Señor
Aurelio de Castro
Ciudad
Recibí
vuestra carta. Gracias. Ser atendido es ser comprendido. Ocultar un
prisionero es ocultar una chispa. Lo que se le arroje para esconderla,
con el tiempo, que todo lo seca solo servirá de combustible.
El solo hecho de dirigirme las preguntas que me habéis dirigido
es ya un favor. Conocer es juzgar. Y por ello con gratitud contesto
a ella así:
Nací
en Chinácota, provincia de Cúcuta el 26 de octubre de
1879. Mi nombre de familia fue el de Vicente R. Lizcano que sustituí
por el actual en 1904.
Conozco
casi todos los países de Europa, pero de una manera muy superficial,
por cuanto las persecuciones que sufría, el temor que en los
espíritus achatados despierta todo lo atrevidamente nuevo,
mi situación económica doliente, y hasta la disparidad
de opiniones con mis coasociados, me impedían viajar de otro
modo que como un fugitivo.
No
obstante eso, de Francia, España, Inglaterra, Suiza, Italia,
Bélgica y Holanda puedo apreciar el estado general de sus cosas.
Estudié las fábricas, la conferencia, la huelga y el
movimiento social. Y no obstante mi temperamento artístico,
a ello apliqué el tiempo que las cárceles, el destierro
o las miserias animales me dejaban.
Entre
los revolucionarios que conocí, por su importancia mundial,
citaré al príncipe Kropotkin, autor de la más
maravillosa obra de imaginación científica de erudición,
que últimamente se haya publicado. Tiene por título
El apoyo mutuo.
A Elíseo Reclus que exploró las regiones orientales
de la Guajira respecto a la cual escribió una obra sobre Colombia
titulada Mis exploraciones en América. La lectura de
este libro sugirió a muchos obreros españoles la idea
de venir a establecerse en Colombia. Renunciaron a sus deseos cuando
conocieron el decreto de prohibición de entrar al país
individuos de ideas radicales, que dictó Reyes.
A
Grave, autor de La sociedad moribunda y la anarquía.
A Malato, autor de La filosofía del anarquismo. A Sebastián
Faure, a la Leverine, a Tanvión. A Lerroux y a Ferrer cuyas
cartas mostré al Dr. José Francisco Insignares el 25
de enero de 1908 y en las que me decían estar obligado el gobierno
español a expulsarme por exigencia del colombiano. A Gori y
a Malatesta, a Ferri y a Furati.
Pero
es de advertir que con casi todos estos grandes revolucionarios estuve
en pleno desacuerdo. Yo no soy anarquista le decía yo a Kropotkin,
yo soy yo. Yo no dejo una religión por otra, un partido por
otro, un sacrificio por otro. Yo soy un espíritu liberado,
egoísta. Yo obro como yo siento. Yo no tengo más causa
que la mía. Y respondía Malato: "Biófilo
Panclasta no es un anarquista, sino un personalista feroz que queriendo
no ser dominado por nadie, quiere dominar a todos".
Una
noche, 7 de diciembre de 1907, fui invitado por el grupo Estudios
sociales a refutar una conferencia titulada La anarquía
contra la vida dictada por Bestraud. El orador expuso las mismas
ideas que forman mi mentalidad filosófica. Pasé el derecho
de palabra a Matta y esperé. Terminado que hubo éste,
dije: "ni uno ni otro sabéis lo que es anarquismo; los
que os llamáis así no lo sois y los que no, sí".
Al salir fui derechito a la cárcel.
Y
todos disgustados conmigo, porque tengo el valor de no adaptarme a
idea o principio alguno. Cuando más lo adopto. Y no creáis
que es Europa un foco revolucionario mundial. No señor. La
Argentina: he aquí la nación de los proscritos. Allí
llegué yo, como el eterno epave. Mis ideas no las he
adquirido ni por trato ni por libro de nadie. Me relacioné
con la juventud anarquista y socialista, frecuenté sus reuniones,
colaboré en sus teatros, escribí en sus diarios. E íntimamente
muchos de esos revolucionarios llegaron hasta creerme "el tipo
ideal del anarquista". Pero no así la gran masa social.
Mi alma neopagana y de artista, mi temperamento de rebelde y de individualista,
mi horror a las multitudes no podía infundir admiración
a esa gran foule (masa) humana que no tiene otro mérito
que el de haber sido arrebatada de las manos de sus amos de ayer por
los que hoy la poseen para libertarla a su pesar.
Y
no obstante esto, la policía de Buenos Aires fijó en
mi toda su atención. Para el jefe de Orden Social yo
era el único autor de la gran propaganda teórica y de
acción que se hace en aquella capital. No obstante esta seguridad
y mi negativa de aceptar "un empleo independiente, justo y sin
compromisos" el gobierno argentino no quiso expulsarme por el
sólo hecho de ser sud americano!
En
1906 se proyectó la reunión del Congreso internacional
de libre pensamiento que el mismo año se reunió
en Buenos Aires. Los librepensadores de esta ciudad, porque bajo ese
nombre cabían todas las ideas, iniciaron una larga serie de
sesiones preparatorias con el fin de organizar el programa. Asistí
a ellas, como todos los que asistieron en calidad de adherente. Pero
fue tanto el número de grandes oradores anarquistas que a ellas
asistieron, que los promotores del Congreso, que no eran sino anticlericales,
tuvieron necesidad de cambiar el nombre de Congreso de librepensadores
por el de Congreso liberal mundial. No obstante esto, se reunieron
bajo aquel título. Ningún revolucionario asistió.
Yo salí para Europa antes de su reunión.
Creo
que en los caracteres de mi modalidad filosófica particular
no se encuentran los del proselitismo. No nací para catequizador.
Egoísta como soy, creo inútil sacrificarme por nada;
me repugna tanto gobernar como ser gobernado; cada hombre debe ser
su camino; ni sigo a nadie ni quiero que nadie me siga. Y si lucho
con tesón y heroísmo; si de mi vida he hecho un reto
contra todo lo despótico, vulgar o pequeño, es que en
ello estriba la satisfacción de mi alma. Lucho por mí,
al defender un derecho ajeno conculcado, al salvar un condenado al
dolor. Al ayudar a alguien no hago otra cosa que satisfacer las necesidades
tan imperiosas para mí como el amor mismo. Así yo no
tengo escuela, doctrina, partido, secta, deber, compromisos o nexos
con nada ni con nadie. Tengo como todo hombre, energías, sentimientos,
pasiones. Mi lucha por la libertad, no es sino pasión por la
libertad. Mi amor a todo lo que tiene vida no es sino el sentimiento
del placer reflejo prolongado hasta el infinito. Mi odio a los tiranos
no es sino el desarrollo mentalizado del instinto de defensa por la
conservación. Por eso he obrado como he sentido.
Si
allí me confundí con los huelguistas para que ellos
obtuvieran un mejoramiento de vida no era porque yo fuera huelguista
sino porque por afinidad de situación yo comprendía
su causa. Y amar es comprender. Si más allá formé
entre los republicanos (españoles se entiende) si en otra,
con los socialistas, si aquí con los "anarquistas"
no era sino porque al hacerlo obedecía a un imperativo sugestivo
como diría Nietzsche.
¿Y
qué deducís de todo esto? Que la pregunta que me dirigís
como a "sectario" os la contesto como escéptico:
No creo ni afirmo nada. Vivo. Obedezco a la fatalidad, obro con ella
y la ayudo. ¿Podré ser propagandista cuando me falta
la fe? En consecuencia yo no propongo nada. Un temperamento tan revolucionario
y tan inquieto como el mío, excitado por mil preocupaciones
y miserias tenía que volver por reacción moral toda
su energía contra el peso de atavismo que encadena mi acción.
Y como ese atavismo en sus manifestaciones exteriores tiene las formas
de la naturaleza que lo trasmitió, atribuí a Colombia
el mal de mi educación humanicida y cruel. Y concreté
al pensamiento de libertad, las conciencias libertables, todas mis
energías. Pensaba dedicarme en Bogotá al periodismo
batallador y artístico. Arte y libertad. He aquí mi
programa periodístico. La revolución por el arte y el
arte por el arte es no una inconsecuencia sino confirmación
del escéptico luchador.
En
obsequio a Colombia, no obstante mi "anarquismo", pensaba
atraer sobre mí el rayo divino de la furia olímpica
que solo ilumina destruyendo. Y termino enumerando las veces que he
vuelto a Colombia y sus causas.
Enero
1901. Vine a Cúcuta como protesta de imparcialidad en la guerra.
Se trató hasta de fusilarme.
Noviembre
de 1904. Entré por Barranquilla a ofrecer mis servicios por
la integridad nacional. Fui nombrado en Bogotá, sin sueldo,
se entiende. Primer Ayudante General de la 4a Expedición sobre
Panamá.
Acusado
de conspirador salí por tierra y a pie al Ecuador al cual le
ofrecí mis servicios en su proyectada guerra de entonces con
el Perú.
Enero
de 1908. Desterrado de España a petición de Reyes, llegué
a Puerto Colombia con el fin de seguir a Bogotá, no para matar
al dictador como se dice sino con el fin de mirar su obra.
Mayo
de 1908. El mismo señor me hace expulsar de Panamá donde
me refugiara, y se me hace entregar preso por las autoridades de Panamá
a las del Chocó.
Noviembre
de 1909. Anuncio en Centro América la aparición de un
periódico titulado El Anticristo en Bogotá. Y
con el fin de fundarlo me dirijo a Cartagena. El gobernador De la
Vega me secuestra en un vapor alemán, me
emboveda y enviándome en otro buque pide a las autoridades
de Colón me aprisionen.
Diciembre
de 1909. Con el fin de evadir los efectos de un recurso de habeas
corpus que presenté a la Corte Suprema de Panamá
la policía me embarca en un bote y me hace conducir a territorio
colombiano donde me abandona. El verdugo devolviendo a la madre desnaturalizada
la víctima expiatoria.
Luego,
en conclusión, estoy en Colombia porque Panamá así
lo quiso y que como el que cae al agua lucha por salvarse, yo lucho
por salvar mi dignidad de la atmósfera moral deletérea
que nos asfixia el alma, anulando el carácter, la voluntad
y cuanto pueda ser noble.
En
fin, perdonad estos mal zurcidos renglones trazados con muy buena
voluntad pero en un estado de alma que no puedo pensar: estoy enfermo.
Os
saluda
Biófilo
Panclasta
En
el cuartel de policía de Barranquilla el 15 de abril, 1910.
P.D.
Ni siquiera he leído lo escrito porque habiendo mil dificultades
para enviar la correspondencia he querido aprovechar la única
ocasión que tengo de hacerlo. Corregid ó interpretad
lo omitido o incorrecto.
Biófilo
__________
El Pueblo, No. 219, Barranquilla: (18, abril, 1910); p. 3.
REGRESAR
LOS
CRÍMENES CONTRA EL PENSAMIENTO
Señor
Benjamín Palacio Uribe. Bogotá.
Os
escribo desde una selva. A orillas de un río. Bajo un cielo
diluvioso. Mucho tengo que decir. Mucho. Pero mi alma no condensa
ideas. Mi mano está yerta. Los grandes dolores son intraducibies.
No obstante eso, no quiero desaprovechar esta primera oportunidad
de dar a conocer al mundo la obra nefanda de que soy victima. No es
una queja lo que quiero trazar en estas líneas. Tampoco es
una protesta. Ni me creo débil, ni creo conscientes a mis enemigos.
Pero el acto cuyas consecuencias sufro, no es sino la obra de seres
irracionales. ¿Cómo juzgarlo de otro modo?
Volví
a Colombia, bajo la garantía de las promesas que el nuevo gobierno
había hecho de abrir las puertas a todos los expatriados. Volví
con mi morral de ideas y mi bastón de peregrino a golpear a
las puertas de la conciencia nacional, en busca de un último
sentimiento, de una suprema idea de salvación patria. Porque
no obstante mis ideas ácratas, yo también tengo patria,
o mejor dicho yo colectivo, y por egotismo mismo debo defenderme,
defendiéndola.
Preñada
el alma de esperanzas y el cerebro de energías, llegué
a Colombia como un Luzbel destronado, pero esperanzado y altivo. El
16 de noviembre pasado, arribó a Cartagena el vapor que me
condujo desde el extranjero. Llegué satisfecho y orgulloso.
Pero cual seria mi desilusión al recibir de boca de un esbirro
la orden de no saltar "a tierra." ¿Por qué?
A esta interrogación, el gobernador De la Vega me responde
que porque Reyes me había antes extrañado del país.
¿Pero no se dio antes un decreto permitiendo a los desterrados
políticos el permiso de volver a Colombia? Sí, pero
no a Ud., porque sus ideas son un crimen! Entonces como protesta contra
el destino mismo que me obligara a nacer en un país donde pensar
es un crimen, quise arrojarme al mar para de este modo obligar al
gobernador a hacerse responsable responsable de un acto que ejecutaba
sin conciencia. Y logré, en efecto, que él diera el
espectáculo inquisitorial de sacarme del buque entre una fila
de sayones, encerrándome en una estancia miserable y policial.
Estaba preso pero estaba vencedor. Estaba en Colombia. Preso, muy
bien, el abuso era manifiesto. La injusticia flamante.
¿Qué
se haría conmigo? Muy pronto la inconsciencia del señor
De la Vega, encontró medio de resolver mi situación,
agravadora de la suya. De acuerdo con el cónsul alemán
y con la Compañía Hamburgo- Amerika Line, al
día subsiguiente me embarcó de nuevo a bordo del Sardina
y me envió a Colón comunicándole a la policía
de aquel puerto de antemano, para que ésta me aprehendiera
y así preso allí por el delito de ser patriota, no pudiera
regresar a Colombia a cometer el crimen de aspirar a ser libre. Colombia
me entregó maniatado a Panamá. La madre me coloca bajo
el hacha del verdugo traidor y cobarde.
¿Es
creíble esto? ¡No! Por eso yo al calificarlo lo califico
de acto inconsciente. Por eso no protesto, por eso nada arguyo. Pero
en cambio es preciso que la casa de Orates deje de ser el Capitolio.
Razón! La patria se pierde por falta de lógica. Lo que
en Colón, al llegar me aconteciera, es de suponer. Violentamente
secuestrado del Vapor fui conducido a la cárcel, torturado,
infamado. Acusé al ejecutivo Obaldía a la Corte Suprema.
Entonces fui trasladado a la capital. Y allí embovedado. Hasta
que un día, el 8 de diciembre fui sacado y arrojado en un bote
podrido y sin víveres el cual me condujo a Juradó y
allí me abandonó. Asi Panamá evitó la
afrenta de su crimen. Asi quiso asesinarme ahogado lejos, ya que les
faltaba valor para rematarme de cerca. Y si he salvado la vida, es
un fenómeno moral biológico. Cinco días permanecí
sin comer. Veinte en las selvas. Horrorosamente. Hoy salgo. Salgo
al río Atrato. Mis peligros continúan. Carezco hasta
de la distinción de sexo, pero seguiré. Seguiré
allá... allá.., y para entonces, espere el mundo: el
esfuerzo del ciudadano que crea querer ser gobernado por hombres.
B1ÓF1LO PANCLASTA 14/
14/ Nuevo
Rumbo, No. 47. Barranquilla : (11. mayo. 1910); p. 2.
SIMIENTE
ROJA
A B.
Rosales de la Rosa
Barranquilla.
Comunicarse
es agrandarse. El amor no es otra cosa que la comunicación
inconsciente de la vida. ¿Y habrá algo más sentido,
que el amor? Lo bueno, ha dicho Nietszche, es el sentimiento que el
poder agranda cuando una
resistencia es vencida.
Ser
grande es ser todo. El hombre puede ser todo. Unirse es agigantase.
Comunicarse es fundirse. Hablar para expresar el pensamiento es acrecentar
el pensamiento. Expresar el sentimiento, ora por medio de la palabra,
ya
por medio de las artes, de la música, es ensanchar el alma
hasta los limites que estreche la capacidad de nuestra potencia psíquica.
El pensamiento es infinito, pero como la fuerza de atracción
de los cuerpos, necesita una
masa repulsiva que equilibrando tendencias, forme el punto neutro,
aquel que requiere la oposición de otro pensamiento para ser
fuerza. Una idea no es sino la resultante de dos extremos absolutos
que chocan. La chispa de dos nubes que se encuentran. Yo no sé
si el pensador o el artista necesita más de sus oyentes que
estos de aquellos.
La
vida es una especie de agrandecimiento continuo. Esa lucha cruel de
que nos habla Darwin es la prueba. Cada uno lucha por agrandarse.
Así el individuo no es sino la prueba del socialismo como el
egoísmo no es otra cosa que la del altruismo. El egoísmo
está determinado por la necesidad hambre y el panismo por la
necesidad amor. ¿Para qué se alimenta el hombre? Para
dar vida a otros seres. Por eso la filosofía anarquista individualista
me repugna tanto como la socialista-conservadora. Una y otra se inclinan
a extremos absolutos. Y el hombre ni es socializable meramente ni
meramente individualista. El hombre es el más sociable de los
animales y a su vez el más individualista. Y de aquí
que yo no me llame ni "anarquista" como Mackay ni comunista
como Grave. Yo históricamente soy un radical socialista.
Como
esta carta no es sino el exordio de una serie de epístolas
que sobre asuntos políticos sociales os dirigiré, no
me extenderé hoy más. Para la próxima ocasión
esperad lo que las circunstancias me permitan enviaros. Y ahora
au revoir.
Respecto
a las consecuencias que haya traído mi expulsión solo
os diré que en estos días saldré expulsado de
esta para Santo Domingo; enviadme a esa vuestro periódico y
los que podáis. Yo de mi parte os mandaré mi El Anticristo.
Vuestro
compatriota.
Biófilo
Panclasta 15/
_________
15/ Nuevo rumbo, No. 52, Barranquilla: (22, mayo, 1910); p. 2.
REGRESAR
PENSAMIENTOS
- La
vida es la única verdad real, vivirla es nuestro destino,
mostrarla desnuda es nuestro único deber.
- Yo
no quiero que nadie me presente: Biófílo presenta
a Panclasta.
- Los
colombianos somos en otra tierra parias del derecho.
- Ocultar
un prisionero es como ocultar una chispa.
Lo que se le arroje para esconderla, con el tiempo, que todo lo
seca, solo servirá de combustible.
-
Yo
no soy un anarquista, yo soy yo.
No dejo una religión por otra, un partido por otro, un
sacrificio por otro.
Yo soy un espíritu liberado, egoísta. Yo obro como
yo siento. Yo no tengo más causa que la mía.
-
Me
repugna tanto gobernar como ser gobernado; cada hombre debe ser
su camino; ni sigo a nadie y no quiero que nadie me siga.
-
Mi
lucha por la libertad, no es sino la pasión por la libertad.
Mi amor hacia todo lo que tiene vida no es sino un sentimiento
de placer, reflejo prolongado hacia el infinito.
Mi odio a los tiranos no es sino el desarrollo mentalizado del
instinto de defensa por la conservación.
Por eso he obrado siempre como he sentido.
No creo ni afirmo nada. Vivo.
Obedezco a la fatalidad, obro con ella y la ayudo.
¿Podré ser propagandista cuando me falta la fe?
En consecuencia, yo no propongo nada.
- Vengo
de todas y de ninguna parte.
Solo puedo decirle que vengo del mundo.
- Soy
como el sándalo: perfumo el hacha que me hiere.
- La
critica no es sino la comparación de gustos.
- Dos
seres de igual naturaleza al juntarse crecen en cantidad pero no
en esencia.
Y el alma es cabalmente eso: una esencia eternamente renovada.
- El
amor es fuego y el fuego devora lo que quiere ocultarlo.
- El
día en que la vida deje de serme fiel, la destruyo.
- Cualquier
mujer, afirman los ginecólogos, es siempre mejor que la propia.
- Los
pueblos como los hombres tienen letargos enervantes; pero las noches
no son eternas ni en las regiones polares, y tras toda noche nace
una aurora.
- Más
vale un hecho que cien mil derechos.
- No
obstante mi independencia considero que debo libertarme de los tormentos
que me afligen.
Por última vez y al borde de la tumba niego la existencia
de Dios.
- Las
noches no son eternas.
El dolor es quizá más inconstante que el placer, porque
éste podemos artificiarlo y aquel no.
- Me
repugnan los seres que se quejan.
Quejarse es declararse débil.
- La
grandeza no está en las cosas, sino en el individuo.
- Yo
no aspiro a la presidencia de la República pero me defiendo
de quien a son de ese título quiera dominarme.
- Yo
no transijo con las pequeñas debilidades.
- No
tengáis deberes. Dejad esa tarea a los moralistas.
- La
revolución social es un gran grito de dolor.
Es la queja de cien siglos de ignominia.
- El
amor no es otra cosa que la comunicación inconsciente de
la vida.
- Una
idea no es sino la resultante de dos extremos absolutos que chocan.
La chispa de dos nubes que se encuentran.
- Ser
grande es ser todo. El hombre puede ser todo.
Unirse es agigantarse. Comunicarse es fundirse.
- La
vida es una especie de agradecimiento mutuo.
- Sentirse
solo es sentirse inútil.
- Los
revolucionarios son vengadores casi siempre inconscientes.
- Ser
perseguido es ser temido.
- Ser
maestro es ser tirano.
- Yo
aún bajo paredes me creo y soy libre.
- La
revolución soy yo.