Chinácota
es coqueta y joven, a pesar de sus 4 ó 5 siglos de existencia. Empezó como una
aldea de los indios chitareros y se proyectó en el tiempo como un lugar apacible,
apropiado para el descanso. Todavía andan por ahí los caminos reales, perdidos
entre los bosques montanos, con su carga de historia. Por
sus dominios chitareros pasaron los conquistadores con los misioneros dominicos:
Los primeros, despojando y avasallando a los indios con sus espadas; y los segundos,
sembrando las doctrinas eternas con la cruz de Cristo. En
Chinácota terminó la travesía del tudesco, Ambrosio Alfínger, cuando una flecha
chitarera lo hirió mortalmente, después de haber recaudado y perdido el oro de
los aborígenes de nuestras tierras ariscas, en una campaña que lo había llevado
desde Coro, Venezuela, hasta los dominios del Cacique Tamalameque. En
Chinácota fue firmado, el 21 de noviembre de 1902, uno de los tres tratados de
paz que pusieron fin a la Guerra de los Mil Días. Uno de los más importantes protagonistas
de aquel acontecimiento fue el General Ramón González Valencia, Gobernador, Jefe
Civil y Militar del Departamento y Comandante en Jefe del Ejército de Santander.
Su casa, de la Hacienda Iscalá, es un maravilloso legado histórico.
En
nuestros tiempos, 700 cabañas circundan la cabecera municipal de esta "tierra
de todos", y sirven, durante los días festivos, de refugio a más de cinco
mil personas, procedentes de diversos lugares.
La Feria Internacional de San Nicolás es su máximo evento social: Reinado Campesino,
selección de la reina del Norte de Santander, carrozas, danzas, música, muestras
artesanales, exposición equina y mucha fiesta popular. Guido
Pérez Arévalo |
LA
FIESTERA Homenaje
a la campesina chitarera Mira, viene muy coloradita, es ella, la
chica de mi tierra, ayer bajó como la flor bonita desde lo más alto
de la sierra. Viene por mimos a la fiesta que darán los galanes
citadinos, con danzas y música de orquesta y sones de amores peregrinos.
Volverá a lo suyo conmovida a buscar como antes su sustento y a
seguir la lucha por la vida. Ella sabe que el feliz evento, celebrado
en fecha repetida tendrá como ella otro momento. Silvia Fernanda
Pérez Pérez Guido Pérez Arévalo Chinácota, agosto de 2000 |