 | Biófilo
Panclasta Amante
de la vida y destructor de todo Por Guido Pérez Arévalo Vicente
R. Lizcano nació a las cinco de la mañana, del domingo 26 de octubre
de 1879, en el Municipio de Chinácota. Fue anarquista de profesión
y, según se dice, huesped forzoso de 458 cárceles del mundo. En
su vida de paria, alternó con terroristas tan célebres como Rabachol,
autor del atentado que derrumbó el Palacio de Comunicaciones de París. |
En
su hoja de vida lo registran como "conductor del atentado al Zar Alejandro
de Rusia; compañero durante largo tiempo de Lenín y del prícipe
Kropotkine. Y terror de muchos gobiernos de Europa y América, a los cuales
convulsionó con su acción y con su verbo..." Conocido
y, seguramente, amigo de Eduardo Santos, y de Eleázar López Contreras,
futuro General y Presidente de Venezuela, con quien trabajó en una escuela
de Capacho Nuevo, en 1899. En los albores de su anarquismo, se hizo llamar Panclasta
(Pan: todo, Clasta: destructor). Máximo
Gorki, conocido escritor ruso e ideólogo revolucionario, de quien Lizcano
fue huesped, para completar su nombre de guerra lo llamó Biófilo
(Bíos: vida, Filo: amante, amigo de), cuando observó conmovido el
solícito empeño de Panclasta por salvarle la vida a un marisco aprisionado
bajo una piedra. Con
esos nombres estrafalarios y contradictorios -Biófilo Panclasta: Amante
de la vida y destructor de todo- recorrió todos los continentes; y, por
cuenta de su obsesión rebelde, encontró en cada puerto una cárcel
y, en el mejor de los casos, una indicación perentoria para abandonar la
tierra que pisaba. De
todos los lugares que visitó fue deportado, mientras en otros ni siquiera
tuvo la oportunidad de desembarcar. Le ocurrió en Puerto Colombia, donde
los soldados del general Reyes acudieron a las bayonetas para mantenerlo a bordo.
De este acontecimiento sus biógrafos rescataron para la posteridad una
de sus frases lapidarias: "De todos los países del mundo, el más
hostil para mí, ha sido mi propia patria. Porque sí de todas partes
me han echado y llevado a la cárcel, sólo en mi patria intentaron
asesinarme por el hecho de pedir hospitalidad". Convertido
en personaje legendario, fatigado de sus propias guerras, "pálido
y deshecho, más miserable que nunca" regresó a Bogotá
y se echó en los brazos cariñosos de Julia Ruiz, una pitonisa octogenaria
que había cambiado los hábitos y los claustros del convento de las
Hermanas de la Caridad por un cuchitril acondicionado para ejercer los poderes
de la adivinación. Vivió
hasta la muerte de Julia, entre muebles viejos, acompañado de un loro parlanchín,
un gato, algunas sillas sin patas y una legión de espíritus. Acosado
por la soledad, regresó a Chinácota, su tierra natal; posteriormente
viajó a Pamplona donde, de acuerdo con el texto de su partida de defunción,
murió de cardialgia en el asilo de los ancianos desamparados el jueves
primero de marzo de 1942. Mucha
tinta ha corrido sobre las aventuras de Biófilo Panclasta, pero esta apretada
síntesis la he tomado a mano alzada de la extraordinaria disertación
que el sábado pasado le oímos al médico Mario Mejia Díaz
en su cabaña de Chinácota. Profesores
y estudiantes de la Universidad Francisco de Paula Santander encontraron en el
apasionante tema de Panclasta un pretexto útil para buscar la resurrección
del "Grupo Chinácota" a través de un nuevo ciclo de conferencias
y, ojalá, con talleres del idioma. En
el recinto circular de Mario Mejía hicieron fama las tertulias literarias
y todavía están frescas las huellas indelebles de Luis Carlos Galán,
Alvaro Gómez Hurtado, Vásquez Carrizosa, Valencia Tovar, Alberto
Dangond y Joaquín Vallejo Arbeláez, entre otros, congregados allí
en momentos diferentes para ventilar los grandes problemas nacionales. En
estos días, mientras le bajábamos 3 centímetros a una añeja
botella de Amaretto, que ha defendido de sus amigos como mastín furioso,
el dueño de la Casa Redonda me ha dicho que ya tiene una lista de conferencistas
y temas para varios meses. Y que no faltarán los virtuosos del violín
ni los recitales de los bardos regionales. Entiendo
que la próxima conferencia, convocada para el mes de octubre, estará
a cargo del neuro-cirujano Ramiro Calderón Tarazona, quien hablará
sobre "Manipulación Genética (Clonación).
Publicado el 16 de septiembre de 1997 en el diario La Opinión - Tomado
del libro "Barriletes", de Guido Pérez Arévalo
|