|
El
Desarrollo de Sociedades Complejas en el Valle de Iscalá | |
| INTRODUCCIÓN Desde los años 60, cuando antropólogos como Morton Fried y Elman Service proponían el esquema neo-evolutivo de bandas-tribus-cacicazgos-estados para categorizar a las sociedades humanas, hasta el final de los años 90, ha habido grandes adelantos en cuanto a lo que la comunidad científica conoce sobre la evolución humana. Mucho
del trabajo investigativo que los arqueólogos han realizado en las últimas
décadas alrededor del planeta se ha enfocado principalmente en el último
tipo de sociedad en el esquema neo-evolutivo - los estados. En otros contextos
llamados Civilizaciones, los estados son sociedades complejas, burocráticas
y territoriales en las cuales se distinguen estratos socioeconómicos con
diferencias en el acceso que ellas tienen a los recursos económicos. Una
reducida élite mantiene el control político y económico usualmente
mediante el ejercicio exclusivo del uso de la fuerza pero también mediante
la manipulación ideológica. Los estados son casi siempre militaristas
y expansivos y las actividades de la élite se financian mediante tributos
e impuestos que el aparato burocrático exige de las poblaciones sobre las
que ejerce control político. Mucho
de la investigación arqueológica sobre el origen y desarrollo de
los estados que se hizo desde los años 60 quiso buscar las fuerzas que
produjeron a los estados. Se creía que uno o varios factores eran suficientes
para explicar porqué aparecieron los estados en las pocas regiones del
mundo donde aparecieron. Mesopotamia, Mesoamérica y los Andes peruanos
son ejemplos de las regiones mejores estudiadas y donde se puede trazar el origen
de los estados como arreglo social. Como resultado del trabajo hecho en tales
regiones, se tiene un conocimiento detallado del desarrollo de un buen grupo de
sociedades Estatales. En ese sentido, estamos ahora en buena posición para
evaluar que factores fueron los que promovieron la formación de estados.
Desafortunadamente, el desarrollo de las sociedades humanas no resultó
tan simple como los antropólogos de los 60 creían. Ninguno de los
factores que eran candidatos para explicar el origen de los estados funcionó
en todos los casos que se estudiaron. Ni las diferencias medioambientales (Service
1962), ni el aumento demográfico, ni la guerra (Carneiro 1970), ni la combinación
de ellos (Sanders Parsons y Santley 1979) resultaron ser factores explicativos
para todos los casos de origen de estados. Algunos estados parecen haber sido
producidos por uno de estos factores pero algunos estados aparecieron en la total
ausencia de presiones demográficas y otros florecieron en regiones de gran
homogeneidad medioambiental. En
resumidas cuentas, la investigación sobre el origen del estado nos ha dejado
con más preguntas que respuestas. Sabemos más o menos cómo
se formaron algunos de los estados más antiguos pero no sabemos porqué
no apareció el estado en otras zonas. Por ejemplo, no sabemos aun porqué
no aparecieron sociedades estatales en el Norte de Suramérica. Si la variedad
medioambiental fuera una causa de estados, debían haber aparecido sociedades
de ese tipo en esta región y no en los andes del Perú o en la cuenca
de México, que son medioambientes mucho más homogéneos que
las regiones del Norte de Suramérica. Si la guerra fuera la causa de los
estados (Carneiro 1970), debían haber aparecido estados en regiones como
el Caribe y la costa colombiana, donde la guerra era endémica. La insatisfacción con resultados de la arqueología del origen del estado ha resultado en un interés mayor por conocer el desarrollo de las sociedades pre-estatales. Dado que no se encontraron respuestas simples estudiando el origen del estado, un gran número de arqueólogos ha estado estudiando en las últimas dos décadas el origen de cacicazgos - sociedades intermedias entre las tribus y el estado en el esquema neo-evolutivo. Esto se ha denominado comúnmente como el estudio del desarrollo de sociedades complejas y abarcar así la problemática del desarrollo de los estados como un tipo más de sociedad compleja, a la par de los cacicazgos que son sociedades complejas, es decir que presentan cierto grado de diferencias sociales entre grupos, pero que a diferencia de los estados carecen de un aparato burocrático. Colombia,
Venezuela y Ecuador conforman una gran zona en donde de desarrolló un gran
numero de sociedades complejas llamadas cacicazgos. Ninguna de ellas llegó
a ser una sociedad Estatal en los términos de Service (1962) o Fried (1967).
Muchos de los cacicazgos de la época de la conquista se conocen a raíz
de información etnohistórica muy fragmentaria. Algunas regiones
en donde se desarrollaron cacicazgos cuentan ya con información arqueológica
lo suficientemente detallada para empezar a comparar cacicazgos del Norte de Suramérica
con los de otras regiones del planeta. Otros cacicazgos han sido apenas identificados
o se han empezado a estudiar recientemente. Al mismo tiempo, existen regiones
enteras en donde simplemente no se sabe nada en términos arqueológicos. La
situación en la región de Pamplona no es tan desesperante, aunque
obviamente quisiéramos conocer mucho más. Otras regiones del Norte
de Santander carecen aun de información relevante para el desarrollo de
sociedades complejas y es de esperarse que en los próximos años
el trabajo arqueológico avance más en ellas. Es en ese contexto que acabo de describir, donde mejor se entiende el aporte de lo que voy a presentar en esta corta ponencia. No pretendo de ninguna manera presentar resultados finales de las investigaciones arqueológicas en la región de Pamplona, simplemente porque la investigación que se ha hecho en la región no permite llegar a conclusiones finales. Más bien voy a presentar resultados preliminares sobre algunos aspectos sobre los que existe cierta información. Otros muchos aspectos sobresalen por la ausencia de información, pero señalar esos aspectos es en cierto sentido un avance en nuestros conocimientos y una guía para futuros estudios. Sociedades
Complejas en el Valle de Iscalá La
quebrada Iscalá, en el municipio de Chinácota, recorre unos 35 km
antes de unirse con el río Pamplonita y debido a la inclinación
constante de la pendiente, atraviesa varios climas y medioambientes diferentes,
en una distancia relativamente corta. Estas características permiten, viajando
a pie, recorrer diferentes climas y medioambientes en algunas horas y constituye
entonces un área ideal para observar diferencias entre asentamientos prehispánicos.
Otra razón para seleccionar Iscalá es el cúmulo de información
etnohistórica, el cual sugiere que los españoles encontraron sociedades
complejas en la región. El
tema de esta investigación no se limita a los Chitarero o al valle de la
quebrada de Iscalá. Nuestro interés abarca más bien, el complejo
proceso histórico que se llevó a cabo en una región específica
y que dio como resultado lo que encontraron los conquistadores españoles.
La única manera que tenemos de acercarnos a este complejo fenómeno
es la arqueología, y, a nuestro parecer, una arqueología sistemática
y regional. Dadas las características demográficas y económicas de sus comunidades (Colmenares 1982) las sociedades que encontraron los conquistadores españoles en el valle de Iscalá se pueden denominar cacicazgos en los términos de Timothy Earle, quien los define como "entidades políticas que organizan poblaciones regionales en los miles o decenas de miles" donde hay una "jerarquía centralizada de líderes, separada del resto de la población" (Earle 1987). Los Chitareros descritos en documentos españoles de la conquista y colonia parecen haber sido unos cacicazgos relativamente simples, o al menos organizados a una escala menor que los cacicazgos Muiscas y Guanes. Los cacicazgos de la región de Pamplona ofrecen entonces una oportunidad para entender mejor el funcionamiento básico de un cacicazgo y las condiciones que permiten su desarrollo. Al ser un ejemplo de cacicazgo más simple que el caso Muisca ofrece posibilidades para comparar diferentes trayectorias de cambio social que puedan ayudar a identificar aspectos comunes y, por otro lado, aspectos puramente particulares de una región. Si
consideramos que cierta delimitación geográfica constituye condición
favorable para el estudio de los fenómenos sociales, encontramos que algunas
regiones de Colombia pueden ser muy útiles para entender, al menos en parte,
los procesos de cambio de las formas de organización de las sociedades
complejas. Los valles intermontanos del Nororiente Colombiano, en el departamento
de Norte de Santander, presentan estas condiciones de fácil delimitación.
La geografía de esta región es de valles estrechos, aislados geográficamente
unos de otros, permitiendo visualizar claramente los procesos que se han dado
dentro de un área geográfica bien delimitada. Esta área geográfica
del estudio que se presenta aquí estaba ocupada al momento de la conquista
por una numerosa población que a la llegada de los primeros europeos tomó
el nombre de "Chitareros". Sometido desde 1532, este grupo fue controlado
por el gobierno español, el cual realizó numerosos censos y visitas,
ampliando las posibilidades de estudios comparados con etnohistoria. Estas condiciones
geográficas y de abundancia de material etnohistórico, nos incentivaron
para planear e iniciar en 1992 una investigación sobre el origen de las
formas sociales que encontraron los españoles en la región. La tarea
que se iniciaba era la de recolectar la mayor cantidad posible de datos arqueológicos
de un área geográfica lo suficientemente amplia como para poder
visualizar los cambios en las distribuciones espaciales de los asentamientos y
así inferir el rol de dinámica de población y medioambiente
en el origen de los cacicazgos Chitarero. Para dicho estudio se adoptó
un acercamiento desde la Arqueología Regional. Esta aproximación
enfatiza el estudio de la distribución espacial de materiales arqueológicos
con el fin de inferir pautas de comportamiento humano y de cambios sociales. Dinámicas Demográficas y el Desarrollo de Cacicazgos Diversos modelos se han discutido para entender el origen de cacicazgos. El aumento poblacional, el control por una élite, de las redes de comercio y las condiciones medioambientales que permitan la producción de excedentes, son los tres principales aspectos que se consideran condicionando el origen de cacicazgos. De estos tres, el factor más comúnmente relacionado con el origen de las sociedades complejas, es el demográfico. Tanto para Service (1962) como para Fried (1967), las sociedades complejas son más "densas" que las igualitarias. A su vez, Carneiro (1970) ve al crecimiento poblacional y a la circunscripción medioambiental, como las condiciones bajo las cuales aparecen los cacicazgos y los estados. Otros autores, en cambio, colocan el crecimiento poblacional como un factor secundario. Drennan (Drennan y Uribe 1987) por ejemplo, encuentra una correlación muy fuerte entre la diferenciación de status y la población existente en el asentamiento más grande. Drennan considera que el origen de los cacicazgos se da en un contexto de asentamientos autónomos. En uno de ellos, el más exitoso, tiende a concentrarse la población, como resultado del énfasis en el manejo centralizado de mano de obra y bienes, por una élite emergente; esto no implica necesariamente un aumento poblacional en toda una región, sino más bien la concentración de población en algunos sitios. Es el aspecto demográfico el que permite un acercamiento más fácil al problema del desarrollo de cacicazgos en la región de estudio. Se trata de una población que se puede examinar arqueológicamente en cambios de distribución geográfica de la población y para la cual además, es posible relacionar estos patrones con los datos etnohistóricos de los siglos XV y XVI. El
Proyecto Arqueológico Valle de Iscalá Con la intención de iniciar los estudios de las sociedades que se desarrollaron en la región de Pamplona, se realizaron visitas evaluativas al Valle de Iscalá en 1990 y 1991. Durante las visitas a la vereda Iscalá Sur en 1991, a unos 50 km al Sur de la ciudad de Cúcuta y a una altura sobre el nivel del mar entre 1800 y 3000 m, recolectamos fragmentos cerámicos prehispánicos en diversos campos arados y observamos varios aplanamientos artificiales del terreno. Asimismo obtuvimos noticias de tumbas de pozo con cámara lateral y de entierros en pequeñas cuevas que han encontrado los campesinos acompañadas de vasijas y de hachas líticas en algunas zonas de la cuenca hidrográfica de la quebrada Iscalá. Las evidencias incluían grandes metates y manos de moler granos, huellas de caminos probablemente prehispánicos y lomas terraceadas. Animados por estos hallazgos, que indicaban la posibilidad de identificar sitios arqueológicos en superficie decidimos planear un reconocimiento arqueológico sistemático de un área de aproximadamente 40 km cuadrados en el valle alto de la quebrada Iscalá. El estudio realizado en el Valle de Iscalá fue presentado a la Universidad de los Andes en 1993 como tesis de pre-grado en Antropología. La información que se utiliza en esta ponencia es extraída de dicha tesis que se puede consultar en la Universidad de Los Andes de Bogotá. Características
Geográficas del Valle de Iscalá A
2.800 m.s.n.m., ubicada astronómicamente a 7° 30' latitud Norte y 72°35'
longitud Oeste, nace la quebrada Iscalá, abandonando el cerro de Mejué
en dirección Sur-Norte. El valle desde allí es amplio, cóncavo;
cercado al Sur, Oriente y Occidente por cuchillas empinadas y lo bastante inclinado
en general hacia el Norte, como para bajar mil metros en los primeros 7 kilómetros
de recorrido. La
quebrada recoge aguas de una franja entre líneas divisorias de 4 a 5 kilómetros,
franja que se extiende aguas abajo 27.5 km. hasta su desembocadura, que ocurre
en el río Pamplonita, en el sector de "La Donjuana", a 700 m.s.n.m.
La quebrada es el tercer afluente en importancia que alimenta dicho río,
después de las quebradas Táchira y Honda. la quebrada tiene dos
cuencas bien diferenciadas: La parte más alta se denomina aquí Valle
de Iscalá y la más baja, la planicie de Chinácota. El
Valle de Iscalá es de laderas de fuertes pendientes suavizadas hacia el
centro del valle por "extensos y abundantes depósitos coluvio-aluviales
de poco espesor". La mitad más baja está ocupada, en cambio,
por "espesos y extensos depósitos de terraza, acumulados en forma
torrencialdurante el plehistoceno" y que han sido "disectados por el
continuo entalle de la quebrada" (Bongcam et al. 1991). La unión de la quebrada Pantanos, separada de la quebrada Iscalá por la loma Santa Helena, 8 kilómetros desde el nacimiento, a la izquierda aguas abajo, constituye el punto de división natural entre estos dos valles y al mismo tiempo, la ruta natural de comunicación de los casi 40 km cuadrados que encierra el Valle de Iscalá. Reseña
Etnohistórica del Valle de Iscalá. El valle de la quebrada Iscalá, hacía parte, durante la Colonia, de la provincia de Pamplona. Esta fue durante los primeros años del gobierno español, uno de sus principales centros mineros de extracción de oro, actividad por entonces, motor de la economía colonial del Imperio (Colmenares 1982). En esta época y mediante la encomienda, fue explotada y agotada la mano de obra indígena. Los yacimientos de Pamplona, principalmente los del río de Oro, tuvieron que ser abandonados en el siglo XVII al limitarse las posibilidades de extracción por falta de la tecnología necesaria para excavar yacimientos de veta, cuyos filones o habían sido bloqueados por terremotos, o estaban ya muy profundos para seguir utilizando la explotación manual. Por otro lado la población indígena había, prácticamente, desaparecido. Hermes
Tovar (1967) calcula para la provincia de Pamplona, que corresponde con el territorio
Chitarero, una población inicial de 210.000 habitantes indígenas
para 1532, asentada en los numerosos y estrechos valles de la región. Según
los Censos Coloniales, de aquellos numerosos valles, el más poblado era
entonces el de la quebrada Iscalá, municipio de Chinácota en el
actual departamento del Norte de Santander. La
utilización forzada de la mano de obra para la minería, aunada a
grandes epidemias como la de viruela en 1559, causaron una grave catástrofe
demográfica, diezmando la población de estas regiones y causando
también la desaparición de la cultura y de las organizaciones sociales
y económicas indígenas. Los
Chitarero pertenecían al grupo lingüístico Chibcha. Para el
momento de la Conquista, según Jorge Morales (1984), el territorio Chitarero
colindaba con las etnias Guane al Suroccidente, Laches al Suroriente, Yareguíes
al Occidente y Motilones al Norte, extendiendo su territorio muy lejos al Nororiente,
hasta territorios de la antigua provincia colonial de Mérida, en el actual
Estado Táchira, del Occidente Venezolano. Los Chitarero ocupaban los numerosos
pero estrechos valles que forman los andes del Nororiente colombiano, en aldeas
separadas de los valles vecinos por la escarpada orografía de estas regiones
y de esta forma separados fácilmente por el gobierno colonial al distribuir
encomiendas. La región de la quebrada Iscalá está pues situada
en el interior de lo que en el siglo XVI correspondía al territorio Chitarero. En cuanto a las características de estos grupos, se les asigna algunos rasgos similares a los de los Muisca, aunque con menos evidencias de centralización política y desarrollo de la especialización. Se trataba, como en el caso Muisca (Langebaek 1992; Broadbent 1964), de cacicazgos con relativa centralización política, manejando una agricultura intensiva en variados pisos térmicos, sin desarrollo notable de especialistas Según datos etnohistóricos en estas sociedades el tributo y la redistribución de alimentos permitían una nivelación de excedentes y carencias locales de la producción. Cultivando principalmente los valles fríos, pero también zonas templadas y cálidas en algunos casos, estas sociedades basaban su economía en la agricultura, principalmente de maíz, papa, frijoles, batatas y yuca. Otras actividades económicas indígenas que los cronistas señalan son la recolección de productos silvestres, la caza, el cultivo del algodón y la fabricación de mantas y la elaboración de utensilios cerámicos y líticos. Existe la posibilidad de que los Chitarero extrajeran oro de varias minas de la región para el intercambio, pero los cronistas reportan que ellos no elaboraban objetos con dicho metal. Aunque
hay datos muy valiosos publicados sobre los Chitarero, falta todavía un
estudio etnohistórico que muestre detalladamente la situación económica
y social de esta etnia al momento del contacto con los europeos. Algunos datos
permiten suponer ciertas particularidades de este grupo Chibcha. Por ejemplo,
el cronista Simón (1982) dice de ellos, comparándolos con los Guane: "Los
Indios Chitarero de esta provincia donde está fundada esta ciudad (Pamplona),
han sido siempre de buena y mansa condición...sin ningún alzamiento
por haber tenido hasta mal ejemplo y ocasión para haberlo hecho, en los
indios que demoran al Sur..." Algunos
datos, por otro lado, permiten aseverar la existencia de relaciones comerciales
de los Chitarero con etnias vecinas. A los Guane les suministraban, probablemente,
oro y seguramente algodón y recibían de ellos la sal obtenida por
los Guane más al Sur, por contactos con los Muisca (Langebaek 1992). En
cuanto a la organización económica es sugerente la descripción
de Aguado (1906) que anota de los Chitarero lo siguiente: "Es toda la gente de mediano cuerpo, bien ajustados y de color como los demás Indios; vístense con mantas como los del Reino, aunque viven los más por valles que declinan más a calientes que a fríos; la gente pobre y que no hacían con oro con tener en sus tierras muchas minas y buenas que después los españoles descubrieron, de donde se ha sacado gran número de pesos de oro; los rescates de que estos Indios usan es algodón y bija que es una semilla, de unos árboles como granados, de los cuales hacen betún que parece almagre o bermellón, con que se pintan los cuerpos y las mantas que traen vestidas; los mantenimientos que tienen son maíz y panizo, yuca, batatas, raíces de apio (arracachas), fresoles y curíes -que son unos animalejos como muy grandes ratones- venados y conejos; las frutas son curas, guayabas, piñas, caimitos, uvas silvestres como las de España, guamas -que es una fruta larga así como cañafístola- palmitos, miel de abejas criada en árboles; las aves son pauríes, que son unas aves del tamaño de pavas de España; hay también pavas de la tierra, que son poco menores que los apuríes, papagayos, guacamayas..." Basándonos
en los datos de Simón y Aguado sabemos que en 1532, después de su
expedición por el Magdalena y habiendo pasado por Tamalameque, por la actual
ciudad de Vélez y por las serranías de Pamplona, llegó al
valle de la quebrada Iscalá, el primer conquistador europeo en pisar territorios
Chitarero. Ambrosio Alfinger encontró un pueblo abandonado y al hacer una
pequeña excursión por los alrededores, fue emboscado por los naturales
y herido de muerte. Los demás conquistadores volvieron al Norte, hacia
Coro. Varios años después llegó desde el Sur, el fundador
de Pamplona y organizador de la explotación colonial de los Chitarero:
Pedro de Ursua. La provincia tenía entonces unos 200.000 habitantes, distribuidos
en "poblados" en los cuales había capitanes (Colmenares
1969) quienes eran personajes de cierto poder político y militar. Los principales
valles en donde de ubicaban los numerosos poblados Chitarero eran, en orden del
tamaño de su población Chinácota (valle de la quebrada Iscalá),
Condarmenda, Babigá (o Bábega), Chitagá, Socorima, Matachirá,
Centimalí, Inzá, Bochagá, Camara, Chopo, Teguaraguache, Arcogualí,
Cáchira, Suratá, Cachegua, Cacotá, Icotá, Bochalema
y Cheba. Corresponden así mismo con las principales encomiendas dadas a
los conquistadores por la Corona española (Colmenares 1969). Reconstrucción Arqueológica de la Trayectoria Prehispánica en el Valle de Iscalá De
la descripción etnohistórica queda claro que en el siglo XVI los
españoles encontraron sociedades agricultoras donde se había desarrollado
cierta centralización política y donde el nivel de población
era aparentemente alto. El poder militar de los jefes locales se aprecia en la
derrota de Alfinger a manos de indígenas Chitareros y la densidad poblacional
relativamente alta se refleja en las descripciones de los cronistas del siglo
XVI. Solamente mediante la arqueología se podía recolectar información
para poder caracterizar el desarrollo prehispánico que precedió
a la organización social y económica descrita en forma tan superficial
por los españoles. Para esto y como un objetivo específico se realizó,
como un primer paso, un reconocimiento arqueológico sistemático
de la región para ubicar sobre mapas todos los restos observables de ocupación
humana prehispánica. En esa fase de investigación se ubicaron sobre
fotos aéreas y después sobre planchas cartográficas, todas
las áreas de ocupación y se recolectó material arqueológico
de muestra, principalmente cerámico y lítico, para relacionar entre
sí los diversos sitios arqueológicos. El
segundo objetivo específico del reconocimiento fue el de correlacionar
los datos obtenidos de las características de los restos arqueológicos
para poder reunir información sobre los patrones de asentamiento y patrones
de poblamiento de los pobladores prehispánicos del área geográfica
estudiada. Los
datos arqueológicos en este tipo de investigación arrojan luz sobre
los cambios que ha habido de los sistemas de poblamiento en una región.
Estos datos sólo pueden ser analizados mediante un conocimiento de la cronología
relativa del material arqueológico presente. Para obtener dicho control
cronológico, se definió, mediante los datos de una excavación
estratigráfica y las comparaciones del material encontrado en el reconocimiento,
varios tipos de artefactos diferenciables cronológicamente, para poder
observar cambios y patrones en su distribución espacial temporalmente.
Reconocimiento Regional Sistemático en el Valle de Iscalá En
la primera fase del proyecto arqueológico Valle de Iscalá se aplicó
una metodología muy similar a la utilizada para el valle de México
por Sanders, Parsons y Santley (1979), para el valle de Oaxaca por Blanton (1982),
en el Valle de la Plata, Huila por el Proyecto Arqueológico Valle de la
Plata (Drennan 1985) y en el valle de la laguna de Fúquene por el Proyecto
Arqueológico Valle de Fúquene (Langebaek 1992). Al ser la de este
estudio un área geográfica relativamente reducida, se pudo completar
su reconocimiento sistemático en una temporada de campo de solamente 6
meses, para lo cual se contó con la invaluable ayuda, en diversas etapas,
de unos 15 ayudantes de campo, 5 de ellos estudiantes de Antropología de
la Universidades de los Andes y Nacional y 10 de ellos, estudiantes y profesionales
voluntarios del Norte de Santander a quien se les debe el éxito de los
trabajos de campo. El proyecto se realizó gracias a la invaluable colaboración
y apoyo económico de los propietarios de la Hacienda Corral Redondo de
Iscalá Sur. El
reconocimiento se complementa, en esta metodología, con excavaciones de
los sitios que muestren una estratigrafía lo suficientemente clara como
para hacer periodizaciones del material recolectado. En el caso del estudio en
cuestión se llevó a cabo una excavación a finales de septiembre
y comienzos de octubre de 1992, la cual permitió hacer una periodización
preliminar para el Valle de Iscalá. Resultados
del Reconocimiento Regional del Valle de Iscalá. En
el reconocimiento arqueológico se examinó un área total de
4000 hectáreas del Valle de Iscalá. Se realizaron más de
2500 "pruebas de garlancha", de las cuales 194 produjeron material arqueológico;
adicionalmente, en áreas de cultivo o erosión, se realizaron 139
recolecciones superficiales, resultando un total de 336 colecciones de cerámica.
De estas colecciones, 123 tenían, además de cerámica, artefactos
líticos. En su conjunto, este cúmulo de evidencias permite hacer
un seguimiento de los cambios sociales que llevaron a la formación de sociedades
complejas en la región. De otra parte también permite establecer
algunos elementos de juicio sobre el papel de la dinámica de población
y el medioambiente en el surgimiento de sociedades complejas. Cronología
Cerámica para la Región Un
primer resultado del estudio arqueológico en el Valle de Iscalá
consistió en la identificación de dos tipos de estilos cerámicos
distintos que identifican dos períodos prehistóricos diferentes
y que presentan similitudes con estilos fechados en otras regiones. La descripción
de dichos tipos cerámicos se encuentra en la monografía de tesis
que presenta los resultados completos (Gonzalez 1993) y por eso no se presenta
aquí. Se trata, por un lado de un estilo cerámico que presenta decoración incisa, una pasta arenosa, superficies ásperas y un color que tiende al rojo ó café-naranja. Dicho estilo cerámico se denominó Iscalá Inciso y se encontró en los estratos inferiores del sitio excavado por lo que se usó para identificar las ocupaciones más tempranas. Por otro lado se identificó un segundo estilo cerámico sin uso de decoración evidente, con una pasta de apariencia granulosa no arenosa, superficies lisas y tendencia a color gris-café. Este segundo estilo se encontró solamente en los estratos superiores excavados por lo que se usó para identificar las ocupaciones prehispánicas más recientes. Los tipos cerámicos y sus relaciones con tipos de otras regiones se usaron para controlar la cronología de la ocupación para cada sitio identificado durante el reconocimiento. Primera
Ocupación - Período Chitarero Temprano. Comienza
el primer período identificado en una fecha aun indeterminada y se extiende
aproximadamente hasta el siglo X después de Cristo. Corresponde a la distribución
de la cerámica Iscalá Inciso (Figura 1), similar en algunos aspectos
estilísticos a la cerámica del período Herrera (Broadbent
1970) del Altiplano Cundiboyacense. El patrón de asentamiento para este primer período es disperso y abarca gran parte de las tierras planas más fértiles de la región. La mayor parte de los terrenos utilizados para asentamientos de este período tienen una inclinación de menos de 20° y están ubicados sobre bordes de quebradas o en terrenos anexos a ellas. Las excepciones las constituyen dos sitios ubicados al sur en pendientes de más de 25° y un sitio muy aislado al este de la región. En el primer caso se trata de suelos con capacidad muy baja de aprovechamiento, según datos del estudio de suelos existente (Bongcam et al. 1991) por lo que las razones para la escogencia de estas áreas para situar asentamientos debe buscarse en características distintas a la agrícolas. Esta zona es la comunicación natural hacia el páramo de Mejué, al extremo sur del área de reconocimiento; por lo que podría haber sido un asentamiento con fines estratégicos para el control del acceso a los recursos vegetales y animales propios de tal zona climática. Por otro lado, cerca a esta área se ubican actualmente algunas minas de piedra laja parecidas a las usadas como cubiertas de ciertas tumbas de pozo con cámara durante éste período. La cercanía de dos pequeñas lagunas naturales y la cercanía del "Pico del Aguila" - un punto de gran altura en la región - podrían señalar posibles criterios de tipo religioso para estos dos asentamientos. El segundo caso es un sitio aislado, y por su posición puede estar relacionado con la comunicación fácil con el valle de la quebrada Honda. Efectivamente, en la actualidad existe una trocha que comunica con el municipio de Ragonvalia y pasa cerca a este sitio arqueológico. En
cuanto a la mayoría de sitios, en la parte plana del valle, hay dos zonas
de mayor concentración que ocurren ligeramente al sur y ligeramente al
norte del área reconocida. La ubicación de sitios hacia el norte
se explica en gran medida por ser ésta el área plana más
cercana a las mejores tierras, pero hacia el sur las tierras son de fertilidad
equivalente a las demás áreas planas. Su ubicación, sin embargo,
es estratégica para el acceso a los bosques, ubicados en el extremo sur
del reconocimiento y que por carecer de ocupación prehispánica seguramente
estaban presentes para este período también. Estos bosques presentan
gran diversidad vegetal y posibilidades para la cacería. Este hecho, y
el presentarse aquí la mayor concentración del material lítico,
nos hacen pensar que la ubicación de estos sitios responde a la búsqueda
de un más fácil acceso a los recursos de caza; en cambio, la ubicación
de los demás sitios, respondería más a una búsqueda
de terrenos fértiles. A
modo de hipótesis proponemos para esta ocupación el criterio del
mejor control sobre las zonas de cacería como el principal factor en la
escogencia de los sitios de asentamiento, seguido por otros factores como son:
mayor fertilidad del suelo, control sobre sitios religiosos o de la comunicación
con valles vecinos. La distribución dispersa de sitios exclusivamente con cerámica Iscalá Inciso parece reflejar en buena medida, la distribución real de las primeras fases de esta ocupación ya que señala todos los sitios que no fueron utilizados durante las épocas en que se usó el material cerámico Iscalá Granulado. Esa distribución nos muestra un patrón de asentamiento disperso y homogéneo, tanto en el tamaño de los asentamientos como de la distancia entre unos y otros. En cuanto al tamaño, que varía entre 0,2 y 0,8 hectáreas, tiene una distribución normal con promedio de 0,6 hectáreas. En cuanto a la altitud no se notó ninguna preferencia en el análisis espacial. Para este caso, no encontramos ninguna jerarquización marcada entre los asentamientos, lo que puede estar relacionado con una sociedad sedentaria donde no había surgido un centro político dominante. En
resumen, el período Chitarero Temprano podría corresponder al tipo
de sociedad igualitaria que generalmente los antropólogos denominan "tribal".
Las unidades familiares parecen haber ocupado el terreno de una forma dispersa.
Cada una, de hecho, parece haber estado rodeada, a juzgar por la existencia de
áreas sin tiestos entre ellas, de áreas desocupadas, quizá
en parte utilizadas para campos de cultivo. Una ligera concentración en
el sur del Valle de Iscalá, puede estar indicando una cierta preferencia
por sitios cercanos a las zonas de cacería, ubicados al extremo sur del
área estudiada. La existencia de un 15% de estos sitios en terrenos de
bajo potencial de uso y con pendientes muy inclinadas puede estar señalando
algún tipo de presión (no se puede descartar presión demográfica)
que obligó en cierto momento, a situarse en terrenos más difíciles.
Estas áreas marginales no se usaron sino en una mínima medida, para
asentamientos, en la segunda ocupación; lo que implica una reorganización
de las áreas de asentamiento y cultivo; y de la organización social
general. Segunda Ocupación - Período Chitarero Tardío. Esta
segunda ocupación corresponde a la distribución de la cerámica
Iscalá Granulada (Figura 2), aunque ésta puede haber coexistido
por un tiempo con la cerámica Iscalá Inciso (González 1993).
La cerámica del período Chitarero Tardío recuerda a cierta
cerámica tardía excavada en otros sitios de Santander del Norte
(Calle Orozco et al. 1962), así como de Santander del Sur (Lleras 1989)
y de la tierra fría de los Andes venezolanos (Wagner 1966, 1978). Durante
este período, tentativamente ubicado entre los siglos X y XVI d.C, se observan
cambios importantes en el patrón de asentamiento indígena, el cual
sugiere el ordenamiento de la sociedad de una forma diferente a la que hasta entonces
había predominado en el Valle de Iscalá. Durante
este periodo es notable una fuerte disminución de los sitios pequeños
y dispersos. El 75% de los sitios se concentra en dos "aldeas": la primera
en una zona hacia el sur de la región y la segunda en una zona ligeramente
al norte del área estudiada. Separando estas dos concentraciones hay una
franja de más de 2 kilómetros de ancho que presenta solamente 4
sitios en este período reflejando un área amplia prácticamente
desocupada. El 50%, del área de ocupación se encuentra en la aldea
Sur (en la actual vereda de Iscalá Sur) y el 30% en la aldea norte (actual
vereda de Iscalá Norte). El 20% restante lo forman algunos sitios ubicados
hacia el extremo sur del Valle de Iscalá y directamente alrededor de las
dos aldeas. Esta tendencia hacia el sur puede estar explicada por las misma razón
discutida para la primera ocupación y que es la facilidad de acceso a las
zonas de cacería y zonas de extracción de madera, piedra y otras
materias primas. Es difícil saber por ahora si las dos aldeas de este período
coexistieron o si una reemplazó a la otra en algún momento. Saber
esto requiere refinar la cronología. Sin embargo, la concentración
de población ya sea en una o dos aldeas de diferente tamaño sugiere
un tipo de sociedad compleja - al menos un Esta
sociedad presenta una distribución más centralizada que muestra
cierta jerarquización entre aldeas y sitios pequeños, pero también,
si en verdad las dos aldeas fueron ocupadas simultáneamente, una jerarquización
entre las dos aldeas, ya que una de ellas, la más grande,controla físicamente
el acceso a recursos situados al sur. Gran
parte de la población durante este segundo período se concentra
en sitios de entre 20 y 30 hectáreas, cercanos a los terrenos con los mejores
potenciales de uso de los suelos. Efectivamente, las dos aldeas se ubican en suelos
de potencial de uso "aprovechable para varios cultivos de la región"
(Bongcam et al. 1991) y, en ambos casos, en terrenos adyacentes a los dos únicos
sectores clasificados como "aptos para la mayoría de los cultivos
de la región", y que son las tierras más fértiles de
todo el Valle de Iscalá. De esta forma se puede argüir que el surgimiento
de aldeas hasta cierto punto parece haber estado determinado por el acceso a las
tierras de mejor calidad. Es decir, que no sería ni el aumento de población
ni las características medioambientales sino ciertos factores sociales
preexistentes los que determinaron el cambio social en la región. En cuanto a la dinámica de población algunos cálculos tentativos se pueden hacer con auxilio de datos etnohistóricos. La aldea Chitarero Tardío ubicada en la vereda Iscalá Sur, parece corresponder al "poblado" Iscalá, cuyos censos durante la colonia muestran el siguiente comportamiento en términos de tamaño de la población después de la conquista española: | |
|
Año
del Censo | Numero
de Indígenas |
| 1559 1586 1623 1641 | 315 50 61 10 |
| Como
se aprecia en estos números (Colmenares 1969), hay cierto aumento poblacional
de 1586 a 1623, pero esto posiblemente se deba a la unión, por parte de
los españoles, de las escasas poblaciones de las dos aldeas. Según
la curva calculada por Tovar (1967), la población de la primera aldea comprendería,
para 1553, a más de 1000 habitantes, que corresponde a la población
reflejada por el registro arqueológico. Efectivamente, contamos para esta
última ocupación, en esta parte del valle con 250 lotes ocupados,
formando 50 sitios. Si consideramos a cada lote como el reflejo del asentamiento
de una familia, en promedio de 4 personas, obtenemos la misma cifra que da la
curva de los censos. De acuerdo con este factor, para la primera ocupación,
tomando los sitios exclusivamente con cerámica Iscalá Inciso, los
datos reflejan una población, en promedio, de 500 personas para todo el
Valle de Iscalá, que aumentaría hasta una cifra cercana a 1200 personas
para su última ocupación. Como
el total del área reconocida es de 4000 Hectáreas (40 km. cuadrados)
se estima que la densidad de población para Chitarero temprano es de 12.5
habitantes por km. cuadrado. Para el período Chitarero Tardío sería
de cerca de 30. Aunque es innegable que ocurrió un importante aumento de
población entre Chitarero Temprano y Chitarero Tardío, de más
del 100%, una densidad de 30 personas por km. cuadrado - cálculo que además
asume que toda el área estaba ocupada simultáneamente (lo cual hemos
visto que es probable pero no seguro) - no resultaterriblemente alta. Ciertamente
es menor que la que se le asigna a los Muiscas de Cundinamarca y Boyacá. A
modo de síntesis, el proceso de desarrollo de sociedades complejas en el
Valle de Iscalá se puede resumir así: Las primeras evidencias
de ocupación humana se remontan a una fecha anterior al siglo X d.C. A
partir de este siglo, la población comienza a concentrarse en aldeas (una
o dos en la región de estudio), lo cual indica cierta tendencia a la centralización
política. El proceso va acompañado de un crecimiento de población
y de un mayor interés por explotar las tierras más fértiles.
Sin embargo, aun en el momento en que surgen evidencias de mayor centralización
política, la densidad de población parece haber sido relativamente
baja, pero en todo caso mayor a la población que se ha venido asentando
desde la desaparición de la población Chitarera (siglo XVII), hasta
el presente (González 1993). | |