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EL
CERRO DE LA VIEJA |
Por Luis Guillermo Rubio Cruz Conjunto rocoso con carácter de cerro en la parte que le corresponde al municipio de Chinácota y que abarca la región comprendida por las veredas de Mensulí y de Palocolorado; cuando menciono en la parte que corresponde a Chinácota hago ésta referencia porque la parte que corresponde al municipio de Ragonvalia no constituye cerro sino la prolongación y caída vertical del fértil valle o planada de San Miguel, con unas características topográficamente sorprendentes y diferentes al hermoso contraste que el cerro ofrece en la parte de Chinácota.
El
Cerro De La Vieja junto con sus faldas "caídas" hacia la quebrada
de La Honda en lo que corresponde al municipio de Chinácota es un compendio
de aproximadamente tres mil hectáreas de las cuales en la fecha de hoy,
una tercera parte puede constituir reserva forestal y las otras dos partes corresponden
a la explotación agropecuaria con predominio de cultivos de caña,
pastos naturales, café tradicional, frutales y huertas de pan coger de
donde derivan el sustento aproximadamente ciento veinte familias la mayoría
de extracción típicamente campesina pura al decir del amigo Dr.
Rafael Galvis Manosalva. El Cerro de La Vieja por esta valedera razón debe ser protegido de la tala indiscriminada de bosque natural como hoy lo están haciendo moradores de la región, por desconocimiento, ignorancia, negligencia y descuido de las autoridades. El Cerro de La Vieja presenta topográficamente un cuadro maravilloso en su conjunto en la parte sur escarpado con rocas al rojo vivo donde se pueden ejercer prácticas de alpinismo y de paso identificar las maravillosas cuevas allí insertas; en su parte norte con pendientes más moderadas se acrecienta la zona de bosque natural y en su parte intermedia presenta una conformación que podremos llamarla como el "hijo" del cerro, constituido por las lomas o alto de Los Bancos al cual convergen las propiedades de los señores Carlos Julio Jaimes, Jorge Balaguera y la familia Estupiñán. La fauna silvestre debido a la acción predadora por parte de cazadores nativos, ha sido exterminada, sólo hay huellas de "ratoncitos" de monte, armadillos, cachicamos, faros y tal cual lapa o guartinajos; dá pesar y verdadera tristeza que por falta de una verdadera conciencia y una vigilancia se concretó la acción vandálica sobre éste paraíso con el cual la naturaleza fue pródiga con el municipio de Chinácota, con el departamento Norte de Santander y con el país y hoy verlos sumidos en el mar de los recuerdos. La conformación de los cerros que circundan a nuestro Cerro de La Vieja son de carácter arenisco en su gran mayoría; con un pH bastante ácido lo cual se comprueba mediante la presencia de numerosas especies de helechos; son ideales para cultivos de caña y por ello vale la pena destacar en que la mayor producción de panela en forma artesanal la constituye el aporte de ésta región; se recomiendan también los cítricos (naranjas, toronjas, limones) la guayaba, aguacate y diferentes variedades de plátano (criollo, manzanito, chocheco, guineo, quinientos, tres filos o mataburro). Que bueno que los vecinos del sector agropecuario aprovecharan la producción de la guayaba que como se sabe es la fruta mayor productora de vitamina "C" y cuya recolección no se efectúa, y constituye completo desperdicio. Se podría pensar en la creación de una pequeña microempresa para su normal aprovechamiento y la posterior producción de dulces, mermeladas, casquetes y conservas. La zona del Cerro de La Vieja es la más alejada del área de Chinácota; su infraestructura vial la más descuidada, no de ahora sino de siempre; constituída principalmente por el carreteable destapado y polvoriento que se desprende del carreteable que comunica a Chinácota con el corregimiento de La Donjuana en el sitio de Los Álamos y que sirve a las siguientes veredas: Orozco, San Pedro parte baja, Palocolorado con prolongación al corregimiento de La Mutis y La Garita, y el otro ramal de Mensulí con destino a Puente Alianza. En cuanto a caminos de herradura, el de mayor utilización es el que parte de la vereda Guayabal entre los predios de la familia Peñalosa y el señor Juan Tibaná; bordeando después los predios de la hacienda Guayabal; Gratamira y Providencia, se encumbra en un piso empedrado hasta culminar en el sitio conocido como "La Lajita" donde antiguamente los transeúntes se reunían a degustar un bien fermentado "licor de moya"; continuaba bordeando la cabecera del hermoso Valle de Orozco antiguas propiedades del Dr. Epaminondas Sánchez de un lado y el predio "Arenales" antigua propiedad de Laureano Galvis del otro lado, hasta "desembocar" según el argot propio de los de la región en el sitio conocido como "El Bordo" hoy "Juan Valique" en éste punto se bifurcan los carreteables que van para Palocolorado y San Pedro Parte Baja (Santa Ana y Agua blanca) respectivamente. Sobre la quebrada de La Honda se encuentran zonas de acceso mediante la construcción de puentes o hamacas, la una que llega cerca de la escuela de Mensulí y la otra más hacia el sur "Puente Alianza" junto a las zonas de captación de numerosos acueductos veredales. Este camino conocido popularmente como La Lajita puede ser la base para que mediante su reconstrucción por parte del Municipio, se concrete a la comunidad amante de la naturaleza a reincorporarse a las "caminatas ecológicas" y su virtual acercamiento al Cerro de La Vieja. Que bueno fuera que se proyectara ante todo la construcción de un paradero en el mismo sitio donde se inicia y allí en adelante se le diera una ambientación de tipo recreativo bordeando la desembocadura de la Quebrada La Cacua afluente la Iscalá y con la siembra de variedades ornamentales, de escaños y tal cual kiosco, daría Chinácota un paso seguro hacia la recuperación del sentir amor por la naturaleza y por su Cerro De La Vieja. Sobre esto hay un caso muy particular, todo chinacotense, chitarero o chinacotero que se aprecie, no importa el gentilicio utilizado, llevan dentro de su sentimiento un apego muy especial hacia el Cerro de La Vieja señalándolo permanentemente como algo muy nuestro (patrimonio cultural) pero son muy pocos válgame la sinceridad los que conozcan de verdad; excepto las familias que tradicionalmente han morado en sus inmediaciones, es difícil encontrar quienes hayan posado la planta de los pies en sus estribaciones; el pasado 14 de octubre día lunes se logró una visita con carácter de excursión tomando como base o punto de apoyo el predio conocido como Granja Villa Karen en donde se conjugó la voluntad de mas de treinta personas para buscar la misma identidad, con la misma vocación y con los mismos deseos y sanos propósitos de construir de hecho el grupo ecológico que debe velar por la salvaguardia de lo que en un futuro será declarado parque nacional y para lo cual, el suscrito en busca de multiplicar ese gran objetivo ideó la impresión de unos minigallardetes, estampados en interlón en colores verde (naturaleza), azul (aguas) y blanco (pureza) con leyendas alusivas al programa con patrocinio personal y de la Granja Villa Karen, con destino a ser entregados en forma muy rigurosa a las personas que con el sentido de la "vocación" hacia un profundo amor por la naturaleza, visiten y recorran las inmediaciones del Cerro De La Vieja en forma creativa, sana y equilibrada. En ésta forma evitaremos que el Cerro de La Vieja pase de la fertilidad a la esterilidad. El Cerro de La Vieja presenta numerosas y variadas leyendas desde las estrictamente "mitológicas" hasta las más graciosas de la fantasía y de la imaginación de las generaciones que nos antecedieron y cada vez aparecen y seguirán apareciendo más. Para personas antiguas de neta extracción campesina asocian al Cerro de La Vieja como una estación de nuestra vía láctea a donde iban a morar las almas juntas preparándose para pasar al otro mundo y por ello se fascinó Ambrosio Alfínger quien bautizó la región con el nombre de "Kaupat-Kuhpfaid" (el camino de las vacas). Para quienes hemos tenido el privilegio y el goce de permanecer en el Cerro de La Vieja durante las horas nocturnas, nos hemos deleitado con la fascinación que en las noches despejadas ofrecen el paso de las estrellas cuando nacen por el orientes (filo del cerro) y se esconden por el occidente (Cerro del Fayle o de San Pedro) lo cual para cualquier estudioso de astronomía sólo es comparable en la inmensidad del mar. De todas maneras el nombre Cerro de La Vieja, aparece ya en muchos mapas y estudios cartográficos del siglo pasado y no sería sorprendente encontrar en el Reino Unido (Inglaterra) mapas antiguos de nuestro Norte de Santander en donde señalan ya a Chinácota como población vecina (near) to Oldest Hill. Hay desconocimiento sobre si la zona ha sido sometida a estudios de paleontología y antropología pero no hay que descartar que la zona del Cerro de La Vieja haya sido el asiento de una gran civilización de donde sigilosamente hayan prevalecido grupos muy pequeños de indómitos guerreros y en donde la piedra fue base fundamental de su desarrollo en el empleo también de técnicas agrícolas conocidas como de "terraza" y cuyo muestreo aún persiste en la región. Desde el punto de vista arqueológico se podrá establecer con el tiempo un paralelismo con zonas donde la piedra y su laboreo es base fundamental; así se iniciaron los descubrimientos del Valle de la Pascua, de San Agustín, de Ciudad Perdida, en la Sierra Nevada de Santa Marta, las líneas de Nazca y la cultura de los Incas demostrada en Macchupicchu. Sobre la presencia de los millares de piedras que se encuentran dispersas en las zonas de acceso al Cerro de La Vieja hay dos posibilidades: las unas que se originaron desde el descubrimiento del cerro que por factores de erosión y cuyo rodamiento con la velocidad de caída ha ocasionado encontrarlas en partes que en verdad sorprenden; muchas de ellas engarzadas, coronadas o adornadas de líquenes, parásitas, enredaderas, bejucos, espartos, y palmitas que constituyen maleza como el famoso "chipio", pero que en conjunto ofrecen al visitante un cuadro maravilloso de lo que es la fascinante naturaleza; la otra posibilidad está sustentada en que su aparición por el correr de los años proviene de fragmentos de meteoros que como se sabe se desprenden de otros planetas y entran en el circulo terrestre atravesando nuestra atmósfera a velocidades extraordinarias y al chocar, la mayoría de ellos se dispersan en determinadas áreas y su contenido queda al estudio de los geólogos. La presencia de éstas piedras, dá un toque especial de penetrar en los grandes interrogantes de la vida cuando se visita un lugar. A lo anotado, acompañamos la presencia de numerosas cuevas posible terminación de enigmáticos túneles o antiguas moradas de los primitivos de la región hoy ocupados por murciélagos y otras especies menores de animales de monte. Tras de éstas piedras, tras de éstas cuevas, tras de éste conjunto de muestras líticas aparecen las leyendas, el mito y la fantasía de los cuentos populares, la imaginación y la charlatanería. Los habitantes del presente siglo, hacen mención y asocian el nombre del Cerro de La Vieja con una feliz habitante de la región cuyo apelativo al parecer era Margarita viuda de Milciades y madre no de dos sino de muchos hijos y quien a la postre quedó sola y abandonada habitando un descuidado y rústico rancho, vivienda ésta que no hemos podido ubicar con exactitud pues las versiones la sitúan al lado de una antigua laguna. Margarita era según parece la Vieja del cerro y a quien injustamente se le asoció con la práctica de la "brujería" y de la magia negra, la que asustaba niños y adultos, la dueña y conocedora de los secretos del cerro y de la región, la que presentaba a la "mujer encadenada" que influía considerablemente en modificar las condiciones del tiempo en sus formas meteorológicas trayendo días soleados como muestra de su buen genio y días de fuertes lluvias y tempestades cuando montaba el cólera. Por ello se toma al Cerro De La Vieja como un termómetro o indicador de la temporada de lluvias contrariando el señalamiento de los sofisticados aparatos de predicciones y de índices pluviométricos. Por eso los chinacoteros observando el Cerro de La Vieja, pueden con certeza determinar si va a llover o si no va a llover. Poco se habla de cómo era Margarita en su parte física, existe la certeza de que era una mujer extraordinariamente bella y hay quienes conjeturan de que si por la época hubiese concurso de belleza, ella hubiera traído para el Norte De Santander y en especial para Chinácota el cetro nacional con sus espectaculares medidas también de 60-90-60 sin hacer referencias a sus accesorias de cabello, ojos, color de la piel, busto y su demás bien torneada figura. Por lo anotado, presumo que la Vieja del Cerro no tenía por qué asustar a nadie sino muy por el contrario dar la sensación de estar cerca con alguna "diosa " o "divinidad" fugada de su palacio. La multiplicidad de creencias sobre el Cerro de La Vieja guardan relación con las del argot popular y se confunden también con leyendas conocidas como la del monstruo sin cabeza, la patasola, la llorona, la pelona, el suruco, el hueco encantado, los tesoros, la fiebre de mina de oro, el encanto, la magia, la superstición, el hechizo y repito hasta la "brujería"; es así como todo éste conjunto folclórico de anécdotas y leyendas va calando en la mente de las nuevas generaciones y transmitidos generalmente de forma verbal por quienes tienen el cuidado de la cría de los niños, es decir la muchacha del servicio. Por lo anotado, aseguro que nuestro Cerro de La Vieja, es simplemente "encantador" por la reserva ecológica que guarda en su seno, en sus entrañas y que seremos nosotros quienes con amor, con civismo y con entusiasmo lo preservemos para que mantenga su color verde, color de la madre naturaleza y se implementen los programas y medidas pertinentes para que mediante una acción conjunta con las autoridades afines se concrete en un futuro próximo como PARQUE NATURAL, para lo cual el liderazgo lo debe asumir la Alcaldía Municipal de Chinácota asociada con CORPONOR, entidad cuyo fin es el de salvaguardar el patrimonio ecológico del Norte de Santander y defender los recursos naturales. La presente crónica se produce justamente en el sitio anotado, en su "hábitat" en el predio Villa Karen en las faldas del Cerro de La Vieja, por quien seducido por un inmenso amor a Chinácota, abandonó el continuar surcando los mares del mundo". |
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LEYENDAS
DEL CERRO DE LA VIEJA |
Después
de la conquista del valle de los chitareros, en el hoy llamado Cerro de la Vieja,
vivía una joven de humilde cuna, pero de singular y extraordinaria belleza,
comparable con las princesas de los fantásticos cuentos de las "Mil
y una Noches". En la parte más alta del cerro tenía esta joven su bohío circundado de árboles frutales y admirables sementeras que le proporcionaban el sustento. A sus encantos físicos unía las prendas morales de la virtud y de la religiosidad. Las gentes habitadoras de aquellos contornos la amaban entrañablemente, porque en su bondad encontraban siempre la sinceridad de un corazón que se hacía copartícipe de sus penas y alegrías. Los mercados se llevaban a cabo en aquellos tiempos los domingos, después de oída la misa. Nuestra bella joven, siguiendo la costumbre consagrada, nunca falló a esta cita, que bien pudiera llamarse de expansión espiritual, después de los arduos días de trabajo semanal. Un domingo en la tarde, después de oída la santa misa y vendidas todas sus flores, hortalizas y frutos, la joven de la leyenda regresaba a su bohío, ataviada con sus ropas de "dominguear", que hacían resaltar más su belleza y su natural desenvolvimiento. Cuando empezaba a escalar la serranía, en un recodo del camino tapizado de enebros y maleza, aparecieron tres enmascarados que se avalanzaron, con ímpetu salvaje, contra la indefensa joven, posiblemente deseosos de violar el tesoro de su impoluta virginidad. Ante tan angustiosa situación, la joven luchó con la valentía de las que defienden su honor, pero cuando sus fuerzas decaían, disque invocó a la Virgen Madre de Dios, la que, seguramente, oyendo la plegaria de la niña, hizo desgranar el más torrencial aguacero de que hubiera historia, el cual se desprendió, precisamente, de los altos picachos del cerro donde la niña tenía su morada. Los salteadores, que oyeron la plegaria de la niña y vieron como se desprendía el alud de aguas desde las altas cumbres, huyeron llenos de profundo espanto sin volver a atreverse a tocar ni el vestido de la joven a quien habían querido mansillar su más rico tesoro femenino. Los años pasaron. El prodigio fue conocido, pues los mismos asaltantes se encargaron de dar a conocer el milagro, en arranque de arrepentimiento y de veneración. El tiempo consagró la leyenda. Y cuando la hermosa campesina pasaba los umbrales de la vida para hundirse en los piélagos de lo eterno, colmada de respetuosa veneración y de años, su cuerpo fue sepultado, por mandato suyo, en la covacha que le sirvió durante su peregrinación por la vida, en la misma cueva indígena perforada por los indios antes de la conquista. Su muerte constituyó duelo en la comarca, cuentan las leyendas, y desde esa época la alta cumbre se llama el "Cerro de la Vieja", en memoria de su incomparable desaparecida; en cuya atmósfera existe el extraño fenómeno de que, cuando hienden al espacio los cohetes y hacen explosión, se rompen las capas gaseosas y la lluvia no se hace esperar, aunque la conseja considera a estas lluvias periódicas la eterna protesta de la anciana muerta en olor de santidad... Nota: Tomado de Monografía Ilustrada de Norte de Santander - La Opinión |