HONORIO MORA SÁNCHEZ

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"Una juma edificante"

"Égloga"

"Nací en la apacible región de Iscalá, en el Municipio de Chinácota, el 1 de Diciembre de 1898. Fueron mis padres Honorio Mora Ochoa y Rita Sánchez Jáuregui de Mora, de origen muy humilde. En 1899, mis padres, huyendo de los horrores de la Guerra de los Mil Días, se asilaron en la aldea venezolana de Delicias y al terminar la contienda civil regresaron a su tierra y se residenciaron en el fronterizo pueblo de Planadas que luego se llamó Concordia, y hoy, Ragonvalia (nombre correspondiente a la dirección telegráfica del General Ramón González Valencia).

No pude hacer estudios secundarios y toda mi instrucción se redujo a tres años de escuela primaria en el mencionado pueblo de Planadas. En 1.912 mi familia volvió a los lares de Iscalá para dedicarse por entero al cultivo de la tierra. Fue así como yo me convertí de la noche a la mañana en un campesino de la montonera, pero las horas libres las dedicaba a leer y releer periódicos, revistas y libros que conseguía prestados, logrando de esa forma acumular con el correr de los años un acervo de conocimientos que contribuyó a mejorar mi desmirriada cultura. En 1.926 abandoné mi solar nativo para dedicarme a otras actividades. Fuí empacador de café en el establecimiento comercial "La Cosmopolita", ordeñador en la Hacienda de Cuellar, obrero, cadenero y caporal sucesivamente en la carretera Chinácota la Donjuana; palero y cosechero en la Hacienda "El Piñal" y más tarde chofer y transportador. Por allá en el año de 1.932 inicié, con el fotógrafo Fructuoso Arenas Carvajal, la publicación de un semanario, "El Patriota", que tuvo vida efímera. El 1 de enero de 1935 comenzó a circular mi hebdomadario "Tricolor", que durante tres años libró las más recias batallas a favor del pueblo. Ese órgano de combate tuve que suspenderlo cuando me enteré de que el entonces Alcalde de la ciudad, Roberto Ramírez Cardozo, se proponía, por ojeriza hacia Tricolor, destruír los talleres en que se imprimía. Sacrifiqué el periódico pero salvé la Imprenta Parroquial. Durante los años de 1938 a 1946 dirigí la revista cultural "Tierra Nativa".

En 1.952 hallándome residenciado en Durania, saqué a la luz la revista "Durania" como publicación mensual, la que al cuarto número, sin razón justificada, fue clausurada por el Gobierno Departamental. De 1959 a 1961 dirigí en esa misma población de Durania, "El Cubil", órgano cultural y mensual del Club de Leones de esa localidad. He colaborado en los periódicos "Vanguardia Liberal" de Bucaramanga, "Sagitario", "Oriente Liberal", "Comentarios", "La Opinión", "Hoy", "El Combate" y "Diario de la Frontera" de Cúcuta.

En 1.936 fuí laureado en los Juegos Florales de la F.E.N.S. de Cúcuta que me otorgó Jazmín de Oro y Diploma de Honor por mi soneto "Cultivemos la Tierra". En 1944 en los Juegos Florales del Tenis Club de la misma ciudad, gané Flor Natural y Diploma de Honor, con mis dos sonetos "El Aguila Arpía" y "Los aguacates del Coronel". Soy autor del libro "Crónicas y Cuentos" editado en la Imprenta Departamental, y del folleto Biografía de la Parroquia de Durania". Edité, así mismo, en la Imprenta Departamental y a todo lujo el Album gráfico de Durania, con motivo del cincuentenario de dicha población.

En la actualidad soy el único chinacotero vivo que figura en la Biblioteca de Autores Nortesantandereanos y que es Miembro Correspondiente de la Academia de Historia de Norte de Santander. Firmado Honorio Mora Sánchez" (De los archivos del Dr. Mario Mejía Díaz)

 

HONORIO MORA SÁNCHEZ
Por José Luis Villamizar Melo

(Tomado de la Gaceta Histórica de la Academia de Historia de N. de S.)

Honorio fue obrero, empacador de café, cadenero y caporal en trabajos públicos, palero y cosechero y chofer y transportador. Más adelante fue periodista fundador y director de EL PATRIOTA (Semanario), TRICOLOR (Una hoja batalladora y defensora del pueblo), TIERRA NATIVA (revista cultural), DURANIA (publicación mensual), EL CUBIL (órgano del Club de Leones de Durania), y fue colaborador de Vanguardia Liberal, Sagitario, Oriente Liberal, Comentarios, La Opinión. Hoy, El Combate, y Diario de la Frontera. Socio del Club de Leones de Durania. Su vocación, la marca interior, eran las letras y particularmente la poesía.

Era un poeta eglógico, básicamente, no exclusivamente. En Juegos Florales de 1936 recibió diploma de honor y Jazmín de Oro como premio al soneto CULTIVEMOS LA TIERRA.

En 1944 lo premiaron con Flor Natural por dos sonetos: EL ÁGUILA ARPÍA y LOS AGUACATES DEL CORONEL.

Publicó varios libros, entre ellos: Crónicas y Cuentos, Álbum Gráfico de Durania, con motivo del cincuentenario de dicha ciudad. Monografía de Chinácota. Y Sinopsis monográfica de la Parroquia de Durania. Su poesía se encuentra dispersa en los periódicos locales y en la revista de la Academia GACETA HISTÓRICA.

La Academia lo hizo MIEMBRO CORRESPONDIENTE y él la decoro con su presencia, sus estudios y sus poemas.

Murió en Cúcuta en 1985. Había nacido en la apacible Iscalá y estudio en la Escuela de Planadas que después se llamo Concordia y hoy Ragonvalia.

Concepto: La Poesía de Honorio es como esas derivaciones menores de las altas cordilleras, que bajan a los valles y, en ellos, se convierten en tapizado de múltiples verdes, donde el rocío recibe el beso de la luz cada aurora, y la tierra se hace fecunda. En esa vertebrada formación, plena de secretos, el hombre descubre riqueza de minerales, capa vegetal fecundante, líneas por donde desciende el caudal del nacimiento y, de vez en cuando, pequeñas colinas donde se pueden orear los sueños a la intemperie, ricas de sol y vientos

Su escritura fue como su vida, sencilla, espontánea, humilde, llena de dignidad v su poesía la cifra de su nobilísimo espíritu.

El poeta dedicó este poema a la reina de los Juegos Florales donde fue premiado con Jazmín de Oro.

HONORIO MORA SÁNCHEZ

Nací como los buitres y cóndores altivos
sobre la agreste cima de un agrio farallón
y ostento ante los ojos del mundo de los vivos
mi mano encallecida como único blasón.

Fui acaso el más travieso de todos los zagales:
para la bienamada nenúfar de pasión;
robaba a las abejas los más ricos panales
y del cercado ajeno las frutas en sazón.

Mil veces sobre el lomo de algún potro salvaje
crucé como un centauro la llanura sin fin,
en pos de la tormenta que con fiero coraje
fustigaba los robles del lejano confín.

Aspiré con deleite las aromas extrañas
que exhalan las gavillas de la dorada mies
y escalé las más altas y escarpadas montañas
por ver ignotos mundos tendidos a mis pies.

Creí en el Ser supremo con fe sencilla y pura
y mis mejores cantos fueron en su loor.
En el feraz cortijo junto a la selva oscura
los ubérrimos surcos regué con mi sudor.

Y tras la dura brega cuántas veces tendido
de espalda, en el collado, bajo el pomposo tul,
el cielo inmarcesible contemplé sorprendido,
escruté las alturas y me embriagué de azul.

Tuve una profesora: la gran naturaleza
que me ofreció sus dones y me enseño a pensar.
Por eso es que mis cantos de amor y de tristeza
huelen a tierra virgen, a musgos y azahar.

Pero el destino un día me arrancó de mis lares,
me empujó por el mundo lejos de mi heredad.
Y hasta las mismas playas adustas de los mares
llevé mi desamparo, llevé mi soledad.

Sufrí la cruel nostalgia del tigre prisionero
que sueña con las pampas pictóricas de sol
mientras copian sus ojos tras barrotes de acero
el último celaje del último arrebol.

Ayer volví al terruño cantando mis rondeles,
volví al suelo nativo donde la dicha está;
de allá traigo este fresco manojo de claveles,
claveles de mi tierra ¡claveles de Iscalá!

CANTOS DE GLORIA
Pantano de Vargas

Bajo un cielo cubierto de nubes invernales
se aprestan belicosas ya las huestes rivales
a comenzar la cruenta lid.

Junto a cada compacto pelotón, con austera
y marcial apostura, tremolante bandera
empuña firme un adalid.

Los hijos de la pampa, heroicos llaneros,
los bravos irlandeses y los rubios iberos
prontos e impávidos se ven...

De súbito en los grises y lejanos confines
enloquece los vientos la voz de los clarines
con su llamada a somatén...

Entonces cien caballos se disparan sin freno
con los vientres rasantes sobre el agrio terreno
en rudo ataque contumaz.

El cañón, como un pulso, palpita en lontananza
y su latido es ritmo que en la sangrienta danza
lleva, simétrico, el compás.

Soldados andrajosos cabalgan los corceles;
con los torsos desnudos esos héroes noveles,
en loco afán de libertad,

van ciegos a la lucha, la brida entre los dientes
y en las crispadas manos las lanzas relucientes,
en fiera acción de heroicidad.

Los dos bandos se embisten con idéntica inquina;
se atacan y confunden en mortal degollina
que causa lágrimas y horror.

Y al final del combate, cual signo de victoria,
sobre el sangriento campo -como lampo de gloria-
tremola un trapo tricolor.

EGLOGA DE ISCALÁ
(Fragmento)

Comarca de mis mayores,
solar alegre y risueño,
bajo el dombo inmarcesible
y azul de tu firmamento
yo me convertí en un hombre
nutriéndome de tu seno,
y arañando tu corteza
para arrancarte el sustento
en las labores del agro
mis manos se encallecieron,
y aprendí a elevar a Dios
mi oración en cantos bellos,
bellos como las zagalas
que en el corral del ordeño
encendidas de rubor daban
gritos de aspaviento
cuando algún golpe de brisa,
desordenado y grosero,
les alzaba las enaguas
y luego salía corriendo
remolinando las hojas
caídas de los abetos.
En noches de plenilunio,
tachonadas de luceros,
de guitarras y bandolas
se escuchaban los arpegios
junto a ventanas ornadas
de ababoles entreabiertos.
Y cómo eran de agradables
esos alegres jaleos
-a veces improvisados-
en Nochebuena, año nuevo,
en la fiesta de San Pedro,
donde las chicas lucían
sus más vistosos atuendos
y bailaban con los brazos
ceñidos a nuestro cuello
como dogales de gloria
que quitaban el aliento.

SEMBLANZA

Mi abuelito materno (Dios lo tenga en descanso)
era un labriego andino quemado por el sol;
un típico mulato pausado y apacible
con sangre de aborigen y sangre de español.

Lucía unos bigotes retorcidos y canos
y arriscados -fingían dos rabos de alacrán-;
la indecible tristeza de la raza vencida
colmaba sus dolientes pupilas de jayán.

Tenía el mentón partido, la nariz aguileña
y notorios desgarbos en su estampa senil;
llevaba en sus cabellos la impoluta blancura
del vellón de los albos corderos del redil.

A la puerta del rancho se sentaba en las tardes
con las manos lisiadas de ligero temblor,
y nosotros, sus nietos, en banda alborozada
le pedíamos en coro: "cuente un cuento "ñoñor".

Era admirable cómo el buen viejo tenía
un ameno relato para cada ocasión;
yo heredé de mi abuelo los nostálgicos ojos,
Ia estampa desgarbada y el partido mentón.