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BIOGRAFIA DEL FUNDADOR

  • Lugar, nombre y fecha de nacimiento:

El presbítero Luis María Figueroa nació el 25 de agosto de 1866, en el municipio de Mutiscua, Norte de Santander. Fueron sus padres, don José Dolores Figueroa y doña Facunda Villamizar. Abuelos paternos: Gregorio Figueroa y María Afanador. Abuela materna: Salvadora Villamizar.

El nacimiento del sacerdote está registrado en el folio 6, número 29, del Libro de Bautismos de 1866. Sólo aparece como Luis; su segundo nombre, seguramente, lo tomó en el Seminario por su devoción a la Virgen María. En algunas comunidades religiosas, los sacerdotes tienen la opción de cambiar su nombre.

  • Estudiante y sacerdote:

La formación de su hogar lo llevó por los caminos de Cristo. Estudió en el Seminario de Nueva Pamplona y recibió la ordenación sacerdotal el 19 de septiembre de 1891, con dispensa de la Santa Sede , porque no había cumplido la edad canónica requerida. El 24 de septiembre, del mismo año, celebró su primera misa en su tierra natal. Fue cooperador en Piedecuesta y párroco, por primera vez, en Vetas. 1/

Durante el tiempo comprendido entre el 20 de octubre de 1895 y el 13 de febrero de 1897, dirigió los destinos de la parroquia de San Miguel, de Bucaramanga. 2/

  • Párroco de Chinácota

Su labor pastoral se extendió a Florida, Lebrija, Enciso, Suratá, Pamplona, San Andrés, Matanza, Arboledas y San Antonio de California. 3/

En 1906 fue asignado a la parroquia de Chinácota. Así está registrado en el folio 89, del Libro No. 15, de Bautismos: "Enero 25 de 1906, en esta fecha tomé posesión de este beneficio". Cronistas de la época calificaron su administración como fecunda, por su consagración ejemplar y por los beneficios prodigados a la parroquia.

"Los pueblos, como los hombres, - decía Don Antonio Bautista, en un artículo

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publicado en 1909 - necesitan de impulsos vigoro sos para trocar su estado de inercia por el de actividad y progreso. Chinácota yacía estacionario, quizá por falta de este impulso, cuando vino a surgir como por encanto a la venida del Dr. Luis María Figueroa, quien con ese espíritu de iniciativa, lo sacó de su apacible calma, de modo que hoy puede decirse con orgullo, que este pueblo ocupa intelectual y materialmente, puesto connotado entre los del Departamento.

"La labor del Dr. Figueroa en los destinos de esta ciudad es sin duda una de las más brillantes que aquí se hayan presenciado. Obras de verdadero interés y de adelanto emprendió y realizó con la serenidad de quien sólo sabe esperar de Dios la recompensa. Bien sabido es que en los anales de esta población, faltaba un hecho luminoso y de tal trascendencia que hiciera grata la memoria de su autor; por eso comprendemos que la sola fundación del Colegio de San Luis Gonzaga hubiera sido suficiente para coronar su frente con la aureola inmarcesible de la gloria. Chinácota, Mayo 8 de 1909". 4/

Para organizar las labores piadosas de su parroquia, fundó varias asociaciones, entre ellas, la Sociedad de San Vicente de Paúl, creada el 8 de octubre de 1906 y presidida inicialmente por el general Ramón González Valencia.

Cumplida la primera etapa, el 30 de abril de 1909 viajó a Europa. El 12 de agosto de 1921 regresó a Chinácota, donde fue recibido con fervoroso entusiasmo por todos los feligreses y, especialmente, por la juventud.

Hubo cabalgata y calurosa bienvenida con banda de música y nutrida presencia ciudadana. Los estudiantes de su colegio lo agasajaron con un acto lírico y la sociedad le ofreció una serenata de gala. 5/

En el mismo año, el 19 de septiembre, celebró seis lustros de vida sacerdotal; con tal motivo se bendijo el lugar donde se construiría la nueva casa cural y se dio principio a la obra. 6/.

Sus disciplinas intelectuales dejaron profunda huella en los lugares encomendados a su dirección espiritual.

  • Hombre culto:

"En sus viajes a Europa - decía uno de sus amigos en El Heraldito Católico - se ilustró y adquirió ese plante culto y elegante de los de allende el mar; sus conocimientos en la lengua inglesa, francesa e italiana tomaron vuelo hasta el punto de ser dominadas completamente".

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Escribía con propiedad y buen juicio, como director o columnista de periódicos parroquiales; en algunas ocasiones usó el seudónimo de L. Roufiagem, que correspondía al anagrama de su nombre.

Las buenas maneras no le impedían escribir con severidad, cuando sentía el galope de la injusticia a su alrededor. Se pronunciaba, con frecuencia, sobre los acontecimientos cotidianos y defendía, como un león, al Colegio de su creación y afectos.

En alguna ocasión, un visitador de Instrucción Pública recibió una reprimenda porque olvidó o no supo expresarse sobre el nivel de educación que se impartía en su establecimiento. El general Ramón González Valencia, el gobernador Sorzano, el general Miguel J. Canal y otros notables personajes de la región, requeridos por el sacerdote, enviaron certificaciones sobre las calidades académicas del colegio y le dieron las razones que consideró necesarias para “poner la verdad en su puesto”.

Gozaba del aprecio de altos dignatarios del Gobierno y de la Iglesia. Cruzaba cartas con el general Reyes, presidente de la República, y gozaba del mayor aprecio del general González Valencia, quien reemplazó a Reyes en la primera magistratura.

  • Periodista por vocación:

En la parroquia de San Andrés puso en circulación el periódico La Juventud Católica. En el municipio de Arboledas fundó y dirigió Albores, editado en imprenta importada para la parroquia.

Fruto de su vocación periodística fue, también, La Palabra Católica , primer órgano parroquial de San Laureano. Durante tres años, fue director de El Heraldito Católico, de Chinácota y propietario de su imprenta. 7/

Durante su permanencia en Chinácota, estimuló la creación de periódicos y desplegó una importante actividad intelectual en aquellos medios de comunicación. En las 8 ediciones que conocemos de El Labrador Católico, publicadas entre el 8 de diciembre de 1908 y el 30 de enero de 1909, el padre Figueroa aparece como censor eclesiástico. La misma función cumplió en El Núcleo, cuyo primer número se publicó el 10 de noviembre de 1907.

En una carta suya, publicada en la edición No. 7 de El Núcleo encontramos los siguientes consejos para los periodistas:

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Chinácota, Diciembre 16 de 1907

Señor Presidente y demás miembros de la Corporación de “El Núcleo”.
E. L. C.

Con especial satisfacción he leído, desde el número 1 hasta el 5, la hoja periódica de Uds. intitulada “El Núcleo”. En esta producción he visto la buena voluntad de los jóvenes empresarios por el encumbramiento moral, por el desarrollo de las ciencias e instrucción intelectual, de Chinácota; hablando en síntesis, por el levantamiento a alta cumbre de perfección de esta querida ciudad cuyos intereses morales e intelectuales ha puesto Dios a mi cuidado.

¿Cómo no sentir satisfacción, aplaudir y elogiar el representante de la Iglesia en esta localidad, el representante de aquella Sociedad divina que ha sido la patrocinadora siempre de las ciencias, de las artes y de las letras, cuando aparece algo que estimule y aliente a la humanidad en la consecución de los altos fines?

Si, queridos jóvenes; siempre recuerdo con mucha admiración la memoria del gran Bonifacio VIII creador del gran Colegio “ La Sapiencia ”, emporio admirable de literatura, y me roba el alma el recuerdo del excelente León X, el gran protector de las artes.

Para decirlo todo, me siento gigante cuando conozco que pertenezco a la Iglesia Católica a cuyo calor se mantiene y alienta la virtud, germinan vigorosas las ciencias, las artes, la poesía, la literatura, la filosofía.

Nadie podrá disputarle a esa secular y divina entidad la maternidad en todo lo grande.

El periódico de Uds. es asaz, modesto en apariencia pero grande en sus propósitos. Recuerden que los grandes hombres fueron niños y las más florecientes ciudades oscuros caseríos. Así como al niño se le ayuda para que se levante hombre perfecto y se le disimulan sus defectos de niñez, así a Uds. les servirán de norma y ayuda los altos campeones de diarismo, los cuales les sabrán disimular los involuntarios defectos literarios: a nadie se le ocurrirá pedirle al incipiente joven literato la soltura, fluidez y corrección que al versado académico. Empero, estudien todos los días los mejores autores para que se perfeccionen y adelanten.

Aunque poco práctico en materia periodística, pero si muy amante de las letras, me permito hacerles algunas indicaciones convenientes al perfeccionamiento de Uds.:

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  1. Gran respeto y deferencia por la religión y la moral, generadoras de toda perfección.
  2. Sean sencillos en sus escritos y tengan mucha prudencia en sus palabras, atendiendo siempre a su etimología y verdadero significado, rechazando en consecuencia las oscuras y rebuscadas, apartándose así del procedimiento de los bioculistas.
  3. Tengan especial cuidado a fin de no insertar en las columnas de su semanario poesías insulsas y sonetillos que más que sonetos, son si, sonsonetes destemplados por palabras que entran por la ventana, por lo poco usadas, (como aquella copela de algún escritor o su muy anticuada afer) y otras de su mismo parentesco castellanizadas como a martillo en yunque. Ornamentarán muy bien sí las preciosas y bien artísticas del señor D. Francisco de Paula Colmenares, Dr. Numa J. Calderón y de otros con que ya comenzaron a adornar la sección literaria.
  4. Usen siempre el lenguaje del periodista en su forma canonizada por el uso, hablando en pluralidad ficticia; solamente a ciertos escritores se les ha ocurrido aparecer ahora con el “He oído decir”, “He tenido conocimiento por la secretaria”; esto por ignorancia y por singlurizarse.

Deseo que su tarea sea fecunda en bienes para los empresarios y un timbre de gloria para ellos y para esta población.

Quedo de Uds. verdadero amigo, deseoso servidor y capellán, Luis María Figueroa.

Con razón se le reconocía como " Ilustre veterano de la prensa católica".

  • Su pensamiento como educador:

    Es mi deseo llevar a la confianza de los padres de familia la idea de que sus hijos sacarán el fruto que corresponda al sacrificio que muchos pobres hacen por ellos.

    No me aparto de algunas innovaciones que aplaudo por ver en ellas un resultado tangible… Me refiero principalmente al cultivo del músculo, a la educación física, tan descuidada por nuestros antiguos maestros, puesta hoy en práctica en muchos de nuestros colegios cristianos. Los RR. PP. Jesuitas, que en nada se quedan atrás y siempre miran muy adelante, han sido los encargados de darnos la pauta a ese respecto y bien está que muchos hayan seguido su ejemplo. Una mente sana en un cuerpo sano es principio axiomático que no me explico por qué se había tenido en olvido.
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Afortunadamente un nuevo resurgimiento de ideas tiende a echar por tierra añejos sistemas pedagógicos que la Iglesia rechaza y la experiencia condena. Mas debo advertir que no faltan moros en la costa, escuelas libres donde con cantos de sirena se quiere atraer a la juventud, escuelas donde la sana moral no tiene asiento, donde el nombre de Dios es un mito, donde las malas costumbres no tienen freno. Estas si son innovaciones que la Iglesia condena y que todo hombre que se precie de honrado y cristiano debe anatematizar.

Creo en la necesidad de una reforma, pues no veo la utilidad de sobrecargar a la infancia con una multitud de estudios que exceden en mucho al alcance de su comprensión. La naturaleza lleva otra marcha, y sería, a mi entender, preferible que a ella nos acomodáramos. Lo primero que se desarrolla en nosotros son los sentidos; después la memoria; luego la imaginación y por último el juicio. Dése pues a la primera edad el estudio de las cosas que hieren el sentido más inmediatamente; a la segunda la ciencia de nomenclatura; a la tercera la poesía y bellas artes.
8/.

El presbítero Luis María Figueroa falleció el 6 de febrero de 1937.

NOTAS DEL CAPÍTULO I

1/ Heraldito Católico No 100, del 25 de agosto de 1923.
2/ Unidad Católica No. 416, del 1º de agosto de 1905.
3/ Heraldito Católico No. 100.
4/ SURSUM, Edición No. 3, del 3 de mayo de 1909.
5/ El Heraldito Católico No. 45, del 24 de agosto de 1921.
6/ El Heraldito Católico No. 48, del 25 de septiembre de 1921.
7/ El Heraldito Católico No. 309, del 6 de enero de 1929.
8/ El Heraldito Católico No. 72, del 22 de agosto de 1922. Colección Casa Cural.

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COLEGIO SAN LUIS GONZAGA - CIEN AÑOS DE HISTORIA - GUIDO PÉREZ ARÉVALO