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LA
ORQUIDEA NACIONAL
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Cattleya labiata trianae. Estampilla de correos emitida en 1950. Colección Leo Temprano, Bogotá... |
Cattleya trianae, flor
nacional. Estampilla de correos, V Exposición Filatélica,
1965. Colección Leo Temprano, Bog.
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Flor de Mayo, Invernadero
"Silvia María"
foto G.P.A. 2 de mayo de 2004 |
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LA FLOR
DE MAYO, Cattleya trianae, flor nacional Por: Santiago Díaz Piedrahita Tomado de: Revista Credencial Historia. (Bogotá - Colombia). Edición 139, Julio 2001 La flor de mayo o lirio de mayo pertenece al género Cattleya, entidad descrita en 1824 y dedicada por J. Lindley al horticultor inglés William Cattley, natural de Barnet, Inglaterra, un personaje que se distinguió por recolectar plantas raras y coleccionar orquídeas en sus invernaderos. Se conocen cerca de cincuenta especies de Cattleya, todas ellas propias de las zonas tropicales de América. Por la vistosidad, el tamaño de sus flores y la facilidad de cruzamiento con especies afines, varias de ellas se han propagado y se cultivan en diversos países. Originalmente fueron muy abundantes en las zonas de clima cálido y medio pero cada vez son más escasas en su medio natural, aunque hoy se cultivan con relativa facilidad, por lo que son objeto de abundante comercio. La familia de las orquídeas, a la cual pertenece la flor de mayo (Cattleya trianae Lindl & Rchb. fil), es la más abundante, tanto en la flora de Colombia como en la flora mundial; se calcula que el número de especies es superior a 35.000. De
hecho es la familia de plantas que exhibe las características
más avanzadas desde el punto de vista evolutivo, motivo por el
cual se encuentra en pleno proceso de diversificación, circunstancia
que se ve reflejada en la abundancia y diversidad de especies. Las
orquídeas son plantas herbáceas que forman rizomas o seudobulbos
sobre los cuales se desarrollan las hojas; aunque hay un buen número
de especies terrestres, la gran mayoría son epífitas,
es decir que se han adaptado para vivir sobre los árboles. Lo
más característico de ellas es la vistosidad de sus flores,
marcadamente irregulares, y con los órganos sexuales fusionados,
donde los estambres y el pistilo se forman sobre la columna, que es
una prolongación del eje por encima de un ovario ínfero.
Los tres sépalos generalmente son iguales y su apariencia es
similar a la de los pétalos; los dos pétalos laterales
son menores en tanto que el tercero, denominado labelo, es mayor y más
vistoso. Otra característica importante es la de que ya no liberan
el polen, sino que forman masas, llamadas polinios, que se adhieren
al lomo de algunos insectos para su dispersión. Se trata de un
mecanismo muy avanzado y que implica una evolución paralela entre
las orquídeas y los insectos que visitan sus flores. La
flor de mayo o catleya de Triana (Cattleya trianae Lindl & Rchb.
fil), es propia de Colombia, pero alcanza a extenderse al territorio
ecuatoriano. Por la vistosidad y notable tamaño de sus flores
fue incorporada a los símbolos nacionales a partir de noviembre
de 1936, para acompañar elementos tan representativos como el
himno, la bandera, el escudo, la palma de cera y la esmeralda. Hasta
entonces no se había pensado en una flor que identificara a la
nación, y su designación oficial se produjo como respuesta
a una solicitud de la Academia Nacional de Historia de la Argentina.
Esta entidad, por encargo del Jardín de Plantas de la ciudad
de La Plata, indagaba sobre las flores representativas de cada una de
las naciones de América, con el fin de cultivarlas para ser exhibidas
en su recinto. La
Academia Colombiana encargó al médico, intelectual y naturalista
Emilio Robledo la tarea de buscar la flor nacional por excelencia, y
a él se debe su selección como emblema representativo
del país. Robledo la sugirió con base en su extraña
belleza, dado que en el pétalo central luce los colores de la
bandera colombiana, que contrastan con el tono lila de los pétalos
laterales y de los sépalos, así como por haber sido dedicada
al máximo botánico colombiano de todos los tiempos. Aunque
tan solo se incorporó a los símbolos nacionales en 1936,
por su vistosidad y por sus características morfológicas,
desde tiempo atrás había atraído la atención
de no pocas personalidades. Por ello, resulta interesante comentar varios
hechos que precedieron a su elección como flor nacional. En
desarrollo de la Expedición Botánica promovida y dirigida
por José Celestino Mutis se prestó especial atención
a las orquídeas; muchas de ellas fueran bellamente ilustradas
y ocuparon un sitio destacado en los manuscritos y en el herbario; curiosamente
la flor de mayo pasó casi inadvertida entre sus congéneres,
aunque desde 1783 ya se hallaba plenamente identificada, como se puede
deducir de los apuntes de Eloy Valenzuela, quien en la relación
correspondiente al 17 de septiembre describe la flor y el fruto de la
"flor de mayo o Epidendrum grandiflorum" con bastante detalle.
La planta descrita por Valenzuela fue recolectada en los alrededores
de Mariquita; su descripción se hizo sobre el material fresco
y se prepararon los respectivos ejemplares de herbario; posteriormente
se elaboraron dos láminas, una iluminada en acuarela atemperada
y la otra monocroma y de manufactura un tanto diferente. Ante la precaria información aportada por los documentos de la Expedición Botánica, para reconstruir la historia de la flor de mayo debemos avanzar ochenta años y dirigir nuestra atención a la Comisión Corográfica. El responsable de las tareas botánicas en esta importante empresa científica fue José Jerónimo Triana Silva. Este caballero, nacido en Bogotá el 22 de mayo de 1828 en el hogar del reconocido pedagogo José María Triana Algarra y de Josefa Paula Silva, y a quien posteriormente fue dedicada la flor nacional, fue un personaje polifacético; además de ser el más destacado de los botánicos colombianos, se destacó como médico, investigador, químico, promotor de nuevos productos, editor de obras oficiales y didácticas, funcionario oficial y cónsul de Colombia en París, cargo que desempeñaba cuando falleció el 31 de octubre de 1890. En 1867, cuando Triana ya llevaba diez años de residencia en París, se preparaba una gran exposición universal y la Nueva Granada era uno de los pocos países que no habían preparado una exhibición para tal certamen. Triana, inflamado de espíritu nacionalista, consideró imperdonable permanecer indiferente ante dicha circunstancia y resolvió organizar un pabellón colombiano aprovechando los materiales de sus colecciones para presentar una muestra de productos naturales. Primero consiguió un espacio en el pabellón de Argentina pero no cupieron los materiales que había preparado, tras lo cual, y merced a su amistad con los organizadores, a quienes facilitó algunos materiales, logró un área mayor en el pabellón de Ecuador. Allí montó la exhibición, utilizando ejemplares de herbario de las especies útiles, muestras de maderas finas, cortezas, objetos hechos con fibras entretejidas, gomas, resinas, colorantes y plantas vivas.
En la exhibición se mostraban las amplias posibilidades de las
hojas de iraca en la fabricación de sombreros, carteras, estuches
y escobas; igualmente se presentaban las especies más útiles
para la medicina y la industria. Excelente impresión daban las
cortezas de quina de los géneros Cinchona y Remijia, así
como las muestras de condurango y coca, especies de las cuales se presentaban
completos análisis químicos en los cuales colaboraron
Buisson y Arnaud. Para adornar el pabellón, el botánico
ubicó estratégicamente una hermosa planta de la "Flor
de mayo" que había cultivado cuidadosamente y que el día
de la inauguración lucía cargada de flores multicolores.
Entonces esta orquídea era una rareza en Europa. Durante el acto
de apertura, Napoleón III y la emperatriz Eugenia de Montijo
recorrieron la exhibición y la orquídea colombiana inevitablemente
atrajo la atención de la emperatriz, quien propuso que tan vistosa
planta fuese vendida posteriormente en un remate. Ella participó
en la puja para obtenerla y la orquídea alcanzó la exorbitante
suma de 18.000 francos, una gruesa cantidad de dinero que se destinó
a obras benéficas. Gracias a las plantas exhibidas por Triana
se destacó el nombre del país y la riqueza de su flora.
Lejos estaba de su imaginación, cuando recorría los montes
recogiendo plantas o cuando compraba objetos curiosos elaborados con
balso, pauche, madera o fibras entretejidas, que merced a dichos materiales
y a la vistosidad de una orquídea bautizada en su homenaje un
día estaría en traje de ceremonia recibiendo de manos
de una emperatriz europea un galardón en medio de los aplausos
de los concurrentes. En efecto, le fue concedido un "Gran premio"
consistente en una medalla de oro macizo con la efigie de Napoleón
III, junto con un trofeo de porcelana que el botánico cambió
por un bono de 5.000 francos que contribuyeron a aliviar su precaria
situación económica. Aunque en la opinión nacional
nadie desconoce el hecho, no existe una ley que establezca a la flor
de mayo como flor nacional. Al respecto existe una declaración
de la Academia Colombiana de Historia del 16 denoviembre de 1936 en
la que la corporación se manifiesta partidaria de que se la adopte
como flor nacional, lo cual fue comunicado al Ministerio de Educación
Nacional, como consta en las actas respectivas, cuyos extractos fueron
publicados en el Boletín de Historia y Antigüedades en 1936
y 1937. El maestro Guillermo Valencia le consagró la siguiente
estrofa que alude a su carácter de flor emblemática:"Por
tu altivez invicta, por tu belleza extrañapor el sereno ritmo
de tu vivir augusto que lo servil no inquieta, ni lo vulgar empaña,te
consagró mi patria por su blasón venusto". El
reconocido botánico Enrique Pérez Arbeláez publicó
en 1939 en la Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas,
Físicas y Naturales [2(9-10):89-90. 1939] un artículo
titulado "La flor nacional", en el que manifiesta su opinión
en el sentido de reemplazar la Cattleya trianae por la Cattleya aurea
en razón de ser esta última más vistosa. No obstante,
en el acta Nº 2 de la Junta del Comité preparatorio del
Tercer Congreso Suramericano de Botánica (agosto 9 de 1949) manifiesta,
después de oír las razones expuestas por Emilio Robledo,
que acepta esta especie por rendirse con ella un homenaje a la memoria
del gran botánico José Jerónimo Triana y por ser
previa la decisión de la Academia Colombiana de Historia. Al
acatar las razones expuestas por Robledo, el Comité, que tenía
carácter oficial y sesionaba en el despacho del ministro de Educación,
confirmó a la Cattleya trianae como flor nacional, hecho que
se ha visto ratificado en la filatelia. Existen emisiones de 1946, 1949,
1950 y 1965 en las que se ilustra la Cattleya trianae como flor nacional. Con ocasión de una exposición internacional de flores que se realizó en Bogotá a comienzos de la década de los setenta, se eligió al "anturio negro" como símbolo de dicho certamen. Hubo quienes sugirieron que se declarase a esta especie, entonces de moda, como flor nacional. El clamor popular no se hizo esperar y la opinión general, respaldada por la comunidad científica y por las academias, ratificó una vez más a la flor de mayo como flor representativa del país. © Derechos Reservados de Autor
Banco de la República Biblioteca Luis Ángel Arango |
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