PARODIANDO A AQUILES NAZOA
Jorge A. Muñoz Jaime

Mujer, cuando yo muera no te vistas de luto,
ni llores sacudiéndote como con escorbuto,
ni te den pataletas que a tus hijos alarmen,
ni para prevenirlas tomes gotas que calmen.

No te pegues al lado del féretro mortuorio,
poniéndo en él los brazos, como en un escritorio;
y cuando alguien, amada, te abrace a darte el pésame
no lo rechaces mucho, como diciendo aléjate.

Hazte, amada, la sorda, cuando algún sanbenito
pronuncie, sentencioso, que he quedado igualito.
Y hazte la que no oye, y acepta sin enquina,
cuando alguno comente que ayer me vió en la esquina.

Mujer, cuando yo muera no te vistas de negro;
yo quiero ser un muerto con canciones de alegro,
y por lo tanto, amada, no te enlutes, ni llores,
¡Eso es para los muertos estilo Julio Flores!

No se te ocurra, amada, volverte preguntona,
cada vez que te anuncien que llegó una corona;
pero tampoco vayas a salir de indiscreta,
y correr a la puerta, para ver la tarjeta.

No me grites, amada, que no te deje sola,
escuchando las notas de una vieja pianola,
ni empieces a contarles, con hipo entrecortado,
detalles ignorados de mi diario privado.

Que no toquen rancheras y menos, vallenato,
porque esos son acordes, para el anonimato;
que toquen unos blues y un concierto de jazz,
para morir tranquilo y reposar en paz.

Dile a quienes se ofrezcan a llevar el cajón,
que siempre fui enemigo de ese gesto lambón,
que se ahorren la plata de serios cartelones
y no hagan de mi vida papel de novelones.

Mujer, cuando yo muera, pórtate diferente,
rechaza la tristeza que se anida en tu frente,
pues aunque me embojoten, estilo tamalito,
seguiré impertinente y moriré igualito.

Chinácota, marzo 25 de 2005

http://www.chinacota.com