Información tomada del diario La Opinión, de Cúcuta, Norte de Santander (Colombia).

Cúcuta - Colombia, Domingo 11 de mayo de 2008

Arrayán, árbol "mágico" que se destruye

Eduardo Rozo
eduardo.rozo@laopinion.com.co


La pérdida de bosques de arrayán o cínaro se constituye en una problemática ambiental de Norte de Santander. El árbol, típico de las zonas que poseen clima templado (1.000 a 2.000 metros),  sucumbe ante el pensamiento retrógrado de los campesinos, que lo eliminan de su hábitat para convertirlo en cercas y en carbón vegetal.

El hecho deja en entredicho la permanencia de la especie en el corto plazo. Según Xiomara Yánez Rueda, licenciada en educación, y Química de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona (España), que lidera el Instituto de Productos Verdes (IPV) de la Universidad de Pamplona, en el municipio de Chinácota se ha talado y debe ser un foco de atención. Otras zonas donde está el recurso vegetal son Ocaña, Salazar, Pamplonita y Toledo.

Fuente de dinero en Chinácota

María Teresa Jaimes, tecnóloga agropecuaria y funcionaria de la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (Umata), de Chinácota, indicó que el arrayán hace presencia en 11 veredas. En cada una hay en promedio 50 familias y las fuentes de sustento son la agricultura y la ganadería.

Sin embargo, el lema es que “si se necesita dinero rápido y fácil, monte una carbonera”.

Según los habitantes de Pantanos, vereda donde se produce más carbón, el negocio les deja buenos dividendos. Una carga, que es vendida en $20.000, consta de dos bultos.

Al escudriñar por el número de árboles que se eliminan, se conoció que para 16 cargas (32 bultos) se necesitan 15 árboles.

El proceso para obtener el carbón inicia con el corte raso del árbol. Luego la madera es llevada a la carbonera, que es un hueco con piedras y una parrilla. Sobre la base metálica se ponen los troncos en forma horizontal y vertical y se prende fuego a la riqueza natural.

En cuanto a las cercas, es común ver los horcones en los potreros. El árbol es apetecido porque la madera es resistente y puede durar hasta dos años sin pudrirse. A diferencia de otros árboles, que sólo llegan a un año.

En Chinácota, según Basilio Peña Bolivar, funcionario de la Umata, se trabaja en alianza con las docentes de las escuelas rurales para que capaciten a los niños y niñas. Se montaron viveros, uno de ellos en la escuela de Pantanos.

La preocupación por el arrayán es que al ser un árbol medicinal, pone en entredicho la cura a diversas enfermedades, pues el aceite esencial que se extrae de las hojas, es capaz de hacer un biocontrol sobre las larvas del Aedes aegypti, zancudo trasmisor del dengue. Además, el aceite, por el aroma, puede ser usado en cosmetología.

Utilidad del arrayán

El interés por el recurso vegetal y ganas de generar estrategias para la restauración ecológica  y aprovechamiento sostenible del arrayán, hizo que el IPV fuera apoyado por el Instituto para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología “Francisco José de Caldas” (Colciencias).

El proyecto, Estudio comparativo del Aceite de Arrayán en Chinácota, Salazar, Ocaña, Pamplonita y Toledo, pretende determinar la abundancia de la especie, pues en Norte de Santander no se ha hecho el inventario de cuántos árboles hay. Así mismo, se busca obtener aceite esencial de las hojas en el IPV, que envía muestras  para determinar las propiedades fisicoquímicas y la actividad antibacteriana, al Cepario de la Universidad de Pamplona.

De igual forma, involucra a otras universidades, como la de Antioquia, en el análisis de la actividad antimicótica, antitumoral y antiviral del aceite. La Universidad de Córdoba evalúa la actividad antioxidante.

Según Xiomara Yáñez Rueda, directora del IPV, y los biólogos Diana Parada, Claudia Arámbula y Leonardo Mancilla, los estudios indican que la extracción del aceite da mejores resultados cuando la hoja está seca. Las pruebas hechas con 300 gramos de hoja dan 6 mililitros de aceite. Con la planta piloto (se utilizan cinco kilos), se obtienen 150 mililitros.

La idea es determinar estándares de producción industrial para que sea usado en cosmetología. Esto, basados en el cuidado de la especie.

Cura el dengue

A la par del estudio del IPV, el biólogo y químico Hernando Meza utilizó el aceite esencial del arrayán, que obtuvo por medio de hidrodestilación asistida por radiación de microondas (HDMO), para establecer las propiedades larvicidas del aceite.

Una de las conclusiones es que la sustancia sirve para hacer un biocontrol de las larvas del Aedes aegypti, zancudo trasmisor del dengue.

Las pruebas adelantadas en el laboratorio de entomología del Instituto Departamental de Salud (IDS), para evitar epidemias ante errores de cálculo, se hicieron con dos cepas. Una de nombre Rockefeller, que tiene cerca de 30 años de cultivo y otra que fue obtenida en el barrio Nazareth, del municipio de Los Patios, que se llama Salvaje.

Esta última es la que está presente en los barrios de Cúcuta y el Área Metropolitana.

Ahora, para pensar en la fabricación de un larvicida a nivel industrial, falta determinar si el aceite puede resultar tóxico al combinarlo con agua. Sin embargo, “por lo investigado es posible decir que no es dañino y sí una solución a enfermedades como el dengue y la fiebre amarilla”, indicó Hernando Meza.

Trabajo ecológico y legal

No se está adelantando ningún programa de silvicultura para el manejo del arrayán. Se han hecho cercas vivas en sectores aledaños a nacientes de agua”, dijo Wilson Rincón Álvarez, ingeniero forestal de la Subdirección de Cuencas de la Corporación Autónoma  Regional de la Frontera Nororiental (Corponor).

La tala de árboles y no preservación del arrayán está en contra de los 27 principios de la Declaración de Río (1992), donde se ve a la naturaleza como parte de un sistema ambiental interdependiente con la tierra. Así mismo, la Constitución política de 1991, plasma el derecho a proteger y gozar de un ambiente sano (artículo 79).

Al consultar a Luis Lizcano, director de Corponor, dijo que prácticas de este tipo (tala de árboles) son objeto de sanciones y para ello está el decreto 2811de 1974, Código de los Recursos Naturales Renovables y de Protección del Medio Ambiente. Además del Decreto – Ley 1791 de 1996, que es el estatuto forestal que faculta para dar permisos de aprovechamiento.