| La
Nueva gramática, publicada por Espasa, está a la venta desde el
4 de diciembre de 2009. Es la primera gramática académica desde
1931 y ofrece el resultado de once años de trabajo de las veintidós
Academias de la Lengua Española, que aquí fijan la norma lingüística
para todos los hispanohablantes. Esta
acción conjunta de las Academias significa la articulación de un
consenso que fija la norma común para todos los hispanohablantes, armonizando
la unidad del idioma con la fecunda diversidad en que se realiza. Ignacio
Bosque, académico de la Española, ha sido el ponente de una obra
que implica una enorme labor de documentación e investigación. Una
Comisión Interacadémica, formada por representantes de todas las
áreas lingüísticas, ha coordinado los trabajos. Un
mapa del español La Nueva
gramática de la lengua española pretende ofrecer un mapa del español
en todo el mundo, una representación a escala de su estructura. Se caracteriza
por ser una obra: Colectiva.
Ha sido elaborada por las veintidós Academias de la Lengua Española
y muestra el español de todas las áreas lingüísticas
con sus variantes geográficas y sociales. Panhispánica.
Refleja la unidad y la diversidad del español. Descriptiva.
Expone las pautas que conforman la estructura del idioma y analiza de forma pormenorizada
las propiedades de cada construcción. Normativa.
Recomienda unos usos y desaconseja otros. Sintética.
Conjuga tradición y novedad. Presenta una síntesis de los estudios
clásicos y modernos sobre la gramática del español. - Práctica.
Fija un punto de referencia para estudiantes y profesores del español en
diversos niveles académicos.
Objetivos
Describir
las construcciones gramaticales propias del español general, así
como reflejar adecuadamente las variantes fónicas, morfológicas
y sintácticas. Ofrecer
recomendaciones de carácter normativo. Ser
obra de referencia para el conocimiento y la enseñanza del español.
Novedades
ESPECIAL
ATENCIÓN A LOS USOS AMERICANOS.
Por
primera vez en una gramática académica se otorga una destacada atención
a los usos del español en las distintas áreas lingüísticas.
Las fuentes para describir la variación geográfica son dobles: por
un lado, los textos actuales; por otro, la conciencia lingüística
de los hablantes americanos.
AMPLIA
Y VARIADA BASE DOCUMENTAL.
La
construcción de la Nueva gramática se apoya en un amplio repertorio
de textos de muy diversa índole (literarios, ensayísticos, científicos,
periodísticos y orales).
La nómina
de textos citados es una de las más extensas de cuantas se hayan usado
en un estudio lingüístico sobre el español. Se compone de alrededor
de 3700 referencias bibliográficas, que comprenden más de 2000 autores
y 300 medios de comunicación, procedentes de todas las épocas y
áreas del mundo hispánico.
Contenido La
obra se articula en tres partes fundamentales:
Cuestiones
generales, donde se describen las partes de la Gramática, las relaciones
entre ellas y las unidades fundamentales del análisis gramatical. Morfología,
que analiza la estructura interna de las palabras. Sintaxis,
que analiza las estructuras que se crean en función de la forma en que
se ordenan y combinan las palabras.
Durante
2011 está prevista la publicación del tomo de la fonética
y fonología, que irá acompañado de un DVD con muestras de
la pronunciación del español en las diferentes zonas. Versiones
de la gramática La construcción
de la Nueva gramática se apoya en un amplio repertorio de textos de muy
diversa índole (literarios, ensayísticos, científicos, periodísticos
y orales). La nómina de textos citados es una de las más extensas
de cuantas se hayan usado en un estudio lingüístico sobre el español. Para
adecuarse a las distintas necesidades de sus destinatarios, se presenta en tres
versiones: Nueva
gramática de la lengua española. Recoge el texto completo y
detallado. Puede usarse como obra de consulta general y como texto de estudio
en el nivel universitario. Manual.
Un volumen de 750 páginas, conciso y didáctico, dirigido especialmente
a los profesores y estudiantes de español en los niveles no universitarios
y a todos los hispanohablantes de nivel culto medio. Ambas obras se presentaron
internacionalmente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara el 27 de
noviembre de 2010. - Gramática
básica. Un volumen de 250 páginas, pensado para el gran público
y fácilmente adaptable al ámbito escolar, que presenta, muy simplificados,
los conceptos fundamentales. Aparecerá en la primavera de 2011.
El
objetivo de las Academias es conseguir que la Nueva gramática, en sus diferentes
versiones, llegue a todos los hispanohablantes: a los usuarios y a los especialistas
e investigadores; a los que tienen el español como primera o segunda lengua,
y a los profesores de español en los diversos niveles académicos. 1.
Exclusión de los dígrafos ch y ll del abecedario
Se excluyen definitivamente del
abecedario los signos ch y ll, ya que, en realidad, no son letras, sino dígrafos,
esto es, conjuntos de dos letras o grafemas que representan un solo fonema. El
abecedario del español queda así reducido a las veintisiete letras
siguientes: a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r,
s, t, u, v, w, x, y, z.
El español
se asimila con ello al resto de las lenguas de escritura alfabética, en
las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en
todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus
fonemas.
La eliminación de
los dígrafos ch y ll del inventario de letras del abecedario no supone,
en modo alguno, que desaparezcan del sistema gráfico del español.
Estos signos dobles seguirán utilizándose como hasta ahora en la
escritura de las palabras españolas: el dígrafo ch en representación
del fonema /ch/ (chico [chíko]) y el dígrafo ll en representación
del fonema /ll/ o, para hablantes yeístas, del fonema /y/ (calle [kálle,
káye]). La novedad consiste, simplemente, en que dejan de contarse entre
las letras del abecedario.
Al tratarse
de combinaciones de dos letras, las palabras que comienzan por estos dígrafos
o que los contienen no se alfabetizan aparte, sino en los lugares que les corresponden
dentro de la c y de la l, respectivamente. La decisión de adoptar el orden
alfabético latino universal se tomó en el X Congreso de la Asociación
de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994, y viene aplicándose
desde entonces en todas las obras académicas.
2.
Propuesta de un solo nombre para cada una de las letras del abecedario
Algunas
de las letras tienen varios nombres con tradición y vigencia en diferentes
zonas del ámbito hispánico. La nueva edición de la ortografía,
sin ánimo de interferir en la libertad de cada hablante o país de
seguir utilizando el nombre al que esté habituado, pretende promover hacia
el futuro un proceso de convergencia en la manera de referirse a las letras del
abecedario, razón por la que recomienda, para cada una de ellas, una denominación
única común. El nombre común recomendado es el que aparece
en la relación siguiente debajo de cada letra.
a,
A b, B c, C d, D e, E f, F g, G h, H i, I a
be ce de e efe ge hache i j, J k, K l, L m, M n, N ñ, Ñ
o, O p, P q, Q jota ka ele eme ene eñe o pe cu r, R s,
S t, T u, U v, V w, W x, X y, Y z, Z erre ese te u uve uve doble equis
ye zeta La recomendación
de utilizar un solo nombre para cada letra no implica, en modo alguno, que se
consideren incorrectas las variantes denominativas con vigencia en el uso que
presentan algunas de ellas, y que a continuación se comentan:
La
letra v tiene dos nombres: uve y ve. El nombre uve es el
único empleado en España, pero también es conocido y usado
en buena parte de América, donde, no obstante, está más extendido
el nombre ve. Los hispanohablantes que utilizan el nombre ve suelen
acompañarlo de los adjetivos corta, chica, chiquita,
pequeña o baja, para poder distinguir en la lengua oral el
nombre de esta letra del de la letra b (be), que se pronuncia exactamente
igual. El hecho de que el nombre uve se distinga sin necesidad de añadidos
del nombre de la letra b justifica su elección como la denominación
recomendada para la v en todo el ámbito hispánico.
La
letra b se denomina simplemente be entre aquellos hispanohablantes que
utilizan el nombre uve para la letra v. En cambio, quienes llaman ve (corta,
chica, chiquita, pequeña o baja) a la v utilizan habitualmente para la
b las denominaciones complejas be larga, be grande o be alta, añadiendo
en cada caso el adjetivo opuesto al que emplean para referirse a la v.
La
letra w presenta también varios nombres: uve doble, ve
doble, doble uve, doble ve y doble u (este último,
calco del inglés double u). Se da preferencia a la denominación
uve doble por ser uve el nombre común recomendado para la letra v y ser
más natural en español la colocación pospuesta de los adjetivos.
La letra
y se denomina i griega o ye. El nombre i griega, heredado
del latino, es la denominación tradicional y más extendida de esta
letra, y refleja su origen y su empleo inicial en préstamos del griego.
El nombre ye se creó en la segunda mitad del siglo XIX por aplicación
del patrón denominativo que siguen la mayoría de las consonantes,
que consiste en añadir la vocal e a la letra correspondiente (be,
ce, de, etc.). La elección de ye como nombre recomendado
para esta letra se justifica por su simplicidad, ya que se diferencia, sin necesidad
de especificadores, del nombre de la letra i.
La
letra i, cuyo nombre es i, recibe también la denominación
de i latina para distinguirla de la letra y cuando para esta última
se emplea la denominación tradicional de i griega. A diferencia
de las variantes denominativas que se acaban de exponer, todas ellas válidas,
no se consideran hoy aceptables los nombres alternativos que han recibido algunas
otras letras en el pasado; así, se aconseja desechar definitivamente el
nombre ere para la r, así como las formas ceta, ceda
y zeda para la z. Los únicos nombres válidos
hoy para estas letras son, respectivamente, erre y zeta.
3.
Sustitución, por grafías propias del español, de la q etimológica
con valor fónico independiente en aquellos extranjerismos y latinismos
plenamente adaptados al español (quorum >cuórum)
En
el sistema ortográfico del español, la letra q solo tiene
uso como elemento integrante del dígrafo qu para representar el
fonema /k/ ante las vocales e, i (queso [késo], quién
[kién]). Este mismo fonema se representa, en el resto de las posiciones,
con la letra c (canguro [kangúro], corto [kórto], cuenta
[kuénta], acné [akné], tictac [tikták]), aunque
en préstamos de otras lenguas también puede aparecer representado
por la letra k en cualquier posición (karaoke [karaóke],
kilo [kílo], koala [koála], kurdo [kúrdo],
búnker [búnker], anorak [anorák]).
Es,
por lo tanto, ajeno a la ortografía del español el empleo de la
letra q como grafema independiente, con valor fónico autónomo.
Por ello, los préstamos de otras lenguas, sean latinismos o extranjerismos,
cuya grafía etimológica incluya una q que por sí sola
represente el fonema /k/, si se adaptan al español, deben sustituir
esa q por las grafías propias de la ortografía española
para representar dicho fonema. En aplicación de esta norma, voces inglesas
como quark o quasar, o latinas como quorum o exequatur, deben escribirse
en español cuark, cuásar, cuórum y execuátur. En caso
de mantener las grafías etimológicas con q, estas voces han
de considerarse extranjerismos o latinismos crudos (no adaptados) y escribirse,
por ello, en cursiva y sin tilde.
Aunque en el ámbito de los nombres
propios (antropónimos y topónimos) es frecuente el uso de grafías
originarias no adaptadas o -si los nombres provienen de lenguas que emplean otro
alfabeto u otro sistema de escritura, como el árabe, el hebreo o el chino-
de transliteraciones de las grafías originarias al alfabeto latino, sin
adaptaciones ulteriores, en el caso de los topónimos mayores, como son
los nombres de países, es conveniente usar grafías plenamente adaptadas
a la ortografía del español. Por ello, aplicando la misma norma
que para los nombres comunes, se recomienda emplear con preferencia las grafías
Catar e Irak para los nombres de esos dos países árabes,
mejor que Qatar e Iraq, transcripciones de los originales árabes
que presentan un uso de la q ajeno al sistema ortográfico del español.
4.
Eliminación de la tilde en palabras con diptongos o triptongos ortográficos:
guion, truhan, fie, liais, etc.
Para poder aplicar con propiedad las
reglas de acentuación gráfica del español es necesario determinar
previamente la división de las palabras en sílabas. Y para dividir
silábicamente las palabras que contienen secuencias de vocales es preciso
saber si dichas vocales se articulan dentro de la misma sílaba, como diptongos
o triptongos (vais, o.pioi.de), o en sílabas distintas,
como hiatos (lí.ne.a, ta.o.ís.ta).
Al
no existir uniformidad entre los hispanohablantes en la manera de articular muchas
secuencias vocálicas, ya que a menudo, incluso tratándose de las
mismas palabras, unos hablantes pronuncian las vocales contiguas dentro de la
misma sílaba y otros en sílabas distintas, la ortografía
académica estableció ya en 1999 una serie de convenciones para fijar
qué combinaciones vocálicas deben considerarse siempre diptongos
o triptongos y cuáles siempre hiatos a la hora de aplicar las reglas de
acentuación gráfica, con el fin de garantizar la unidad en la representación
escrita de las voces que contienen este tipo de secuencias.
De acuerdo
con dichas convenciones, y con independencia de cuál sea su articulación
real en palabras concretas, se consideran siempre diptongos a efectos ortográficos
las combinaciones siguientes:
a. Vocal abierta (/a/, /e/,
/o/) seguida o precedida de vocal cerrada átona (/i/, /u/):
estabais, confiar, diario, afeitar, viento,
pie, doy, guion, aunar, acuario, actuado,
reunir, sueño, estadounidense, antiguo.
b.
Dos vocales cerradas distintas (/i/, /u/): triunfo, incluido,
diurno, huir, viuda, ruido.
Del mismo modo,
se consideran siempre triptongos a efectos ortográficos las secuencias
constituidas por una vocal abierta entre dos vocales cerradas átonas: confiáis,
actuáis, puntuéis, guau.
Como consecuencia
de la aplicación de estas convenciones, un grupo limitado de palabras que
tradicionalmente se habían escrito con tilde por resultar bisílabas
(además de ser agudas terminadas en -n, -s o vocal)
en la pronunciación de buena parte de los hispanohablantes -los que articulan
con hiato las combinaciones vocálicas que contienen- pasan a considerarse
monosílabas a efectos de acentuación gráfica, conforme a
su pronunciación real por otra gran parte de los hispanohablantes -los
que articulan esas mismas combinaciones como diptongos o triptongos-, y a escribirse,
por ello, sin tilde, ya que los monosílabos no se acentúan gráficamente,
salvo los que llevan tilde diacrítica.
Las palabras afectadas por
este cambio son formas verbales como crie, crio, criais,
crieis y las de voseo crias, cria (de criar); fie,
fio, fiais, fieis y las de voseo fias, fia (de
fiar); flui, fluis (de fluir); frio, friais
(de freír); frui, fruis (de fruir); guie,
guio, guiais, guieis y las de voseo guias, guia
(de guiar); hui, huis (de huir); lie, lio,
liais, lieis y las de voseo lias, lia (de liar);
pie, pio, piais, pieis y las de voseo pias,
pia (de piar); rio, riais (de reír);
sustantivos como guion, ion, muon, pion, prion,
ruan y truhan; y ciertos nombres propios, como Ruan y Sion.
Aunque
la ortografía de 1999, donde se establecieron las citadas convenciones,
prescribía ya la escritura sin tilde de estas palabras, admitía
que los hablantes que las pronunciasen como bisílabas pudiesen seguir acentuándolas
gráficamente. En cambio, a partir de la edición de 2010 se suprime
dicha opción, que quiebra el principio de unidad ortográfica, de
modo que las palabras que pasan a considerarse monosílabas por contener
este tipo de diptongos o triptongos ortográficos deben escribirse ahora
obligatoriamente sin tilde.
Esta convención es solo ortográfica,
por lo que no implica, en modo alguno, que los hablantes deban cambiar la manera
en que pronuncian naturalmente estas voces, sea con hiato o con diptongo.
Eliminación
de la tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos
incluso en casos de posible ambigüedad
La palabra solo,
tanto cuando es adverbio y equivale a solamente (Solo llevaba un par
de monedas en el bolsillo) como cuando es adjetivo (No me gusta estar solo),
así como los demostrativos este, ese y aquel, con
sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (Este es tonto; Quiero
aquella) o como determinantes (aquellos tipos, la chica esa),
no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación,
bien por tratarse de palabras llanas terminadas en vocal o en -s,
bien, en el caso de aquel, por ser aguda y acabar en consonante distinta de n
o s.
Aun así, las reglas ortográficas anteriores prescribían
el uso de tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos
para distinguirlos, respectivamente, del adjetivo solo y de los determinantes
demostrativos, cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas interpretaciones
y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos siguientes:
Trabaja sólo los domingos [= 'trabaja solamente los domingos'],
para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos [= 'trabaja
sin compañía los domingos']; o ¿Por qué compraron
aquéllos libros usados? (aquéllos es el sujeto de la
oración), frente a ¿Por qué compraron aquellos libros
usados? (el sujeto de esta oración no está expreso y aquellos
acompaña al sustantivo libros).
Sin embargo, ese empleo tradicional
de la tilde en el adverbio solo y los pronombres demostrativos no cumple
el requisito fundamental que justifica el uso de la tilde diacrítica, que
es el de oponer palabras tónicas o acentuadas a palabras átonas
o inacentuadas formalmente idénticas, ya que tanto solo como los
demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones.
Por eso, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas
incluso en casos de ambigüedad. La recomendación general es, pues,
no tildar nunca estas palabras.
Las posibles ambigüedades pueden resolverse
casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico),
en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones
interpretativas. Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que
el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre
pueden evitarse por otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente
o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación
adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido
o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación.
Supresión
de la tilde diacrítica en la conjunción disyuntiva o escrita entre
cifras
Hasta ahora se venía recomendando escribir con tilde
la conjunción disyuntiva o cuando aparecía entre dos cifras,
a fin de evitar que pudiera confundirse con el cero. Este uso de la tilde diacrítica
no está justificado desde el punto de vista prosódico, puesto que
la conjunción o es átona (se pronuncia sin acento) y tampoco
se justifica desde el punto de vista gráfico, ya que tanto en la escritura
mecánica como en la manual los espacios en blanco a ambos lados de la conjunción
y su diferente forma y menor altura que el cero evitan suficientemente
que ambos signos puedan confundirse (1 o 2, frente a 102). Por lo
tanto, a partir de este momento, la conjunción o se escribirá
siempre sin tilde, como corresponde a su condición de palabra monosílaba
átona, con independencia de que aparezca entre palabras, cifras o signos:
¿Quieres té o café?; Terminaré dentro de
3 o 4 días; Escriba los signos + o - en la casilla correspondiente.
Normas
sobre la escritura de los prefijos (incluido ex-, que ahora recibe el mismo tratamiento
ortográfico que los demás prefijos: exmarido, ex primer ministro)
Por
primera vez se ofrecen en la ortografía académica normas explícitas
sobre la escritura de las voces o expresiones prefijadas.
Los prefijos
son elementos afijos, carentes de autonomía, que se anteponen a una base
léxica (una palabra o, a veces, una expresión pluriverbal) a la
que aportan diversos valores semánticos. Se resumen a continuación
las normas que deben seguirse para la correcta escritura de los prefijos en español:
c.
Se escriben siempre soldados a la base a la que afectan cuando esta es univerbal,
es decir, cuando está constituida por una sola palabra: antiadherente,
antirrobo, antitabaco, cuasiautomático, cuasidelito,
exalcohólico, exjefe, exministro, exnovio,
expresidente, posmoderno, posventa, precontrato, prepago,
proamnistía, probritánico, provida, superaburrido,
superbién, supermodelo, vicealcalde, vicesecretario,
etc. En este caso, no se consideran correctas las grafías en las que el
prefijo aparece unido con guion a la palabra base ( anti-mafia, anti-cancerígeno)
o separado de ella por un espacio en blanco ( anti mafia, anti cancerígeno).
Si se forma una palabra anteponiendo a la base varios prefijos, estos deben escribirse
igualmente soldados, sin guion intermedio: antiposmodernista, requetesuperguapo.
d.
Se unen con guion a la palabra base cuando esta comienza por mayúscula,
de ahí que se emplee este signo de enlace cuando el prefijo se antepone
a una sigla o a un nombre propio univerbal: anti-ALCA, mini-USB,
pos-Gorbachov, pro-Obama. El guion sirve en estos casos para evitar
la anomalía que supone, en nuestro sistema ortográfico, que aparezca
una minúscula seguida de una mayúscula en posición interior
de palabra. También es necesario emplear el guion cuando la base es un
número, con el fin de separar la secuencia de letras de la de cifras: sub-21,
super-8.
e. Se escriben necesariamente separados de la base
a la que afectan cuando esta es pluriverbal, es decir, cuando está constituida
por varias palabras. Hay determinados prefijos, como ex-, anti-
o pro-, que son especialmente proclives, por su significado, a unirse a
bases de este tipo, ya se trate de locuciones o de grupos sintácticos,
característica por la cual la gramática ha acuñado para ellos
la denominación de prefijos separables: ex relaciones públicas,
anti pena de muerte, pro derechos humanos. Esta misma circunstancia puede darse
también con otros prefijos: pre Segunda Guerra Mundial, super en forma,
vice primer ministro.
Así pues, un mismo prefijo se escribirá
soldado a la base, unido a ella con guion o completamente separado en función
de los factores arriba indicados: antimafia, anti-OTAN, anti
ácido láctico; provida, pro-OLP, pro
derechos humanos; supercansado, super-8, super en forma,
etc.
Las normas aquí expuestas rigen para todos los prefijos, incluido
ex-. Para este prefijo se venía prescribiendo hasta ahora la escritura
separada -con independencia de la naturaleza simple o compleja de su base-
cuando, con el sentido de 'que fue y ya no es', se antepone a sustantivos
que denotan ocupaciones, cargos, relaciones o parentescos alterables y otro tipo
de situaciones circunstanciales de las personas. A partir de esta edición
de la ortografía, ex- debe someterse a las normas generales que
rigen para la escritura de todos los prefijos y, por tanto, se escribirá
unido a la base si esta es univerbal (exjugador, exnovio, expresidente,
etc.), aunque la palabra prefijada pueda llevar un complemento o adjetivo especificativo
detrás: exjugador del Real Madrid, exnovio de mi hermana,
expresidente brasileño, etc.; y se escribirá separado de
la base si esta es pluriverbal: ex cabeza rapada, ex número uno,
ex teniente de alcalde, ex primera dama, etc.
Equiparación
en el tratamiento ortográfico de extranjerismos y latinismos, incluidas
las locuciones En la nueva ortografía se da cuenta de las normas
que deben seguirse cuando se emplean en textos españoles palabras o expresiones
pertenecientes a otras lenguas, siendo la principal novedad en este sentido la
equiparación en el tratamiento ortográfico de todos los préstamos
(voces o expresiones de otras lenguas que se incorporan al caudal léxico
del español), con independencia de que procedan de lenguas vivas extranjeras
(extranjerismos) o se trate de voces o expresiones latinas (latinismos).
De acuerdo con estas normas, los extranjerismos y latinismos crudos o no adaptados
-aquellos que se utilizan con su grafía y pronunciación originarias
y presentan rasgos gráfico-fonológicos ajenos a la ortografía
del español- deben escribirse en los textos españoles con algún
tipo de marca gráfica que indique su carácter foráneo, preferentemente
en letra cursiva, o bien entre comillas. En cambio, los extranjerismos y latinismos
adaptados -aquellos que no presentan problemas de adecuación a la ortografía
española o que han modificado su grafía o su pronunciación
originarias para adecuarse a las convenciones gráfico-fonológicas
de nuestra lengua- se escriben sin ningún tipo de resalte y se someten
a las reglas de acentuación gráfica del español:
Me encanta el ballet clásico / Me encanta el balé
clásico. Juego al paddle todos los domingos / Juego al pádel
todos los domingos La reunión se suspendió por falta
de quorum / La reunión se suspendió por falta de cuórum.
Así
pues, según la nueva ortografía, y tal como ilustra el último
ejemplo, los préstamos del latín solo se escribirán en letra
redonda y con sometimiento a las reglas de acentuación gráfica del
español cuando estén completamente adaptados a nuestro sistema ortográfico,
al igual que se hace con los préstamos de otros idiomas.
Por su
parte, las locuciones o dichos en otras lenguas que se utilicen en textos españoles
deben escribirse igualmente en cursiva -o, en su defecto, entre comillas- para
señalar su carácter foráneo, su consideración de incrustaciones
de otros idiomas en nuestra lengua:
La historia tuvo un happy end de
película. Su bien ganada fama de femme fatale le abría
todas las puertas. La tensión fue in crescendo hasta que,
finalmente, estalló el conflicto.
Según se establece
en la nueva edición de la ortografía, las locuciones latinas (expresiones
pluriverbales fijas en latín que se utilizan en todas las lenguas de cultura
occidentales, incluido el español, con un sentido más o menos cercano
al significado literal latino) deben recibir el mismo tratamiento ortográfico
que las provenientes de cualquier otra lengua. Por lo tanto, deben escribirse,
de acuerdo con su carácter de expresiones foráneas, en cursiva (o
entre comillas) y sin acentos gráficos, ya que estos no existen en la escritura
latina:
Así fue, grosso modo, como acabó aquel asunto.
Se casó in articulo mortis con su novia de toda la vida. Renunció
motu proprio a todos sus privilegios. Decidieron aplazar sine die
las negociaciones. El examen post mortem reveló indicios
de envenenamiento. Las grandes potencias eran partidarias de mantener el statu
quo.
Nota: Las próximas ediciones del diccionario académico
(DRAE) y el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) reflejarán todas
estas novedades. ________________________________________
Leísmo,
laísmo, loísmo
Para usar adecuadamente los pronombres
átonos de 3.ª persona lo(s), la(s), le(s)
según la norma culta del español general, debe tenerse en cuenta,
en primer lugar, la función sintáctica que desempeña el pronombre
y, en segundo lugar, el género y el número gramatical de la palabra
a la que se refiere. En el siguiente cuadro se muestra la distribución
de formas y funciones de estos pronombres:
| | | | singular | plural | | 3ª.
pers. |
compl. directo |
masc. | lo (también
le, cuando el referente es un hombre)1 | |
fem. | la | las | | neutro
| lo
| | | compl.
indirecto | | le (o
se ante otro pron. átono) | les (o
se ante otro pron. átono) |
1 En el Esbozo de una nueva gramática de la lengua
española (RAE, 1973) se condena el leísmo referido a
cosa, pero se permite el referido a persona masculina singular; el leísmo
plural siempre ha sido censurado por la Academia, ya que su baja incidencia desde
los textos castellanos más antiguos atestigua que tampoco lo ha sancionado
nunca mayoritariamente el uso de los hablantes cultos.
A continuación
se expone de forma sucinta la norma que rige el empleo de estos pronombres:
Cuando
el pronombre desempeña la función de complemento directo,
deben usarse las formas lo, los para el masculino (singular y plural,
respectivamente) y la, las para el femenino (singular y plural,
respectivamente):
¿Has visto a Juan? Sí, lo vi
ayer. ¿Has visto a Juan y a los niños? Sí, los
he visto en el parque. Compré la medicina y se la di sin que
nadie me viera. ¿Has recogido a las niñas? Sí, las
recogí antes de ir al taller.
[Dada la gran extensión
en el uso de los hablantes cultos de ciertas zonas de España de la forma
le cuando el referente es un hombre, se admite, únicamente para el masculino
singular, el uso de le en función de complemento directo de persona: ¿Has
visto a Jorge? Sí, le vi ayer en el parque].
Cuando
el pronombre desempeña la función de complemento indirecto,
deben usarse las formas le, les (singular y plural, respectivamente),
cualquiera que sea el género de la palabra a la que se refiera:
Le pedí disculpas a mi madre. Le dije a su
hermana que viniera. Les di un regalo a los niños.
A pesar de la aparente simplicidad del sistema, existen casos excepcionales
o aparentemente excepcionales dentro de la norma, así como una enorme variedad
en cuanto a los usos efectivos en las distintas zonas hispanohablantes. Si se
desea información pormenorizada, pueden consultarse los artículos
LEÍSMO, LAÍSMO y LOÍSMO del Diccionario
panhispánico de dudas, así como las entradas dedicadas a verbos
que plantean problemas a los hablantes en cuanto a la selección de los
pronombres átonos de tercera persona (avisar, ayudar,
curar, disparar, escribir, llamar, molestar, obedecer,
pegar, saludar, etc.). ________________________________________
Había
muchas personas, ha habido quejas, hubo problemas
Cuando el verbo
haber se emplea para denotar la mera presencia o existencia de personas
o cosas, funciona como impersonal y, por lo tanto, se usa solamente en tercera
persona del singular (que en el presente de indicativo adopta la forma especial
hay: Hay muchos niños en el parque). En estos casos, el elemento
nominal que acompaña al verbo no es el sujeto (los verbos impersonales
carecen de sujeto), sino el complemento directo. En consecuencia, es erróneo
poner el verbo en plural cuando el elemento nominal se refiere a varias personas
o cosas, ya que la concordancia del verbo la determina el sujeto, nunca el complemento
directo. Así, oraciones como Habían muchas personas en la sala,
Han habido algunas quejas o Hubieron problemas para entrar al concierto
son incorrectas; debe decirse Había muchas personas en la sala,
Ha habido algunas quejas, Hubo problemas para entrar al concierto.
[Más información en el Diccionario panhispánico
de dudas, s/v haber, 4]. ________________________________________
Hubieron
La forma verbal hubieron es la que corresponde
a la tercera persona del plural del pretérito perfecto simple o pretérito
de indicativo del verbo haber: hube, hubiste, hubo,
hubimos, hubisteis, hubieron.
USOS CORRECTOS:
Esta forma verbal se emplea, correctamente, en los casos siguientes:
Para
formar, seguida del participio del verbo que se está conjugando, la tercera
persona del plural del tiempo compuesto denominado pretérito anterior o
antepretérito de indicativo: hubieron terminado, hubieron comido,
hubieron salido. Este tiempo indica que la acción denotada por el
verbo ha ocurrido en un momento inmediatamente anterior al de otra acción
sucedida también en el pasado: Cuando todos hubieron terminado, se marcharon
a sus casas; Apenas hubieron traspasado el umbral, la puerta se cerró
de golpe. En el uso actual, este tiempo verbal aparece siempre precedido de
nexos como cuando, tan pronto como, una vez que, después
(de) que, hasta que, luego que, así que, no
bien, apenas. Prácticamente no se emplea en la lengua oral y
es hoy raro también en la escrita, pues en su lugar suele usarse, bien
el pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo (Cuando
todos terminaron, se marcharon a sus casas), bien el pretérito pluscuamperfecto
o antecopretérito de indicativo (Apenas habían traspasado el
umbral, la puerta se cerró de golpe).
Como
forma de la tercera persona del plural del pretérito perfecto simple o
pretérito de indicativo de la perífrasis verbal haber de + infinitivo,
que denota obligación o necesidad y equivale a la más usual hoy
tener que + infinitivo: El director y su equipo hubieron de recorrer muchos
lugares antes de encontrar los exteriores apropiados para la película.
USO
INCORRECTO:
No
se considera correcto el uso de la forma hubieron cuando el verbo haber se emplea
para denotar la presencia o existencia de personas o cosas, pues con este valor
haber es impersonal y, como tal, carece de sujeto (el elemento nominal que aparece
junto al verbo es el complemento directo) y se usa solo en tercera persona del
singular. Son, pues, incorrectas oraciones como Hubieron muchos voluntarios
para realizar esa misión o No hubieron problemas para entrar al
concierto; debe decirse Hubo muchos voluntarios para realizar esa misión
o No hubo problemas para entrar al concierto.
[Véase Había
muchas personas, ha habido quejas, hubo problemas en esta misma
sección]. ________________________________________
Habemos
USOS
INCORRECTOS:
En
la lengua culta actual, la primera persona del plural del presente de indicativo
del verbo haber es hemos, y no la arcaica habemos, cuyo uso
en la formación de los tiempos compuestos de la conjugación es hoy
un vulgarismo propio del habla popular que debe evitarse en el habla culta; así,
no debe decirse Habemos visto a tu hermano, sino Hemos visto a tu hermano.
También
debe evitarse en el habla culta el uso de habemos con el sentido de 'somos
o estamos', puesto que el verbo haber, cuando se emplea para denotar
la presencia o existencia de personas o cosas, es impersonal y, como tal, se usa
solo en tercera persona del singular: Hay pocos solteros en el pueblo;
Había tres personas en la habitación. Por lo tanto, si quien
habla desea incluirse en la referencia, no debe emplear el verbo haber
en primera persona del plural, como se hace a veces en el habla popular, recurriendo,
para el presente de indicativo, a la forma habemos: Habemos pocos solteros
en el pueblo, Habemos tres personas en la habitación; debe decirse
Somos pocos solteros en el pueblo, Estamos tres personas en la habitación.
[Más
información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v haber,
4]
USO CORRECTO:
Solo
es admisible hoy en la lengua culta el uso de la forma habemos como primera
persona del plural del presente de indicativo de la expresión coloquial
habérselas con una persona o cosa ('enfrentarse a ella o tratar con
ella a la fuerza'): Ya sabéis con quién nos las habemos;
Nos las habemos con un asesino despiadado. ________________________________________
Se
venden casas, Se buscan actores frente a Se busca a los culpables
La
palabra se sirve para formar dos tipos de oraciones, que no deben confundirse
aunque tengan en común el hecho de no mencionar quién realiza la
acción verbal:
a) ORACIONES DE PASIVA REFLEJA. En estas oraciones,
la forma se precede a un verbo en tercera persona del singular o del plural,
según sea singular o plural el elemento nominal que aparece junto al verbo
y que es su sujeto gramatical. Por tratarse de una forma de pasiva, esta construcción
solo se da con verbos transitivos: Se vende casa de campo / Se venden
casas de campo. Normalmente el sujeto de estas oraciones denota cosa, pero
puede denotar también persona indeterminada: Se buscan actores para
la película.
b) ORACIONES IMPERSONALES. Se llaman así
por carecer de sujeto gramatical y en ellas la forma se precede siempre
a un verbo en tercera persona del singular. Esta construcción puede darse
con verbos intransitivos (Se trabaja mejor en equipo), con verbos copulativos
(Se está mejor solo que mal acompañado) o con verbos transitivos
cuando llevan un complemento directo de persona precedido de la preposición
a (Se busca a los culpables del crimen).
La confusión entre
las oraciones de pasiva refleja (con el verbo en tercera persona del singular
o del plural, concertando con el sujeto paciente) y las oraciones impersonales
(carentes de sujeto y con el verbo inmovilizado en tercera persona del singular)
únicamente puede darse con verbos transitivos, pues son los únicos
que pueden generar ambos tipos de oraciones: Se buscan casas con jardín
(pasiva refleja) / Se busca a los culpables (impersonal). En caso
de duda sobre cuándo utilizar una u otra construcción pueden resultar
útiles las indicaciones siguientes:
Si
el elemento nominal sobre el que recae la acción verbal expresa cosa, debe
emplearse la construcción de pasiva refleja; por tanto, el verbo ha de
ir en plural si dicho elemento nominal es plural:
Se hacen fotocopias.
Se produjeron irregularidades. Se reanudarán los trabajos de rehabilitación.
Si
el elemento nominal expresa persona y no va precedido de la preposición
a, se emplea también la construcción de pasiva refleja:
Se buscan actores para la película. Se contratarán nuevos
trabajadores para el proyecto. Se necesitan especialistas en informática.
Si
el elemento nominal expresa persona y va precedido de la preposición a,
debe emplearse la construcción impersonal; por tanto, el verbo irá
en singular aunque el elemento nominal sea plural:
Entre los gitanos
se respeta mucho a los ancianos. Se entrevistó a los candidatos para
el puesto. Se busca a quienes presenciaron lo ocurrido.
[Más
información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v se, 2]. ________________________________________
Detrás de mí, encima de mí, al lado mío
En
la lengua culta debe evitarse el uso de adverbios como cerca, detrás,
delante, debajo, dentro, encima, enfrente con
adjetivos posesivos; así pues, no debe decirse detrás mío,
encima suya, etc., sino detrás de mí, encima de
él, etc.
El origen de este error está en equiparar el
complemento preposicional introducido por la preposición de (detrás
de María) con los complementos de posesión, de estructura formalmente
idéntica (la casa de María). Sin embargo, se trata de construcciones
diferentes: en la primera (detrás de María), el núcleo
del que depende el complemento preposicional es un adverbio (detrás),
mientras que en la segunda (la casa de María) es un sustantivo (casa).
Puesto que los adjetivos posesivos son modificadores del sustantivo, solo si el
complemento encabezado por de depende de un sustantivo puede sustituirse sin problemas
por un posesivo:
la casa de María = su casa o la casa suya.
Sin
embargo, los adverbios no son susceptibles de ser modificados por un posesivo,
de forma que no admiten la transformación descrita:
detrás
de María no equivale a su detrás, por lo que no es admisible
decir detrás suya ni detrás suyo.
En consecuencia,
para discernir si es o no correcta una expresión con posesivo, debemos
fijarnos en la categoría de la palabra núcleo: si es un sustantivo,
será correcta (puede decirse al lado mío, pues lado
es un sustantivo); pero no será correcta si se trata de un adverbio (no
puede decirse cerca mío, pues cerca es un adverbio).
Para
no equivocarse, resulta útil saber que si se puede usar el posesivo átono
antepuesto, la construcción con el posesivo tónico pospuesto será
también válida:
Estoy al lado de María >
Estoy a su lado > Estoy al lado suyo (CORRECTO) Giraban
alrededor de ti > Giraban a tu alrededor > Giraban alrededor
tuyo (CORRECTO) pero
Estoy detrás de María
> Estoy en su detrás > Estoy detrás suyo/suya
(INCORRECTO). Vive cerca de ti > Vive en tu cerca >
Vive cerca tuyo/tuya (INCORRECTO).
Por último, es
importante señalar que el posesivo pospuesto debe concordar en género
con el sustantivo al que modifica; así pues, debe decirse al lado suyo
(y no al lado suya), puesto que el sustantivo lado es masculino. ________________________________________
Dobles
participios: imprimido/impreso, freído/frito, proveído/provisto
Los
únicos verbos que en la lengua actual presentan dos participios, uno regular
y otro irregular, son imprimir (imprimido/impreso), freír
(freído/frito) y proveer (proveído/provisto),
con sus respectivos derivados. Los dos participios pueden utilizarse indistintamente
en la formación de los tiempos compuestos y de la pasiva perifrástica,
aunque la preferencia por una u otra forma varíe en cada caso (véase
el Diccionario panhispánico de dudas, s/v imprimir, freír,
proveer):
Hemos imprimido veinte ejemplares / Habían impreso
las copias en papel fotográfico. Nos hemos proveído de
todo lo necesario / Se había provisto de víveres abundantes. Las
empanadillas han de ser freídas dos horas antes / Nunca había frito
un huevo.
No debe asimilarse el caso de estos participios verbales
irregulares con el del nutrido grupo de adjetivos procedentes de participios latinos,
como abstracto (del latín abstractus, participio de abstrahere),
atento (del lat. attentus, part. de attendere), confuso
(del lat. confusus, part. de confundere), correcto (del lat. correctus,
part. de corrigere), contracto (del lat. contractus, part. de contrahere),
tinto (del lat. tinctus, part. de tingere), etc. Algunas
de estas formas pueden haber funcionado como participios verbales en épocas
pasadas del idioma, pero hoy funcionan solamente como adjetivos y, por lo tanto,
no se usan en la formación de los tiempos compuestos ni de la voz pasiva
de los verbos correspondientes (no se dice Han contracto matrimonio o Son
correctos por el profesor, sino Han contraído matrimonio o Son
corregidos por el profesor). Por lo tanto, la consideración de estos
verbos como "verbos con doble participio" carece de justificación
gramatical. ________________________________________
Doble negación:
no vino nadie, no hice nada, no tengo ninguna
En español existe
un esquema particular de negación, que permite combinar el adverbio no
con la presencia de otros elementos que tienen también sentido negativo.
Los adverbios nunca, jamás, tampoco, los indefinidos
nadie, nada, ninguno, la locución en la/mi/tu/su
vida y los grupos que contienen la palabra ni aparecen siempre en
oraciones de sentido negativo. Si estos elementos van antepuestos al verbo, este
no va acompañado del adverbio de negación no: Nunca
voy al teatro; Él tampoco está de acuerdo;
Jamás lo haré; Nadie lo sabe; Nada
de lo que dice tiene sentido; Ninguno de ellos es actor; En
su vida lo conseguirá; Ni su padre lo perdonaría.
Pero si van pospuestos al verbo, este debe ir necesariamente precedido del adverbio
no: No voy nunca al teatro; Él no
está de acuerdo tampoco; No lo haré jamás;
No lo sabe nadie; No tiene sentido nada
de lo que dice; No es actor ninguno de ellos; No
lo conseguirá en su vida; No lo perdonaría
ni su padre. La concurrencia de esas dos "negaciones"
no anula el sentido negativo del enunciado, sino que lo refuerza. ________________________________________
Infinitivo
por imperativo
Cuando se da una orden a una segunda persona (del singular
o del plural), deben usarse las formas propias del imperativo, si la oración
es afirmativa, o las formas correspondientes del subjuntivo, si la oración
es negativa, va introducida por la conjunción que o se dirige a un interlocutor
al que se trata de usted.
SINGULAR Tómate toda
la sopa y deja de protestar. No te enfades y ponnos otro café.
Que te calles. Hágame caso. PLURAL ¡Venid
aquí ahora mismo, granujas! Poneos el pijama y dormíos cuanto
antes. No lleguéis tarde. Que os estéis quietos. Cierren
la puerta y siéntense, por favor.
No se considera correcto,
en el habla esmerada, el uso del infinitivo en lugar del imperativo para dirigir
una orden a una segunda persona del plural, como se hace a menudo en el habla
coloquial: ¡Venir aquí ahora mismo, granujas!
Poneros
el pijama y dormiros cuanto antes. Solo es válido el empleo del infinitivo
con valor de imperativo dirigido a una segunda persona del singular o del plural
cuando aparece precedido de la preposición a, uso propio de la lengua oral
coloquial: ¡Tú, a callar!; Niños, a dormir.
No
debe confundirse el empleo desaconsejable del infinitivo en lugar del imperativo
de segunda persona del plural con la aparición del infinitivo con valor
exhortativo en indicaciones, advertencias, recomendaciones o avisos dirigidos
a un interlocutor colectivo e indeterminado, habituales en las instrucciones de
uso de los aparatos, las etiquetas de los productos o los carteles que dan indicaciones,
hacen recomendaciones de tipo cívico o prohíben determinadas acciones
en lugares públicos: Consumir a temperatura ambiente; Depositar
la basura en las papeleras; No fumar; Lavar a mano. Se trata,
en estos casos, de estructuras impersonales en las que no se da una orden directa,
sino que se pone de manifiesto una recomendación, una obligación
o una prohibición de carácter general, en las que hay que sobrentender
fórmulas del tipo Se debe consumir... / Es preciso consumirlo...
/ Hay que consumirlo... / Se recomienda consumirlo...; Debe
depositarse la basura en las papeleras / Hay que depositar la basura a
las papeleras; No se puede fumar / No se permite fumar; Debe
lavarse a mano / Se recomienda lavarlo a mano. ________________________________________
El
agua, esta agua, mucha agua
El sustantivo agua es de género
femenino, pero tiene la particularidad de comenzar por /a/ tónica
(la vocal tónica de una palabra es aquella en la que recae el acento de
intensidad: [água]). Por razones de fonética histórica,
este tipo de palabras seleccionan en singular la forma el del artículo,
en lugar de la forma femenina normal la. Esta regla solo opera cuando el
artículo antecede inmediatamente al sustantivo, de ahí que digamos
el agua, el área, el hacha; pero si entre el artículo
y el sustantivo se interpone otra palabra, la regla queda sin efecto, de ahí
que digamos la misma agua, la extensa área, la afilada
hacha. Puesto que estas palabras son femeninas, los adjetivos deben concordar
siempre en femenino: el agua clara, el área extensa, el
hacha afilada (y no el agua claro, el área extenso, el
hacha afilado).
Por su parte, el indefinido una toma generalmente
la forma un cuando antecede inmediatamente a sustantivos femeninos que
comienzan por /a/ tónica: un área, un hacha,
un águila (si bien no es incorrecto, aunque sí poco frecuente,
utilizar la forma plena una: una área, una hacha, una
águila).
Asimismo, los indefinidos alguna y ninguna
pueden adoptar en estos casos las formas apocopadas (algún alma,
ningún alma) o mantener las formas plenas (alguna alma, ninguna
alma).
Al tratarse de sustantivos femeninos, con los demostrativos
este, ese, aquel o con cualquier otro adjetivo determinativo,
como todo, mucho, poco, otro, etc., deben usarse las
formas femeninas correspondientes: esta hacha, aquella misma arma,
toda el agua, mucha hambre, etc. (y no este hacha, aquel
mismo arma, todo el agua, mucho hambre, etc.).
[Más
información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v el, 2]. ________________________________________
Ir
por agua o ir a por agua
El uso
de la secuencia de preposiciones a por tras verbos que indican movimiento,
como ir, venir, volver, salir, etc., con el sentido
de 'en busca de', es hoy normal en el español de España,
donde es corriente decir Ve a por agua, Salgo a por el pan, Volvió
a por el paraguas. En el español de América, en cambio, este
uso se percibe como anómalo y sigue siendo general allí el empleo
exclusivo, en estos casos, de la preposición por: Ve por agua, Salgo
por el pan, Volvió por el paraguas.
No
hay razones lingüísticas para condenar el uso de a por,
tan legítimo como el de otras combinaciones de preposiciones nunca censuradas,
como para con, de entre, por entre, tras de,
de por, etc. La secuencia a por (documentada ya en textos españoles
de los siglos XVI y XVII) se explica por el cruce de las estructuras ir
a un lugar (complemento de dirección) e ir por algo o alguien
('en busca de'), ya que en esta última está también
presente la idea de 'movimiento hacia'. Por
otra parte, el uso de ambas preposiciones, frente al empleo aislado de por,
resuelve en muchos casos problemas de ambigüedad; así, la oración
Voy por mi hijo puede significar 'voy a buscar a mi hijo', 'voy
en lugar de mi hijo', 'voy en favor o por el bien de mi hijo'
o 'voy porque me lo ha pedido mi hijo'; mientras que la oración
Voy a por mi hijo solo puede significar 'voy a buscar a mi hijo'.
________________________________________ Sustantivo
+ a + infinitivo: temas a tratar, problemas a resolver, etc.
Estas
estructuras, provenientes del francés, suelen considerarse inelegantes
y normativamente poco recomendables. Sin embargo, en determinados ámbitos
(en especial, el económico, el administrativo y el periodístico)
han alcanzado una extensión notable, debido a su brevedad. Aunque se admite
su empleo en determinados contextos (cantidad a ingresar, temas a tratar, problemas
a resolver, etc.), no debe olvidarse que en muchas ocasiones su uso es superfluo
y, por consiguiente, resulta preferible evitarlo.
[Para
una explicación detallada de los usos incorrectos y de los admisibles,
véase el Diccionario panhispánico de dudas, s/v a2, 3]. ________________________________________
Mayor
/ más mayor
Cuando mayor
forma procedente del comparativo latino maior se emplea con verdadero valor
comparativo, esto es, con el significado de 'que excede a otra cosa en tamaño,
cantidad, calidad o intensidad' y, referido a persona, 'que excede en edad a otra',
es incorrecta su combinación con más; así, El baño
no es más mayor que la cocina o Mi hermano Pedro es más mayor
que tú son oraciones incorrectas por El baño no es más
grande/mayor que la cocina o Mi hermano Pedro es mayor que tú.
Pero
mayor tiene, dentro del campo de la edad, sentidos en que funciona, no
como forma comparativa de grande, sino como un verdadero adjetivo en grado
positivo y, en esos casos, como el resto de los adjetivos, admite su combinación
con marcas de grado como más.
Mayor
carece de valor comparativo en los casos siguientes: Cuando
se opone a pequeño y significa 'de no poca edad'. Un niño
puede decir Ya soy mayor, queriendo expresar, simplemente, que ya no se
considera pequeño. Con este sentido mayor sí admite su combinación
con marcas de grado, como más, muy o tan: Cuando
seas más mayor, te compraremos una bicicleta; ¡Mira que tan
mayor y todavía con chupete!
Cuando
se usa con el sentido más preciso de 'adulto': Cuando sea mayor, me
iré de casa.
La existencia de estos usos no comparativos del
adjetivo mayor permite que sean posibles e igualmente correctas, aunque
de significado ligeramente diverso, las oraciones Cuando seas mayor (=
cuando seas adulta), podrás ponerte ese vestido y Cuando seas
más mayor (= cuando tengas más edad de la que tienes ahora),
podrás ponerte ese vestido.
Cuando
significa 'de edad avanzada': En los autobuses hay que ceder el asiento a las
personas mayores. También en este caso mayor admite su combinación
con marcas de grado: Encontré a tu padre cansado, más mayor,
casi un anciano. ________________________________________
Palabras
clave o palabras claves, copias pirata o copias piratas
En las
construcciones formadas por dos sustantivos que constituyen una unidad léxica,
en las que el segundo de ellos modifica al primero como si se tratara de un adjetivo,
normalmente solo el primer sustantivo lleva marca de plural: horas punta,
bombas lapa, faldas pantalón, ciudades dormitorio,
pisos piloto, coches cama, hombres rana, niños
prodigio, noticias bomba, sofás cama, etc. No obstante,
hay casos en que el segundo sustantivo puede adquirir un funcionamiento plenamente
adjetivo y adoptar también la marca de plural, como es característico
en esta clase de palabras.
Normalmente esto sucede cuando el segundo sustantivo
puede funcionar, con el mismo valor, como atributo del primero en oraciones copulativas;
esta es la razón de que pueda decirse Estados miembros, países
satélites, empresas líderes, palabras claves o
copias piratas (pues son posibles oraciones como Esos Estados son miembros
de la UE, Estos países fueron satélites de la Unión
Soviética, Esas empresas son líderes en su sector, Estas
palabras son claves para entender el asunto, Las copias requisadas son
piratas).
Es
decir, tanto palabras clave o copias pirata como palabras
claves o copias piratas son expresiones posibles y correctas. En el
primer caso, clave y pirata están funcionando como sustantivos
en aposición y no adoptan la marca de plural. En el segundo, están
funcionando como adjetivos plenos (con el sentido de 'fundamental', en el caso
de clave, y de 'ilegal o no autorizado', en el caso de pirata),
de ahí que adopten la marca de plural en consonancia con el sustantivo
plural al que modifican. ________________________________________
La
mayoría de los manifestantes, el resto de los alumnos, la mitad de los
presentes, etc. + verbo
Cuando este tipo
de estructuras funcionan como sujeto de una oración, a muchos hablantes
se les plantean problemas a la hora de conjugar el verbo. En general, es posible
poner el verbo tanto en singular (concordando con el sustantivo cuantificador
singular: mayoría, mitad, minoría, resto,
etc.) como en plural (concordando con el sustantivo plural que especifica de qué
seres se trata: manifestantes, alumnos, trabajadores, etc.),
siendo más habitual la concordancia en plural: La mayoría
de los manifestantes gritaba consignas / La mayoría
de los manifestantes gritaban consignas. La mitad de los
alumnos aprobó / La mitad de los alumnos aprobaron.
El resto de los profesores irá a la huelga / El
resto de los profesores irán a la huelga.
Pero si el
verbo lleva un atributo o un complemento predicativo (es decir, un elemento que,
formando parte del predicado, atribuye cualidades o estados a la entidad designada
por el sujeto), solo es normal poner el verbo en plural, pues el atributo o el
predicativo deben concordar asimismo en plural con el sustantivo plural al que
se refieren:
La mayoría de sus hijos eran altos.
La mitad de los cajones estaban vacíos. La mayor
parte de los excursionistas llegaron cansados.
[Más
información sobre problemas de concordancia en el Diccionario panhispánico
de dudas, s/v CONCORDANCIA]. ________________________________________
Veintiuna
personas, veintiuno por ciento
El numeral
uno, una se apocopa en la forma un únicamente cuando
antecede a sustantivos masculinos: un libro, un coche; o a sustantivos
femeninos que comienzan por /a/ tónica (una vocal es tónica
cuando en ella recae el acento prosódico o de intensidad): un águila,
un alma, un hacha; pero no se apocopa nunca cuando antecede a sustantivos
femeninos que no comienzan por /a/ tónica: una amapola, una
mujer, una novela.
Consecuentemente, todos los numerales compuestos
que contienen el numeral simple uno, una se comportan de la misma
manera y solo se apocopan ante sustantivos masculinos y ante sustantivos femeninos
que comienzan por /a/ tónica. Por lo tanto, igual que decimos una
mujer, una amapola, debemos decir veintiuna mujeres, treinta
y una amapolas (y no veintiún mujeres, treinta y un amapolas).
Asimismo,
debe decirse uno por ciento, veintiuno por ciento, treinta
y uno por ciento (y no un por ciento, veintiún por ciento,
treinta y un por ciento), ya que el numeral uno, una solo
se apocopa ante determinado tipo de sustantivos, y por es una preposición. ________________________________________
Veintiuna
mil personas o veintiún mil personas
Los
numerales compuestos que contienen el numeral simple uno, una concuerdan
en género con el sustantivo al que determinan cuando lo preceden inmediatamente,
por eso debe decirse veintiuna personas, treinta y una toneladas
(y no veintiún personas, treinta y un toneladas). [Para los
casos de apócope, véase Veintiuna personas, veintiuno
por ciento en esta misma sección].
Pero cuando entre el numeral
y un sustantivo femenino se interpone la palabra mil, la concordancia de
género es opcional, por lo que puede decirse tanto veintiún mil
personas, treinta y un mil toneladas, como veintiuna mil personas,
treinta y una mil toneladas.
La concordancia en femenino (veintiuna
mil personas, treinta y una mil toneladas) se está imponiendo
en el uso actual por influjo de la que obligatoriamente establecen los numerales
de la serie de las centenas, que acomodan siempre su género al del sustantivo,
lo precedan inmediatamente o no (setecientas toneladas, setecientas
mil toneladas). ________________________________________
Los
miles de personas
Como sustantivo, la palabra
mil es de género masculino y se usa, en singular, para designar
el propio número: Después del novecientos noventa y nueve viene
el mil. En plural significa 'millares' y va normalmente seguido de un complemento
especificativo introducido por la preposición de: Había
miles de personas en la puerta del estadio. Puesto que se trata de un sustantivo
masculino, los determinantes que lo acompañen deben ir también en
masculino: los miles de personas, unos miles de personas, esos
miles de personas (y no las miles de personas, unas miles de personas,
esas miles de personas). ________________________________________ Los
ciudadanos y las ciudadanas, los niños y las niñas
Este
tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista
lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe
la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es
decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: Todos
los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto. La
mención explícita del femenino se justifica solo cuando la oposición
de sexos es relevante en el contexto: El desarrollo evolutivo es similar en
los niños y las niñas de esa edad. La actual tendencia al desdoblamiento
indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio
de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas.
Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas
y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura
de los textos. El uso genérico
del masculino se basa en su condición de término no marcado en la
oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino
para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de
individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos
es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número
de alumnas sea superior al de alumnos varones. [Más
información sobre esta cuestión y otras relacionadas con el género
gramatical, en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v GÉNERO2]. ________________________________________
India
o la India, de Perú o del Perú
Muchos
nombres de países pueden usarse opcionalmente precedidos de artículo:
(el) Canadá, (los) Estados Unidos, (la) India, (el) Líbano, (el)
Perú, etc., siendo diferente en cada caso la preferencia mayoritaria por
una u otra opción. En estos topónimos el artículo no forma
parte del nombre propio, por lo que se escribe con minúscula y se amalgama
con las preposiciones a y de dando lugar a las contracciones al
y del: Nunca he estado en la India / Nunca he estado en India. Viajó
al Canadá / Viajó a Canadá. Vengo del Perú / Vengo
de Perú. Otros topónimos, en cambio, no admiten su uso
con artículo: Iremos a Chile, Han vuelto de Egipto, No conozco Noruega.
Para
saber qué nombres de países admiten el uso opcional con artículo,
puede consultarse el Apéndice 5: Lista de países y capitales, con
sus gentilicios del Diccionario panhispánico de dudas. En dicha lista,
en los nombres de países que pueden usarse precedidos de artículo,
este aparece entre paréntesis detrás del topónimo.
Existen,
además, algunos topónimos en los que el artículo es parte
indisociable del nombre propio. En esos casos, el artículo se escribe con
mayúscula inicial y no se amalgama en la escritura con las preposiciones
a y de: Lo conocí en La Habana. Volverá
a El Cairo el mes que viene. Vengo de El Salvador.
[Más
información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v el, 5 y
MAYÚSCULAS, 4.7, así como en los artículos dedicados específicamente
a diversos topónimos]. ________________________________________ Plural
de las siglas: las ONG, unos DVD
En español,
las siglas son invariables en la lengua escrita, es decir, no modifican su forma
cuando designan más de un referente. El plural se manifiesta en las palabras
que las introducen o que las modifican: varias ONG europeas, unos DVD,
los PC. Por eso es recomendable utilizar siempre un determinante para introducir
la sigla cuando esta ha de expresar pluralidad:
La medida ha sido apoyada
por diferentes ONG del país. ¿Con cuántos PC portátiles
podemos contar? Tengo muchos CD de este tipo de música.
Debe
evitarse el uso, copiado del inglés, de realizar el plural de las siglas
añadiendo al final una s minúscula, con o sin apóstrofo:
PC's, ONG's, PCs, ONGs. ________________________________________
Tilde
en las mayúsculas
Las letras mayúsculas
deben escribirse con tilde si les corresponde llevarla según las reglas
de acentuación gráfica del español, tanto si se trata de
palabras escritas en su totalidad con mayúsculas como si se trata únicamente
de la mayúscula inicial: Su
hijo se llama Ángel. ADMINISTRACIÓN ATENCIÓN, POR
FAVOR. La Real Academia Española
nunca ha establecido una norma en sentido contrario. La acentuación gráfica
de las letras mayúsculas no es opcional, sino obligatoria, y afecta a cualquier
tipo de texto. Las únicas mayúsculas que no se acentúan son
las que forman parte de las siglas; así, CIA (sigla del inglés
Central Intelligence Agency) no lleva tilde, aunque el hiato entre la vocal cerrada
tónica y la vocal abierta átona exigiría, según las
reglas de acentuación, tildar la i. ___________________________
Tilde
en las formas verbales con pronombres átonos: deme, estate, mirándolo,
etc.
Las
formas verbales seguidas de pronombres átonos (me, te, lo,
la, los, las, le, les, se, nos,
os) se escriben y se pronuncian como una sola palabra. Desde la ortografía
académica de 1999, estas palabras se someten como las demás a las
reglas de acentuación gráfica del español, sin constituir
ninguna excepción. Así, formas como estate, deme,
detente o arrepintiose se deben escribir sin tilde por ser palabras
llanas terminadas en vocal; formas como riéndonos, míralas,
cállate o decídselo se escriben con tilde por ser
esdrújulas; y oídle, subíos o sonreírte,
por contener hiatos de vocal cerrada tónica y abierta átona (o a
la inversa).
También las formas del imperativo de segunda persona
del singular características del voseo deben someterse a las reglas
de acentuación gráfica del español, tanto si se utilizan
seguidas de pronombres átonos como si no. Así, si estas formas
se usan sin pronombre añadido, llevan tilde por tratarse de palabras agudas
acabadas en vocal: contá, pensá, mirá,
bebé, salí; si se les añade un pronombre, dejan
de escribirse con tilde por convertirse en palabras llanas acabadas en vocal o
en -s: contame, pensalo, miranos, bebelo, salite
(pronunciadas [kontáme, pensálo, mirános,
bebélo, salíte]); y si se les añaden dos pronombres,
se escriben con tilde por convertirse en palabras esdrújulas: contámela,
pensátelo, miránoslos, bebételo. ________________________________________
Tilde
en qué, cuál/es, quién/es, cómo, cuán, cuánto/a/os/as,
cuándo, dónde y adónde
Las
palabras qué, cuál/es, quién/es, cómo, cuán,
cuánto/a/os/as, cuándo, dónde y adónde
son tónicas y se escriben con tilde diacrítica cuando tienen sentido
interrogativo o exclamativo. Estas palabras, por sí solas o precedidas
de alguna preposición, introducen oraciones interrogativas o exclamativas
directas: ¿Qué
ha dicho? ¡Con qué seriedad trabaja! ¿Con cuál
se queda usted? ¿De quién es esto? ¡Cómo
ha crecido este niño! ¡Cuán bello es este paisaje!
¿Cuántos han venido? ¿Hasta cuándo
os quedáis? ¿Adónde quieres ir? También
introducen oraciones interrogativas o exclamativas indirectas, integradas en otros
enunciados: Ya verás qué
bien lo pasamos. Le explicó cuáles eran sus razones.
No sé quién va a venir. No te imaginas cómo
ha cambiado todo. La nota indica cuándo tienen que volver.
Voy a preguntar por dónde se va al castillo.
Además,
pueden funcionar como sustantivos:
En
este trabajo lo importante no es el qué, sino el cuánto.
Ahora queda decidir el cómo y el cuándo de la
intervención. Sin embargo,
cuando estas mismas palabras funcionan como adverbios o pronombres relativos o,
en el caso de algunas de ellas, también como conjunciones, son átonas
(salvo el relativo cual, que es tónico cuando va precedido de artículo)
y se escriben sin tilde: El jefe,
que no sabía nada, no supo reaccionar. Esta es la razón
por la cual no pienso participar. Ha visto a quien tú
sabes. Cuando llegue ella, empezamos. ¿Estás buscando
un lugar donde dormir? No dijo que estuviese en paro. ¡Que
aproveche! Aunque los relativos,
presenten o no antecedente expreso, son normalmente átonos y se escriben
sin tilde, hay casos en que pueden pronunciarse tanto con acento prosódico
como sin él. Esta doble posibilidad se da cuando los relativos introducen
subordinadas relativas sin antecedente expreso, siempre que el antecedente implícito
sea indefinido y tenga carácter inespecífico (una persona,
alguien, algo, algún lugar, nadie, nada,
etc.). Esto ocurre cuando la oración de relativo sin antecedente depende
de verbos como haber, tener, buscar, encontrar, necesitar,
etc., que admiten complementos indefinidos de carácter inespecífico.
En estos casos es aceptable escribir el relativo tanto con tilde, reflejando la
pronunciación tónica, como sin ella, representando la pronunciación
átona. El problema es que no
hay con qué/que alimentar a tanta gente. Ya ha encontrado
quién/quien le quiera y no necesita nada más.
Buscó dónde/donde sentarse, pero no había asientos
libres. No tenía cómo/como defenderse de las acusaciones. ________________________________________
Porqué
/ porque / por qué / por que
a)
porqué
Es un sustantivo masculino
que equivale a causa, motivo, razón, y se escribe con tilde por ser palabra
aguda terminada en vocal. Puesto que se trata de un sustantivo, se usa normalmente
precedido de artículo u otro determinante: No
comprendo el porqué de tu actitud [= la razón de tu actitud]. Todo
tiene su porqué [= su causa o su motivo].
Como
otros sustantivos, tiene plural:
Hay
que averiguar los porqués de este cambio de actitud. b)
por qué
Se trata de la secuencia
formada por la preposición por y el interrogativo o exclamativo qué
(palabra tónica que se escribe con tilde diacrítica para distinguirla
del relativo y de la conjunción que). Introduce oraciones interrogativas
y exclamativas directas e indirectas: ¿Por
qué no viniste ayer a la fiesta? No comprendo por qué
te pones así. ¡Por qué calles más bonitas
pasamos!
Obsérvese que,
a diferencia del sustantivo porqué, la secuencia por qué
no puede sustituirse por términos como razón, causa o
motivo.
c) porque
Se
trata de una conjunción átona, razón por la que se escribe
sin tilde. Puede usarse con dos valores: Como
conjunción causal, para introducir oraciones subordinadas que expresan
causa, caso en que puede sustituirse por locuciones de valor asimismo causal
como puesto que o ya que:
No fui a la fiesta porque
no tenía ganas [= ya que no tenía ganas].
La ocupación
no es total, porque quedan todavía plazas libres [= puesto que
quedan todavía plazas libres].
También se emplea como encabezamiento
de las respuestas a las preguntas introducidas por la secuencia por qué:
- ¿Por qué no viniste? -Porque no tenía ganas.
Cuando tiene sentido causal, es incorrecta su escritura en dos palabras.
Como
conjunción final, seguida de un verbo en subjuntivo, con sentido equivalente
a para que: Hice cuanto pude porque no terminara así
[= para que no terminara así].
En este caso, se admite también
la grafía en dos palabras (pero se prefiere la escritura en una sola):
Hice cuanto pude por que no terminara así.
d)
por que
Puede tratarse de una de las siguientes secuencias:
La
preposición por + el pronombre relativo que. En este caso
es más corriente usar el relativo con artículo antepuesto (el
que, la que, etc.):
Este es el motivo por (el)
que te llamé. Los premios por (los) que
competían no resultaban muy atractivos.
No sabemos la verdadera
razón por (la) que dijo eso.
La
preposición por + la conjunción subordinante que.
Esta secuencia aparece en el caso de verbos, sustantivos o adjetivos que
rigen un complemento introducido por la preposición por y llevan
además una oración subordinada introducida por la conjunción
que:
Al final optaron por que no se presentase. Están
ansiosos por que empecemos a trabajar en el proyecto. Nos confesó
su preocupación por que los niños pudieran enfermar.
[Véase
el Diccionario panhispánico de dudas, s/v porque y porqué]. ________________________________________
A ver / haber
Aunque
a ver y haber se pronuncian de la misma forma, deben distinguirse
adecuadamente en la escritura.
a)
a ver
Se trata de la secuencia constituida
por la preposición a y el infinitivo verbal ver: Vete
a ver qué nota te han puesto. Los llevaron a ver los
monumentos de la ciudad.
Como
expresión fija, presenta distintos valores y usos:
En
tono interrogativo, se emplea para solicitar al interlocutor que nos deje ver
o comprobar algo: - Mira lo que he comprado. -¿A ver?
Expresa,
en general, expectación o interés por saber algo, y va normalmente
seguida de una interrogativa indirecta:
A ver cuándo
nos dan los resultados.
Se
utiliza para llamar la atención del interlocutor antes de preguntarle,
pedirle u ordenarle algo: A ver, ¿has hecho lo que te
dije? A ver, trae el cuaderno.
Equivale
a claro o naturalmente, como aceptación de algo que se considera
inevitable: - Pero ¿al final os vais? -¡A ver!
Si no lo hacemos, perdemos el dinero de la reserva.
Delante
de una oración introducida por la conjunción si, expresa,
bien expectación, curiosidad o interés, a veces en forma de reto;
bien temor o sospecha; bien deseo o mandato: ¡A ver si
adivinas lo que estoy pensando! A ver si te caes. A ver
si eres más organizado de ahora en adelante.
En muchos de estos
casos la secuencia a ver puede reemplazarse por veamos, lo que pone
de manifiesto su relación con el verbo ver y no con el verbo haber:
A ver con quién aparece mañana en la fiesta
[= Veamos con quién aparece mañana en la fiesta]. A ver
si te atreves a decírselo a la cara [= Veamos si te atreves a decírselo
a la cara]. b) haber Puede ser un verbo o un sustantivo:
Como
verbo, haber se usa como auxiliar, seguido de un participio, para formar
los infinitivos compuestos de la conjugación: Haber venido
antes. Tiene que haber sucedido algo. Sigo sin haber entendido
lo que ha pasado.
También se emplea como infinitivo del verbo
impersonal que denota la presencia o existencia de lo designado por el sustantivo
que lo acompaña: Parece haber un chico esperándote
en la puerta. Tiene que haber muchas cosas en el frigorífico.
Como
sustantivo, haber es masculino y significa, en general, 'conjunto de bienes
o caudales de una persona': Su haber era más bien escaso.
________________________________________
Has / haz
Aunque
en zonas de seseo has y haz se pronuncian de la misma forma, deben
distinguirse adecuadamente en la escritura. a) has
Se trata de
la forma correspondiente a la segunda persona del singular del presente de indicativo
del verbo haber (yo he, tu/vos has, él ha, nosotros hemos, vosotros
habéis, ellos/ustedes han), con el que se forman los tiempos compuestos
de la conjugación. Así, la forma has, seguida del participio
en -o del verbo que se está conjugando, da lugar a la segunda persona
del singular del pretérito perfecto simple (o pretérito) del modo
indicativo: Has llegado tarde. ¿Has
ido a ver a tu padre?
Esta forma se emplea además como segunda
persona del singular del presente de indicativo de la perífrasis verbal
haber de + infinitivo, que denota obligación o necesidad y equivale
a la más frecuente hoy tener que + infinitivo: Has
de estudiar más. [= Tienes que estudiar más]. Has
de saber que serás castigado. [= Tienes que saber que serás
castigado]. b) haz
Como verbo, se trata de la forma de imperativo
correspondiente al pronombre tú del verbo hacer:
Haz
lo que te digo o no te dejaré salir. Haz lo que tengas que
hacer. ________________________________________
Halla / haya
/ aya
La
mayor parte de los hispanohablantes pronuncian estas tres palabras de la misma
forma, ya que está muy generalizada la pérdida de la distinción
de los sonidos que representan las grafías ll e y. Pero conviene
distinguirlas adecuadamente en la escritura: a)
haya Puede ser un verbo o un sustantivo:
Como
verbo, es la forma de primera o tercera persona del singular del presente de subjuntivo
del verbo haber. Con este valor se utiliza, bien seguida de un participio
para formar el pretérito perfecto (o antepresente) de subjuntivo del verbo
que se esté conjugando (haya visto, haya mirado, etc.), bien como verbo
de una oración impersonal:
Espero que Luis haya aprobado.
No cree que el niño se haya vestido solo. Quizá haya
algo que podamos hacer.
Si estas oraciones se expresasen en otro tiempo
verbal, la forma haya sería reemplazada por otra forma del verbo haber:
Esperaba que esta vez Luis hubiese aprobado. No creía
que el niño se hubiese vestido solo. Quizá habría algo
que pudiéramos hacer.
Como
sustantivo, es femenino y designa un tipo de árbol: Hay que podar
el haya del jardín. Se sentó a la sombra de una
frondosa haya. b) halla
Es la forma de la tercera persona
del singular del presente de indicativo, o la segunda persona (tú) del
singular del imperativo, del verbo hallar(se), que significa 'encontrar(se)':
No sé cómo lo hace, pero halla siempre una excusa perfecta
para no ir. La sede de la organización se halla en París.
La flora se halla constituida por diferentes especies. Halla la
hipotenusa del siguiente triángulo rectángulo.
Obsérvese
que en estos casos la palabra halla se puede sustituir por la forma encuentra:
No sé cómo lo hace, pero encuentra siempre una excusa perfecta para
no ir. La sede de la organización se encuentra en París.
La flora se encuentra constituida por diferentes especies. Encuentra la hipotenusa
del siguiente triángulo rectángulo. c) aya
Es
un sustantivo femenino que significa 'mujer encargada en una casa del cuidado
y educación de los niños o jóvenes': Aún se
acordaba del aya sabia y cariñosa de su infancia. La vieja aya
seguía llevando a los niños al parque. ________________________________________
Echo, echa, echas / hecho, hecha, hechas
Todas las formas del verbo
echar (que significa, a grandes rasgos, 'tirar', 'poner o depositar' y 'expulsar')
se escriben sin h: Siempre echo los papeles a la papelera.
Si echas más sal al guiso lo estropeas. Hay que echar
la carta al buzón. Tienes suerte si no te echa de aquí
ahora mismo.
El verbo echar forma parte de la locución
echar de menos, que significa 'añorar': Te echo
de menos. ¿Me habéis echado de menos? O
de la locución echar a perder, que significa 'estropear':
Siempre lo echas todo a perder.
También
de la perífrasis echar a + infinitivo, que indica el comienzo de la acción
expresada por el infinitivo:
Siempre se echa a reír en
el momento más inoportuno. Casi me echo a llorar.
Aunque
se pronuncian igual, no deben confundirse en la escritura las formas echo,
echas, echa, del verbo echar, que se escriben sin h,
y las formas hecho, hecha, hechas, del participio del verbo
hacer, que se escriben con h, al igual que el sustantivo masculino
hecho ('cosa que se hace o que sucede'), tanto cuando se utiliza como tal,
como cuando forma parte de la locución de hecho ('efectivamente, en realidad'):
¿Has hecho lo que te dije? Aunque iba con prisa, dejó
hecha la cama. Ya están hechas las tortillas. El
hecho es que hemos solucionado el problema. Quería olvidarla. De
hecho, intenté no volver a verla. ________________________________________
El abecedario y los dígrafos ch y ll
El abecedario español
está hoy formado por las veintisiete letras siguientes: a, b,
c, d, e, f, g, h, i, j,
k, l, m, n, ñ, o, p, q,
r, s, t, u, v, w, x, y, z.
Solo
son propiamente letras los grafemas, esto es, los signos gráficos simples.
Por esta razón, no deben formar parte del abecedario las secuencias de
grafemas que se emplean para representar ciertos fonemas, como ch, ll,
gu (ante e, i), qu (ante e, i) y
rr.
Desde la segunda edición
de la ortografía académica, publicada en 1754, venían considerándose
letras del abecedario español los dígrafos ch y ll,
seguramente porque cada uno de ellos se usaba para representar de forma exclusiva
y unívoca un fonema del español (antes de que la extensión
del yeísmo alcanzara los niveles actuales y diera lugar a que hoy el dígrafo
ll represente dos fonemas distintos, según que el hablante sea o
no yeísta). Es cierto que se diferenciaban en esto de los demás
dígrafos, que nunca han representado en exclusiva sus respectivos fonemas:
el fonema /g/ lo representa también la letra g (gato, goma, gula,
agnóstico, tuareg); el fonema /k/ se escribe además con c
(cama, cola, cuento, acto, coñac) y
con k (karaoke, anorak); y el fonema /rr/ se representa
con r en posición inicial de palabra o detrás de consonante con
la que no forma sílaba (rama, alrededor, enredo).
Sin
embargo, este argumento no es válido desde la moderna consideración
de las letras o grafemas como las unidades mínimas distintivas del sistema
gráfico, con independencia de que representen o no por sí solas
una unidad del sistema fonológico. Por lo tanto, a partir de la publicación
de la Ortografía de 2010, los dígrafos ch y ll han
dejado de ser considerados letras del abecedario español, lo que no significa,
naturalmente, que hayan desaparecido de su sistema gráfico; es decir, estas
combinaciones seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura
de las palabras españolas. El cambio consiste, simplemente, en reducir
el alfabeto a sus componentes básicos, ya que los dígrafos no son
sino combinaciones de dos letras, ya incluidas de manera individual en dicho inventario.
Con ello, el español se asimila al resto de las lenguas de escritura alfabética,
en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque
en todas ellas se empleen determinadas combinaciones de grafemas para representar
algunos fonemas. ________________________________________ Mayúscula
o minúscula en los meses, los días de la semana y las estaciones
del año
Salvo que la mayúscula
venga exigida por la puntuación (a comienzo de texto o después de
punto), los nombres de los días de la semana, de los meses y de las estaciones
del año se escriben en español con minúscula inicial:
Nació
el pasado martes, 22 de noviembre. En Caracas, a 6 de mayo de
2005. Esta primavera ha llovido mucho.
Solo
se inician con mayúscula cuando forman parte de nombres que exigen la escritura
de sus componentes con mayúscula inicial, como ocurre con los nombres de
festividades, fechas o acontecimientos históricos, vías urbanas,
edificios, etc.: Viernes Santo, Primavera de Praga, plaza del
Dos de Mayo, Hospital Doce de Octubre. ________________________________________
Normas para la escritura de prefijos
V. Principales novedades de la última edición de la Ortografía
de la lengua española (2010). ________________________________________
Ortografía de los signos
de interrogación y exclamación
A
diferencia de lo que ocurre en otras lenguas, los signos de interrogación
y exclamación son signos dobles en español, como los paréntesis
o los corchetes. Por tanto, es incorrecto prescindir del signo de apertura en
los enunciados interrogativos o exclamativos: ¿Quién
le ha llamado? (no Quién le ha llamado?). ¡Qué
prisa tienes! (no Qué prisa tienes!).
Por
otra parte, después del signo de cierre de interrogación o exclamación
se puede escribir cualquier signo de puntuación salvo el punto: ¡Ah!,
olvidaba darte esto. ¿Han terminado ya de preparar la mesa? -¿Qué
vamos a comer? -preguntó.
Cuando
los signos de cierre (? !) constituyen el final del enunciado, la
palabra que sigue se escribe con mayúscula inicial. ¿Dónde
está el restaurante? Olvidé mirarlo en la guía. ¡Qué
frío! Coge el abrigo y la bufanda.
[Más
información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v INTERROGACIÓN
Y EXCLAMACIÓN (SIGNOS DE)]. ________________________________________
Cambio de la y copulativa en e
La
conjunción copulativa y toma la forma e ante palabras que empiezan por
el sonido vocálico /i/ (i- o hi- en la escritura): Eres único
e irrepetible; Necesito aguja e hilo. Excepciones:
Cuando
al sonido /i/ le sigue una vocal con la que forma diptongo: La mesa
es de madera y hierro (no de madera e hierro). Con aquellas
palabras que, como hiato o ion, pueden articularse con hiato
([i - á - to], [i - ón]) o con diptongo ([yá - to], [yón]),
es válido el uso de e (si se pronuncia un hiato) o de y (si
se pronuncia un diptongo): diptongo e hiato o diptongo y hiato;
moléculas e iones o moléculas y iones.
Cuando
la conjunción se hace tónica y adquiere un valor adverbial en oraciones
interrogativas: ¿Y Inés? ('¿dónde está
Inés?' o '¿qué tal Inés?'). Si
la palabra que sigue a la conjunción no es española y comienza por
el sonido vocálico /i/, sigue vigente la regla, aunque por tratarse
de una voz extranjera el sonido /i/ inicial no se escriba como i o hi:
Escriba su teléfono e e-mail (la e de e-mail se pronuncia [i]
en inglés).
Paralelamente, la conjunción copulativa mantiene
la forma y si la voz que la sigue no empieza con el sonido /i/, aunque
gráficamente se escriba con i- o hi-:
En esa fecha
se produjo el encuentro entre Franco y Hitler (el apellido alemán
Hitler se pronuncia con h aspirada).
Hasta el momento ha sacado dos discos:
Life y I adore you (I se pronuncia [ái] en inglés). ________________________________________
Cambio
de la o disyuntiva en u
La conjunción disyuntiva o toma la forma
u ante palabras que empiezan por el sonido vocálico /o/ (o-
u ho- en la escritura): unos u otros, minutos u horas, ordenar
u organizar.
Cuando la conjunción disyuntiva o
va seguida de una expresión numérica que empieza por la cifra 8,
como 8, 80, 81, 800, etc., también debe adoptar la forma u, tanto
en la lectura como en la escritura, porque las palabras que representan estas
cifras (ocho, ochenta, ochenta y uno, ochocientos...) empiezan por el sonido /o/:
700 u 800.
La conjunción o también se transforma en u
si la palabra que sigue comienza por /o/ en las correlaciones disyuntivas,
en las que aparece una conjunción ante cada una de las opciones posibles:
Los hornos antiguos eran o circulares u ovalados; La disyuntiva
era clara: u obteníamos beneficios pronto o habría que cerrar
la empresa. ________________________________________
División
silábica y ortográfica de palabras con tl
En la mayor
parte de la España peninsular y en Puerto Rico, la secuencia consonántica
tl se articula pronunciando cada consonante en una sílaba distinta.
Así, palabras como atleta o Atlántico se dividen en
sílabas de la siguiente manera: at - le - ta,
At - lán - ti - co.
En cambio, en casi toda Hispanoamérica -especialmente en México
y en los territorios donde se emplean voces de origen náhuatl, en
las que este grupo es inseparable (tla - co - te, cen
- zon - tle)-, en Canarias y en algunas áreas españolas
peninsulares, estas dos consonantes se pronuncian dentro de la misma sílaba.
En este caso, las palabras atleta y Atlántico se dividen en sílabas
de la siguiente manera: a - tle - ta, A
- tlán - ti - co.
Consecuentemente, las
palabras con tl se dividirán con guion de final de línea según
el modo como articule el que escribe esta secuencia de consonantes: si las pronuncia
en dos sílabas, dividirá at- / leta; si las pronuncia en la misma
sílaba, atle- / ta. ________________________________________ De
2007 o del 2007
En la datación de cartas y documentos, el uso prefiere
desde la Edad Media expresar los años sin artículo: 8 de
enero de 1681 En Toledo, a 19 de diciembre de 1999.
Esta es, por
tanto, la fórmula recomendada en el caso de la datación de cartas
y documentos para indicar los años a partir del 2000: Quito, 9
de abril de 2007
Esta recomendación no implica que se considere
incorrecto utilizar el artículo en estos casos: Quito, 9 de abril
del 2007 Naturalmente, si se menciona expresamente la palabra año,
resulta obligado anteponer el artículo:
5 de mayo del año
2000.
Cuando se menciona el año 2000 o los años sucesivos
en un texto, fuera de las fórmulas utilizadas en la datación de
cartas y documentos, se tiende, en el habla espontánea, a usar el artículo
delante del año: Este documento fue revisado en febrero del
2002. La inauguración está prevista para el 2008.
Pero
también es posible, en estos casos, el uso sin artículo:
Este documento fue revisado en febrero de 2002. La inauguración
está prevista para 2008.
[Más información en el
Diccionario panhispánico de dudas, s/v FECHA, 4]. | |