegos, comerciantes y profesionales que siempre tienden su mano amiga y sincera a cuantos visitantes -que son muchos- llegan a sus casas y a sus calles. Está a sólo cuarenta minutos de la capital del Departamento, Cúcuta, cuyos habitantes convierten en paseo, por magnífica carretera, el tránsito de su ardiente clima de 30 y 33 grados a la apacible frescura de aquestos valles. En esta tierra, los celosos y fuertes chitareros acabaron con la vida del invasor tudesco Ambrosio Alfinger. Aquí sentó su cuartel, transitoriamente en 1826, el hombre que iluminó e inspiró el destino de cinco Repúblicas, el ciudadano General Bolívar. Aquí se firmó uno de los tres Tratados de Paz de la Guerra de los Mil Días sucedida desde noviembre 16 de 1899 hasta noviembre 21 de 1902. Tales Tratados fueron: 1.
Octubre 24 de 1902. Hacienda Neerlandia (Departamento de Magdalena). General Urbano
Castellanos (Delegado por el General Florentino Manjarrés, Comandante General
y Jefe de Operaciones del Gobierno del Departamento de Magdalena). General Carlos
Adolfo Urueta (delegado por el General Uribe Uribe, Comandante General de las
Fuerzas Armadas Liberales en los Departamentos Magdalena y Bolívar). Una casa muy central de esta población de Chinácota tiene una placa que dice: "Chinácota, a los autores de la paz y la concordia, con honor, hidalguía y valor firmada en esta casa por Ramón González Valencia, Ricardo Tirado Macias y Ricardo Jaramillo. 1902 noviembre 21 - 1952". En noviembre de 2002, el Presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez vino a Chinácota para conmemorar el primer centenario de este Acuerdo de Paz. Por primera vez un presidente visitaba esta tierra. Chinácota fue capital de la desaparecida cuarta Provincia del Norte de Santander (Provincia de Ricaurte) y actualmente es la población de mayor turismo en el Departamento, no obstante que evidentemente carece de suficientes y buenos servicios hoteleros, por fortuna notablemente mejorados en la actualidad. Aquí se realiza hace 39 años el Reinado Departamental de la Belleza y para la época de este festival -en el cual los desfiles de carrozas y bandas de música de las diferentes poblaciones son de reconocida elegancia, distinción y colorido- la concurrencia llega fácilmente a sobrepasar los diez mil visitantes y los mil vehículos. Tuvo el mejor Circo de Toros del Oriente Colombiano (hoy superado por la magnífica Plaza Monumental de Toros de Bucaramanga-Girón, la más grande de Colombia, recientemente inaugurada y con capacidad para 40.000 espectadores) y sus Corridas tuvieron el mismo precio y cartel de las afamadas de Bogotá, Medellín, Cartagena, Manizales, Cali y cualesquiera otras de primera categoría en Colombia. Los servicios de correo, teléfono y telégrafo son buenos y su Teatro, Cine Iscalá, es mejor que cualquiera de los de Cúcuta. Su Hospital, aun cuando falto de dotación, es de moderna construcción y estilo. Su Iglesia es de hermosa estructura y el Palacio Municipal tiene un severo estilo colonial. Su plaza de mercado es grande, limpia y exuberante en hortalizas, carnes y frutales. Tiene muy buen servicio de taxis y buses para Cúcuta y poblaciones vecinas, y sus oficinas bancarias y agrarias son eficientes. Es centro principal educativo de Bachillerato y Vocacional. Su Semana Santa, muy concurrida, todavía se desarrolla sobre las antiguas liturgias. Numerosas casas de campo (no menos de ochocientas), muy bellas todas, han hecho atractivas y espectaculares sus zonas suburbanas. Desde el ex-Presidente Ramón González Valencia, ex-Ministros de Estado, Gobernadores, diplomáticos, religiosos, militares de alto grado, comerciantes poderosos y profesionales de todas las carreras, hasta el personaje más controvertido y admirado por su singular actuación y espectacularidad, Biófilo Panclasta -cuyo ensayo biográfico figura al final de este texto-, unos muertos y otros vivos, han tenido aquí su cuna. SEGUNDA PARTE Honorio Mora Sánchez En esta tierra nació Honorio Mora Sánchez, personaje digno de la mejor escrita biografía que ojalá alguien intente, ya que las alusiones de este ensayo son flacas en hermosura y estilo. Apareció a la vida por allá en los apacibles tiempos del siglo pasado, nacido en un hogar modelo de honradez y dignidad y en donde recibió de su padre, campesino de hacha y mochila, y de su madre, sencilla y bondadosa, el mejor ejemplo. El Director de este editorial me ha dispensado el honor de figurar como escritor de uno de los volúmenes. En realidad mi trabajo se reduce a ser el presentador de este personaje (Honorio), lo cual hago con los mayores agrado y orgullo, para que las letras de Honorio sean más conocidas y así reconocidas en su sorprendente estilo y fluidez literarias. Es casi increíble que un individuo que escasamente hizo tres años de escuela, haya logrado lo que fue y dejó en el campo intelectual con la sola decisión y el empuje de su titánica labor de autodidacto. Para presentar en un Concurso Literario su poema "Cultivemos la tierra", su timidez fue vencida por el entusiasmo y admiración de quienes empezaban a conocerlo; ellos lograron decidirlo, y si yo hubiera estado entre tales, le habría comentado: Ánimo, Honorio; no olvide que para lograr el fruto es necesario trepar al árbol aun cuando se lleve el riesgo de caer. Y sucedió lo inesperado para él: fue Laureado en los Juegos Florales de Cúcuta en 1936 con Jazmín de Oro y Diploma de Honor. Y en 1944 con la Flor Natural y Diploma de Honor. Es que hay momentos del crepúsculo en los cuales las cosas sin brillo manifiesto, o cubiertas siempre por la sombra, tienen el resplandor de un lucero y parecen desprender los destellos de la luna. La
historia de su vida, su biografía, nos hace evidente cómo es cierto
aquello que la gema más preciosa y anhelada, el diamante, es el producto
de las rocas que aparecen en la soledad de los lejanos riscos que le dan majestad
a las campiñas. Porque eso ha sido Honorio en la historia cultural de su
tierra: un diamante que ha brillado en las letras como escritor, narrador, crítico,
costumbrista, poeta, periodista e historiador. Este chinacotero de cepa ancestral,
en su obra literaria se desliza a veces con la majestad, elegancia y sutileza
de un planeador, para encumbrarse asombroso y admirado como un cóndor,
o para pasar rasante sobre las espumas, majestuoso, como el alcatraz, para luego
descansar sereno en el alcázar de sus sueños. Todos los estilos
trajinados por él como la columna periodística informativa, censora
o humorística, o sus artículos costumbristas descriptivos, llenos
de remembranzas y su poesía plena de sentimiento musical y hermosa, terminaron
anclados en la esencia de su estructura emocional; porque en cada verso de su
poesía, en cada renglón de sus escritos, dejó verter la esencia
de su alma y su admiración al Creador, para terminar con sus medulares
artículos de fondo como historiador, Miembro de la Academia. Largo tiempo
pasó inadvertido Honorio y por ello demoró en aparecer en el puesto
estelar que le correspondía. Al referirme a él se me ocurre el recuerdo
de otro hombre, el más espectacular en la historia contemporánea
del toreo, como que junto a Manuel Rodríguez "Manolete" y sobre
los hazañosos recuerdos del coloso Juan Belmonte, partió la historia
de la tauromaquia. Me refiero a Domingo Ortega, el "Diamante de Bórox"
quien procedente de humilde familia campesina, con apenas las letras incompletas
de primaria, sin desprenderse de su profesión en la cual siguió
asombrando con su valor, plasticidad, estilo y dominio, también como consagrado
autodidacto incursionó en los campos de la ciencia y de la literatura,
en los altos grupos de la aristocracia y de la nobleza española. Casó
con una Marquesa y terminó como Miembro de Círculos Intelectuales
y Académicos. El paralelismo de estas dos vidas que a partir de una baja
y primaria cultura lograron convertirse en dos figuras intelectuales insignes.
Esto es curiosamente interesante y no sé quienes más lo hayan logrado. "Nací en la apacible región de Iscalá, en el Municipio de Chinácota, el 1 de Diciembre de 1898. Fueron mis padres Honorio Mora Ochoa y Rita Sánchez Jáuregui de Mora, de origen muy humilde. En 1899, mis padres huyendo de los horrores de la Guerra de los Mil Días, se asilaron en la aldea venezolana de Delicias y al terminar la contienda civil regresaron a su tierra y se residenciaron en el fronterizo pueblo de Planadas que luego se llamó Concordia, y hoy Ragonvalia (nombre correspondiente a la dirección telegráfica del General Ramón González Valencia). No pude hacer estudios secundarios y toda mi instrucción se redujo a tres años de escuela primaria en el mencionado pueblo de Planadas. En 1912 mi familia volvió a los lares de Iscalá para dedicarse por entero al cultivo de la tierra. Fue así como yo me convertí de la noche a la mañana en un campesino de la montonera, pero las horas libres las dedicaba a leer y releer periódicos, revistas y libros que conseguía prestados, logrando de esa forma acumular con el correr de los años un acervo de conocimientos que contribuyó a mejorar mi desmirriada cultura. En 1926 abandoné mi solar nativo para dedicarme a otras actividades. Fui empacador de café en el establecimiento comercial 'La Cosmopolita', ordeñador en la Hacienda de Cuellar, obrero, cadenero y caporal sucesivamente en la carretera Chinácota - La Donjuana; palero y cosechero en la Hacienda 'El Piñal' y más tarde chofer y transportador. Por allá en el año 1932 inicié, con el fotógrafo Fructuoso Arenas Carvajal, la publicación de un semanario, 'El Patriota' que tuvo vida efímera. El 1 de Enero de 1935 comenzó a circular mi hebdomadario 'Tricolor', que durante tres años libró las más recias batallas a favor del pueblo. Ese órgano de combate tuve que suspenderlo cuando me enteré de que el entonces Alcalde de la ciudad, Roberto Ramírez Cardozo, se proponía por ojeriza hacia 'Tricolor', destruir los talleres en que se imprimía. Sacrifiqué el periódico pero salvé la imprenta parroquial. Durante los años 1938 a 1946 dirigí la revista cultural 'Tierra Nativa'. En 1952 hallándome residenciado en Durania, saqué a la luz la revista 'Durania' como publicación mensual, la que al cuarto número, sin razón justificada, fue clausurada por el Gobierno Departamental. De 1959 a 1961 dirigí en esa misma población de Durania 'El Cubil', órgano cultural y mensual del Club de Leones de esa localidad. He colaborado en los periódicos 'Vanguardia Liberal' de Bucaramanga, 'Sagitario', 'Oriente Liberal', 'Comentarios', 'La Opinión', 'Hoy', 'El Combate' y 'Diario de la Frontera' de Cúcuta. En 1936 fui Laureado en los Juegos Florales de la F.E.N.S. de Cúcuta que me otorgó Jazmín de Oro y Diploma de Honor por mi soneto 'Cultivemos la Tierra'. En 1944 en los Juegos Florales del Tenis Club de la misma ciudad, gané Flor Natural y Diploma de Honor, con mis dos sonetos 'El Águila Arpía' y 'Los Aguacates del Coronel'. Soy autor del libro 'Crónicas y Cuentos' editado en la Imprente departamental y del folleto 'Biografía de la Parroquia de Durania'. Edité, así mismo, en la Imprenta Departamental y a todo lujo el Álbum Gráfico de Durania, con motivo del Cincuentenario de esta población. En la actualidad soy el único chinacotero vivo que figura en la Biblioteca de Autores Nortesantandereanos y que es Miembro Correspondiente de la Academia de Historia de Norte de Santander. Firmado: Honorio Mora Sánchez". El 10 de mayo de 1971 (hace 35 años), el "Grupo Chinácota", círculo intelectual del cual hacen parte unos 65 miembros de distintas partes del Departamento y que se reúne ocasionalmente en la casa de quien esto escribe - llamada por ellos "la Casa Redonda", y en uno de cuyos muros cuelga el "Poema a la Casa Redonda", escrito por el Letrado, Poeta y Abogado, Magistrado Doctor Alberto Rodríguez -, rindió a Don Honorio Mora Sánchez un emocionado homenaje en el cual hicieron uso de la palabra Don Eusebio Salcedo como oferente, la Poetisa Ofelia Villamizar Buitrago, el Abogado y Poeta José Luis Villamizar Melo, el Declamador magnífico Don Manuel Antonio González y el Club de Leones de Chinácota. Ese día, Don Honorio superó el umbral de sus emociones, y cuando el Club de Leones encomendó al dueño de casa, Mario Mejía Díaz, la entrega del Pergamino alusivo, y él atravesó la sala y lo puso en manos de Doña Gloria, la hija del homenajeado, para que ella se lo diera a su padre, Don Honorio conmovió al auditorio con sus lágrimas y los aplausos de la concurrencia reemplazaron las palabras de agradecimiento que Mora Sánchez quería expresar y no pudo. Fue un acto inolvidable. Doy gracias al Doctor José Luis Villamizar Melo, Quijote editor de esta empresa -única en la historia de las letras de Norte de Santander-, quien con su gentileza me permitió acercarme a terrenos vedados para mí, pero en cuyas puertas he osado tocar para saludar, respetuoso, a mis paisanos. Poema
"CULTIVEMOS LA TIERRA". Premios: JAZMÍN DE ORO y DIPLOMA DE HONOR
- Cúcuta 1936. ARCHIVOS: Mario E. Mejía Díaz, Reinaldo Pabón y José Fernando Gamboa (Casa de La Cultura) __________________________________ CULTIVEMOS LA TIERRA "Empuñemos
el hacha redentora Removamos
la tierra. Ya es la hora Del
trabajo la Ley es soberana: Cual
premio a nuestras ímprobas fatigas
Al Dr. Salvador Cristancho, quien en Bogotá me llevó a conocer Tras
los fieros barrotes de la jaula en que un día Más
cuando la bonanza sobre el paisaje imprime AUTOBIOGRAFÍA Nací
como los buitres y cóndores altivos Fui
acaso el más travieso de todos los zagales: Mil
veces sobre el lomo de algún potro salvaje Aspiré
con deleite las aromas extrañas Creí
en el Ser supremo con fe sencilla y pura Y
tras la dura brega cuántas veces tendido Tuve
una profesora: la gran naturaleza Pero
el destino un día me arrancó de mis lares, Sufrí
la cruel nostalgia del tigre prisionero Ayer
volví al terruño cantando mis rondeles, ATARDECER Al
final de la ruta trajinada Ya
nada acá nos ilusiona. Nada Así
nos acercamos paso a paso Lo
va envolviendo en su crespón de duelo LAS MANOS DE MI MADRE Rugosas
manos de gofradas venas Manos
amadas con fulgor ustorio; Manos
que saben despejar de abrojos PASIÓN Mi
afecto crece, mi pasión avanza Vaya
un canto de amor en tu alabanza Mucho
tiempo yo erré tras de tus huellas Mas
hoy la dicha para mí fulgura DÍA DE DIFUNTOS Hoy
es día de difuntos. Tímidamente Ya
desfilan camino al camposanto Surgen
de entre las tumbas del cementerio Allí
la paz encuentran en fosa oscura ÉGLOGA
DE ISCALÁ Comarca
de mis mayores, En
noches de plenilunio, Y
cómo eran de agradables Pero
de pronto el destino
Los
hijos de la pampa, heroicos llaneros, Entonces
cien caballos se disparan sin freno El
cañón, como un pulso, palpita en lontananza Los
dos bandos se embisten con idéntica inquina; Y
al final del combate, cual signo de victoria, LA PRESENTIDA Te
busco y no te encuentro. Doliente peregrino Creyendo
ver en cada mujer "la presentida" En
vano mis pupilas fatigadas exploran Te
he buscado por todos los rincones del mundo ¿Te
llamarás Stella? ¿Desdémona o Lucía? NAVIDEÑA En
el rincón más triste y solitario De
pronto sobre el alma atribulada LA PENA MIA A
mi hija Gloria Ligia en sus Yo
era un rey destronado que guardaba
Mas si mi niña amada ANGUSTIA Ser
el príncipe azul de tu albo anhelo A
decirte con cínico desplante Ser
el fiero guardián de tu dominio, Bajo
tus rejas, en tremenda liza, LA VORÁGINE Cerré
aquel libro trágico que encierra l
y exuberante. LA GRAN TRAGEDIA Jesús
va por su calle de amargura INCOHERENCIAS DE UN BEODO En
el vetusto bodegón un día
"Si bajo el dombo
azul todo es mentira
"Perdona si te
advierto "
Pero en grupo locuaz los soñadores
Y en lenguaje gabacho DEL ROSAL DEL AMOR Tu
romántico amor es viva fuente Si
las zarzas hirieron rudamente Tu
romántico amor es viva fuente DESALIENTO Iluso
soñador llevé en la vida Hoy
que declino el alma compungida El
espíritu gime atormentado De
sus mágicas rosas purpurinas LA MISIÓN DEL PERIODISTA La
pluma convertir en ígnea tea Hacer
un rayo, así, de cada idea, Noblemente
llenar cada cuartilla Espíritu
de recia contextura, Editorial TIERRA NATIVA Nº 1 Serie 1 - Chinácota, abril 1 de 1938 "A MANERA DE INTROITO" Tornamos a la palestra del periodismo dominados por la obsesión de la patria chica. Y, como en antes al frente de nuestro semanario "Tricolor", entramos a la liza sin más bagaje que nuestro optimismo, ni más armas que nuestra pluma, no por humilde menos honrada. Uno de esos políticos bastardos que cambian de partido con la misma facilidad con que cambian de domicilio o de camisa, motejó de "oposición sistemática" nuestra labor tesonera y depuradora de tres años a favor de los intereses del pueblo. Pero el público sensato sabe que jamás hemos puesto nuestra pluma al servicio de los odios banderizos; que nunca hemos ido tras el señuelo de gajes o prebendas; que nuestras campañas de prensa han estado siempre inspiradas en los mejores y más sanos sentimientos; que si hemos incurrido en errores ha sido de buena fe, y que cuando algún insigne advenedizo, amparado por las bayonetas pretorianas, quiso obligarnos a caer de rodillas ante los ídolos de barro, no vacilamos en romper la pluma antes que envilecerla. Por eso, porque jamás hemos traicionado nuestros bellos ideales, es por lo que tenemos la seguridad de que el pueblo está en nuestra parte. Y la voz del pueblo es la voz de Dios. VOX POPULI VOX DEI. Con esta nueva orientación de nuestra campaña pro-Chinácota aspiramos a colaborar con nuestro grano de arena, y en la medida de nuestras humildes capacidades, en la magna obra de la cultura general del pueblo que nos vio nacer, llevando a sus hogares una revista de lectura sana e instructiva al par que interesante y amena, enteramente ajena a las bajas pasiones y a los odios mezquinos. REMINISCENCIAS ¿Fuimos
dos mosqueteros orgullosos los
dos fundamos, libres de temores, Y
en esa escaramuza de noveles Pero
al final (oh manes de la rosca) Tú
lo sabes. Pasé noventa días Más
luego sin saber cómo ni cuando ¿Dizque
a la lid torneme muy caliente Ya
que vuelve a surgir la primavera El Abogado, escritor, poeta y Académico José Luis Villamizar Melo, en su libro NOMBRES Y VOCES. LITERATURA NORTE SANTANDEREANA (octubre 10 de 1966), página 339, dice así: HONORIO
MORA SÁNCHEZ Caudillo de sí mismo, su literatura es hija de la vida dura y sencilla del autor. Se desenvuelve a la maravilla en la crónica ligera, en el cuento, en la anécdota plena de sabiduría. De ello dio testimonio en su libro "Crónicas y cuentos" que publicó hace unos años. Pero además es un poeta de dulce acento, afortunado en la versión de sus duelos y de sus victorias; y catador de paisajes que describe en versos de impecable factura y de intenso vigor conceptual. La codiciada "Violeta de Oro" en competidos juegos florales de Cúcuta, premió una vez la obra de este poeta oriundo de Chinácota y consagró su nombre definitivamente en la galería de nuestras voces eximias.
Sin
armas ni soldados ni salud ni dinero, Postrado
por las fiebres el ínclito guerrero Qué
piensa hacer ahora? - le preguntó un amigo. El
otro no esperaba respuesta tan rotunda
SEMBLANZA Mi
abuelito materno (Dios lo tenga en descanso) Lucía
unos bigotes retorcidos y canos Tenía
el mentón partido, la nariz aguileña A
la puerta del rancho se sentaba en las tardes Era
admirable cómo el buen viejo tenía TERCERA PARTE Reconocimiento a otros olvidados escritos de dos chinacoteros. "CHINÁCOTA
ERA UN PUEBLO BLANCO" DISCURSO DE MANUEL ANTONIO GONZÁLEZ CAMARGO
CHINÁCOTA
ERA UN PUEBLO BLANCO Era una timidez encendida tras las rejas de los ventanales, que se entreabrían temerosas al paso del viajero caminante. Sus esbeltas palmeras no añoraban la presencia de los troncos de árboles mejores. Los relinchos de los potros despertaban los aullidos de los perros y el cantar de las cigarras. Los aleros de las casas sostenían teja nueva y guardaban, como joyas, en los grandes corredores, las orquídeas y las jaulas con canarios de la abuela bienhechora. Los cocuyos alumbraban la noche y comparaban su luz con los luceros. El granito no osaba tapar la blanca cal de las fachadas. Los esquivos tacones bailaban pasillos al son de los tiples. En las callejuelas y caminos reales, los gruesos portones chirriaban al paso lento de los peregrinos, que con rebozo bordado de encaje y recato, venían meciendo sus ramos benditos. Altares de carpas con jaulas y flores y vida. Apuestos jinetes en negros, castaños y moros caballos. Chinácota niña, Chinácota nueva. Pueblito querido metido en el alma de los chinacoteros. Ahora Chinácota, ciudad que despierta los celos de sus admiradores. El transparente destino de tu gloria está trazado. Al fin y al cabo, qué importa que las piedras de tus calles se hayan ido; qué importa que tus tejas rojas se hayan cubierto con escarcha y nostalgia por los años jóvenes; qué importa que las cigarras y los grillos ya no arrullen el sueño y la ilusión del niño. Que las golondrinas y las mirlas y los azulejos no tapen con sus alas los rayos del sol, en las mañanas. Qué importa que los caminos con sus piedras y su polvo estén añorando las huellas descalzas de los campesinos. No importa porque sigues siendo buena. Porque en las tardes todavía el aroma de cafetos florecidos sale a encontrarse de visita con la fragancia rubia de los trigales fríos. Porque tienes en tus gentes el don del señorío. Porque en septiembre te vistes de gala y alumbras, con derroche de contento, porque ha llegado la ocasión buscada de mostrar a Colombia tu vocación de sembradora que cosecha triunfos para que la magia de la Feria viva. No importa que los años pasen, pues tienes la Corona de tus glorias aferrada al clima sin par de tus cerros azules. Esta noche, esa Corona legendaria, que año tras año se impregna de sienes hermosas, se traslada de Amparo, la de nombre bendecido, la que supo llevar en sus ojazos los aplausos y los besos mil veces merecidos, para posarse silenciosa y dorada sobre la frente altiva de la morena esbelta de ojos soñadores. Rozando el azabache de su pelo quedará hasta septiembre de otro año. Se adornará de sencillez de niña; tomará la figura amorosa y dulce de la portadora tejedora de sus sueños donde palpita un corazón de Reina. Dormirá en las sienes de una hija juiciosa de unos padres sencillos y cordiales, que a costa de trabajos han ido edificando sobre el santo tablado de su hogar un altar enmarcado con ejemplos de virtudes y belleza. Vivirá en la ingenua mirada dulce que está llenando de ilusión la vida, la vida de nosotros, la vida que con Ligia se ilumina, se despeja, aplaude, goza y vive, para gritar a los cerros, a los vientos y a las torres en donde viven las campanas y las golondrinas, que la Reina, la adorada, la Torres Muñoz, es nuestra Reina. Qué importa que las aguas de los ríos se hayan ido, si cascadas de princesas calman la sed de los chinacoteros. Candidatas: bienvenidas! Sois mensajeras de paz, portadoras de luz y de sonrisas. En nombre de la Chinácota de siempre, pongo a vuestros pies una alfombra de coronas, de rosas y de corazones agradecidos. MANUEL ANTONIO GONZÁLEZ CAMARGO CHINÁCOTA 450 AÑOS. AYER, HOY Y MAÑANA Composición en homenaje a Chinácota, escrita el 20 de septiembre de 1986 por Jorge A. Muñoz J., como nota editorial de la Separata "CHINÁCOTA, 450 AÑOS", impresa en La Opinión, con tiraje de 10.000 ejemplares, auspiciada por el Club Rotario de Chinácota, fundado y presidido por el autor, como regalo al Municipio en tan fausta conmemoración. EL AYER En 1532 un osado teutón, Ambrosio alfinger, intentó domeñar los altivos chitareros. Pagó con su vida la osadía. En 1534, 24 de julio, día de San Juan Bautista, Pedro de Ursúa y Ortún Velazco "en el valle de Chinácota, hallaron un pueblo de más de 700 casas de naturales" y fincaron nuestra raíz en el sitio llamado Pueblo Viejo. Se consolidó nuestro ancestro y tuvo vida civil nuestro linaje. Son pergaminos amasados con sangre indígena, sudor peninsular y tierra nuestra. Desde entonces, hace cuatro siglos y medio, nos asomamos a la faz de la Patria, con rubicunda timidez campesina y la altivez de nuestras breñas norteñas. Hemos estado ahí, desde el comienzo, sin mengua y con decoro; forjando nuestro país a golpes de hacha, de azadón y de pica. Triturando terrones para inyectar en minúsculos granos, el germen portentoso de esos milagros verdes que fustigan nuestra propia miopía. Abriendo los cinceles vivos de los cascos mulares. Aportando la sangre que en la gloriosa gesta del caraqueño ilustre, se abrió como bandera para volverse escudo de nuestra libertad. Copiando las estrellas en los destellos ígneos del hacha mutilante. Desgarrando las sombras a cortes de machete, para buscar la aurora de un futuro mejor. Quitándole a la entraña de la tierra ese negro pedruzco que se convierte en luz. Sembrando siemprevivas, claveles, dalias, rosas para alfombrar de aromas un cronos por llegar. Cosechando los surcos y transmutando en néctar ese rubí pequeño que llamamos café. Endulzando la vida con savia de cañales y entretejiendo sueños con hilos de osadía para forjar los líndes de nuestro porvenir. ¡Hemos estado ahí! EL HOY Fuimos cabeza de Provincia. Nos hemos consolidado como pueblo. Somos conglomerado humano con claros derroteros y anhelos de surgir. Tuvimos el aporte de pioneros notables que marcaron la senda que habríamos de seguir. Los González, Carrero, Camargo, Aillón, Berbesí, Leiva, Sosa, Muñoz, Alvarez, Mora,, Galvis, Canal, Valero, Leal, Rodríguez, Sandoval, Chacón, Delgado, Sanín, Hernández, Gómez, Seade, Castañeda, Gaitán, Acero, Plazas, Rubio, Paredes, Trujillo, Assaf, Gil, Sánchez, Gélvez, Durán, Díaz, Mendoza, Rangel, Aponte, Buitrago, Contreras, Acevedo, Sanabria, Valdivieso, Marcucci, Calderón, Torres, Elcure, Cáceres, Márquez, Conde, Carradine, Faillace, Pinto, Mantilla, Peña, Escalante, Valderrama, Maldonado, Carrillo, Carvajal, Albarracín y toda una pléyade de esforzadas voluntades que hoy conforman nuestra faz ciudadana. Esa amalgama de criterios y propósitos, ese invaluable capital humano son los que, de una u otra manera, en mayor o menor grado, han estructurado la hermosa realidad que hoy ofrecemos al Departamento y al país. Reseñar lo que hemos logrado con inmenso tesón y dura brega machacando las esperanzas en el yunque de nuestra voluntad, queda a cargo de voces más doctas que la mía. Ofrecemos y mostraremos realidades. Ante propios y extraños somos un pueblo amable, acogedor, dinámico, laborioso, tenaz, optimista, sincero, pacífico y alegre. Por fortuna en el caleidoscopio de la historia, los dioses tutelares de Colombia parecen, al fin, volverle a sonreír a este ignorado faro de la patria, enclavado en la esquina nororiental de la República, que nunca hasta ahora ha sido tratado con la justicia e importancia que merece y que todos a coro reclamamos. Tres cuartos de siglo han transcurrido para que un ilustre Nortesantandereano vuelva a ocupar el Solio de Bolívar. Para el Departamento se abre un paréntesis de fe y esperanza, y los chinacoteros nos sentimos profundamente orgullosos de que sea un distinguido coterráneo, Eduardo Assaf Elcure, quien fije nuestros rumbos de paz y progreso, pues en él nos vemos digna e idóneamente representados. Tenemos la certeza de que bajo su acertada gestión administrativa, nuestro terruño y Departamento alcanzarán la primacía que histórica, económica y políticamente les corresponde. Sabemos sí, que ese esfuerzo de superación no es sólo obligación de los gobernantes, sino también deber ineludible de todos los gobernados. Responderemos a nuestro ancestro "chitarero". ¡Volveremos a ser los primeros! EL MAÑANA A escasos 410 millones de segundos de un nuevo siglo y una nueva era, nos aprestamos a "desafiar el futuro de pies sobre el trabajo". Contamos con la extraordinaria herramienta que en buena hora nos ha dado Gustavo Sánchez Chacón por medio de la Ley 44 de 1985. Gratitud a su nombre. Pero una Ley sin hombres es letra muerta. Se requiere del permanente entusiasmo, apoyo y concurso para que dichas obras cristalicen. Hemos alcanzado una etapa, no la meta. Es probable que muchos de nosotros no veamos sino parte de ella. Pero el buen hortelano no siembra para consumir su cosecha, sino para asegurar el futuro de los que han de venir. Debemos ser "como tierra abandonada, que te lo entrega todo sin exigirte nada". Estamos construyendo la historia. No podemos ser inferiores al destino. Nos espera un futuro brillante y halagüeño. De nosotros depende. De todos y cada uno de nosotros sin ninguna excepción. Que todo aquel en cuyas entrañas vibre una brizna de sangre chitarera aúne sus esfuerzos, temple su voluntad, se haga presente y pueda decir como el poeta: "!Yo fui el arquitecto de mi propio destino!". Jorge Alberto Muñoz Jaimes. Chinácota, septiembre 20 de 1986. CUARTA
PARTE Estudio
sobre el filósofo revolucionario Biófilo Panclasta Mario
E. Mejía Díaz Quien esto escribe fue el primero (1985) que por estos lados de Colombia, la tierra nativa de Biófilo, trajo con suficiente respeto recuerdos de nuestro paisano. Mis cuartillas, basadas en publicaciones cuidadosamente escogidas de los escritos de J. A. Osorio Lizarazo y Rafael Gómez Picón, han sido, pues, lo único estudiado acá, y ellas, publicadas hace 18 años (martes 11 de agosto de 1987), tuvieron como razón o causa la pregunta que un día me hizo mi distinguido amigo, el Embajador, médico Carlos Ardila Ordóñez, recién llegado de Europa, cuando me dijo: "Mario: en Alemania, en una reunión, me preguntaron por el notable revolucionario colombiano, santandereano, Biófilo Panclasta. No pude contestar nada; y para lograr información le pregunto a usted, porque el tal Biófilo, me dicen que es de su tierra, Chinácota". - A la memoria del doctor Ardila Ordóñez, escribo agradecido estas líneas. - Aclaro que mi escrito tiene párrafos completos, respetuosamente reproducidos, de los autores que figuran en la Bibliografía. Anteriormente, según referencia de Don Jorge Muñoz Jaimes, el Dr. Eduardo Ángel Mogollón -en la entrevista de TV. que le hiciera el periodista manizalita Néstor Cardona en Chinácota, para audiovisuales, en 1979- hizo conocer a nivel nacional el nombre de Biófilo Panclasta. En la actualidad hay un estudio, hasta ahora el más completo sobre Biófilo, publicado en el libro "BIÓFILO PANCLASTA EL ETERNO PRISIONERO. Aventuras y desventuras de un anarquista colombiano", en conmemoración de los 50 años de su muerte, edición especial del 1º de Marzo de 1992, "justamente el mismo día en que Biófilo Panclasta cumple 50 años de haber dejado su última prisión para acceder a la libertad por la que siempre combatió con rebeldía y resolución", cuyos autores son los distinguidos Profesores universitarios Orlando Villanueva Martínez (Tolimense. Maestría en Historia en la Universidad Nacional de Colombia), Renán Vega Cantor (Bogotano, Magíster en Historia de la Universidad Nacional de Colombia), Juan Carlos Gamboa Martínez (Boyacense, Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional) y Amadeo Clavijo Ramírez (Bogotano, Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional). En junio de 1988 se publicó el libro "BIÓFILO PANCLASTA" escrito por el Académico y Educador Don Guillermo Vargas Villamizar. Puede este libro llegar a merecer aprecio en el campo de la fantasiosa literatura cuentista ajena a la verdad histórica narrativa. El autor, distinguido educador cucuteño cultor de la literatura - y posiblemente de más bellas artes -, es persona a quien conozco y aprecio. Sin embargo, la irreverente alusión a Biófilo Panclasta no pasa de ser sorprendente profanación a un personaje que de ninguna manera puede acusarse como vagabundo, mentiroso, aventurero, oportunista y apasionado sexual, como lo hace el señor Guillermo Vargas Villamizar, quien lo presenta, en un alarde de insoportable heurística, de manera abusiva y grotesca. Biófilo (Vicente Rafael Lizcano, o Vicente Rafael Rojas Lizcano) fue en su época - y también podría serlo hoy - el más espectacular filósofo revolucionario socio-político aparecido en Colombia. De escuela primaria pasó, como autodidacto, a ser un letrado, pensador, poeta, escritor y políglota, con los conocimientos y la cultura que fueron consecuencia del desarrollo de su inteligencia, aplicada a la reflexión y análisis de su compleja vida. Es muy difícil y aventurado burlarse de quien fuera tan notable personaje. Creo que para analizar y criticar a alguien que se ha hecho notable o acreedor a admiración, aún dentro del mal, es necesario ser superior o, por lo menos, igual a tal personaje; y ni el señor Guillermo Vargas Villamizar, ni nadie hasta ahora, tiene la calificación acreditada para ello. En su libro yo figuro como uno de los informadores, y pienso que soy el único. Dudo mucho que las otras dos citas sean reales. Infortunadamente,
Don Guillermo Vargas Villamizar hizo de mi información un alegre folletín
que yo censuro con respeto e indignación. Este referido autor, a su vez,
ha sido citado varias veces en algunos escritos, sin suficiente conocimiento sobre
la veracidad de su relato, lo que ya cité al comienzo de estas cuartillas.
Esta tierra tuvo la oportunidad de permitir que aquí viera la luz en nuestro planeta un personaje gigantesco, "digno de una biografía que no se escribirá nunca" (José Antonio Lizarazo, 1939). Ese gran aventurero nortesantandereano llamado BIÓFILO PANCLASTA fue un coloso de la inconformidad, de la rebeldía y del terrorismo, y ejemplar aventurero, anarquista medular y nihilista. Además dícese que fue amigo de Gorki, coautor del atentado al Zar Alejandro de Rusia y compañero de tiempo y correrías de Lenín, del Príncipe Kropotkin y del incomparable revolucionario Ravachol. También fue terror de muchos gobiernos de Europa y América, a los cuales impresionó y convulsionó con su acción y con su verbo, y de los cuales recibió las más agresivas reacciones que lo colocaron como el prisionero que más cárceles ha conocido hasta nuestros tiempos, pues tuvo, según algunos relatores, 358 reclusiones. Fue admirado por Carmen Da Silva, la Reina poetisa de Rumania, perseguido por Guillermina, la Reina de los Países Bajos, trotamundos con Santos Chocano, Vargas Vila, Clemenceau, Rubén Darío. Amigo de Eduardo Santos (?) o Enrique Santos (Calibán) en la época en que uno de éllos redactaba en Tunja "La Linterna"; también de Eleázar López Contreras, futuro General y Presidente de Venezuela, con quien trabajó en una escuela en Capacho Nuevo en 1889 (tenía para la época 20 años), gracias a la acción caritativa del Párroco de la localidad, el Padre Contreras, tío del joven Eleázar que acababa de llegar de La Grita, donde había terminado sus estudios secundarios, y buscaba, como Biófilo, trabajo. Este anarquista y aventurero de todos los tiempos y de todos los mares y de todas las latitudes, descansó su ancianidad fatigada en los brazos amorosos y caritativos de otro personaje extra, Julia Ruiz, una pitonisa octogenaria que le prodigó sin medida su protección, ternura y cariño. A ella me referiré más adelante (Segunda parte). Él y ella fueron dos seres convulsionados emocionalmente, frustrados en sus ideales y fracasados en sus empeños. En nuestro tiempo él hubiera sido el más completo ideólogo de las guerrillas, posiblemente tan interesante como el Che Guevara; este último, médico, hombre de singular inteligencia, penetrante mirada e inusitada actividad, al parecer nacido para revolucionario, fue muerto en la orilla de la Quebrada de Yuro. República de Bolivia, el 8 de octubre de 1967 (hace 38 años). Se dice que cuando el Cabo del ejército le iba a disparar ya prisionero en el Puesto del comando, Guevara le dijo: "No me mates. Yo soy tu hermano". Biófilo y el Che, ellos dos, destructores infatigables del inconsecuente comportamiento político de la autoridad y maquinadores subversivos tremendos del orden social, han sido sorprendentes mitos del siglo que pasó. Hay que recuperarlos dentro de sus dimensiones históricas, humanas y filosóficas. Y ella, estimulada por su desilusión y utilizando su especial capacidad humanitaria, su incomparable generoso corazón y su viva inteligencia, fácilmente hubiera llegado a ser "conductora", con empujes de "líder", de la llamada modernamente "liberación femenina". Más adelante me referiré, dentro de lo posible, a esta olvidada mujer, JULIA RUIZ. La suerte o el destino, como algunos suelen llamar a ciertos hechos de compleja explicación, puso frente a frente, en un mismo sendero, a dos seres excepcionales que, surgidos de diferente origen y con diferente educación, tenían extrañas y aún opuestas estructuras psicobiológicas y quienes polarizaron sus sentimientos y conductas por divergentes senderos, para encontrase, como ya lo anuncié, en esa reflexión común que la experiencia da a los espíritus atormentados por la insatisfacción al final de la jornada, cuando la verdad aparece impávida y escueta como una expresión de dicha experiencia, y entonces el equilibrio emocional premia los últimos años de la vida. Me parecería interesantísimo que un versado escritor e historiador, y mejor aún, psicólogo, intentara incursionar la personalidad de Biófilo. Creo que su alma aparecería como una aurora boreal de espirituales sorpresas. Le oí comentar un día al connotado historiador Dr. Eduardo Ángel Mogollón que, guardadas proporciones y en diferentes posiciones y acciones, dos colombianos habían llevado en tiempos lejanos el nombre de Colombia allende los mares: el General Francisco de Paula Santander y Biófilo Panclasta. Y hasta alcanzó a insinuar que se erigiera un busto en la casa natal de Biófilo, que lo fue la residencia del Doctor Emilio Villamizar. Estoy cierto de que tiene la razón. Agreguemos, en este exordio, que Panclasta hablaba correctamente francés, y se desenvolvía con soltura en inglés, ruso, alemán, portugués, italiano y seguramente otros idiomas más, porque la mejor escuela para aprenderlos es el hambre, el dolor y la cárcel, y él estuvo en "lo más selecto" de las mazmorras de todos los idiomas. Los primeros años de su niñez y adolescencia hubo de pasarlos en su querida Chinácota, seguramente desempeñándose en uno de los comunes oficios de la época y que en su importancia eran la herrería, la talabartería, la atención de las caballerizas y hospedajes, y algunos otros caseros, como lo hacían todos los muchachos de la época que no eran hijos de familias acomodadas o distinguidas. Sus primeras letras las aprendió en la escuela de la localidad y luego recibió más instrucción en Pamplona, y aún se dice que fue discípulo del famoso Padre Rochereau en el Seminario. De esto no hay datos precisos. De ahí en adelante nada se sabe, pero hacia finales de 1939 (tenía entonces 60 años) aparece rastreando, deambulando los paupérrimos tugurios bogotanos, BIÓFILO PANCLASTA, cuyo verdadero nombre fue Vicente Rafael Lizcano, hijo de Bernardo Rojas y Simona Lizcano, nacido en esta población de Chinácota, Norte de Santander, posiblemente en el quinquenio de los años 75 a 80 del siglo XIX, ya que su muerte, ocurrida también en Norte de Santander, Pamplona, sucedió el 1º de Marzo de 1942, cuando aparentemente contaba más o meno 70 años de edad. No he querido corregir esta duda sobre la fecha ahora que lo puedo hacer, gracias al dato importantísimo que tanto sobre el nacimiento como sobre la muerte me suministró mi amigo Don Reinaldo Pabón, Secretario del Colegio San Luis Gonzága de esta ciudad e investigador sobre nuestro personaje, porque me complace, a base de deducciones, haberme aproximado tanto a la verdad; pero los datos ciertos son, según la siguiente trascripción: "Partida
de defunción "En la parroquia de las Nieves de Pamplona, a dos de marzo de mil novecientos cuarenta y dos, fue sepultado canónicamente el cadáver de Vicente Lizcano, soltero. Murió de cardialgia, en el Asilo de los Ancianos Desamparados, anoche. El Capellán del asilo le administró los Sacramentos de penitencia, comunión y extremaunción, Doy fé, Evaristo Peinado. Pbro. Pamplona 23 de Mayo de mil novecientos ochenta y seis (1986). El Párroco, Fdo. Manuel María Mora. Pbro." Hay sellos. El segundo procede de un escrito que el señor Erwin Ortiz Latorre, bumangués, envió a El Espectador, Sección Preguntas y Respuestas dirigida por don Manuel Drezner, titulado "Más sobre Biófilo Panclasta"; no tiene fecha pero parece ser de 1979 y dice: " la verdad sobre su natalicio la señala él mismo en un libro que escribiera por el año de 1929 y del que sólamente pude obtener la fotocopia de unas ocho páginas que quedaron y está en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, luego de que algún perturbado egoísta se hurtara el resto de sus páginas. La cita dice así: `A las cinco de la mañana del domingo 26 de Octubre de 1879 mi madre me parió en las Villas de Chinácota, casa del doctor Emilio Villamizar y esposo de la Señora Carmen Leal de Villamizar. Mi madre, Simona Lizcano, hija de talentudos campesinos de Silos, en Santander (ahora Norte de Santander), fue criada en la casa del acaudalado y cuasi sabio campesino Clemente Montañez, en Chitagá, de donde salió para Pamplona a casa del Obispo Toscano, y de aquí a Chinácota donde mi padre, Bernardo Rojas, la conoció, la amó y de esta unión libre y amorosa salí yo.' Para terminar "dice el señor Ortiz Latorre "cito una especie de epígrafe que contiene el libro de Biófilo Panclasta: `La vida es la única verdad real; vivirla es nuestro destino; mostrarla desnuda es nuestro único deber`. Biófilo Panclasta". Está, pues, precisado que Biófilo nació en Chinácota el domingo 26 de Octubre de 1879 y murió en Pamplona el 1º de marzo de 1942, a la edad de 63 años. Si bien es cierto que se logró la Partida de defunción ya citada, mucho se buscó su Partida de nacimiento, que nunca apareció. Puede darse una explicación muy valedera de ello, aún cuando no definitiva. Para la época, la pasión política y las muy severas aplicaciones de las exigencias religiosas católicas, excluían, estas últimas, de los servicios religiosos y aplicación de los Sacramentos a los hijos llamados "naturales" (extramatrimoniales), o a quienes militaban en el Partido Liberal, o a aquellos que no pertenecieran a dicha religión o fueran afiliados a sectas censuradas por la Iglesia. También a los suicidas. Nuestro personaje cumplía varias de estas condiciones. Yo estuve personalmente en el Despacho Parroquial, y fui diligentemente atendido, pero no apareció tal Partida en ninguno de los Libros de la época. Un
día de julio del 2002 llegó a mi casa el estudiante de Comunicación
Social señor Juan Pablo Rolón (Calle 35 #23-45 El Carrizal. Girón)
con el objeto de informarse sobre Biófilo Panclasta. Yo le mostré
mi escrito y me dijo que ya lo conocía en parte pero que buscaba más
datos. Me contó que el día anterior había estado en Pamplona
en busca del señor Víctor Manuel Villamizar, popularmente conocido
como Don Toto, pues le dijeron que él había sido quien enterró
a Biófilo en el cementerio de Pamplona. Muy interesado yo con esta noticia,
viajé a dicha ciudad un mes más tarde y localicé al señor
Villamizar (Carrera 7ª #2-38. Cercanías de la Iglesia del Humilladero).
Se trata de una persona de cerca de 80 años, nacido en Pamplona el 17 de
junio de 1923, hijo de Pío Villamizar, quien fue músico de profesión
y fundador de la Banda Unión en 1936, sacristán de una Iglesia y
muy vinculado a la Curia, y por ende al Ancianato de dicha ciudad; a su vez fue
propietario de una funeraria. Su hijo Toto siguió administrando la funeraria.
Fue sorpresa para mí tratar a este muy conocido personaje de Pamplona.
Hombre de vasta cultura, viajado casi por el mundo entero, de fácil, graciosa
e ilustrada expresión, y ganador de varios Premios Nacionales como Cuentista,
distinción que también obtuvo en Madrid, España. De trato
muy bondadoso y cortés, comienza sus charlas con una serie de anécdotas,
por lo cual el tiempo pasa en esa visita sin la menor fatiga. Le pregunté
si era cierto que él había enterrado a Biófilo Panclasta
y me respondió que no. Que lo sucedido fue diferente. Un día lo
llamaron las Hermanas del Ancianato para decirle que había muerto un hombre,
pero que era muy pobre y que no había como pagar los gastos del entierro.
Toto, que ya varias veces había hecho esta acción caritativa, fue
al Ancianato, recogió el cadáver sin saber siquiera el nombre, lo
trajo hasta el atrio de la Iglesia del Humilladero, en cuyos predios queda el
Cementerio, y lo entregó a dos sepultureros quienes lo recibieron para
llevarlo a su destino; no supo a cual sitio del Cementerio. Días después,
"Toto" supo que el cadáver fue el de un señor llamado
Biófilo Panclasta, cuyo verdadero nombre no supo. Considero esta diligencia mía como un dato más, e importante para mis cuartillas. Debo agregar, como interesante curiosidad, que la casa de Don Toto es uno de los archivos más interesantes de Pamplona en el aspecto fotográfico; sus paredes (varias) están totalmente cubiertas de fotografías de inmenso valor histórico, que sorprendente e infortunadamente no han sido adquiridas por el Gobierno Municipal. Este personaje referido murió el 9 de enero de 2003. La Funeraria sigue en manos de su hijo Emiliano Villamizar (cédula 15.347.146) quien el jueves 26 de junio de 2003 me recibió amablemente y confirmó los datos. La consideración social merecida y la importancia de Don Toto lograron que Doña Laura Villalobos de Álvarez, acreditada periodista y estelar figura de las Letras nortesantandereanas, le dedicara una parte de su columna "TRANSPARENCIAS" (sábado 18 de enero de 2003), que transcribo: "Toto Villamizar fue durante una vida ejemplar allá en Pamplona, la amada de sus sueños, el historiador sin títulos ni diplomas que se movía entre las fechas, los acontecimientos, los testimonios fotográficos, sus recuerdos generacionales, sus crónicas habladas, sus reliquias religiosas y su "Funeraria para la gente pobre". Se fue hace unos días cuando su itinerario marcaba 80 años y Pamplona quizás no vuelva a contar entre sus gentes de antaño a otro personaje como él, parecido a los enviados de otros mundos para perpetuar los siglos". Pero regresemos a nuestro personaje central, Biófilo. En su adolescencia se sentó en los bancos de la escuela. Como todo ciudadano de la época, Lizcano, a sus 19 años, hizo armas en la Guerra Civil de los Mil días (1889 - 1903. No menos de ciento treinta mil muertos). Se dice que también fue maestro escolar y que cursó estudios de bachillerato en colegios de Pamplona y Bucaramanga. Sus impulsiones viajeras lo entusiasmaron a emigrar a Venezuela cuando apenas pasaba los 20 años. No se precisa la ruta ni todos los azares de este comienzo de su espectacular odisea, seguramente interesantísima y apasionante. Lo cierto es que pronto resulta Secretario del revoltoso Cipriano Castro a quien meses más tarde los seguidores de tan rudo personaje consagrarían como "General" (sin Soles ni Estrellas); Castro iría a parar victorioso a la Casa Presidencial de Venezuela, tras la toma de Caracas, para derrocar al Gobierno constitucional del General Ignacio Andrade. Allí, después de 9 años, su compadre y compañero de aventura política, el cauteloso y por demás ladino político Juan Vicente Gómez, ante el peligro que el temperamento y las rápidas decisiones de Castro, que tanto lo preocupaban y lo mantenían en vilo, y al acordarse de la supuesta traición a la amistad -traición que no ha aclarado aún la historia para decidir si Castro traicionó a Gómez o Gómez traicionó a Castro- resolvió deshacerse de él, desterrarlo, y con el achaque de que fuera a recuperar su salud al extranjero, lo embarcó en La Guaira y horas después, cuando ya estaba fuera de las aguas territoriales, le hizo poner un telegrama en el cual le indicaba que si pretendía regresar a Venezuela, lo fusilaría. No sé si este último relato de tradición verbal sea cierto. Al lado de su General Castro, Biófilo recorrió gran parte de Venezuela y cuando Gómez llegó al poder, Biófilo se encontró entre la espada y la pared puesto que tenía que resolver entre el ofrecimiento interesado que Gómez le hacía de aceptar el Consulado de Génova, Italia, o la cárcel; pero Biófilo resolvió no aceptar, puesto que ello implicaba el deseo de Gómez de mostrar que tenía de su parte grupos intelectuales, los cuales forzados a las alabanzas del mandador de turno, darían la impresión de la bondad de su gobierno. Esta dictadura, la más fuerte y cruel que haya tenido Venezuela, duró 26 años (1908 a 1935) durante los cuales hubo algunos Presidentes "de bolsillo" nombrados y manejados por Juan Vicente, quien cuando le provocaba dejaba la Presidencia para pasar al cargo constitucional de Comandante de Armas y regresar al de Jefe de Estado cuando a bien lo tenía. Como se ve, Presidente podía ser, por aquellos años, uno u otro; no importaba quién fuera. Lo que sí importaba era el poder y el poder estaba en manos del General Juan Vicente Gómez Chacón. Fue en esa época cuando se hizo popular un adagio callejero muy simpático y descriptivo de la situación política. Frente al Palacio Presidencial de Miraflores tenía su casa particular el General y Benemérito Juan Vicente Gómez Chacón, y cuando la gente llegaba a dicho Palacio para preguntar algo referente al gobierno para decidir alguna situación, dizque le decían: "Aquí vive el Presidente; pero el que manda vive al frente". Cabe recordar aquí algo curioso, en verdad: Juan Vicente nació un 24 de Julio (1857); Simón Bolívar también nació un 24 de julio (1783). Con 74 años de diferencia nacieron, en la misma patria, dos hombres a los cuales Venezuela recordará como símbolos: el uno de la libertad, y el otro de la opresión. Mueren igualmente un 17 de diciembre, en distinta patria y con más de cien años de diferencia. Bolívar el caudillo (1.830), pobre y solitario; con la majestad y dignidad de la gloria lograda por sí mismo; como un símbolo, y los símbolos no dejan descendencia, quedan intocables, sólo para evocarlos cuando las angustias de un pueblo acusan la incapacidad de sus dirigentes... Juan Vicente (1935), rico, inmensamente rico y poderoso, en medio de espadas y fusiles. Uno, le dio a Venezuela la vida que la libertad concede; y otro, le dio la vida que la economía prodiga. Como ya dije, aquí empieza, según los relatos, por cierto no muy seguros de la verdad, la aventura política, sin linderos, de nuestro coterráneo. Resolvió
volverse anarquista, es decir, actuante de un comportamiento político destructor
de la autoridad y subversivo del orden social. En realidad, desde el punto de
vista socio-político, el anarquista no tiene razón de existir, puesto
que la anarquía es la falta de gobierno: es la confusión, el desorden;
y el anarquista sería el partidario de esta inconsecuencia. Y el comportamiento
político-destructor ya anotado, cuando para ello hay razón, se llama,
"Subversión revolucionaria ideológica", como sociológicamente
se entiende y aquí, en Chinácota, se lo escuchamos muy bien explicado
a un notable ideólogo, abogado, historiador y sociólogo. "Aquí aparece Biófilo como Secretario del Invasor Cipriano y después de su primera prisión, cuando se convirtió en anarquista, se hizo llamar "Panclasta" (pan: todo; y clasta: destructor). Libre, por las buenas o por las malas, de su prisión, embarcó posiblemente como ayudante de alguna embarcación hacia Europa y llegó a Barcelona cuando en ese Continente los atentados terroristas estaban de moda. Como su anarquismo se convirtió en obsesión, logró imprimir sus tarjetas personales de presentación haciendo notar en ellas sus condiciones de tal, lo cual lo ponía sin dificultad alguna a órdenes de la autoridad, pues su dicho título era un explosivo en el ambiente de la burguesía. De Barcelona fue deportado; también de Marsella y de cuanto puerto italiano y del Mediterráneo, visitó. Cuando le preguntaban su nombre y su profesión, sin vacilar contestaba: 'Panclasta, anarquista'; para la época, hubiera sido más tolerable decir: Panclasta, leproso." Bajo la dirección del Príncipe y filósofo ruso Pedro Alexievich Kropotkin, se convocó en Ámsterdam un "Congreso Anarquista" al cual concurrieron los más exaltados discípulos de Marx y allí se reunieron unos cuantos vagabundos filósofos y cínicos, por el estilo de Panclasta, quien logró, sin credenciales ni mayores controles, introducirse como "Delegado de los Anarquistas Colombianos" y disfrutó de voz y voto. En alguna publicación contemporánea, cautelosamente divulgada, aparecieron unas palabras que Panclasta dirigió, como de poder a poder, al Congreso Universal de la Paz, que por el mismo tiempo se reunió en La Haya en 1907 y en el cual actuaba como Delegado oficial de Colombia el Doctor Santiago Pérez Triana a quien en 1906 el Gobierno de Colombia había nombrado Delegado oficial ante la Conferencia de La Haya, donde sorprendió a americanos y europeos con la brillantez y originalidad de sus intervenciones. Uno de los apartes de Biófilo Panclasta en dicho Congreso fue: "Vosotros sois enviados por los Gobiernos burgueses del mundo para colocar los cimientos de la paz, pero de vuestras gestiones podrán salir incontables y sangrientas guerras en el futuro. Nosotros, anarquistas, representantes de todos los pueblos oprimidos de la tierra, venimos a un Congreso Revolucionario y pedimos el cambio fundamental del orden social, pero somos nosotros quienes colocamos los principios de la paz universal". La Policía holandesa disolvió el Congreso comunista. Panclasta, Kropotkin y sus interesados adeptos, agitando la bandera roja, querían hacerse voceros de todos los proletarios del planeta. Hubo algún atentado dinamitero y la policía detuvo a los principales cabecillas del motín. Panclasta fue a la cárcel. La dificultad de los medios de comunicación de la época, hizo llegar con suficiente atraso a Bogotá una escueta noticia: "El Delegado de Colombia en Holanda fue reducido a Prisión". El General Reyes, Presidente de Colombia, (1904 - 1909), impresionado con la información se puso en movimiento, dio las órdenes del caso y persuadido de que era su Agente oficial, el burgués Pérez Triana quien era perseguido por la policía, precisó oficialmente las diligencias del caso y adelantó la reclamación diplomática contra tamaña violación del Derecho Internacional. El General Reyes ignoraba la existencia de Panclasta y jamás olvidó ni perdonó la ridícula situación que éste le ocasionó; personalmente hubiera deseado que ese anarquista unido a la chusma de harapientos, de criminales y de rufianes que estaban tratando de asesinar a su Majestad Imperial Alejandro de Rusia, se hubiera podrido en la cárcel en lugar de derruir los Tronos y los Gobiernos que significaban la civilización, para poner en vigencia las monstruosas teorías del judío barbudo que se llamaba Carlos Marx. Deportado de Holanda, Panclasta logró llegar a Paris, en donde descubrió antes que la propia Policía a Ravachol, célebre personaje quien era el centro del terrorismo y había volado el Palacio de Comunicaciones, manteniendo sobre París y toda Francia la angustia del atentado. Aprendió de dicho personaje las fórmulas químicas de los explosivos, el procedimiento para fabricar las admirables bombas de reloj que estallaban en plazo preciso y también los sistemas de preparar otros detonantes y artefactos destructores. Con tan valioso conocimiento se lanzó sobre Rusia y se mezcló con los clubes de estudiantes nihilistas que estaban fraguando el asesinato del Zar. En San Petersburgo pareció crearse algún ambiente favorable para conjuras, pero la revolución fracasó y la represión creció crudamente, y así Panclasta fue a dar con su humanidad a Siberia, en donde todo el rigor implacable del Knut cayó sobre los prisioneros que parecía estaban condenados de por vida al destierro inmisericorde. Sin embargo, planeó su fuga con un joven pálido, de ancha frente y manos temblorosas, quien fue su amigo, lo acompañó en sus proezas, lo secundó en su apostolado y acabó por hacer, él solo, la misma Revolución que habían emprendido Panclasta y los miles de estudiantes inconformes. Este joven, nuevo y colosal personaje, se llamaba Vladimiro Iliich Ulianof, quien, como Panclasta, había cambiado su nombre por el de Nicolás Lenín. Fue más tarde el fundador del Comunismo Ruso. Cruzaron éllos dos, en temeraria aventura, como lo hicieron todas las víctimas del zarismo que pudieron escapar del infierno blanco, la ruta de las nieves eternas en busca de la libertad. Puede que alguien haya escrito la loca odisea de Nicolás Lenín y Panclasta a lo largo de Siberia, con temperaturas de 65º bajo 0, a través de la China y luego el retorno por los misteriosos mares de la India o por otras vías exóticas hasta hacerlos aparecer en Paris, en una miserable buhardilla en donde compartían el único par de zapatos que tenían y que alternaban para salir a la calle en busca del sustento y con el objeto de continuar su intangible apostolado. Después de meses de sobrellevar estas aventuras y sufrimientos, Panclasta terminó despreciando a Lenín y en alguna ocasión le explicaba a su más documentado biógrafo, José A. Osorio Lizarazo, en un café de Bogotá, cuál había sido su razón. Es interesante este juicio: "El absurdo de Lenín, me decía el anarquista nortesantandereano, consistió en que quiso llevar a la práctica los ideales. El hombre debe vivir de ideales y no de hechos. ¿Qué queda de un ideal cuando está reducido a un hecho práctico? ¿Cómo se puede seguir luchando por él? El error filosófico del comunismo radica en que como ideal es perfecto; como hecho práctico es imposible. Mientras sea ideal es necesario combatirlo. Y además, reducido a hecho práctico el Comunismo, que es la ambición suprema de los proletarios, estrangula la libertad, que es la ambición suprema del hombre. Por eso soy anarquista: porque sobre todas las condiciones de la vida humana, coloco la libertad". Siguió, desequilibrada e ilógica, la vida de Lizcano y alguna vez, en sus inverosímiles andanzas, llegó a Sorrento donde Alexis Peskof, llamado Máximo Gorki, trataba de curarse de tuberculosis. Lizcano fue huésped del escritor y con él bebió vodka. Panclasta recuerda cómo su voluntad luchadora sufrió inmenso golpe al observar que Gorki vivía como un burgués, en el ocio y la contemplación. Cierto día, cuando paseaba por la orilla del mar, vió como un marisco había quedado aprisionado por una piedra bajo cuyo peso se debatía inútilmente. Panclasta se inclinó y, solícito y cariñoso, puso en libertada al pequeño ser. Gorki lo observó con asombro y le dijo: "Pero tú, Panclasta, destructor de todas las cosas, que amas hasta ese punto la vida, mereces llamarte "Biófilo". Y fue así como Lizcano, de Chinácota, completó su nombre de guerra paradojal y contradictorio: BIOFILO PANCLASTA, ANARQUISTA, y con dicho nombre siguió recorriendo el mundo hasta contemplar trescientos setenta y siete cárceles de las ciudades europeas, a las cuales iba a parar como enemigo nato de la sociedad. El 15 de marzo de 1917 fue obligado el Zar Nicolás II a abdicar, y más tarde el Zar y la Zarina y sus hijos fueron asesinados por los bolcheviques en Ekatemburgo el 16 de julio de 1918. El 7 de noviembre el Partido Bolchevique, encabezado por Vladimiro Iliich Ulianof (Lenín) y León Bronstein (Trotsky), junto con todas las fuerzas revolucionarias derrocó al gobierno provisional presidido por Alejandro Kerensky, en la llamada "Insurrección de Octubre", e instauró la "Dictadura del proletariado" con la que se inició la Guerra Civil que duró cuatro años (1917-1921). Los bolcheviques, dueños del poder, fueron eliminado paulatinamente a todas las tendencias aliadas que los habían secundado y establecieron el régimen de "partido único". En diciembre 30 de 1922 se estructuró el nuevo régimen bajo el nombre de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). A la muerte de Lenín, en enero 21 de 1924, comenzó la lucha por el poder entre las distintas figuras del Partido bolchevique, y logró José Stalin la derrota de León Trotsky, siendo éste, como en los tiempos venezolanos de Gómez y de Castro, deportado y luego asesinado en Méjico en 1940, por uno de sus jardineros, espía al servicio de Stalin, que lo ultimó a hachazos. Hubo una era de terror masivo sin precedentes. Las "purgas" para eliminar a los opositores culminaron con la desaparición de la "vieja guardia" bolchevique y la ejecución de 30.000 Oficiales del Ejército Rojo (1936-1937). José Stalin murió el 5 de marzo de 1953 dentro de una misteriosa maraña de espectaculares medidas de seguridad de Estado. Pero alguna vez, la nostalgia de la patria o la acción de los gobiernos europeos para repatriar esta carga explosiva que era Lizcano, lo hicieron desaparecer de Europa y apareció en Puerto Colombia. El General Reyes, que continuaba gobernado el país, no había olvidado el desagradable incidente de Ámsterdam y ordenó que se impidiera su desembarco. El colombiano protestó, alegó su condición de nacional y como sus argumentos no podían vencer a la soldadesca que lo custodiaba para mantenerlo a bordo, se lanzó al mar para ganar a nado las costas de su patria que lo rechazaba tan airadamente. Pero cuando su piel fatigada se posó en la arena, encontró un muro de bayonetas. Osorio Lizarazo dice: "el día que Panclasta me contaba esto, se desgarró la camisa para mostrarme en su pecho las cicatrices de veinte heridas que le produjeron las bayonetas colombianas y se quitó el sombrero para ostentar bajo el escaso cabello que se empezaba a blanquear, las otras cicatrices que le dejaron las culatas de los fusiles". Y Panclasta terminó así aquella confidencia: "de todos los países del mundo, el más hostil para mí ha sido mi propia patria, porque si en todas partes me han llevado a la cárcel o me han echado, sólo en mi patria intentaron asesinarme por el hecho de pedir hospitalidad". Volvió a escaparse y resolvió ir a Venezuela tras los intentos de vincularse a las continuas invasiones o incursiones de los Generales Peñaloza, Matamoros y Arévalo Cedeño contra el tirano Juan Vicente Gómez, y éste lo detuvo en el Castillo de Puerto Cabello cerca de siete años. Regresó a Bogotá y de pronto recordó que en Buenos Aires, Argentina, debía existir un hijo suyo que una Princesa rusa le había dado. En esta permanencia en Bogotá, Lizcano hizo amistad con los intelectuales de la época quienes le agasajaron y le reconocieron su condición como heroica, asombrosamente romántica y deliciosamente inconforme. Llegó a comentarse que el día solemne en que Biófilo Panclasta y la célebre y conocida Vidente o Pitonisa Julia Ruiz formalizaron su unión, más romántica que marital, algunos poetas y literatos fueron los asistentes de tan especial festival. Arrancó hacia el sur y al cabo de cinco meses llegó a la ciudad platense de donde fue deportado tres semanas después. Pasó a Brasil y pocos meses más tarde, habiendo sido tolerado bajo vigilancia, estalló un motín en las poblaciones cafeteras del interior, incidente que el gobierno se apresuró a atribuir a Panclasta. Con quinientos compañeros fue deportado a lo íntimo de las selvas amazónicas. Allí veía morir, uno a uno, a sus compañeros, notablemente agravados por las enfermedades del trópico. Todos ellos, decía, movíanse como cadáveres ambulantes; Panclasta sólo podía recordar escenas iguales o peores cuando en las estepas siberianas el Knut flagelaba las espaldas de los condenados, que morían bajo los golpes del verdugo. Pero Biófilo, andarín, infatigable, se lanzó en aventura solitaria por esas selvas y otra vez, pálido, deshecho, desarrapado, más miserable que nunca, llegó a Bogotá. Ya la edad le blanqueaba el cabello y comenzaba a perder sus ímpetus rebeldes. Tal vez ambicionaba una apacible quietud, posiblemente el abrigo de un hogar al amparo de un cariño, o el estímulo de un sentimiento desubicado. Fue entonces cuando encontró a Julia Ruiz, la Vidente, metida en un tugurio de la carrera novena y quien, a su vez, llevaba una vida maravillosamente humilde. Como al comienzo dije, el cariño y la ternura que esta mujer le prodigó, dominaron definitivamente al anarquista y le dieron las más cálidas sensaciones que jamás había experimentado. No obstante, de vez en cuando parecía surgir el domeñado ímpetu rebelde, y cuando sabía de algún lugar en donde hubiera huelga, procuraba a él trasladarse para hacer acto de presencia y mostrar su solidaridad revolucionaria. Pero ya tenía un centro de atracción afectiva, y la nostalgia del amor senil era novedosamente poderosa. Fue entonces cuando quiso escribir sus libros biográficos, según lo dijo, y cuyos títulos eran de por sí subyugantes: "Veinte años de bohemia anárquica", "Mis prisiones, mis destierros y mi vida" y "Mi éxodo infinito". El ánimo inquieto y aventurero flotaba expectante y cuando la rebeldía de esta nueva vida sedentaria rompió sus amarras con la muerte de Julia, su verdadero medio corazón, ya que era indudable que un sincero amor unió a estas dos vidas con la misma efusiva prestancia con que podrían hacerlo dos muchachos, hubo de calmar su ansiedad y su angustia permanentes y torturadoras, quemándolas en la llama trémula del alcohol; y fue entonces cuando regresó a su tierra nativa, Chinácota -en un día de marzo de 1941- cuando Honorio Mora, el inolvidable cantor poético de nuestras tierras y de nuestras costumbres, historiador, letrado y honesto como pocos, lo recogió en su "chiva" cuando a pie venía, un kilómetro arriba de La Donjuana. Lo trajo, gratis, a Chinácota y aquí permaneció algunos meses en una alcoba de la casa de Honorio (Av. 5ª Nº 6-03). Este dato pertenece a la tradición y lo he escuchado referir hace no menos de 50 años. Sin embargo, en la página 4 del Nº 25 Serie III abril 1 de 1939 Notas y Comentarios de "TRICOLOR", Honorio mismo hace el siguiente Relato: "En el presente número hallarán nuestros lectores el final de la hazañosa y apasionante historia de Biófilo Panclasta, escrita a grandes rasgos por la ágil pluma de Osorio Lizarazo. "Vicente Lizcano es el nombre de pila del terrible anarquista chinacotero que por algún tiempo tuvo en jaque a los más poderosos gobernantes del viejo mundo. Biófilo Panclasta, hijo natural de una humildísima mucama, nació filósofo. Don José Ignacio Colmenares, quien en su niñez fue amigo y compañero de travesuras del célebre anarquista, cuenta que éste, siendo un infeliz sirviente, desarrapado y analfabeto, siempre tenía a flor de labios frases de un profundo sentido filosófico, tales como esta: 'Más nos valiera no haber nacido para no tener que morir'. Conocimos a Biófilo Panclasta hace poco más de un año en La Donjuana, donde nos deleitó con su charla pletórica de sentencias. Cuando nos manifestó su propósito de venir a pie a visitar su pueblo natal, pensamos que aquel hombre agobiado por los años, los sufrimientos y el abuso del alcohol, corría el peligro de morir insolado al tratar de recorrer, bajo aquel sol implacable, los trece kilómetros de fragosa carretera. Pero al confesarle nuestros temores, Panclasta nos dijo: 'Esté tranquilo. Hay hombres que somos como el vino: entre más viejos más fuertes'. Y cuando le preguntamos qué tal andaba de fondos para el viaje, nos contestó: 'Yo siempre ando sin un centavo. No le tengo apego al dinero. De los metales el único que llama mi atención es el acero, y eso solamente hecho pluma o hecho puñal'. Y se vino a pie, trayendo en el bolsillo solo quince centavos que le dimos. No cargábamos más." He conversado, además de haberlo hecho especialmente con Honorio, con otros personajes que entonces lo conocieron: Ramón Vargas, Guillermo Torres, y en Pamplona los doctores Alirio Sánchez Mendoza y Jorge Flórez Castillo. Datos más, datos menos, lo describen como un bohemio, de edad avanzada, canoso y de ojos vivos, frente ancha, más bien de alta estatura y de barba poblada, muy atractivo en su conversación, motivo por el cual fácilmente hacía grupos o "corrillos" cuando le daba por hablar, lo cual era frecuente. Se dice que él poseía valiosísimos documentos manuscritos por Lenín, Máximo Gorki y otros, así como muchas cuartillas de sus intentadas biografías y relatos de aventuras; infortunadamente, al parecer, un baúl pequeño o caja que portaba siempre consigo fue quemada cuando murió en Pamplona, dizque por orden del Padre Demetrio Mendoza. De Chinácota pasó a Pamplona, y fue su última residencia el Ancianato de las Hermanas, en donde fue recibido por caridad y de donde se "volaba" cuando podía, para tomarse sus aguardientes. Las Hermanas del Asilo le perdonaban sus escapadas. El 1º de marzo de 1942 dirigió, sin mucha estrategia y con el anarquismo hecho astillas, los explosivos y las banderas revolucionarias abatidas por el dolor de su enfermedad y sin más compañeros que su propia soledad, su última y definitiva aventura que lo fue su viaje al más allá, por él nunca imaginado, en donde no le irían a despatriar ni a torturar entonces hallaría la paz que nunca tuvo, brindada por la Misericordia Infinita de un Dios por él desconocido. Concluyo:
AÑOS 1879 A 1942. CHINÁCOTA. No
se vive la vida si no se ama
Vale la pena digo mal, es necesario dedicar un recuerdo a Julia Ruiz para que, guardadas proporciones, no se incurra con ella, aquí, en el pecado que se ha cometido con Manuelita Sáenz, la Libertadora del Libertador, a quien la Historia inexplicablemente ha querido tener tras las cortinas al no evocarla con justicia, cuando su amor, dedicación, sacrificio y heroicidad fueron de tiempo completo para el Libertador Simón Bolívar, su más grande refugio en los cruciales momentos decisivos, cuando el visionario conductor y cuadillo iluminaba como el relámpago la oscuridad de las tragedias. La historia de la humanidad está llena de episodios (asombrosos unos, espectaculares otros, pero notables todos) en los cuales el bálsamo del amor ha logrado asombrosas acciones. Los hombres comunes y los grandes personajes, artistas, guerreros, estadistas, científicos o practicantes de cualquier oficio, han logrado sus mejores momentos de estabilidad emocional cuando el afecto y el amor de otro ser les ha prodigado su refugio generoso y sincero. Nuestro personaje, que sí lo fue en grado sumo Biófilo Panclasta, el chinacotero, también para fortuna suya llegó, aunque casi sin fuerzas, extenuado, a ese oasis; y el corazón de otro especialísimo ser, Julia Ruiz, fue la última trinchera de éste guerrillero de la inconformidad. "Nació ella en algún pueblo de Boyacá y murió en Bogotá en los primeros días de 1939. De la vida costumbrista y pastoril de su casa y de su pueblo, pasó al convento y se hizo Hermana de la Caridad. En la comunidad duró largos años y se dedicó a la enfermería y a la educación. Tuvo diferencias con sus conventuales compañeras y apostató. De ésa vida conservó recuerdos deprimentes e ingratos que le despertaron un sentimiento anticlerical expresado entre lo ingenuo y lo acusador, cultivado por el sentimiento que decía tener de su vida religiosa. Para reaccionar se hizo militante del Partido Liberal con la beligerancia impetuosa del ignorante en política recién matriculado. Cerca de 1919 o 20, abrió un establecimiento de pésima presentación e higiene, en el cual traficaba con muebles viejos, primero, luego con todo lo que podía ser remotamente comprable o vendible. Su miseria no le incomodaba en lo mínimo y jamás prestó sobre prenda o ejerció la usura; antes bien, era dadivosa y manirrota con quien algo le pedía. Sus entradas las tenía reducidas al extremo y los centavos que le quedaban los destinaba a aumentar los fondos del Partido Liberal, con el cual se apasionó casi en forma delirante. Esto influyó para dedicarse a aquélla nueva profesión de pitonisa en cuyo ejercicio murió. Resolvió, y así lo anunciaba, que había adquirido cierto poder sobre determinados espíritus y que había dispuesto que centenares de éstos protegieran a los Jefes liberales. El pueblo bogotano ha sido especialmente crédulo de presagios y cuestiones sobre el porvenir y la gente le creyó y acudió a consultarla. Julia tenía dentro de su complejo emocional una gran dulzura, comprensión y espíritu compasivo, por lo cual asumió su papel de adivinadora con especial habilidad, buscando con este recurso algunos alivios a los infinitos males humanos de centenares de atribulados que llegaban a ella atormentados por sus problemas económicos o domésticos o de amor. La pitonisa empezó a adquirir, por la coincidencia que resultaba entre sus presagios y los secretos de sus consultantes, gran popularidad y excelente reputación; y en su habitación, entre tiestos de geranios moribundos, una lora, un gato, unas camas rotas y algunas sillas sin patas, podía verse con frecuencia a ilustres personajes o encopetadas señoras. Utilizaba un léxico miserable y absurdo: fingía poseer dotes hipnóticas, creía precisar los sitios de tesoros ocultos y auguraba el regreso de amantes ingratos. Al evocar legiones de espíritus establecía fuerzas de protección para determinados personajes, y así decía sin titubeos que el General Calles, de Méjico, estaba protegido por 15.000 espíritus bajo el mando de ella, y que el General Benjamín Herrera había muerto en su lecho, y no bajo manos asesinas, gracias a una legión de otros 20.000. También decía que mandaba legiones para que martirizaran a Jefes conservadores, a Musolini y aún al Papa. Con mera ingenuidad y sinceridad reclamaba parte de la victoria del Partido Liberal con la llegada del Dr. Olaya Herrera a la Presidencia, y a quien élla y sus espíritus le habían preparado el ambiente. Pero a veces toda la exaltación política de Julia necesitaba más viva expresión que las convocatorias de espíritus; entonces escribía pequeños artículos energéticos en los cuales invitaba a los liberales a la violencia y al desconocimiento del Gobierno. Recorría las direcciones de los Diarios en busca de publicidad para sus proclamas, y si no la encontraba, las hacía publicar en hojas sueltas que aparecían pegadas en las esquinas. Generalmente en ellas exaltaba la memoria del General Herrera y de los grandes guerrilleros liberales, y se quejaba de que el pueblo de hoy no tuviera esos arrestos ni esa entereza para expulsar del gobierno a quienes lo usufructuaban, según ella, sin derecho. Así llegó Julia Ruiz a ser un personaje típico de la ciudad que compartió con Mariana Madiedo, a quien llamaban la "Dictadora de la suerte" en Bogotá, y quien tenía una casucha lánguida y sombría a sólo media cuadra del Palacio Presidencial. La clientela nutrida y heterogénea esperaba en las salitas de estas visibles comunicadoras con lo invisible para oír con tono grave y misterioso: Usted tendrá una fortuna... Espera una carta... Hay una mujer morena que piensa en usted... Una rubia se interpone en su felicidad Pronto hará un viaje inesperado Cuídese... Un ser querido prepara una traición... ¡PAGUE AHORA Y VUELVA DESPUÉS! Pero un día, un inesperado transeúnte pasó frente a su casa. Su aspecto paupérrimo y elegantemente humilde conmovió el generoso corazón de Julia, y sin más demora que la distancia, lo alcanzó y le ofreció su casa y sus recursos. Venía él de su última prisión de 7 años en Venezuela, y su edad sobrepasaba los sesenta. Era Biófilo Panclasta, el anarquista chinacotero, quien se refugió bajo el techo de la pitonisa que lo encontró magnífico en su rebeldía y adorable en su temperamento de izquierda. Vivieron varios años y manejaron su pobreza sin las teorías de Marx ni los planteamientos de Lenín. Se acercaron más a la simplicidad del Divino Rabí de Galilea, que cada día les enseñaba a ser más grandes en su bondad para con el prójimo y les procuró ser felices de verdad. Mas un día de los primeros de 1939, Julia, también deseosa de seguir trajinando en el misterio, resolvió escudriñar lo prohibido, y en compañía de sus numerosas Legiones de los espíritus que ella pretendía manejar a su antojo, tuvo que dejar sus lágrimas de amor sobre el lecho destartalado de su amado Panclasta a quien dejó solo en este mundo y quien ese día soportó, como los toreros, la "cortada de la coleta" como Biófilo, amante de la vida, porque ya no tenía nadie más a quien amar... Me imagino que el jueves 1º de marzo del 42, cuando la neblina de ese atardecer en Pamplona semejaba la bruma de los mares, le daba a Biófilo la imagen de que alistaba su último crucero por el mar de la eternidad, y los agonizantes impulsos de su corazón para alimentar lo que fuera su prodigioso cerebro, le hacían confundir el ruido de su sangre con las olas del Mediterráneo y de otros tantos mares navegados con ansias y ternuras, y que los tintes de las tardes se confundían con las últimas sombras de su angustia... y sus ojos veían en la arena de la costa a su amada Julia que a su lado se perdía en el ocaso. Podría haber sido, entonces, cuando ya balbuciente, imaginara este epitafio: El
mar... E P I L O G O: BIÓFILO, hermano: ¿Qué
somos en la vida Chinácota,
noviembre de 1987 1. Cuando terminé de leer este trabajo en el Teatro Iscalá, de Chinácota, el martes 11 de agosto de 1987, eran las 4:30 de la tarde. En ese momento, un hombre cercano a los 70 años, de baja estatura, más gordo que mediano, de unos 65 kilos, canoso, con claudicación del miembro inferior derecho -debida, según él, a un accidente-, modesta pero pulcramente vestido, algo nervioso, extrovertido, comunicativo y amable, se me acercó para expresarme su agrado, pero especialmente para informarme que la descripción física que yo había dado de Biófilo era bastante cercana a la verdad. Este señor es Don José Joaquín Fernández Arreaza, hijo de Don Mardoqueo Fernández -por mucho tiempo telegrafista de Chinácota, por allá por los años de la década 30-. Fernández Arreaza es un personaje de excepción, pues conoció personalmente a Biófilo y es uno de los pocos chinacoteros que puede informar de él, con quien estuvo preso en Bogotá, en 1932. Con Biófilo pasó dos días de prisión. Biófilo ya estaba preso y Fernández fue condenado por que dijeron que él, como cobrador del Tranvía Municipal de Bogotá, donde trabajaba, se había robado 45 centavos (valor de 7 pasajes). Critica fuertemente a su paisano Doctor Alirio Gómez Picón, quien para la época era parlamentario durante la Presidencia de Enrique Olaya Herrera, porque "no hizo nada para sacarlo de la cárcel". La importancia de Fernández no es sólo por haber conocido a Panclasta y haber sido su fugaz compañero de prisión, sino porque también ha sido trotamundos, político ardiente y aventurado politiquero quien también ha tenido varias "conversaciones" con la autoridad. Ahora vive tranquilo y reposado, y ha querido regresar a su tierra natal en donde vive las añoranzas de 50 años, en la casa marcada en el número 2-48 de la calle Tercera. Hoy 24 de febrero de 1988, he sabido que se dispone a viajar a Cuba. Esta
es xerocopia de la firma autógrafa de José Joaquín Nihilismo:
Negación de todo principio religioso, político o social.
1.
Osorio Lizarazu, José A. "El Anarquista nortesantandereano Biófilo
Panclasta".
En Cúcuta: Doctor Alirio Sánchez Mendoza, Doctor Jorge Flórez Castillo y Eduardo Ángel Mogollón (Abogado). En Chinácota: Licenciado Reinaldo Pabón, Don Ramón Vargas, Alberto Rodríguez Hernández (Abogado), Don Guillermo Torres Durán y Don Marcos Leiva. | ||